martes, 26 de julio de 2016

Sombras

Capítulo 9

Ezequiel no intentó contarle a su compañero que vio a Dana salir del edificio del que hablaron. No lo hizo porque en cuanto mencionó el nombre de la chica, Gar se puso a la defensiva y él prefirió no entrar en una discusión sin sentido. Aprovechó que los dos habían quedado de nuevo para preparar una estrategia para probar que él tenía razón.

-¿Si?- Contestó Leo al otro lado del teléfono.

-Hola, soy Ez. ¿Puedes quedar ahora?

-En media hora estoy libre.

-Perfecto. Te veo delante del ayuntamiento en media hora.

Colgó sin dar más explicaciones. Tampoco quiso darle tiempo a Leo para preguntar. Se preguntaba si fue brusco pero no importaba. Si estaba molesto lo resolvería luego. Tal y como habían quedado se reunieron.

-¿Ha pasado algo?- Había ido corriendo hasta allí. El sofoco y sudor de su frente lo delataban. Parecía preocupado.

-No.- Extendió la mano y le pasó una goma de pelo ancha y negra.- Creo que es de Dana. A Gar se le olvidó cogerla para devolvérsela y como siempre estáis juntos es mejor que se la des tú.

-¿Me has llamado solo para esto?- La cogió molesto y se la guardó en el bolsillo.

-Y para verte.- Respondió Ez con rapidez. No era mentira. También quería verle. Se sentía bien a su lado.

Leo se ruborizó tras sus gafas y agachó la cabeza intentando disimular. Tras una hora hablando Ezequiel volvió a casa. Cuando Dana tuviera la goma en su poder él lo sabría. El recogedor de pelo era un dispositivo para localizar a la chica, sino no llegaba a sus manos el mecanismo, este ni siquiera emitiría señal.

-Buenas tardes.- Saludó Gar al pasar por el estudio en el que Ez seguía estudiando datos. Buscando posibles coincidencias con los incidentes.

-Ey.- Le miró.- ¿Qué tal?

-Bien. Hoy le pedí a Dana que me llevara a ver la nave que me mencionó ayer. Sólo la he visto por fuera. Es un edificio algo viejo. Necesita un lavado de cara externa.

Silencio.

-Perdona por lo de antes Ez. No sé qué me pasa. Me siento raro. Quizás esté incubando algo.

-Tranquilo. Hoy pagas la cena tú. Paso de cocinar.

-Hecho.

Cenaron pizzas y nuggets de la baguetería que estaba cerca de su casa. Como compensación por su actitud, Gar se ocupó de todo mientras Ez continuaba con el trabajo. El dispositivo reaccionó.

Ezequiel estuvo de nuevo merodeando por el edificio al final del camino de tierra. Antes de entrar comprobó que no había nadie alrededor. Entró. La maquinaria de campo descansaba oxidada y esparcida por todo el local. Al fondo un pequeño alto de hormigón tan largo como ancho era el edificio. La maquinaria vieja pero algo más moderna contrastaba con la antigua. Se mezclaba la evolución de las herramientas de campo. Todo el lugar rezumaba energía. No dejó un solo espacio por comprobar. Allí pasaba algo y lo iba a descubrir.

A la mañana siguiente cogió el número de Dana del teléfono de su compañero. Gar le contó que habían vuelto a quedar. “Lo siento amigo, creo que ella nunca llegará a tu cita” Pensó.Llenó una mochila con todo lo que pudiera necesitar. Sea lo que fuese que pasara estaría preparado y ayudaría a su amigo. Casi no trabajaba en el caso. Es verdad que no llevaban mucho tiempo en el pueblo pero jamás había estado tan despegado de una misión. Sus quedadas eran excusadas con un “reúno información”. Media hora después de que Gar saliera él se encaminó a la nave de campo. Entró, se sacó un selfie y se lo mandó a Dana acompañado de un mensaje breve.

Ven antes de que desmantele este lugar.

Dejó caer la mochila a su lado y se sentó en el pequeño altillo de hormigón. Sacó un puñal de plata que destacaba en la empuñadura desgastada de cuero. El reflejo de la luz que entraba por una ventana del techo se reflejaba en la hoja, repartiendo destellos a su alrededor.

-Bonito cuchillo.

Ezequiel se giró y encontró a Dana de pie tras él. Estaba seguro de que sólo había una entrada y la estuvo vigilando desde que entró.

-Sabía que algo pasaba contigo.

-Chico listo.- Musitó a la vez que limpiaba los pliegos del vestido que llevaba puesto. Negro y largo. Su melena suelta parecía camuflarse con la prenda o que el cabello nacía de el. Ez no consiguió apreciarlo con claridad.

-¿Qué eres?- La apuntó con el puñal.

Dana le señaló con el dedo y un golpe invisible tiró al muchacho al suelo. Se levantó y corrió hacia ella quien volvió a señalarle pero lo esquivó. Giró sobre sus talones y se colocó a su costado. Giró el puñal con intención de clavárselo en sus costillas pero falló. Con una mirada Dana le lanzó contra la pared, desarmándole.

-Es inútil. No puedes matarme. Para ahora antes de que te hagas daño.

-Nunca.

-No quiero hacerte daño.

 Ezequiel se sobrecogió al escucharla. No era miedo. La creía y eso no era compatible a sus sospechas. Recogió el arma corrió hacia ella. Vio pesar en su mirada pero eligió ignorarlo. Se agachó y rodó a un latera, aprovechó que Dana se giraba para arrodillarse en el suelo frente a ella. Le clavó el puñal en el corazón.  Ella retrocedió y él se puso de pie.

-¿Qué has hecho?- Gritó una voz  femenina desde la puerta.

Se giró y vio a Gar clavado en la puerta. Jamás le había visto tan sorprendido y Dana pasó por su lado corriendo.

-¿Qué…?- Ezequiel se giró hacia la Dana que había apuñalado. Estaba de rodillas en el suelo y su vestido camuflaba la sangre de su herida.

Intentó acercarse a ella pero de nuevo, un golpe invisible, le lanzo con el doble de fuerza contra la pared.

-No le toques.- La ira llenaba la voz de la Dana que acababa de llegar.

El vestido de la chica herida empezó a desvanecerse creando una cortina de humo negro. Gar no reaccionaba, Ezequiel esperaba confundido y Dana estaba agachada junto a su copia.

-No puede ser…- Ezequiel murmuró. La boza se le secó y creyó que el corazón le dejó de latir.

Era Leo. Vestido con ropas negras y sin sus habituales gafas ni peinado. Se sacó el puñal del corazón y Dana le ayudó a levantarse.

-No puedes matar a la muerte Ezequiel.- Clavó la mirada en sus ojos.

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