martes, 15 de noviembre de 2016

Apartamento blanco

Las gotas que escapaban del grifo se estrellaban contra el agua de la bañera. El eco resonaba en la oscuridad del apartamento. Nada se atrevía a romper el silencio. Ni los sonidos del fin de semana en la Calle Mayor de la ciudad, ni la pareja que vivía encima la cual, si el día tiene veinticuatro horas, quince se las pasaban discutiendo. El apartamento era sencillo; cocina abierta que se separaba del salón con una encimera. En el salón, una mesa camilla separaba el sofá de una televisión plana colgada de la pared. Junto a la ventana, con vistas a la calle, una mesa redonda con cuatro sillas. El baño era grande, con una amplia bañera protegida con una mampara para usarla a modo ducha. Era lo que más destacaba del baño ya que el resto, inodoro, lavabo, espejo y un pequeño armario eran de lo más simple. La habitación no rompía la estética del resto del lugar. Una cama doble con una mesita a cada lado y un armario empotrado. Nada adornaban las paredes blancas ni colgaba de los altos techos. Todo era blanco; los muebles, los electrodomésticos, los azulejos, las baldosas del suelo… Excepto el televisor que era negro, como una mancha en un lienzo.

Un grito desgarrador rompió la calma de la oscuridad. Las bombillas se encendieron lentamente como en una subida de tensión. El agua de la bañera empezó a vibrar y de ella emergió con lentitud una figura femenina y muy pálida. Si no fuera por el largo cabello negro que le colgaba podría haberse fundido con las paredes. No dejó de chillar mientras se levantaba y el pelo que ondeaba en el agua se le pegó en la piel, escurriendo por ella. La delgada figura arqueó la espalda, estiró los brazos y los retorció golpeándolos contra la mampara. Las bombillas explotaron, se recogió sobre sí misma, acuclillándose en la bañera, hundió el rostro en las rodillas y enmudeció.

Sus pies húmedos no sonaban como pisadas al caminar. Parecían el compás del agua al caerle gotas con lentitud, como si cada paso simulara el efecto de las ondas. Con cada paso se medio inclinaba con gesto curioso. Exploraba cada rincón de aquel lugar, era demasiado blanco incluso para estar a oscuras. El sonido de unas llaves en la cerradura hizo que saltara del rincón del pasillo al techo. Se agarró a la moldura, se pegó al techo tanto como pudo y observó en silencio como un búho en la noche.

-No esperaba que hubiera tanta gente.- Protestó un chico bajo toda la ropa de abrigo que llevaba puesta.

-Dijiste que me acompañarías sin quejarte a cambio de ver el partido de anoche.- Contestó la chica que entraba tras él.

-Creo que he pagado un precio demasiado alto por eso.

Rieron animosamente mientras se ayudaban mutuamente a desvestirse, dejando caer las bolsas que portaban al suelo.

-¿Sabes? Sabía que te quejarías y te preparé una sorpresa.

-¿Sí? Dime qué es. No soporto la intriga.

La chica arrastraba, entre besos y arrumacos, a su acompañante hacia el baño bajo la mirada curiosa del ente que seguía en el techo.

-Parece que se ha ido la luz…-Musitó ella.

-No importa.


La figura de largos cabellos negros se arrastró por el techo en silencio. Se dejó caer frente la puerta abierta del baño y cuando los inquilinos del apartamento la vieron sonrió. Una oscura y siniestra sonrisa bajo la cascada negra de su cabeza, visible en la oscuridad. La pareja chilló antes de verse arrastrados bajo el agua. El ser se abalanzó sobre ellos como un tsunami, ahogó sus gritos en el agua y desaparecieron. De nuevo, todo quedó en silencio. Oscuro silencio con el eco de las gotas sobre el agua.

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