martes, 20 de septiembre de 2016

Dolores

La llamada que recibió Dolores apuñaló y dio fuerza a su nombre.  El hombre al otro lado de la línea seguía llamándola aún después de que el teléfono golpeara el suelo al resbalarse de su mano. Sólo cuando dejó de pedir atención el silencio llenó la habitación. La mujer exhalo aire, recogió el aparato y prometió que se reuniría con él en breves momentos. Subió a la azotea de su apartamento, se descalzó antes de subir a la cornisa y saltó. Dolores nunca faltaba a su palabra.

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