martes, 14 de junio de 2016

Sombras

Capítulo 3

-¡Wouuuuuuuuuuuuuu! Me encantan las fiestas en el pueblo.- Celebró Laura alzando su cubata.
-Ojalá fueran todos los fines de semana.- Respondió Silvia.
-Mejor alternativos, que nuestro body no lo aguantaría.

Ambas bailaban con sus amigos alrededor de un bidón usado como fogata. Dichas hogueras estaban repartidas por todo el parque en el que se celebraba la fiesta. Había cinco barras en la que servían bebidas y el dj estaba situado en la parte que limitaba con una pared. El parque fue reformado con jardines y caminos para dar paseos. Las zonas verdes estaban cuidadas y permitían poder sentarse en ellos tanto por el día como por la noche. Los árboles le daban rincones de intimidad. La música de la fiesta se mezclaba con los murmullos de la gente. El reflejo de las llamas sobre todo le daba un toque de magia al ambiente.  El olor del fuego se mezclaba con el del tabaco y la naturaleza.
La gente se agrupaba por momentos. En un momento podías respirar y al siguiente asfixiarte entre la multitud. Cerca de las hogueras había más hueco entre los asistentes porque guardaban las distancias de seguridad. Las chicas y sus amigos bebían entusiasmados hasta que de entre la multitud salió disparado un joven que chocó contra Silvia y derramó la bebida sobre ella.

-¿Qué haces imbécil?- Le empujó con rabia, haciéndole caer al suelo. Un chico de pelo ondulado y castaño con perilla bien recortada salió de entre la multitud y le ayudó.
“Que guapo.” Pensó la rubia, ignorando al chico al que había insultado e intentando llamar la atención de su nuevo objetivo. Otro joven de la misma estatura que el anterior se unió a ellos. Silvia quedó prendada del primero e intentó entablar una conversación con él pero no le era posible. Se preguntaban entre ellos, como si no la percibieran hasta que finalmente ella volvió a su círculo de amigos.
-¿Hoy no han funcionado tus encantos?- Se burló Laura.
- Te equivocas. Seguro que eran unos palurdos como él y ante semejante escote han disimulado no estar interesados cuando en realidad no sabrían ni por dónde cogerme.
-Que rencorosa eres Silvia.- Le reprochó uno de sus amigos.- Deja de inventar.
-Tampoco se sabe que sea mentira e ignorando el escote que llevo es obvio que tengo razón. ¡Brindemos!

La noche avanzaba y el alcohol en sangre de los asistentes subía. La música dejó de sonar y en la fiesta sólo quedaban unos pocos que no tenían prisa por irse a dormir. El cielo ya empezaba a clarear. Silvia se despidió de sus amigos y decidió irse a casa.
-¿Estás segura? ¿No te da miedo sentir que te observan?- Se burló Laura.
-No me lo recuerdes  - rió- le daré un bolsazo.

Apenas se cruzaba con gente en la calle. El sonido de sus pasos hacia eco en la calle y el sonido de los pájaros anunciaban el despertar de la mañana.
Un escalofrío recorrió a Silvia “Otra vez esa sensación. Vale chico malo, porque seguro que eres un chico. Observa lo bien que ando, reeeeeeeecta a pesar de la borrachera. Deléitate” Pensó la rubia mientras caminaba por el bordillo de la acerca e imaginó que era una equilibrista. Cerró los ojos como prueba de valor pero su estado era malo y perdió la estabilidad. Cayó a la calzada al mismo tiempo que pasaba un coche y no pudo esquivarla. Un golpe sordo, el sonido de la sangre salpicando el asfalto, los frenos chillando y después, silencio.


-¿La idea no era volverla loca y que se quitara la vida ella misma?
-Lo era pero no soportaba su actitud.
-¿Y qué actitud es esa?
-Lo sabes perfectamente. Ya viste cómo trató a Leo.
-Olvidé que Leo te gusta.- Se burló.
-Mentira, no lo olvidaste.

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