viernes, 3 de junio de 2016

Sombras

Capítulo 1

El ronchar del gato callejero al comer el pienso que los vecinos le daban, acompañaron al murmullo de los pájaros que observaban y esperaban su turno para llevarse su parte.
-Parecen cuervos acechando a su presa.- Murmuró Javier con su mirada azul sobre las ramas de pino. – O se comen al gato o hacen caer el árbol…- Se calló al sentir la mirada de las aves sobre él, camuflando su plumaje negro entre las sombras del árbol.
Se ajustó la pequeña  mochila para senderismo a su espalda y salió de las calles de su pueblo hacia las afueras. El atardecer era buena hora para caminar en esta época del año, el momento justo donde la temperatura es agradable.

El graznido de las aves acompañaba el crujir de la tierra bajo sus pies. Los mosquitos no molestaban su camino. Todo era perfecto.El tiempo pasaba y se acercaba al punto donde suele darse la vuelta y volver a casa pero un sonido empezó a envolver el entorno como un manto de abejas invisibles. Javier se giró rápidamente pero solo estaba él y al amplio paisaje de las tierras cosechadas a su alrededor.
-¿Quién está ahí? – Exclamó airado, girando sobre sí mismo.- Noto tu presencia.


El sonido cesó. No más zumbidos ni piar de los pájaros. Un silencio anormal para el entorno y que rompió unas pisadas rápidas acercándose al adolescente.
Javier empezó a correr, huyendo de aquello que le estaba acechando. Saltó la cuneta que separaba el camino de la tierra de cebada , adentrándose en ella.  
“Bien, la tierra está sin recoger y alta, medio agachado no podrá verme.” Celebró para sí, orgulloso de su idea. Giró la cabeza por si conseguía ver algo pero no fue así. Ni aquello que lo perseguía ni el agujero del suelo oculto entre el cereal.
 Su brazo quebró al golpear contra el fondo seco del pozo. A su vez sirvió de colchón para su cabeza. Las piernas se quemaron por el roce del hormigón en su piel.
-¡Ayuda!- Consiguió gritar intentando mantener la calma. Con su brazo sano se quitó la mochila en busca de su teléfono móvil. Luchaba por ignorar el sonido de los pasos acercándose. Miró hacia arriba, por donde aún entrada la claridad del sol y se hizo oscuridad. La luz se eclipsó por una silueta.
-¿Quién eres? Déjame en paz. ¡Vete!- El resplandor de sol detrás de la sombra junto con las lágrimas que llenaban sus ojos le impedían enfocar la vista. Todo su ser le pedía huir y su frustración porque era imposible le llenaba de ira- ¡Largo!
La silueta apoyó el pie sobre una de las rocas que bordeaban el pozo y la empujó. El sonido seco del golpe ahogó el pesar de Javier, tiñendo de rojo el suelo.
 El sonido volvió a la naturaleza y el atardecer siguió su curso natural.


El olor a rancio y viejo del autobús no ayudaba a que el viaje se hiciera menos pesado. Por suerte solo quedaban ellos dos y su destino era la última parada.
-Recuérdame la misión- Susurró Ezequiel mientras se desperezaba.
-Aunque te lo recuerde ahora me volverás a preguntar cuando bajemos, y cuando estemos de camino hacia el puesto, y cuando lleguemos, y después de sentarnos y…
-Vale, vale.- Bostezó- Si me da igual, trabajo es trabajo. Cuando empecemos me pondré las pilas.
-Si sí.- Sonrió el apuesto de ojos color miel antes de cerrar el libro que tenía entre sus manos, quitarse las gafas y rascarse los ojos.- No queda mucho- Comentó mientras ojeó el exterior y después el reloj.
-Este pueblo está a tomar por…
-Ez…No sabemos cuánto nos llevará la misión, cógele cariño al sitio.
-Por eso mismo no se lo cojo, por si dura poco.- Se miró en el reflejo de la ventana y se quitó el resto de alguna legaña en sus ojos marrones.
-Es un pueblo pero parece una ciudad. Del centro hacia el lado opuesto de esta carretera conserva su esencia y apariencia de pueblo, pero a su alrededor y hacia esta dirección creció. Los edificios son nuevos, hay comercios, colegio… Podría pasar por una ciudad pequeña.
-Lo que sea. ¿Los casos están centrados en la parte antigua?- Eso nos lo pondría fácil.
-La verdad es que no. Hasta ahora creíamos que el foco estaba en la parte nueva y que podrían ser casos de delincuencia pero el último fue en el lado opuesto.
-¡El chaval que siempre hacia la misma ruta? Lo han archivado como accidente.
-Como casi todos nuestros casos, pero para eso estamos nosotros, para encontrar la verdad y ponerle remedio.
El autobús chirrió al frenar. Los chicos bajaron cargados de sus maletas y antes de poder despedirse el autobús de marchó. La parada estaba alejada del pueblo, a un Kilómetro antes de que empezaran a verse los primeros edificios.
-Esto no lo pusieron en la información. Tenemos suerte de que el equipo y el resto de nuestras cosas nos las manden por correo pero no creí que el autobús…
-Sí, el puto autobús que ha huido antes de que pudiéramos quejarnos. ¿De verdad sólo llega hasta aquí o nos ha visto cara de gilipollas?- Maldijo Ezequiel dejando caer su mochila con rabia en el suelo.
- Que putada… Y no sabemos en qué punto queda nuestro puesto. Mirando el GPS pone que estamos en medio del pueblo pero…- Miró a su alrededor y vio que la única carretera que había hacia rotonda, para dar la vuelta y volver a la civilización o dirección al pueblo. El resto del paisaje eras tierras, páramos y colinas. – Venga Ez, después de tantas horas en autobús nos vendrá bien caminar un poco.


-Claro que si Gar, tú siempre viendo el lado bueno… A ver lo que te dura.- Agarró de nuevo sus bultos y con desgana se pusieron en marcha.

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