martes, 6 de septiembre de 2016

Visitas

Las puertas de forja del cementerio chirriaron al abrirse. Los pájaros levantaron el vuelo dejando detrás de ellos el sonido de las pisadas sobre la hierba seca  y a una residente del lugar que se estaba aburriendo.

-Sigo pensando que deberíamos haber venido por la mañana, no ahora al atardecer.

-Por la mañana suele venir más gente. No me gusta.

“Por fin, visitas” Se deslizó entre las lapidas, rozando los hierbajos.

-¿Has oído eso? –Preguntó una de ellas.

-El viento.- Gritó antes de notar que algo le agarraba la pierna.

-¿Qué ha pasado?

-Nada – se rió para ocultar la vergüenza – una planta de estas que me ha rozado y la paranoia.

-Venga dejemos las flores y vayámonos.

Llegaron frente a un panteón. Colocaron las flores sobre la lápida donde estaba escrito el nombre de una chica de su misma edad (si estuviera viva). Bajaron sus cabezas y rezaron en silencio.

“Mmmmm” Sopló en la nuca de una de ellas y pasó los dedos en el brazo de la otra. Las vivas se miraron nerviosas y terminaron sus rezos. Se apresuraron en santiguarse.

-Esperamos que estés bien allá donde estés.

“Estoy aburrida.” Exclamó sabiendo que no sería escuchada. Pateó una piedra y para su sorpresa consiguió moverla más que de costumbre, asustando aún más a sus visitas.

-Se está haciendo tarde.- Apresuró la otra muchacha agarrando del brazo a su amiga.

La chica fantasmal se deslizó alrededor de ellas, las sopló levemente en el oído mientras deslizaba sus dedos muertos e invisibles por sus hombros. Cuanto más crecía el miedo de las jóvenes más divertido le parecía. Cuando notó que sus nervios estaban a flor de piel dejó oír su risa provocando la estampida de sus amigas mortales.


“Creo que esta vez me he pasado. Tardaran en volver.” Musitó mientras las veía alejarse de allí. La noche calló y el cementerio volvió a su silencio roto por la puerta mal engrasada.

FIN

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