martes, 13 de diciembre de 2016

Actualización

Good night my little souls: 

Primero:
El mes de diciembre en principio nos lo tomamos de vacaciones. Hasta después de Reyes. Y digo en principio porque no actualizaremos salvo que tengamos momentos de inspiración y nos de un siroco. 
Estas fechas no dispondremos de mucho tiempo y tal y bla bla bls.

Segundo:
Draven me ha confirmado que es compañera del Grinch. Yo también.

Y ya dejo de enumerar...

Últimamente solo escribo micro relatos porque bueno... porque sí. A veces siento el impulso de borrar todo lo que he ido publicando para empezar de cero. Como si eso pudiera cambiar la imagen de pésima escritora que confirmo cada semana. 

Ya actualizaremos deseandoos felices fiestas. Voy a volver a mis lecturas. See you.

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Calcetines en las sillas.

Todo comenzó poniendo calcetines en las patas de las sillas de la cocina. James soñó que de ellas salían garras y le perseguían por toda la casa. Al despertar, puso en marcha un plan para prevenir que eso sucediera. Cuando su abuelo le preguntó qué hacía, el niño de doce años respondió que les estaba protegiendo. No tuvo el valor de prohibirle hacer aquello notando la seriedad que cargaban sus palabras.
James no solo pensó en la protección. Si algo fallaba “el mejor escudo es el ataque” o algo así recordó haber escuchado en alguna película. Fue a la despensa de la casa, se subió en un taburete de plástico y arañó las estanterías de escayola. Su casa estaba reformada pero conservaba detalles que aún recordaban al diseño original. Arrastró con las manos los recipientes que necesitaba. Con cada movimiento su equilibrio peligraba pero su determinación era estable. Eso le daba fuerzas para no caer y guardarlo en su mochila.
Trepó a las primeras ramas del abeto de su jardín, se acomodó junto al tronco, sin peligro a caer, y sacó lo que llevaba colgado a su espalda. Llenó macarrones con granos molidos de café los cuales selló con un poco de celo y metió en una bolsita. Estiró la goma de su tirachinas comprobando que estaba perfectamente y esperó, vigilante, a que todo empezase.

Las horas pasaron y el pequeño se durmió. Abrió los ojos de nuevo en su habitación, con el pijama puesto. Un sueño dentro de otro sueño.

martes, 6 de diciembre de 2016

Actualización

Good night my little souls:

Hoy otro micro relato: Kimu.
Sin releer, sin reescribir, improvisado... etc etc etc Si, con todos esos fallos que un escritor no debería cometer... Pero mi defensa siempre será que al menos cumplo el plazo de actualizar. Vale si, que mejor no hacerlo que publicar cosas así pero, otra vez en mi defensa, si no lo hago así no me obligo a escribir y lo acabaría dejando para siempre.

Además olvidé que es martes, de nuevo pedí que me dieran unas palabras y esto es lo que salió (Gracias a Senda por ellas).

Draven, guapa, preciosa, bonita... *latigazo* esclava.  Me ha dicho el Grinch que todo forma parte de vuestro plan para destruir la Navidad. Que estás noqueando a los Reyes Magos con esa sobrecarga de carbón para ti. He de reconocer que es buena idea pero.... ¡vuelve!

Y después de esta actualización de rigor decir que me encanta el libro de Seis de Cuervos (me considero megafan) y se lo recomiendo a todo el mundo y ya estoy leyendo Cazadores de Sombras: Orígenes.

See you.
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Kimu

El pequeño Kimu saltaba de tejado en tejado silencioso y hábil. Cada día era impredecible. Se despertaba, comenzaba a caminar y que fuera lo que el destino quisiera. Las mañanas como esa, en las que estaba de buen humor, se deslizaba por las ventanas entre abiertas de los vecinos. En la primera echó un ojo y en cuanto vio el camino despejado se camufló entre las sombras de la cocina, deslizó la pata por la mesa y empujó la tostada hacia el borde. Con la otra patita dio otro toque y la tiró al suelo. La cogió con la boca y saltó de nuevo por la ventana. Desayunó en ese mismo tejado, con el sol mañanero calentándole el lomo.

Después de una pequeña siesta volvió a la aventura. Bajó hasta el suelo y se detuvo frente a un charco que había formado el riego de los jardines. Le gustaba pensar que su pelaje, anaranjado con líneas negras, era herencia de los felinos mayores. Bufó y se vio a sí mismo como un tigre rugiendo. Se sentía feliz y confiado. Corría por las calles, saltaba a los capos de los coches y a los árboles. Era su selva particular y su gran enemigo no eran los perros. Era el cactus de la señora Lorena. Se estrelló contra esa planta cuando intentó refugiarse en la casa de la anciana una tarde de tormenta. Desde ese día, aprovechaba cada oportunidad para buscar venganza. Cuando la mujer ventilaba la habitación y dejaba la ventana abierta, Kimu entraba y le asestaba pequeños zarpazos hasta que conseguía tirar al cactus de la maceta. No le importaba pincharse, luego se lamía sus heridas con el orgullo de haber ganado otra batalla. Siempre deseaba que fuera la última pero al día siguiente volvía verlo en su sitio. Las púas de su verde enemigo le desafiaban  y el pequeño felino no pensaba rendirse nunca.


Una más de sus aventuras que van sumando cada día.