jueves, 30 de junio de 2016

¡Resurrecciones mágicas!

Mi portátil, después de una semana aguantando mis improperios a una media de insulto por minuto, ha decidido resucitar mágicamente. Y digo mágicamente porque ha sido prepararlo para llevarlo a la tienda... y mano de santo oigan! Se ha encendido como un bendito, le ha faltado un mensajito en la pantalla:

"Lo siento, prometo ser bueno, pero no me devuelvas"

Todo esto yo me lo imagino poniéndole cara a mi portátil y haciéndome pucheros, lo que deriva en una ligera tendencia (sí, lo de ligera es mentira) a encariñarme con objetos inanimados por culpa de estas cosas. Total, que ha decidido resucitar y una, que es oír la palabra médico y se me pasan los males de golpe, pues le ha perdonado. Y aquí estamos los dos tan contentos...

En fin, que me he enrollado como las persianas. Aquí dejo el capítulo que debía y aprovecho para anunciar que el de mañana será el último capítulo de "Diosa de la Sangre". Al final el relato no es tan largo como yo pensé en un principio, pero el desenlace está ahí y no soy partidaria de alargar historias si no es estrictamente necesario. Quizá sea uno de mis grandes problemas como proyecto de escritora, que soy de ir al meollo del asunto. Pero bueno, lo iremos trabajando. 

Os dejo ya en paz pequeñuelos!

Draven

Diosa de la Sangre

4

- Dicen que Ace la encontró cerca del lago.

- Pobrecilla, cómo si no tuviese ya suficiente.

- ¿Creéis que ha sido ella?

- Podría estar continuando con los sacrificios que comenzó su abuela.


Este tipo de conversaciones se repitieron una y otra vez a raíz de encontrar el cuerpo de mi compañera. Desmembrado. Torturado. Desangrado. Igual que en la estúpida leyenda. 
Nada más ver el cuerpo, llamé a la policía. Tuve que esperar allí a que llegasen y aguantar las mil preguntas que me hicieron. No fue difícil identificar a Lara: pese a estar desangrada y hecha pedazos, su cabeza estaba intacta. Separada del resto de su cuerpo, pero intacta.

Ethan no se había separado de mi lado en toda la semana. Creo que, de haberle dejado, incluso habría ido a clase conmigo. Me mantenía apartada de casa durante el máximo tiempo posible y me ofreció quedarme con él en el campus en varias ocasiones. Pero no podía evitar a mi madre eternamente. Apenas habíamos hablado a excepción de las conversaciones que tuve con la policía en la que, por supuesto, ella ejercía de abogada. Además, no podía huir precisamente aquel día. Malditos aniversarios macabros.

- ¿Estás segura de que no quieres quedarte en el campus, Ace? -me dijo Ethan rodeándome los hombros con su brazo- Sabes que no me importa y no me gusta que estés sola.

- Mi madre estará en casa.

- Tu madre no cuenta como compañía, y lo sabes. Venga, quédate.

Suspiré. La idea me tentaba: alejarme del pueblo, de los rumores, comer donuts hasta hartarme mientras veíamos una película mala… No se me ocurría un plan mejor. Pero no podía. No debía.

- No puedo, Ethan. Prefiero estar en casa. Así al menos no la pongo la munición en bandeja.

Él me sonrió con tristeza.

- Bueno, si cambias de opinión solo tienes que llamarme, ya lo sabes.


Asentí y le di un beso en la mejilla cuando nos separamos para ir cada uno a nuestro coche. Ya era de noche, así que al arrancar bajé el volumen de la radio para no distraerme demasiado. No me hacía una especial ilusión conducir sin luz, pero habíamos pasado todo el día deambulando por los alrededores del lago para no tener que escuchar los incesantes murmullos de la gente. Ahora me tocaba enfrentarme a mi madre, lo cual no podía apetecerme menos.
Como si el universo quisiera retrasar lo inevitable, el coche me dio un volantazo que controlé como buenamente pude. El inequívoco sonido de un pinchazo me hizo parar en el arcén.

- Esto es una señal de que me tenía que haber ido con Ethan. ¡Está clarísimo! -gruñí para mí.

Con mucha pereza y acordándome del karma y de su santa madre, me bajé del coche y me dispuse a cambiar la maldita rueda. Di gracias a mi paranoia y mi inclinación a ir siempre cargada de cosas “por si acaso”. Saqué una linterna grande (la de por si acaso, también llevaba una normal en la guantera que eso creo que los no-paranoicos también lo hacen. Y si no lo hacen, deberían) y después de ponerme el chaleco me puse manos a la obra.

Una hora y media más tarde, por fin entraba en casa. Lo único en lo que pensaba era en ir directa a la ducha y quedarme bajo el agua caliente durante un buen rato.

- ¡Estoy en casa!

Lo anuncié para poder ir preparándome para los gritos, pero fue en vano. Mi madre no contestó.

- ¿Mamá?

Supuse que estaría en su despacho, demasiado concentrada como para contestarme. Muy a mi pesar, fui hacia allí para decirla que ya estaba en casa. Quizá si me ofrecía a preparar la cena, la bronca no fuese tan bestia como me esperaba.

- Mamá, estoy en casa. He pinchado de camino, por eso he tardado tanto. Pero no te preocupes porq…


Al entrar en el despacho de mi madre, se me cortó la voz. No fui capaz de gritar como deseaba, no fui capaz de moverme. No podía articular palabra, no me salía nada más que un balbuceo ahogado.
Mi madre estaba colgada de la lámpara, abierta desde la garganta hasta el estómago. Estaba completamente destripada y su corazón inerte estaba en la mesa de su despacho, en un pequeño charco de sangre. Cuando me llevé las manos a la boca inconscientemente, me di cuenta de que estaba llorando. Las lágrimas surcaban mis mejillas silenciosas, y no paraba de temblar. Busqué mi móvil para llamar a la policía, pero entonces un dolor agudo me atravesó la espalda y por fin fui capaz de gritar.

- ¿En serio, Ace? Pensé que gritarías mucho antes.

No podía ser. Aquella voz… No, imposible.

- Ethan.

Ante mí se hallaba la única persona en la que me había permitido confiar durante años, apoyado en el marco de la puerta con esa media sonrisa que yo tantas veces había visto… Y con un cuchillo en la mano. Un cuchillo del que goteaba mi sangre.
Me pasé la mano de la parte baja de mi espalda, dónde sentía el dolor. No me había apuñalado, sólo me había rajado de lado a lado.

- ¿¿Por qué??

- Porque eres tú o yo, Ace. Y créeme, créeme una última vez, cuando te digo que lo siento. Intenté que vinieras al campus para evitar esto. -dijo mirando el cuerpo de mi madre. Le observé bien: estaba limpio. De haber sido él quién había hecho aquello a mi madre, ahora debía estar empapado en su sangre. Cómo si me estuviese leyendo el pensamiento, me miró y negó con la cabeza- No, guerrera, no he sido yo. Fue ella.

Levanté la cabeza hacia dónde se dirigía su mirada.

- No puede ser…

Una mujer se hallaba junto a mi madre, acariciando su rostro con dedos etéreos. Alrededor de su cuerpo, la sangre se arremolinaba, cubriéndola con suaves formas, acariciándola con cada movimiento. El pequeño charco que había bajo el corazón de mi madre flotó en el aire hasta unirse al resto del vestido.


- ¡Vamos no me jodas!

martes, 28 de junio de 2016

Actualización

Buenas mis pequeñas almas enjauladas.

¡Primero! MUY IMPORTANTE
Draven no pudo actualizar porque nuestros enemigos atacaron a su ordenador y no tiene acceso al blog hasta nuevo aviso. En este ataque la hirieron a ella y con su dolor sufrimos todos. En su regreso podremos disfrutar de nuevo de sus relatos. Esperemos que la espera sea corta. Os tiene presente. (Más mona mi Draven. )


Por otra parte, próximamente el blog contará con una nueva sección “Pandora”. No diré más sobre el tema, lo veréis cuando esté disponible jujuju. ¿Cuándo? No sabemos si durante el fin de semana o la semana que viene. Está en marcha, chan tatata chan.

Y ahora, con mi tarea cumplida, volveré a mis quehaceres de dominación mundial.

Espero que disfrutéis de este calor infernal, por suerte mi infierno es gélido.

Shin

Sombras

Capítulo 5

Gar y Ezequiel estaban preparando la casa para recibir a sus nuevos amigos a la vez que intercambiaban datos. Intercambiaban la información que ambos habían recopilado y discutían posibles causas y teorías de lo que iban a encontrarse. Mientras Ezequiel terminaba de esconder sus identidades y preparar el salón su compañero estaba en la cocina preparando la comida. No era un gran cocinero pero sabía lo básico para sobrevivir con buen sabor. Hacía mucho tiempo que los muchachos no socializaban en una misión. Por lo general descubrían pronto a qué se enfrentaban y lo ponían solución. Debido a esto, el castaño no estaba entusiasmado en cogerle cariño al nuevo lugar pero parecía haber cambiado de opinión. Hacía tiempo que Gar no le veía tan entusiasmado y se preguntaba si estaba aburrido de la monotonía y esto era un soplo de aire fresco para él.
La tranquilidad de ese pequeño momento de aparente normalidad se vio interrumpido por un gran estruendo.
-Eso parece una explosión…-Murmuró, dejando de remover la cazuela dónde estaba cociendo la pasta.- ¡Ez!
Ezequiel apareció corriendo por la puerta  de la cocina.
-Lo sé, ¡vamos!
Dejaron todo lo que estaban haciendo, los platos a medio poner, la cazuela en el fuego apagado, el cajón, de donde cogieron con un par de transmisores y receptores, abiertos. Si lo ocurrido era parte de su caso,  lo captarían.
Pasaron corriendo entre los vecinos dejándolos atrás. Las calles empezaron a llenarse de gente que buscaba respuestas a aquella explosión. Las miradas se dirigían al cielo tiñéndose de negro. Cuanto más se acercaban al origen de la explosión el aire era más pesado. A empujones atravesaron el muro de gente agolpada alrededor del edificio causante de todo aquello. Escucharon algunos comentarios mientras cruzaban;  “los bomberos ya han sido avisados”, “tardarán en llegar”, “en momentos así se nota que no estamos tan cerca de la ciudad” .
-Gar…- Le llamó la atención su compañero, intentando recuperar el aliento.  Con un gesto le enseñó el receptor de actividad sobrenatural. Se hicieron una señal con la mirada y se adentraron en el edificio de tres pisos que resultó ser un centro de actividades de uso libre. La mayoría de las miradas se centraban en el último piso por el cual las salían las llamas por las ventanas. Parecía que el centro ya estaba desalojado. Según parpadeaban las luces de sus aparatos se acercaban dónde la señal era más intensa hasta que empezaron a pitar. Acababan de captar dos señales por lo que optaron por dividirse. Ez se quedó en el segundo piso y Gar continuó, una pequeña explosión le hizo retroceder cubriéndose la cara. Cuando le fue posible abrir los ojos de nuevo en el reflejo de las llamas sobre el humo vio una sombra. Pudo apreciar una melena larga ondeando a pesar de no existir brisa alguna.  Las lágrimas, causadas por el humo, le dificultaban la visión. Buscó algo que pudiera usar como arma en caso de verse obligado a enfrentarse a aquella silueta. Clavó la mirada en ella y esta señaló a una puerta bloqueada por una estantería de libros caída delante. Golpes seguidos de gritos golpearon la madera de la puerta antes de que aquella figura desapareciera.
-¡Gar!- Le llamó su compañero en la subida de la escalera. – Creo que…
-Ven ayúdame, hay alguien aquí.
Entre los dos movieron el mueble liberando del armario empotrado a una pareja de jóvenes.
El aire era irrespirable y decidieron salir de allí detrás de los adolescentes. Era demasiado peligroso continuar y sus aparatos habían dejado de captar señales. Las sirenas de los bomberos se acercaban. Fuera, entre el bullicio, el humo y los agentes intentando poner orden consiguieron escabullirse entre los vecinos sin llamar la atención. De refilón Gar vio a una chica de cabello largo y negro entre la multitud.



-¿A qué ha venido lo de hoy?
-Tranquila, al final no ha habido víctimas ¿no? Hemos fallado.
- No entraba en nuestros planes conseguirlo. ¿Por qué lo has hecho?
-Quería ponerles a prueba. Son rápidos. El moreno casi me ve, tiene buena intuición.
-¿Y?
-Y también quería divertirme probando algo diferente.
-Típico de ti- sonrió.



martes, 21 de junio de 2016

Actualización

¡Bu!
La paciencia es una virtud que no poseo. Tengo bastante problemas para desarrollar las ideas (y redactarlas...) pero como dije en ocasiones anteriores, el blog es para obligarnos a escribir y practicar... Sí, me consuelo yo sola (¬_¬)

Gracias a todos los que os pasáis a leernos y comentar. Son detalles que nos alegran el día y motivan para seguir con este proyecto.

Necesito más tiempo para leer. Estoy acumulando una pila de libros que me llaman por las noches para que les de amor. Pobrecitos e insensatos. Os contaré un secreto. No tengo corazón muahahaha. 

Y hasta aquí mi rincón del martes. Espero que disfrutéis de la semana.

PS: Draven, usa todos los colores que quieras mientras me sigas dando relatos. Estoy enganchada a tu historia y te robaré tu talento. Y cuando digo robar, digo encerrarte en el sótano y tenerte esclavizada escribiendo historias que pueda leer hasta el Ragnarok y más allá.

Shin

Sombras

Capítulo 4


-Gar levántate.- Insistió su compañero mientras le golpeaba la frente con el dedo.- Despierta Gaaaaaar, despierta, oyeee.
-Joder… Ya es raro que te levantes antes que yo, pero aún más post fiesta.- Hundió la cara en la almohada.
-Yo quería ir a la fiesta pero nunca dije que me emborracharía. Te lo dije, también estaría atento al trabajo. Si ellos te vieran no se creerían que fueras tú el descuidado.- Se burló.
-Ya te has reído, ahora vete.
-Hay otra víctima.


El ambiente en el pueblo no había cambiado. La gente seguía adelante con su vida. Algunos corros de señoras, hablando más bajo de lo normal, delataban cual era el tema de conversación. Otra muerte. Por lo que Ezequiel había conseguido averiguar, en sus compras en la panadería, la gente nativa de allí culpaba al exceso de población de los últimos años. Sus ritmos de vida descuidados y la falta de precaución. No veían ningún patrón. El pueblo había crecido y por tanto, la tasa de accidentes y mortalidad también.
-Hola Ezequiel.
Se giró al notar una mano sobre su espalda que acompañó al saludo.
-Leo… Tienes buena cara después de la fiesta de ayer.
-Lo mismo digo. Veo que ya has ido a por el pan, pareces acostumbrado a esto.
-Estoy acostumbrado a que Gar me esclavice y tenga que hacer de ama de casa.- Bromeó.
Ezequiel miró a su nuevo amigo de pelo moreno y corte simple peinado hacia atrás. Le conoció anoche tras un incidente en la fiesta con una chica muy borde. Después de ayudarle fueron a una parte menos caótica de la fiesta donde se presentaron. Leo les contó que ya estaba acostumbrado al trato de gente como ella y que no le daba importancia. Estuvieron los tres media noche hablando hasta que se fue a casa porque con quien había quedado no apareció. Les proporcionó bastante información sobre el pueblo y les aconsejó ignorar el gps. El castaño de pelo ondulado había encontrado en él una fuente fiable de información.
-Leo, ¿Qué pasó con tu amiga?
-Se quedó dormida en casa viendo una película y con el teléfono en silencio. Últimamente cuando la visita Morfeo no hay quien la despierte.
-Si es que los jóvenes de hoy en día van como van y luego pasa lo que pasa.- Escucharon hablar a un par de mujeres que pasaron a su lado.
-He oído que ha habido un accidente o algo así…
-Así es.- Respondió Leo mirando fijamente a Ezequiel y dejando ver que tras sus gafas se escondían una mirada de color café. – Fue la chica.
-¿Qué chica?- Respondió el castaño sorprendido, todavía no sabían el género de la víctima y menos quien.
-La muerta, es Silvia. La chica que me empujó anoche.
Ezequiel enmudeció. “Estuve observando el entorno y no vi ningún tipo de señal. No hemos podido evitarlo,” pensó.
 -No me fijé en ella.
-Estas cosas pasan. Los accidentes te dejan tocado.- Respondió el moreno encogiéndose de hombros.- Últimamente parecen el pan de cada día.
“Necesito saber más.” – ¿Quieres venir a comer con nosotros? Hoy le toca cocinar a Gar.
-¿Puedo llevar a mi amiga?
-Claro.


Gar regresó a casa después de ir a investigar la zona del accidente. Las manchas de sangre y frenadas solo confirmaban la teoría oficial. Un accidente causado por la imprudencia y mala suerte.
La información que escribía en su portátil se reflejaba en el cristal de sus anteojos. Su concentración se rompió cuando recibió un mensaje de texto en su teléfono:
“Tendremos invitados para ir a comer. Antes de que pongas el grito en el cielo, es la mejor manera de obtener información y te toca a ti cocinar.”

 -Sabe hacer su trabajo.- Se quitó las gafas y comenzó a guardar todo lo que pudiera delatarles.

viernes, 17 de junio de 2016

Update!

Tercer capítulo de mi pequeñín que ve la luz! Algo más corto, pero soy de la opinión de que los capítulos buscan su propia longitud, hay que dejar que cojan su ritmo.
Y tengo un comentario!! Nuestros primeros comentarios van llegando, y hace muchísima ilusión que alguien dedique su tiempo a leernos y dejarnos opiniones. Espero que poco a poco haya más gente que se anime a hacerlo. Después de todo estamos aquí para aprender y mejorar, así que somos todo oídos ojos ^^U

Un saludo!

Draven

P.D. Shin, espero no equivocarme de color, pero si al final uso toda la gama de los naranjitas estos... recuerda que me quieres! Sí, soy una novata de los blogs xD

Diosa de la sangre

3

Aquel asesinato volvió a sacar a la superficie toda la credulidad de los habitantes de Riverhood. Durante una semana me topaba con LA mirada allí donde fuera. Nadie me dijo nada, tan sólo me miraban y murmuraban a lo lejos. A mi favor, se conformaban con poco…

Para terminar de rematar a los creyentes, faltaba una semana para el aniversario de la muerte de mi abuela. Mi madre estaba de los nervios, y hasta los topes de trabajo. Desde que mi padre se largó, ella hacía todo lo que podía para que no nos faltase de nada y lo conseguía con creces. Estaba a punto de que la hicieran socia en el bufete en el que trabajaba como abogada, y con aquel despliegue de medios debido al asesinato estaba desbordada. Habían encontrado culpable al padre de una compañera de instituto, Sarah Poland. Mr. Harvey estaba dándola unas clases particulares algo comprometidas, tal y como vaticiné. Pero eso no acalló los rumores y era obvio que a mi madre la estaba pasando factura.

Supongo que, por eso, cuando bajé a desayunar el sábado me llevé un gruñido a modo de saludo. Pero un gruñido en toda regla.

- Buenos días para ti también. -dije acercándome al armario para coger un bollo.

- ¿Ya vas a comer porquería?

Uuuh… Ya empezábamos.

- ¿Cómo va el trabajo?

- ¿Cómo crees que va, Ace? Tengo que representar un caso perdido mientras todo el maldito pueblo me señala con el dedo. ¡Y mientras tanto tú te pasas fuera todo el día! Hay cosas que hacer por aquí, Ace, la casa da asco. Yo me mato a trabajar para que no te falte de nada y tú eres incapaz de hacer algo por mí… Sólo alentar más y más rumores.

Cogí aire y decidí que aquella no iba a ser mi guerra. Con la dedicación de mi madre a su trabajo, yo era la que se encargaba de las tareas de la casa. Limpiar, cocinar, hacer la compra… Y he de decir que no se me daba mal. De hecho, había hecho limpieza general aquella misma semana con la esperanza de mantenerme ocupada y así no dar vueltas a los rumores, por lo que aquel “asco” al que se refería mi madre debía referirse más a mí que a la casa. Me guardé el pastelito en el bolso y la di la espalda para dirigirme a la puerta.
         
- ¿A dónde te crees que vas? ¡No hemos terminado de hablar!

- Yo sí, mamá. Yo terminé de hablar hace mucho.

Supongo que sobra decir que la relación entre mi madre y yo era, cuanto menos, tensa. Cualquiera pensaría que todo lo que tuvimos que vivir debido a mi abuela nos habría unido, pero la verdad es que hizo todo lo contrario. Mi madre nunca ha sido una mujer especialmente cariñosa o compasiva, algo que fue mucho más obvio cuando mi padre se fue. Yo tendría unos 9 años y recuerdo que se despidió de mí pidiéndome perdón con lágrimas en los ojos. Básicamente, no aguantaba más a mi madre. Siempre ha sido increíblemente fría y práctica. Su situación con mi abuela la llevó, no solo a no creer en leyendas, sino a no creer en absolutamente nada que no pudiese ver, oír o tocar. Para ella el amor era una cuestión puramente física, y nunca la he oído hablar de la religión sin un tono condescendiente en su voz. Y en algún momento aquella situación superó a mi padre.

Decidí coger el coche y acercarme al lago. Había un pequeño rincón al que me gustaba pensar que no iba nadie más que yo, aunque era consciente de que no era cierto. Pero cada uno se cree lo que quiere creer, yo de eso sabía bastante. 

Antes de montar en el coche, revisé el móvil: un mensaje de Ethan. Tenía una cita para comer que se alargaría hasta la tarde, así que pasaría a recogerme por la noche. No pregunté de qué se trataba porque sabía que no me haría falta. Fuese lo que fuese, me lo contaría después.


Casi sin darme cuenta, llegué al lago. Dejé el coche apartado para ir dando un paseo hasta mi rincón, aun canturreando la canción que había dejado sonando en la radio. Tardé unos minutos en darme cuenta del alboroto que parecía haber a mi alrededor. Los pájaros iban de un lado a otro, sin parar de cantar. Miré al cielo: los animales suelen reaccionar de forma diferente a los cambios climáticos. Seguramente se acercase una tormenta o algo por el estilo, no sería raro estando en plena primavera. Paseé tranquilamente durante un rato, hasta dar con la gran piedra que anunciaba el pequeño claro que estaba buscando. Estaba lo suficientemente cerca del lago como para escuchar el agua, pero lo bastante alejado como para que a nadie le diera por ir allí a bañarse. Un par de árboles daban sombra en una roca plana que era donde yo solía sentarme a leer, o simplemente a pensar. Y sí, muchas de las veces que me tumbaba a pensar terminaba echándome una siesta importante.

Una sensación me hizo pararme antes de llegar a la roca en la que planeaba pasar la mañana. Me parecía que no estaba sola. Seguí avanzando con lentitud, intentando convencerme de que eran paranoias mías debido al estrés de la última semana. Sin embargo, había acertado al pensar que no estaba sola. Bueno… más o menos.


En la roca me esperaba el cuerpo desmembrado de Lara.

martes, 14 de junio de 2016

Actualización

Buenas noches almas silenciosas:

Ésta es mi segunda actualización, por la noche peeeeeero cumpliendo que es martes jujuju.
Menos mal que mi objetivo es mejorar con la práctica. Espero que según siga escribiendo así sea porque esta semana no me gusta casi nada como me ha quedado el capítulo.
No es nada seguro pero si me animo, quizás suba alguna viñeta, dibujo incluso algún comic o intento de ello. ¿Por qué? Por el mismo motivo por el que escribo. Con la práctica se mejora pero sobre todo para mí. Para obligarme a exteriorizar y desarrollar las ideas y mundos que me rondan en la cabeza.

Ya lo mencioné pero lo repito. No descartamos actualizar otros días no especificados, respetando nuestro día fijado. Por ejemplo: Hoy subo el capítulo tres y mañana el cuatro u otro tipo de relato y el martes que viene el cinco y/u otra cosa.

Hoy no me extiendo más porque se me acaba el tiempo… tic tac tic tac.

*Edito: Que no os extrañe que, al releer un texto veáis modificaciones. A veces creemos haber corregido y al releer, vemos fallos o cualquier otra cosa que no nos termina de convencer y por tanto, lo cambiamos.

**Edito again (upssss) He vinculado en la sección de relatos cortos "El Bosque". Fue mi relato final en el Taller de Escritura Creativa que terminé hace unos meses.
Shin

Sombras

Capítulo 3

-¡Wouuuuuuuuuuuuuu! Me encantan las fiestas en el pueblo.- Celebró Laura alzando su cubata.
-Ojalá fueran todos los fines de semana.- Respondió Silvia.
-Mejor alternativos, que nuestro body no lo aguantaría.

Ambas bailaban con sus amigos alrededor de un bidón usado como fogata. Dichas hogueras estaban repartidas por todo el parque en el que se celebraba la fiesta. Había cinco barras en la que servían bebidas y el dj estaba situado en la parte que limitaba con una pared. El parque fue reformado con jardines y caminos para dar paseos. Las zonas verdes estaban cuidadas y permitían poder sentarse en ellos tanto por el día como por la noche. Los árboles le daban rincones de intimidad. La música de la fiesta se mezclaba con los murmullos de la gente. El reflejo de las llamas sobre todo le daba un toque de magia al ambiente.  El olor del fuego se mezclaba con el del tabaco y la naturaleza.
La gente se agrupaba por momentos. En un momento podías respirar y al siguiente asfixiarte entre la multitud. Cerca de las hogueras había más hueco entre los asistentes porque guardaban las distancias de seguridad. Las chicas y sus amigos bebían entusiasmados hasta que de entre la multitud salió disparado un joven que chocó contra Silvia y derramó la bebida sobre ella.

-¿Qué haces imbécil?- Le empujó con rabia, haciéndole caer al suelo. Un chico de pelo ondulado y castaño con perilla bien recortada salió de entre la multitud y le ayudó.
“Que guapo.” Pensó la rubia, ignorando al chico al que había insultado e intentando llamar la atención de su nuevo objetivo. Otro joven de la misma estatura que el anterior se unió a ellos. Silvia quedó prendada del primero e intentó entablar una conversación con él pero no le era posible. Se preguntaban entre ellos, como si no la percibieran hasta que finalmente ella volvió a su círculo de amigos.
-¿Hoy no han funcionado tus encantos?- Se burló Laura.
- Te equivocas. Seguro que eran unos palurdos como él y ante semejante escote han disimulado no estar interesados cuando en realidad no sabrían ni por dónde cogerme.
-Que rencorosa eres Silvia.- Le reprochó uno de sus amigos.- Deja de inventar.
-Tampoco se sabe que sea mentira e ignorando el escote que llevo es obvio que tengo razón. ¡Brindemos!

La noche avanzaba y el alcohol en sangre de los asistentes subía. La música dejó de sonar y en la fiesta sólo quedaban unos pocos que no tenían prisa por irse a dormir. El cielo ya empezaba a clarear. Silvia se despidió de sus amigos y decidió irse a casa.
-¿Estás segura? ¿No te da miedo sentir que te observan?- Se burló Laura.
-No me lo recuerdes  - rió- le daré un bolsazo.

Apenas se cruzaba con gente en la calle. El sonido de sus pasos hacia eco en la calle y el sonido de los pájaros anunciaban el despertar de la mañana.
Un escalofrío recorrió a Silvia “Otra vez esa sensación. Vale chico malo, porque seguro que eres un chico. Observa lo bien que ando, reeeeeeeecta a pesar de la borrachera. Deléitate” Pensó la rubia mientras caminaba por el bordillo de la acerca e imaginó que era una equilibrista. Cerró los ojos como prueba de valor pero su estado era malo y perdió la estabilidad. Cayó a la calzada al mismo tiempo que pasaba un coche y no pudo esquivarla. Un golpe sordo, el sonido de la sangre salpicando el asfalto, los frenos chillando y después, silencio.


-¿La idea no era volverla loca y que se quitara la vida ella misma?
-Lo era pero no soportaba su actitud.
-¿Y qué actitud es esa?
-Lo sabes perfectamente. Ya viste cómo trató a Leo.
-Olvidé que Leo te gusta.- Se burló.
-Mentira, no lo olvidaste.

viernes, 10 de junio de 2016

Holaaaaaaa!!

Bueeeeeeno… Pues aquí va el segundo capítulo de “Diosa de Sangre”. Soy Draven, y he de decir que no estoy muy segura con esta historia, estoy improvisando, sentándome delante del ordenador y dejando que los personajes vayan por libre. Es algo que me gusta mucho hacer, pero tiene sus inconvenientes… A veces los personajes te sorprenden, a veces son completamente diferentes a lo que pensabas y a veces tengo que releer varias veces lo que escribo porque mi historia no iba por ahí. Pero quiero pensar que son gajes del oficio. ^^U



Mi amor platónico Shin me metió en este proyecto, un proyecto en el que tengo mucha fe, que me ilusiona a la vez que me estresa (qué agobio que llegue el viernes y tener poco más de dos párrafos escritos…), y al que pienso entregarme porque sé que al menos mi pichurra me lee. No espero una legión de lectores al otro lado de la pantalla, lo único que espero sacar con esto es un poco de constancia y desempolvar la máquina creativa que estaba oxidadilla ya.

¡Ah! Que me toca actualizar los viernes, la hora irá variando y que espero que si alguien lo lee, disfrute y nos deje algún comentario. 
Un saludo

Draven

Diosa de la Sangre

2

Ethan ya estaba esperándome con una caja de donuts cuando quise llegar a la cafetería. Incluso de lejos, era inconfundible. Si no le reconociese por su postura de “paso de todo”, lo haría por el número de chicas que se giraban descaradamente al pasar junto a él. Era atractivo, universitario y bastante serio, el topicazo que vuelve loca a cualquier chica de instituto. Afortunadamente, mi existencia se basaba en huir de los tópicos como si fuesen el fuego del infierno.

- ¿Dentro o fuera? -preguntó Ethan señalando las mesas de la terraza.

- Quieres fumar, ¿verdad?

- Sí, pero he comprado los donuts antes de que se terminen y aún están calientes…

Fui hasta la mesa que nos quedaba más cerca y me senté con la mejor de mis sonrisas. No me gustaba el tabaco, pero mi pasión por los donuts podía obligarme a casi cualquier cosa. Ethan se echó a reír y dejó la caja frente a mí, abriéndola para que pudiese atacar.

- Lisa sacará ahora los cafés.

- ¿Lo has hecho como siempre?

- Sabes que sí.

Desde hacía unos meses, concretamente desde que Lisa comenzó a trabajar allí, nos dimos cuenta de que los cafés de Ethan llevaban siempre extra de espuma y los míos nada. Dado que él prefiere el café plano, y a mí me encanta la espuma de la leche, comenzamos a hacer el pedido al revés incluyendo un pequeño coqueteo de mi amigo con la camarera. ¿Resultado? Él disfrutaba de su café solo y yo llevaba meses tomando los mejores cafés de mi vida.

- ¿Entonces a qué viene este día libre?

- Han encontrado a mi profesor de historia asesinado en su apartamento.

La aparición de Lisa ayudó a que Ethan tuviese tiempo de asimilar la información. En cuanto la chica se fue, él cambió nuestros vasos.

- ¿Asesinado? -preguntó mi amigo con los ojos aún como platos- ¿Había puesto una mala nota a alguien y ahora ya no vale con rayarles el coche, o cómo va la cosa?

- A saber… Yo creo que bajo la fachada de profesor interesante se escondía un capo de la mafia. -sonreí.

Sí, sí, ya sé lo que va a pensar la mayoría. “¿¿En serio estás bromeando acerca de un asesinato?? ¡Han matado a alguien!”
Pues sí, lo hago. Humor negro lo llaman.

- ¿Cómo ha sido? -preguntó Ethan mirándome con intención.

- Todos los huesos rotos y totalmente desangrado, se comenta.

- Han sacado el tema.

No era una pregunta, y por lo tanto no necesitaba mi respuesta. Me limité a morder mi segundo donut y mirar cómo la espuma de mi café se pegaba a la cucharilla mientras lo removía.

- En serio, ¿dónde coño lo metes Ace? Te comes los donuts de tres en tres y no engordas ni un gramo.

- A ver si te crees que salgo a correr una hora todas las mañanas por amor al arte.

- Cualquier persona necesitaría al menos tres horas para digerir todo lo que comes tú. -dijo él riendo.

- Es un don. -reí.

Esa misma tarde, Ethan me contó que su tío también estaba ingresado en el centro. Era él quien le había puesto el ojo morado, lo hacía a menudo desde que los padres de Ethan fallecieron en un accidente de coche. Su tío era la única familia que le quedaba y tuvo que hacerse cargo de él y de su hermano, pese a que siempre había mostrado un comportamiento violento que empeoró a raíz del accidente. Él culpaba a Ethan de todo, ya que sus padres iban a buscarlo a la salida de un partido de fútbol. Aun así, continuaba visitándole una vez a la semana. A mis trece años, no pude evitar preguntarle por qué seguía yendo. Después de todo, a mí me había hecho falta mucho menos para decidir que no seguiría visitando a mi abuela. Nunca se me olvidará su cara cuando me dijo que lo hacía para que no tuviera que hacerlo su hermano pequeño.
No pregunté más. No hacía falta. Incluso a esa edad, fui capaz de comprender todo lo que no estaba diciendo.

La semana siguiente, fui al centro psiquiátrico todas las tardes a la misma hora hasta que me encontré con él. Y desde ese día, fui a buscarle cada viernes por la tarde a la salida de su visita. Casi siempre salía con una herida nueva. A veces eran realmente malas. Otras, sólo le veía magulladuras en los nudillos. Esos días me alegraba por él. 
Hasta que llegó el día en el que salió intacto. No tuve que preguntarle. Al salir del centro, me miró y me sonrió como no lo había hecho nunca, con una lágrima resbalando por su mejilla. 
Ese día nuestra rutina cambió: desde entonces era él quien iba a buscarme a mí a la salida de las clases. Durante su último año de instituto, se saltó todas las últimas clases para poder estar en la puerta al final de mi horario. Después vino la universidad, y en estos dos años que llevaba decidiendo en qué especializarse, no había faltado ni un solo día al encuentro. Era una rutina que nos hacía bien a ambos.

- Eh, morena. Que te quedas en Babia. -dijo Ethan dándome con su rodilla en la pierna.

- No se vive mal por allí, no creas.

- No vas a dejar que te afecte ahora, ¿verdad, guerrera?

Sonreí. Ese mote siempre me hacía sonreír. Me llamaba así desde que le partí la nariz a un imbécil un par de años mayor que yo. No fue gratuito: el tipejo iba diciendo por ahí que yo debía ser “muy guarra” en la cama para tener a un universitario detrás de mí como un perrito faldero. No he vuelto a pegar a nadie en mi vida… Pero tampoco lo descarto.

- No, sabes que no.

Pero en el fondo no estaba segura de estar siendo sincera.

martes, 7 de junio de 2016

Actualización

Buenos días our little lectores *se escucha el eco a lo lejos*.

Bueno, yo soy Shin. Seré la encargada de actualizar los martes. ¿A qué hora? Sin especificar, pero en martes. Hoy por ser el primero me he sentido generosa y el capítulo es más largo pero no os acostumbréis. No marco un mínimo ni máximo de palabras, escribo tal cual me salga y me quede.
Un poco sobre lo que este proyecto significa para mí…  Quiero materializar las ideas que tengo en mi cabeza y hacerlo bien pero como para eso primero hay que practicar y practicar y practicar y ¡ah!  Leer también… Este blog es una manera de hacer ambas cosas. Obligarme a escribir y de esta manera aprender y corregir los errores de hacerlo. Si nos lee alguien, perfecto. ¿Qué no? El objetivo sigue siendo el mismo jujuju.

Habrá un poco de esto en cada actualización. Tampoco quiere decir que sean las únicas. Quien sabe, quizás un día nos de la inspiración y actualicemos uno de los días no marcados, o historias extras, un fic, un dibujo, una foto… Lo que nos dé la gana. Eso sí, siempre respetando que el día que tengamos marcado para actualizar sí o sí se haga igualmente.


Y… ¿fin?  Este es mi pequeño rinconcito y momento de idas de olla.

Shin

Sombras

Capítulo 2


“Un kilómetro de hormiga… parece que cuanto más andamos más se aleja el pueblo”
-Gar… Llama un taxi.- Susurró Ezequiel sofocante.- Me da igual herir mi orgullo por no tener el aguante de llegar andando pero en serio, no hemos llegado ni al pueblo y no sabemos dónde estará nuestro alojamiento.
-¿Estás loco?- Gar rió cansado.- Si nos queda poc…- El asa de la mochila que llevaba a su espalda se rompió, cayendo sin remedio contra el asfalto.- Joder…
-Me encanta cuando la vida te da en la cara.- Se burló su compañero a la vez que se dejaba caer en el suelo para sentarse.
- Espero que nuestra suerte cambie, como sigamos así nuestra misión nos irá mal.
-¿Ahora tu lado pesimista Gar?
-Mi lado cansado.- Suspiró. Rebuscó una botella de agua en su mochila y se la ofreció a su compañero, que la cogió con ganas.
Se oía el ruido del motor en la lejanía pero los chicos no se molestaron en mirar hasta que el vehículo se detuvo a su lado.
-¿Qué? – Preguntó un señor de unos cincuenta años mientras bajaba la ventanilla. -A ver si adivino: Vinisteis en el autobús pero no sabíais que os dejaba lejos del pueblo ¿verdad?
Ezequiel miró con cara de pocos amigos a aquel hombre canoso, en lo que le quedaba de pelo, y sonriente.
-Venga montad, os acerco al pueblo. No es la primera vez que recojo a forasteros en la misma situación.
-¡Gracias!- Exclamó el joven de ojos marrones con la mirada cambiada. Se levantó sin ayudar a su compañero y empezar a meter los bultos en el maletero.
-Hace un momento no te gustaba ¿verdad?- Susurró Gar.
-Cállate, es nuestro salvador y punto.
Ambos rieron y se montaron en el auto.
-¿De dónde venís?- Preguntó el conductor mirándoles a través de sus gafas de pasta.
-Del sur.
-Del norte.
Los jóvenes se miraron. No tenían pensada una respuesta porque no esperaron que nadie les preguntara antes de llegar a su destino.
-De donde sea ¿verdad? Bueno, ¿y de vacaciones?
Gar miró a Ezequiel y le hizo una señal para que le dejara responder.
-Casi. Si encontramos trabajo y nos gusta el lugar quizás pasemos una temporada. Perdone, - sacó el teléfono móvil y se lo mostró, teniendo en cuenta que no se distrajera mucho de conducir, – ¿podría acercarnos aquí?
- ¡Hombre! Si encima vais a la zona rural del pueblo. Menos mal que os he recogido. No hay problema chavales, yo también vivo por allí. Me imagino que os quedaréis en una de las casas que están en alquiler.
-Sí, la casa número siete.
-Buena casa, sí señor. Si hacéis una barbacoa invitadme- Bromeó.



-¿Estás mosca por lo de la última vez? Creí que esa parte ya la teníamos hablada.
-Sabes que ya no me mosqueo idiota. Sólo pienso. Ahora me encuentro mejor.- Sonrió mirando al exterior tras la ventana.
-A partir de ahora tenemos que tener cuidado. Aunque todo lo han archivado como accidentes no han pasado desapercibidos para esas personas.
- Aunque digas esas personas no lo entiendo. ¿Recuerdas que no me contaste nada? Dijiste que lo harías cuando llegara el momento.- Replicó en tono apático.
-Me da pereza explicarlo.
- ¿Van a venir aquí?
- Acaban de llegar.
-¿Y cómo te has enterado tan rápido?- Exclamó abriendo los ojos de manera exagerada.
-¿Aún te sorprendes de lo impresionante que soy?
- Me gusta.
-Lo sé.- Rebuscó en su bolsillo, sacó una foto y la dejó caer a su lado.- Es la siguiente.
-También me gusta.- Sonrió mirando la foto tendida en el suelo.



-Chicas lo digo en serio, últimamente siento que alguien me persigue y me da muy mal rollo.
-¿Un acosador o algo así? ¿Te han mandado mensajes extraños?
-No Laura. He dicho perseguir. Por eso no tengo pruebas. Si me mandara mensajes podría investigarlo pero es una sensación. – Resopló.
-A ver Silvia, ¿no estarás estresada por el trabajo?
- Si es eso me estoy volviendo loca. El otro día una maceta calló una maceta a mi lado ¡de un tercer piso! Creía que eso solo pasaba en las películas tía. Ayer casi me atropella un coche… ¡E iba por la acera! Y siempre que pasa eso siento ese mal rollo que que que… pues eso, mal rollo.
- Uyyy háztelo mirar – Bromeó su amiga de pelo rizado.- Podrían ser coincidencias.
-No sé pero me da mal rollo.- Se metió parte de un mechón rubio en la boca.
-Qué asco, quítate esa manía anda y vamos a tomar algo.



Gar y Ezequiel dejaron caer sus maletas al atravesar la puerta dela casa donde se quedarían. Una casa de pueblo relativamente nueva para ser de la zona rural. El suelo era de baldosa color blanco al igual que las paredes. En ese sentido la casa no tenía mucha decoración. Disponían de una habitación propia para cada uno, otras dos más de invitados. Todas ubicadas en el piso de arriba junto con un baño grande y completo. Abajo, un salón grande que usarían de despacho y otro un poco más pequeño para el ocio, la cocina y otro baño. Se alegraron aún más al ver que la casa tenía un jardín tapiado con zona de barbacoa y mesas.
-Vaya…  Parece que no se han cortado en gastos. Creo que es uno de los mejores alojamientos que nos han dado ¿eh Ez? ¿Ez?
- ¡Acabo de escoger cuarto! ¡Y hay buhardilla! Aunque no creo que la usemos- Respondió desde el segundo piso.
Gar se dirigió a la cocina y vio que en la puerta del frigo había folletos de comida a domicilio pillados con imanes.
-Por hoy es lo mejor.- Ojeó los folletos y comprobó que servían a esa zona.
-Yo quiero pizza.
-Si escoges la cena mañana vas a hacer tú la compra.- Sugirió Gar.
-No me importa, así le echaré un vistazo a la zona.- Le tendió su teléfono móvil- Llama, voy a darme una ducha.

La noche anterior no habían hecho mucho. Plantear la organización y descansar. Mientras Ezequiel hizo la compra, Gar organizó el material que habían traído y el nuevo que llegó a primera hora de la mañana en un camión de mudanzas. Archivadores, portátiles, baúles con más papeles y armas. No sabían a lo que se iban a enfrentar por lo que las armas permanecerían guardadas.
-¡Gar! Nuestra fortuna es buena. Hoy hay fiesta por la noche. Un botellón en un parque.- Le cortó la mirada de desaprobación de su compañero.- Oye, también es una buena oportunidad para estudiar la zona, el ambiente, la gente….
-Chicas…
-Sí, también chicas. ¿Cuándo en una misión hemos podido sociabilizar? Venga. No hay mal que por bien no venga.- Arrastró el carro de la compra, que cogió prestado de la despensa de la casa, hasta la cocina y empezó a colocar todo en su sitio.- No sabemos nada de la misión y no sabemos si por no ir perderemos pistas. Pasaremos inadvertidos. Dos chicos forasteros en la fiesta, solo eso.
- Vale.- Se quitó el sudor de la frente con el brazo.- ¿Cómo te has enterado?
-Hay carteles por el pueblo y en las tiendas la gente me preguntaba si habíamos venido para las fiestas. Según intentaba sacarme información, la he obtenido yo de ellas. Las señoras son muy habladoras.
- ¿Y de las muertes? -Ezequiel negó con la cabeza.- Ya iremos descubriendo más- La última víctima parecía que estaba escribiendo algo en su móvil antes de morir.