sábado, 5 de agosto de 2017

Actualización Shin

To my stars in the dark:

AVISO:
Por motivos de fuerza mayor ajenos a mi control estaré ausente del blog hasta septiembre. Si me es posible actualizaré de forma random (como ahora).

En septiembre retomaré Compañeros en la Sombra. Seguiré presente en Instagram, (eso quiero).

Espero que disfrutéis del verano. Os dejo un relato corto, sin corregir, sin revisar, ya sabéis, como os tengo acostumbrados. Ya que actualizaba para informar de mi ausencia he improvisado.


See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Duende de verano

La luna en fase decreciente se colaba a través de la ventana del salón. Iluminaba la estancia permitiendo al pequeño Luis caminar sin chocarse contra los muebles. Sus padres dormían sin que el sonido de los murciélagos interrumpiera su sueño.

Luis salió al patio de la casa, se sentó en el césped y esperó a su amigo nocturno. Era un duende de verano que viajaban por distintas partes del mundo siguiendo la estación del sol. Desde que el niño tenía memoria recordaba haber pasado las vacaciones junto a él. La timidez de Luis le impedía hacer amigos. Mientras los niños de su edad ya tenían un smartphone él prefería jugar desarrollando su imaginación. La infancia puede ser una etapa muy difícil cuando la crueldad crece sin corrección.

Poco tiempo después de sentarse apareció Minwin. Era de la misma estatura, (crecían al mismo tiempo), su pelo era negro azulado y sus ojos grises. La nariz y las orejas eran algo picudas y vestía con ropa veraniega. Si no fuera por cómo se conocieron y la habilidad del duende en aparecer y desaparecer en la naturaleza podría pasar por un humano más.

Esa noche era especial. Cuanto más le contaba el duende sobre el mundo, más ansiaba verlo por sí mismo. Minwin le había prometido que esa noche le llevaría con él. Se acercaron al pozo que había en el patio y miraron a la profundidad oscura. Al entrecerrar los ojos pudo ver el reflejo de la luna que iba creciendo cuanto más la miraba. Más ancha, más luminosa, mas hipnotizante. Se inclinaba en el borde hasta que los pies dejaron de tocar el suelo, la gravedad le empujó hacia abajo.

No cayó. Su amigo le sujetó cuando apenas acariciaron el agua del fondo. Le sujetó por las axilas y subió dirección a la luna hasta que sus siluetas se perdieron en la distancia.


A la mañana siguiente un grito despertó el vecindario. El padre de Luis corrió al patio dónde encontró a su mujer abrazando el cuerpo frío de Luis. El niño agarraba un muñeco entre las manos.