viernes, 10 de junio de 2016

Diosa de la Sangre

2

Ethan ya estaba esperándome con una caja de donuts cuando quise llegar a la cafetería. Incluso de lejos, era inconfundible. Si no le reconociese por su postura de “paso de todo”, lo haría por el número de chicas que se giraban descaradamente al pasar junto a él. Era atractivo, universitario y bastante serio, el topicazo que vuelve loca a cualquier chica de instituto. Afortunadamente, mi existencia se basaba en huir de los tópicos como si fuesen el fuego del infierno.

- ¿Dentro o fuera? -preguntó Ethan señalando las mesas de la terraza.

- Quieres fumar, ¿verdad?

- Sí, pero he comprado los donuts antes de que se terminen y aún están calientes…

Fui hasta la mesa que nos quedaba más cerca y me senté con la mejor de mis sonrisas. No me gustaba el tabaco, pero mi pasión por los donuts podía obligarme a casi cualquier cosa. Ethan se echó a reír y dejó la caja frente a mí, abriéndola para que pudiese atacar.

- Lisa sacará ahora los cafés.

- ¿Lo has hecho como siempre?

- Sabes que sí.

Desde hacía unos meses, concretamente desde que Lisa comenzó a trabajar allí, nos dimos cuenta de que los cafés de Ethan llevaban siempre extra de espuma y los míos nada. Dado que él prefiere el café plano, y a mí me encanta la espuma de la leche, comenzamos a hacer el pedido al revés incluyendo un pequeño coqueteo de mi amigo con la camarera. ¿Resultado? Él disfrutaba de su café solo y yo llevaba meses tomando los mejores cafés de mi vida.

- ¿Entonces a qué viene este día libre?

- Han encontrado a mi profesor de historia asesinado en su apartamento.

La aparición de Lisa ayudó a que Ethan tuviese tiempo de asimilar la información. En cuanto la chica se fue, él cambió nuestros vasos.

- ¿Asesinado? -preguntó mi amigo con los ojos aún como platos- ¿Había puesto una mala nota a alguien y ahora ya no vale con rayarles el coche, o cómo va la cosa?

- A saber… Yo creo que bajo la fachada de profesor interesante se escondía un capo de la mafia. -sonreí.

Sí, sí, ya sé lo que va a pensar la mayoría. “¿¿En serio estás bromeando acerca de un asesinato?? ¡Han matado a alguien!”
Pues sí, lo hago. Humor negro lo llaman.

- ¿Cómo ha sido? -preguntó Ethan mirándome con intención.

- Todos los huesos rotos y totalmente desangrado, se comenta.

- Han sacado el tema.

No era una pregunta, y por lo tanto no necesitaba mi respuesta. Me limité a morder mi segundo donut y mirar cómo la espuma de mi café se pegaba a la cucharilla mientras lo removía.

- En serio, ¿dónde coño lo metes Ace? Te comes los donuts de tres en tres y no engordas ni un gramo.

- A ver si te crees que salgo a correr una hora todas las mañanas por amor al arte.

- Cualquier persona necesitaría al menos tres horas para digerir todo lo que comes tú. -dijo él riendo.

- Es un don. -reí.

Esa misma tarde, Ethan me contó que su tío también estaba ingresado en el centro. Era él quien le había puesto el ojo morado, lo hacía a menudo desde que los padres de Ethan fallecieron en un accidente de coche. Su tío era la única familia que le quedaba y tuvo que hacerse cargo de él y de su hermano, pese a que siempre había mostrado un comportamiento violento que empeoró a raíz del accidente. Él culpaba a Ethan de todo, ya que sus padres iban a buscarlo a la salida de un partido de fútbol. Aun así, continuaba visitándole una vez a la semana. A mis trece años, no pude evitar preguntarle por qué seguía yendo. Después de todo, a mí me había hecho falta mucho menos para decidir que no seguiría visitando a mi abuela. Nunca se me olvidará su cara cuando me dijo que lo hacía para que no tuviera que hacerlo su hermano pequeño.
No pregunté más. No hacía falta. Incluso a esa edad, fui capaz de comprender todo lo que no estaba diciendo.

La semana siguiente, fui al centro psiquiátrico todas las tardes a la misma hora hasta que me encontré con él. Y desde ese día, fui a buscarle cada viernes por la tarde a la salida de su visita. Casi siempre salía con una herida nueva. A veces eran realmente malas. Otras, sólo le veía magulladuras en los nudillos. Esos días me alegraba por él. 
Hasta que llegó el día en el que salió intacto. No tuve que preguntarle. Al salir del centro, me miró y me sonrió como no lo había hecho nunca, con una lágrima resbalando por su mejilla. 
Ese día nuestra rutina cambió: desde entonces era él quien iba a buscarme a mí a la salida de las clases. Durante su último año de instituto, se saltó todas las últimas clases para poder estar en la puerta al final de mi horario. Después vino la universidad, y en estos dos años que llevaba decidiendo en qué especializarse, no había faltado ni un solo día al encuentro. Era una rutina que nos hacía bien a ambos.

- Eh, morena. Que te quedas en Babia. -dijo Ethan dándome con su rodilla en la pierna.

- No se vive mal por allí, no creas.

- No vas a dejar que te afecte ahora, ¿verdad, guerrera?

Sonreí. Ese mote siempre me hacía sonreír. Me llamaba así desde que le partí la nariz a un imbécil un par de años mayor que yo. No fue gratuito: el tipejo iba diciendo por ahí que yo debía ser “muy guarra” en la cama para tener a un universitario detrás de mí como un perrito faldero. No he vuelto a pegar a nadie en mi vida… Pero tampoco lo descarto.

- No, sabes que no.

Pero en el fondo no estaba segura de estar siendo sincera.

3 comentarios:

  1. Muy buenos diálogos! Fluidos.. y cada personaje habla por si solo! Le da buen ritmo a la lectura y detalles que aportan a la descripcion de los personajes :D excelente..

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    1. Muchísimas gracias! Es genial ver que alguien nos va leyendo, en serio, gracias por parar un minuto a leernos y a comentar. Un saludo!! ;)

      Draven

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  2. Hola! ¿Qué tal? Me he encontrado con tu blog y ¡ya te sigo! te espero en mi blog: http://irresistibleleer.blogspot.mx

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