jueves, 4 de agosto de 2016

Sombras

Capítulo 10

Gar se echó a reír incrédulo ante lo que escuchaba.
-Perdona,- comenzó a hablar intentando parar sus carcajadas- ¿qué?

Dana le lanzó una mirada de pocos amigos y en cuanto sus ojos se cruzaron su expresión cambió. La pena se reflejó en su rostro y desvió  su atención a Ezequiel. Se enfadó otra vez al ver como se acercaba a ellos.

-Alto. No te atrevas a toc-.

Leo silenció a su amiga con la mano y dejó ver que su herida ya no sangraba.

-Como he dicho, no se puede matar a la muerte. Tengo curiosidad, ¿de dónde has sacado ese puñal de plata bañado en orina de niño pelirrojo? Me produce más asco que dolor.- Hizo una mueca de desagradado. – Maldigo a quien otorgó ese don, si es que se le puede llamar así, a los pelirrojos. A ese y a quien lo hizo público.

-¿Eso es lo que te preocupa? ¡Podría haberte matado! Joder Leo…

-Ezequiel…

-Sí, sí, no se puede matar a la muerte. ¿En serio eres una parca? Hasta donde llega nuestra información sobre vosotros no vais por ahí matando por diversión.

-Nadie ha dicho que matáramos por diversión. Estaban en la lista.- Respondió Dana con una frialdad que enmudeció el ambiente.

Las pisadas de Gar sobre la arenilla recordaron su presencia.
-¿Qué lista? ¿Qué está sucediendo aquí? De repente no solo todos fingíamos ser normales sino que además todos estamos metidos en el mismo asunto. ¿Somos enemigos?

-¿Nos vais a cazar?

-Dana, nosotros tenemos que poner orden.

-Entonces, si debes hacerlo, ¿me matarás?

Gar no dejó salir las palabras que golpeaban su garganta y Dana sonrió con amargura.

-Él no sé si sería capaz pero aquí, Ez, si ¿verdad? – Interrumpió Leo - ¿Volverías a hacerlo?
Ezequiel no respondió.

-Me esperaba preguntas sobre nosotros. Algo que diera pie al gran discurso que lo explicaría todo.- Siguió fingiendo pesar y mirando a su compañero de paseos.

Gar miró a su amigo. Le sorprendió el estado en el que se encontraba. En silencio y con la mirada perdida. En ocasiones le encontraba mirándose su propias manos y al nuevo Leo.
-Gar…Aunque no lo creas no queremos haceros daño.- Dana se acercó hasta él y le dedico una sonrisa.

-Me pareces sincera. Quiero obligarme a estar a la defensiva pero nada en ti me hace sentir en peligro.

-Pero si a tu amigo.

-¿Qué eres? ¿Por qué tu presencia si despertó sospechas en él?

-Lo que soy no tiene nada que ver con las sospechas de Ezequiel.- Intentó no reír- Pero una cosa le ha llevado a la otra.

-¿Qué eres?- Gar insistió.

-Es humana.- Respondió Leo, que se encontraba sentado a lo indio delante del inmóvil Ez.- Una humana con un gran poder que no deseaba.

-¿Qué significa eso?

-Significa que se le concedió su deseo.

-¿Deseaste matar a gente?- Gar preguntó incrédulo a la muchacha.

-Pedí que las voces se callaran.- Dana arrastró las palabras al responder. En su rostro se veía reflejado alivio.

-Verás.- Continúo Leo.- Soy la muerte pero no la gran muerte. Una parca que recoge almas, que pone fin a quien ya le ha llegado su hora, y que sigue la lista de un jefe.

-¿Dios?

-¿Hola? De verdad, con todo lo que habéis estudiado ¿sólo se te ocurre eso? No Gar. Tenemos muchos jefes. Cada jefe tiene seres a su servicio y entre esos seres podemos estar las parcas. Solo cosecho lo que él me manda y en ocasiones especiales, me concede favores o premios como Dana.

Ezequiel miró a la chica y después a la parca. Le enfadaba pensar que Dana fuera el premio de Leo.

-No te preocupes Ez.- Le acarició la mejilla que había rozado contra el suelo en su pelea. –Veréis, os voy a revelar un nuevo dato para vuestra colección. La gente desea cosas. Materiales o no siempre anhelan algo. Cuando ese deseo es muy fuerte los seres como mi jefe aprovechan la oportunidad para reclamar sus almas.

-Hace pactos con los humanos.

-No Gar. No hace falta si el deseo es sincero y los tipos como mi jefe están al acecho. Por ejemplo, la mujer del parque. Hace dieciochos meses solo deseaba ser madre, aunque fuera por poco tiempo y estaba dispuesta a lo que fuera a cambio de ello aunque fuera poco tiempo.- Hizo una pausa.- Se le concedió. En el caso de mi jefazo quiere almas, el fin de la vida, llamémosle X como pago. Marcó su señal en ella, invisible para el resto de seres salvo los de su nivel. Así respetan las presas, – puntualizó.

-¿En serio pensáis que estaría de acuerdo en morir poco tiempo después?

-No importa. En su deseo hasta un día era válido. Si no fuera un deseo tan fuerte, no se hubiera cumplido y el sello no se habría marcado. Es simple. Pueden estar acechando a gente que dice o piensa desear algo pero, si de verdad no es fuerte, no se cumplirá. Otros jefes de nivel superior podrían haber realizado su deseo y pedir como pago a su hijo. Cada uno tiene sus preferencias de pago. Otros hacen desaparecer herencias familiares.

-¿Podría haberse salvado si se lo hubiera concedido otro?

-Quien sabe.  Depende del cobro que quieran reclamar.

-Es injusto. –Protestó Gar con intención de avanzar hacia él pero Dana le contuvo.- Ellos no saben que hacen pactos.

-Cuidado con lo que se desea. Ese dicho se inventó por algo. Que olvidaran su origen no es nuestro problema, somos empleados.

-¿Y tú por qué te uniste a él? ¿Estabas dispuesta a lo que fuera por tu deseo? ¿Qué deseaste?

Dana inspiró profundamente antes de responder.
-Nunca sabrás lo que es oí cada pensamiento de la gente. Hasta el más minúsculo para ellos, golpeaba fuerte en mi cerebro. Me estaba volviendo loca hasta el punto que me daban crisis de ansiedad. Planeaban ingresarme en un Hospital. Estaba dispuesta a casi cualquier cosa.

-La palabra clave es casi. -Puntualizó Leo que en esos momentos solo centraba la atención en Ez, peinando su cabello alborotado y obligándole a mirar a sus ojos.

-Así es. No iba a dar mi vida a cambio. No me hacía falta desear eso para hacerlo. Quería que las voces parasen y dejar de odiar a la humanidad por oír su falsedad. Pero el odio no desaparece. Ahora no les oigo pero ya sé en qué piensan.

-No lo entiendo…

Leo dejó atrás a Ez y se acercó a la pareja.
-El deseo de Dana era tan fuerte que hasta yo lo noté. Después de taaaaaaaaaanto tiempo trabajando en esto algo se me había pegado pero nunca había notado un deseo con esa intensidad. No puedo ver las marcas pero aprendí a crear una mía. Visible, débil pero aguantó lo suficiente para pedir un favor.

-Pero le descubrí en el proceso.- Le sonrió.

-Así es. Después de intentar pegarme, por un malentendido, hablamos. Su deseo era fuerte pero le contenía. No lo terminaba de formular, como si estuviera manteniéndose alerta, protegiéndose de lo que podría desencadenar si lo pidiera….

-Y no me equivoqué.

-Eso también me gustó. Y busqué soluciones. No quería su alma y su poder era demasiado grande. No se puede hacer desaparecer pero si transformar.  Soy el preferido de mi jefe y no suelo pedir nada. No tuve problemas en obtener el visto bueno ni el poder necesario para ayudar a Dana.

-¿Ayudar?- Ezequiel comenzó a reaccionar.

-Así es.- Continuó la chica.- Ya no oigo voces. A cambio tengo el mismo poder que él y por tanto tengo que aprender a manejarlo trabajando juntos.

-¿Matando?- Ez sonaba cansado y enfadado.

-No matamos, recogemos.- Respondió Leo molesto y acercándose de nuevo a él.- Para recoger deben morir. Sí, escogemos como mueren pero están marcados y van a morir igual. Eso no es  ilegal en este mundo y lo sabéis. No podéis darnos caza por cumplir nuestro trabajo.

Silencio de nuevo. Los muchachos sabían que eso era verdad. Si se tratara de un monstruo, un demonio o  algo fuera de control podrían ponerle fin pero este caso era simple. Hacían su trabajo. No de la manera más discreta pero cumplían con las reglas. No llamaron la atención sobre los humanos, no escogían a víctimas inocentes, (si lo eran o no, no pertenecía a este caso). Eran unos mandados como ellos.

-Veo que lo entendéis. Es hora de que Dana y yo volvamos a nuestro trabajo. – Le tendió la mano a la muchacha y caminaron hasta el centro del local.

-No quise hacerte daño Ez. Disfruté de tu compañía y espero hacerlo de nuevo pronto.

 Del suelo surgió niebla negra. Cuando se disipó ellos habían desaparecido. Gar ayudó a su compañero a mantenerse en pie. La pelea había sido más duro de lo que pareció y su cuerpo se resentía por todas partes.

-Lo siento Gar. Por actuar a tus espaldas, por ser un hipócrita…

-¿Qué quieres decir?

-No pudiste responder a Dana. Querías decirle que a ella no la cazarías aunque tuvieras que hacerlo. Lo entiendo. Si hubiera sabido que era Leo, jamás le habría atacado.

-Por motivos diferentes.

-No, por lo mismo que sientes por ella.

-¿Qué? – Tropezó y casi caen los dos al suelo.- A ti… él… bueno…

- Sí.

-Vaya manera de terminar nuestra misión. Los dos pillados por nuestros objetivos.

-Objetivos no peligrosos.- Puntualizó Ez.-  Haremos nuestro trabajo bien. No revelaremos su identidad. Sí el hecho de que se trata de parcas juguetonas. Rellenaremos un informe. La nueva información no ayudará a nadie y…

-Ya la he olvidado.

-Yo ni sé que te iba a decir…- Rieron.- Volvamos a nuestra nueva casa. Plantearemos a los jefes que nos quedaremos aquí para controlar la situación a modo de precaución por tiempo indefinido.

- ¿Podremos?

- Siempre buscan nuevos puntos de apoyo pero hay pocos voluntarios para quedarse en puestos fijos. Este pueblo está un poco perdido pero es grande. Ambas cosas son positivas para crear una base.

- Ez, ¿desde cuando tienes esta vía de escape preparada?

-Empecé a estudiarlo después de conocer a Leo.

Cruzaron las miradas y rieron.

-Tienes razón Ez, volvamos a nuestra nueva casa. Es hora de construirnos un futuro.


FIN

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