martes, 8 de noviembre de 2016

Leyendas: A la luz de las velas

Se dice, se habla, se cuenta que los días de tormenta no enciendas velas delante de un espejo si se va la luz. Algo complicado en la  antigüedad, cuando era el único recurso para iluminar las estancias incluso en las noches de verano. Si lo hacéis, es mejor que bajéis antes las persianas para que las luces eléctricas del temporal no entren en el hogar. Parece un sinsentido pero existe un motivo para ello. A medida que el tiempo ha pasado, y la gente dejó de creer y tener cuidado, pocas veces ha sucedido algo extraño. A parte, no es raro que en vez de candiles se usen linternas.
Si decidís no seguir mi advertencia o simplemente queréis probar si es real, hacedlo pero no me hago responsable de lo que os sucederá.
La leyenda comenzó cuando encontraron el Diario de Gregoria.
15 de Octubre de 1652

Juro que no miento ni ha sido un sueño. Estaba sola en casa, arreglándola para recibir a mi esposo cuando sucedió. El cielo se tornó negro y mi corazón latía más deprisa con cada trueno. En el salón tenemos un gran espejo y me sentí atraída por mi propio reflejo balo la luz del cirio. Un relámpago iluminó la habitación y poco después el ambiente fue sacudido con un gran trueno. Cerré los ojos con fuerza y al abrirlos, frente a mí, una sombra había sustituido mi reflejo. Me devolvía la mirada unos ojos blancos como perlas. Acerqué la vela al cristal y la silueta se parecía inclinarse ante ella. Se contorsionaba como un baile. Después me la acerqué a la cara, esperando encontrar mi imagen pero nada cambió. La silueta apoyó las manos en el cristal y sus golpes  se fundían con los del agua golpeando con fuerza en las ventanas. Salí corriendo y me encerré en la habitación. No sé cuándo me quedé dormida. Fue mi esposo quien me despertó. Me preguntó sobre el espejo roto. Se rió, dijo que lo habría roto por accidente y que la pesadilla fue por la preocupación. Ojalá así fuera. Tengo miedo. Modesto dice que me ve como siempre. Ojalá me esté volviendo loca pero lo que es cierto es que no me veo a mi cuando me miro en el espejo.


Tres días después de escribir esto, Gregoria desapareció. Hubo muchas teorías pero nunca se descubrió la verdad. Ahora bien, ¿vosotros que creéis que pasó? Yo ya he cumplido advirtiéndoos.

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