martes, 29 de noviembre de 2016

Jaime

Jaime era conocido como un joven extravagante.  De niño siempre fue sociable e incluso era el típico estudiante a quien la profesora siempre ponía de ejemplo, “Deberíais estudiar como Jaime”. Eso no le ayudó a hacer amigo pero eso le daba igual.


Después, en la adolescencia todo cambió. De repente, una noche de invierno le vieron pasear bajo la lluvia con una taza en la mano. “          Estoy recogiendo las lágrimas de mi alma.” Respondía cuando los vecinos le preguntaron qué hacía. No sabían durante cuánto tiempo antes lo estaba haciendo.  Después, las noches de luna llena, se viera o no, subía al tejado de su casa a aullar como un lobo. La gente le llamaba loco a lo que él respondía riendo de tal manera que asustaba a quien osaba tildarle así. Después de un tiempo se acostumbraron a su conducta de tal manera que la primera luna llena que no hubo aullidos la gente se preocupó y salieron a buscarle. Cuando todos los vecinos se reunieron bajo el tejado de su casa, la taza que siempre llenaba de lluvia cayó. Al romperse salió tanta agua como si se hubiera roto un depósito y mientras los arrastraba a todos a quien sabe dónde se escuchó un lamentoso aullido de lobo.

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