martes, 31 de enero de 2017

Actualización

To my little stars:

 Hoy también se iba a subir un capítulo nuevo del comic Pandora pero parece ser que vuelve a retrasarse.

Nuevo capítulo de Compañeros en la sombra (cada vez me gusta menos el título que puse). Debido al reto que estoy siguiendo, últimamente los capítulos me salen más largos. Lo prefiero porque me sirve para practicar y escribir ideas de forma más desarrollada y a la vez me irrito porque no me gusta como lo desarrollo. Vamos, que da igual lo que escriba, nunca estoy contenta con lo que hago.

Estoy con el último libro de la trilogía Grisha de Leigh Bardugo. Cuando lo termine me releeré again el de seis de cuervos.

Espero que disfrutéis de la lectura mientras sigo con mis planes de dominación mundial.

See you.




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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Compañeros en la sombra

Capítulo 2
Unax

Estaba estirado sobre uno de los sofás de su estancia. Había pasado una hora discutiendo con Lilith por teléfono.

-Son cosas que entran en la tarifa de siempre.- Había insistido ella.

-Sabes que no es cierto. El trato es que realicemos el trabajo y nos contrataste para un objetivo. Solo uno.

-Bueno, el resto son daños colaterales. ¿Me reclamas de más por tener que abrir agujeros o algo por los que entrar? No, ¿verdad?

-Lilith, no me obligues a enfadarme.- Amenazó y colgó.

Sonó el timbre y se levantó con pereza. Le gustaba darse un largo baño después de cada trabajo y le molestaba que todavía no hubiera podido hacerlo. Abrió y se encontró con una mujer joven. Su ajustado traje de pantalón, azul oscuro, no dejaba nada para la imaginación y a pesar del frío nocturno, su escote estaba desprotegido de todo abrigo.

-Me envía Lilith. Soy su ayudante, Sharon.

Entró sin esperar una invitación, apartando al moreno de malas maneras.

-No te cortes y pasa.

-Ironía, que sorpresa.- Se burló.

Su cabello largo se agitaba como una cortina negra con sus andares. Llevaba unas enormes bolsas en las manos, las dejó caer sin cuidado sobre la mesilla de té y se desplomó con elegancia en el sofá. Unax se sentó en el otro, delante de ella.

-¿No preguntas?

-Me lo vas a contar igualmente.- Fulminó a la chica con la mirada.

-Por favor, - levantó las manos exasperada- Lilith me ha dado ropa para tú invitado.

-Compañero.

-Lo que sea. Es su talla. ¿No me vas a invitar a tomar nada?

-No quiero tu carmín en mis copas.

Sharon frunció los labios y puso los pies sobre la mesa. El roce de los tacones de sus botas sobre el mármol produjo un sonido desagradable. El moreno sentía el impulso de agarrarla del brazo y sacarla fuera de allí. Pocos se atrevían a faltarle el respeto en su casa, y menos de forma tan insultante.

-Y bien, ¿dónde está el rubito?

-¿Le conoces?

-¿Cómo crees que sé su talla?- Sonrió con una superioridad irritante - Estoy junto a Lilith siempre. Cuando selecciona a tus posibles compañeros, yo estoy allí anotándolo todo. ¿Dónde está? – Se levantó, inspeccionando el salón con sus ojos verdes.

-Descansando. – El filo de su voz era tajante.

-Mmmm – Se dejó caer de nuevo en el sofá.- Aún no le has contado todos los riesgos. Lo de hoy no ha sido nada con lo que suele pasar.

-Tampoco ha preguntado.

-Por lo que sé, tampoco das la oportunidad para que te pregunten.

-¿Lilith te cuenta todo?

-Todo lo que cree necesario.- La chica se encogió de hombros.

-Pues si esto es todo…

-No voy a irme sin verle antes.- Clavó su mirada verde y desafiante en Unax.

-Dile a Lilith que yo me encargo.

Cogió a la morena del brazo arrastrándola lo más educadamente posible a la puerta, ignorando sus protestas y forcejeos. Cerró de un portazo y sintió la patada, llena de rabia, con la que Sharon golpeó la puerta.


Se despertó unas horas después del amanecer. La toalla, con las que se había envuelto la noche anterior tras el baño, seguía húmeda alrededor de su cuerpo. Se vistió con su ropa habitual: vaqueros oscuros y un jersey fino de manga larga color gris. No le gustaban los colores brillantes sobre su piel, ni recordaba desde cuando se sentía más cómodo con ropa oscura. Se miró en el espejo exterior de las puertas del armario empotrado. A diferencia de cómo se vestía, los cuartos le gustaban con pigmentos claros. Toda la casa seguía esa estética sin ningún estilo en particular. Si algo le gustaba, era práctico y no desencajaba con el resto del decorado, lo compraba y punto. A lo largo de su vida había aprendido a no encariñarse demasiado a las cosas materiales ni aferrarse a un solo estilo. No quería atraparse así mismo en una burbuja.

Sacó la ropa de las bolsas de papel. Una cazadora sintética negra, un jersey fino de manga larga con rayas blanca y negras, y un vaquero, negro también. Incluso la ropa interior era oscura. No escatimó en detalles, el neceser, que había encontrado en otra de las bolsas, estaba completo. Unax se sintió intrigado por las molestias que se estaba tomando Lilith. Desde que se conocían, nunca antes la había visto mostrar tanta amabilidad por un trabajador., excepto con él mismo. “O quizás era un favor que le hace a esa tal Sharon.” Pensó dirigiéndose a la habitación donde dormía su compañero.

Ian seguía en la misma postura en que lo dejó. Sus rizos descansaban enredados sobre la almohada. Retiró un mechón de su frente y le tomó la temperatura.   “No tiene fiebre, buena señal.” Se fijó en su incipiente barba, en el movimiento de su pecho al respirar… Dejó la ropa en una silla, le cubrió con una manta que sacó del armario y le dejó una nota en la mesilla.


Su teléfono parpadeaba sin descanso. Las primeras tres veces lo dejó sonar, después, simplemente lo puso en silencio sobre la mesa que separaba los sofás. Recogió su habitación, limpió el salón y cuando escuchó el agua de la ducha en la habitación de Ian, empezó a preparar el desayuno.

-Buenos días.

Unax se giró y vio al rubio algo cohibido, secándose el pelo con una toalla. Con el peso del agua el cabello le llegaba por debajo de su mandíbula. Se había afeitado y salvo por la cazadora, se había vestido con la ropa que Lilith envió.

-Viste mi nota.- Comentó el moreno, haciendo un gesto con la mano e indicando que le siguiera.

-Sí, gracias. ¿De dónde has sacado todo?

No le respondió. La cocina era amplia, casi dividida por una isla. En un lado la zona de cocinar y por el otro una mesa ovalada con sillas. Muebles de color verde que destacaban con los azulejos blancos con reflejo verdín.

-Ya que trabajamos juntos, podrías responder a alguna de mis preguntas.

Unax rió y le hizo un gesto para que se sentara. Le gustaba pensar que el rubio empezaba a tener interés en él.

-Está bien, charlemos mientras desayunamos. ¿Café?

-En realidad me gusta el cacao. ¿P-por qué sonríes?

-No es nada.

Se hizo el silencio. Desde la noche que le conoció no había dejado de sorprenderle y hacerle reír. Era consciente que su compañero no entendía la gracia ni el por qué. “Si él supiera” pensaba al ver sus reacciones. Unax preparó todo con la mirada caramelo del rubio sobre él. Cada vez que intentaba ayudarle se lo impedía, ordenándole que se estuviera quieto.

-Lilith.- Empezó el moreno, sentándose frente a su compañero.- Lo trajo su ayudante.

-¿Sharon?

El moreno asintió, mirando al rubio coger otra galleta y untarla en la leche. Viendo que no iba a añadir ninguna explicación, continuó.

-Pregunta lo que quieras, intentaré responderte.

El moreno cruzó los brazos y se reclinó hacia atrás en la silla. El café que se había preparado estaba demasiado caliente.

-Bien. Bueno, ya sabes, te dije que no me importa lo que eres y no mentí.- Se limpió las comisuras de la boca con los dedos.- Tengo curiosidad.

-Creo que es lógico.

- La conexión,- puntualizó haciendo comillas con los dedos- me la enseñaste con la práctica y no tengo quejas. Trabajo es trabajo.

-Estás dando rodeos Ian, ¿te pongo nervioso?

Le gustaba descolocarle con algún comentario fuera de lugar. Le era útil para desviar el tema, no responder o cortar el ambiente. Le llamó la atención que Ian conseguía hacerle lo mismo.

-No, nervioso no pero… - Pareció que se estuviera pensando algo.- Nada. ¿Por qué necesitas la conexión? Creo que en realidad no te hace falta.

El moreno se sorprendió, de nuevo. Se había esperado otro tipo de preguntas antes que esa. Qué era, cuánto habían durado sus compañeros, qué tipo de poder usaba, por qué sus compañeros duraban tan poco, cuánto ganaba…

-Es cosa de Lilith.- Confesó.- Hay varios motivos pero el principal es asegurarse de que vuelva sano y salvo. La conexión es como un chaleco antibalas. Puedo recibir golpes pero es el chaleco quien recibe el daño.

-Espera… Eso quiere decir…

-Sí, es justo lo que piensas. Si me hieren a mí, el daño lo sufrirás tú.

Ian volvió a meterse una galleta untada en leche en la boca. Clavó la mirada en su taza mientras masticaba. Unax aprovechó para tomar su café, ya templado.

- ¿No había formas más sencillas de protegerte? Quiero decir, ¿por qué este método?

-Lilith quiso que usara la energía de gente, que no pudiera defenderse, que estuviera inconscientes pero no quise. No me parecía bien obligar a nadie a pasar por esto. Y de esta forma, quien decide conectarse conmigo, lo hace por voluntad propia sabiendo los riesgos, ayudando en la misión, intentando no salir herido y de paso, cobrando.

- ¿Por qué quiere eso Lilith? ¿La energía es otro de los motivos? ¿Por eso anoche me quedé frito?- Dio un sorbo a su taza de cacao con leche y se lamió los labios, limpiándose los restos.

-Así es.- Le pasó una servilleta.- Mi fuerza, velocidad, percepción… todo aumenta. Y de paso me tiene vigilado.

- Porque tu compañero puede ver lo mismo y confirmar versiones si pasa algo.

-Lo vas pillando.

-Unax, ¿qué les pasó a tus otros compañeros?

- Unos me traicionaron y otros no eran lo suficientemente buenos.- Sintió la mirada poco satisfecha del rubio. Se inclinó hacia delante y le sonrió, quería desviar el tema de su pasado. Estaba dispuesto a ser sincero pero eso no significaba contarle todo sobre su vida.- Tú pasaste la primera prueba con sobresaliente.

-Gracias  a eso Lilith no ha podido retirarme.

-¿Qué? – Se enderezó en su asiento- ¿No te envió ella?

-No.- Dio el último sorbo a su desayuno.- No me dejaba presentarme voluntario.

Unax se tensó. Nunca se habría imaginado que alguien se presentara en su casa sin permiso de Lilith. La ubicación del lugar solo se daba a conocer después de ser aceptado para la prueba de compañero y una vez que lo sabían, había un pacto muy protegido para que no se revelase. Sabía que Ian no era un enemigo porque Lilith estaba mostrando preocupación por él, o bien haciendo un favor a su ayudante.

-¿Hola? Unax…- El rubio agitó la mano delante de él.

-¿Por qué has desafiado a Lilith? – No disimuló el tono cortante de su voz e Ian se estremeció.

-N-no me hables en ese tono, Cuervo, no tienes nada de qué preocuparte.

Que el rubio aún le hiciera frente, intentando ocultar el peso de su mirada afilada, le relajó. Se levantó y limpió la mesa en silencio. Su forma de “faltarle el respeto” no era irrespetuosa ni soberbia como le había transmitido la ayudante. Lo encontraba mono.

-No la he desafiado. La he desobedecido y con razón. No encontraba un buen compañero para ti. Observé las pruebas para el “trabajo suicida”. No eran diferentes a los trabajos que suele encargarme. Los aspirantes cometían fallos básicos. Lilith lo sabía pero se negaba a enviarme.

-¿Por qué?

Ian se encogió de hombros.

-Solo quiero ayudar. Sé que los objetivos no son inocentes y están relacionados con lo sobrenatural. Sé que no eres humano, que tienes… capacidades.- Unax notó que imitó su pausa al usar esa palabra -¿Por qué no venir si puedo ser útil?

-¿Quieres morir? – Vio como el rubio negaba con la cabeza.- Entones ¿por qué venir a un trabajo suicida?

- Sería suicida si no confiara en mis capacidades. No soy un engreído pero reconozco que soy bueno. No quiero morir y daré todo lo que tengo para sobrevivir a cada misión. Sería un suicida si pensara lo contrario y aceptara en venir.

Unax le puso las manos a ambos lados de la cabeza, enredando sus delgados dedos en los rizos dorados de Ian y cerró los ojos al tocar su frente con la de él.


-Sobresaliente.

sábado, 28 de enero de 2017

Viernes!

Bueno, de vuelta a la vida normal... Normal entre comillas porque a mí esto de actualizar normal se me había olvidado ya ^^U

He decidido terminar de cagarla a lo grande xD Me parecía que mi pequeño sireno se merecía un final, y es que además no he dejado de tener flashes muy idiotas sobre esta historia y he decidido hacer un "último" capítulo y dedicárselo a Lynn. Porque me da la gana, básicamente.
Y digo último con esas comillas tan majas porque lo voy a divivir en dos partes. ¿Para asegurarme una actualización? Pues también! Pero principalmente porque me está quedando muy largo y no es plan de poner una entrada que me ocupe 6 folios del word... Y el corte es brusco porque como no había planeado que me quedase tan largo, no lo he dividido en capítulos. Vamos que hoy he hecho lo que me ha dado la real gana, y tan ancha que me he quedado! xD

En fin, abandono el mundo internetil por hoy, que mañana es día de curro. Ya sabéis, mi mortadela con aceitunas y esas cosas. Que majas mis musas que al final han decidido volverse. Se han quedado tontas, pero oye... No me voy  quejar tampoco!

Aprovechaos de la oferta para vivir en la isla que os ofrece Shin. No se la hace a cualquiera. ;)


Draven

Lynn (parte 1)

Tardamos menos de veinte minutos en llegar a mi apartamento. Otro detalle sobre los hados madrinos, apretaban el paso que no veas. Marcus me llevaba con la lengua fuera y yo no tenía nada claro a santo de qué venía tanta prisa…

Cuando entramos, fue directo a mi cuarto de baño sin tan siquiera preguntarme dónde estaba.

- Sí, claro, por supuesto que puedes pasar majo… Tú a tus cosas, ¿eh? -dije hablando completamente sola, porque él ya estaba dando la luz para ver a mi sireno.

Fui hasta el baño mientras me quitaba los tacones, aún llenos de sangre de baboso y algún que otro cacho de tripa… Mis pobres zapatos.

- Sí que has vuelto pronto de la c… ¿Marcus?

- ¿Ijon?

Les miré mientras se miraban sorprendidos. Ijon había comenzado su frase sin apartar la vista del libro electrónico que le conseguí. En realidad era el tercero, porque aquí el pececillo no entendía que los aparatos electrónicos y el agua no se llevaban bien. En dos semanas iba por el tercer e-book y el segundo iPod. Me estaba saliendo el jodido sireno por un pico.

- ¿En serio? ¿En serio me estáis diciendo que os conocéis? Si es que estaban demasiado buenos para ser hetero, estaba claro… -dije para mí misma.

- Cuando desees te hago una demostración de hombría, tesoro. -dijo Marcus rodeándome la cintura posesivamente.

Ijon sacó medio cuerpo de la bañera.

- A ver, a ver… Que alguien me explique qué coño está haciendo él en tu casa, Lynn.

Uuuuuh… Un taco y sin parpadear. Mi pequeño pez estaba mosqueado.

- Pues la verdad es que no lo tengo muy claro.

- He venido porque quería saber de quién provenía la magia que la rodea a ella.

- Déjala en paz, Marcus.

Ijon tenía cara de muy pocos amigos en aquel momento y por lo que parecía Marcus lo estaba disfrutando, ya que en lugar de soltarme, se acercó más a mí. He de admitir que yo estaba disfrutando un poco también. El sirenito enfadado tenía un empotramiento importante.

- ¿De qué os conocéis?

- Marcus convivió en mi banco hace algún tiempo. De hecho, él es el culpable de que yo esté aquí ahora mismo.

Al final sí que iba a ser mi hada madrina el hombre. Eeeespera morena… ¿Convivir?

- Pero si tienes piernas… ¿no? -le miré de cintura para abajo, apartándome de él. Me concentré en no mirarle el paquete, porque Ijon tenía pinta de ir a asesinarme si soltaba alguna burrada. Claro que a ver cómo me pillaba si me echaba a correr.

- Puedes comprobarlo libremente.

- Marcus.

- ¿Qué pasa Ijon?

- No la metas en esto.

- ¿Meterme a mí en dónde? ¿Alguien va a explicarme de qué va todo esto o no?

Marcus soltó una carcajada mientras se sentaba en un pequeño sillón que había colocado allí hacía días. Desde que Ijon apareció en mi bañera, en realidad, ya que no le gustaba estar solo.

- Verás, tesoro…

Ijon alargó su brazo hacia mí y, agarrándome de la muñeca, me atrajo hacia él. Me sentó en la bañera y me agarró el cuello con delicadeza para examinarlo.

- No me han salido branquias aún, relaja.

Cuando me ahuecó el escote de la camiseta para mirar dentro, le solté tal ostia que se volvió dentro de la bañera. Y mira que me había gustado a mí el arranque toca cuellil que le había dado… Pero no pude evitarlo.

- ¿¿Pero qué haces?? -me preguntó llevándose una mano a la cara, donde tenía marcados mis dedos. Marcus estaba llorando de la risa en el sillón, contemplando la escena.

- ¿Desde cuándo eres un sireno pervertido?

- ¡He visto sangre en tu cuello y bajo la camiseta no son sólo salpicaduras! Vaya golpe, con lo debilucha que pareces…

- No ha sido un golpe, ha sido una ostia, habla con propiedad.

Ijon me miró mal. Era una manía que le había arraigado.

- ¿De quién es la sangre, Lynn?

- De un baboso que ha reventado tu amigo.

Esta vez, el destinatario de la mirada asesina de mi pez, fue Marcus. Él se encogió de hombros.

- ¿Qué? Fue ella la que deseó que le reventasen las tripas, a mí no me mires.

- Marcus no es alguien de quién debas fiarte, Lynn. -me dijo Ijon- Él fue quien le entregó a Aenon sus poderes.

Miré al hado.

- No lo pillo.

Marcus se incorporó en el sillón, apoyando los codos sobre sus rodillas. Iba a levantarme, porque tenía los pantalones empapados, pero Ijon me lo impidió. Tampoco me quejé demasiado, lo reconozco. Estaba intentando con todas mis fuerzas no convertirme en la típica imbécil de la historia que se enreda con el ser sobrenatural potentorro. Pero es que mi ser sobrenatural estaba extremadamente potente pese a su falta de extremidades inferiores. Y encima era simpaticón, cansino con sus cosas del mar, pero era muy divertido enseñarle a jurar como un camionero retirado. Era una mezcla entre alguien muy sabio y un niño pequeño. Bueno y un poco monja también había salido el nene, porque casi se saca los ojos la primera mañana que se me olvidó que tenía un sireno en casa y fui al baño como mi madre me trajo al mundo…

Marcus suspiró y sonrió mientras se pasaba una mano por el pelo.

- Cuando le di a Aenon los poderes que le convirtieron en el mago de su banco, lo hice por joder. Sabía de sobra que debía habérselos otorgado al padre de Ijon, pero soy un fae oscuro. Mi entretenimiento era sembrar el caos, cuanto más mejor. Y créeme tesoro, soy realmente bueno con el caos.

- Ya, ya… Lo que es reventar señores desde dentro se te da muy bien. Diez sobre diez.

Él sonrió. Ijon no.

- El problema es que se ve que todo ser mágico tiene que mantener cierto equilibrio… Y si no lo mantienes, lo mantiene la naturaleza por ti.

Ahora Ijon sí que sonreía. Yo no lo acababa de pillar.

- El karma es una puta, ¿eh?

Miré al sireno con los ojos como platos.

- Me escandaliza usted, don sireno.

- Te prometí que aprendería a jurar como tú. -dijo guiñándome un ojo.

Ijon flirteando y llamando puta a alguien, daba igual que fuese al karma. Estaba a punto de llorar de orgullo.

- Sí, Ijon, el karma es una puta. Ha venido a darme por el culo en cuanto ha tenido la oportunidad.

Lo que yo decía, demasiado guapo para ser hetero.

- O me lo explicáis, o mi cabeza empieza con el porno yaoi y me perdéis.

- A Marcus le ha empezado a pasar factura todo el caos que ha ido sembrando por ahí. -dijo Ijon con una sonrisa perversa en la cara. Pero qué lastima de piernas, madre- Se lo están devolviendo.

- Pero si eres un fae chungo de esos, ¿no se supone que cuanto más caos, mejor? Vamos, digo yo… Es lo que sale en la tele.

- Todo acto mágico tiene sus consecuencias, tesoro. Y si muchos de ellos son malos, las consecuencias también lo serán. Así que ahora me estoy concentrando en intentar enmendar viejos errores.

- Tardarás un par de vidas. -dijo Ijon.

- Posiblemente. Supongo que por eso me sentí atraído por Lynn. Cuando te sentí estaba seguro de haberte hecho alguna putada en el pasado. -dijo Marcus jugando con el pico de una toalla- Pero resulta que sólo era un eco de la magia de Ijon. Y de su rencor, sobretodo de su rencor.

martes, 24 de enero de 2017

Actualización

Hello my little stars in the dark:

Bueno, bueno, volvemos a la rutina. Al final he decidido continuar el relato Compañeros en la sombra.

“Las segundas partes nunca fueron buenas.” Es algo en lo que no estoy de acuerdo pero me da miedo que conmigo se cumpla.

Intentaré escribir cada capítulo desde un punto de vista y añadiré el nombre de quien sea al inicio.

Ya comenté anteriormente que no soy buena escogiendo títulos y, de haber pensado que continuaría con este relato, seguramente lo hubiera titulado de otra forma. Ups jejejeje.

Voy a trabajar con este nuevo relato para aprender a corregirme, reescribir y mejorar. Espero que se vaya notando la evolución según avance.

Gracias por leernos y por eso, os dejaré un trocito de isla cuando domine el mundo.
 See you.


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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Compañeros en la sombra

Capítulo 1

Ian:

Desde la noche que se conocieron habían trabajado en  cuatro misiones.  El rubio llegaba a su apartamento, intercambiaban algún comentario, cumplían la misión y el moreno le invitaba a salir de allí con educación. Esa noche era el quinto trabajo que hacían juntos.

-Parece que esta noche va a llover. ¿Dificultará el ritual?

-No te preocupes Ian.

El moreno cortó la piel de la mano de su compañero, cuando la sangre brotó le colocó el cristal negro sobre las manos, agarrándoselas con fuerza.

 -¿Preparado rubito?

Ian puso los ojos los blanco y asintió. No podía hablar hasta que él regresara de la misión y el moreno aprovechaba cualquier momento para lanzarle pullitas. Parecía que eso le divertía.

Agarró el cristal con fuerza, ignorando el calor que le producía la herida e inspiró profundamente. La chispa que siempre sentía cuando la conexión empezaba le producía una extraña y agradable sensación. Cada vez que le apuñalaba le costaba menos hacer frente al pulso que intentaba empujarle lejos. Abrir los ojos cuando el moreno brillaba aún le resultaba difícil. Estaba seguro de verle unas alas pero no había intentado preguntárselo.

Después de que Unax desapareciera, otro pulso y la oscuridad, ya estaban conectados. Ian podía sentir la brisa de la noche sobre el moreno. Aún no estaba acostumbrado a las nuevas sensaciones. No sabía cómo llamar al hecho de que pudiera sentir el tacto sobre las cosas y las sensaciones de Unax y suyas a la vez. Una noche quiso preguntarle acerca de la conexión pero no le dio tiempo antes de que el moreno le invitara a marcharse. Después del tercer día, dejó de plantearse mantener una conversación. Se limitaba a hacer su trabajo, mirarle y volver al apartamento.

De nuevo, un almacén a las afueras de un polígono industrial. Las azoteas eran el mejor punto de acceso. Era fácil crear una entrada forzosa si no había ninguna. Se deslizó por una ventana mal cerrada. Tuvo cuidado de no hacer mucho ruido al desencajarla y dejarla en el suelo. El único sonido era el de la industria y sus ropas rozando contra los marcos desnudos.

La habitación era un despacho. Por la cantidad de polvo acumulado era obvio que no lo utilizaban. Con sigilo abrió la puerta y echó un vistazo. Escuchó voces en el piso inferior. Parecía una discusión. Ian podía sentir la rugosidad de la pared por la que Unax se deslizaba. Bajó por las escaleras hasta el borde de la sombra, no podía arriesgarse a entrar en la luz y verse descubierto. El moreno chasqueó los dedos y la bombilla explotó. El silencio llenó la estancia.

-Es extraño.

El moreno susurró. Es algo que él si podía hacer, hablar para que Ian le escuchara aunque este no pudiera responder.

El rubio notó una sombra a la derecha de Unax y saltó hacia delante, dando una voltereta. Un hacha le pasó cerca de la cabeza y se clavó en el suelo, astillando la madera.  Se giró, golpeó una mesa y el estruendo de una radio al caer delató su posición. Era una trampa. Las voces eran una grabación para atraerle a esa habitación.

Ian no se lo pensó, cogió los restos de la radio y los lanzó delante de él. Podía ver con facilidad en la oscuridad gracias a la vista de Unax pero él debía luchar como si solo contara consigo mismo. Un crujido delante y a la derecha. Su estrategia había funcionado, le señaló dónde se encontraba su adversario. Saltó con la rodilla por delante, golpeando la nariz de su adversario a quien desestabilizó e hizo apartar a un lado. Lanzó otra patada en el costado, le agarró del brazo y se lo partió, obligándole a soltar el hacha. Le empujó con fuerza contra la pared, dejándole inconsciente por el golpe. El moreno se agachó para coger el hacha pero alguien le atacó por la espalda. Ian lo sintió por instinto, se agachó evitando el golpe, agarró el mango de madera, giró sobre sus talones blandiendo el arma y lo clavó en la pantorrilla del atacante. Notó el filo hundirse en músculo y quedarse encajado en el hueso. El agresor gritó, Unax levantó el puño y le golpeó en la garganta. El impacto fue suficiente para que se desplomara en el suelo.

El moreno agudizó la vista y caminó con decisión por el pasillo que separaba los despachos. Era una pérdida de tiempo intentar pasar desapercibido. Llegó hasta la puerta del fondo y la abrió de una patada. Otra silueta saltó sobre él. El rubio giró sobre sí mismo, estiró la mano y notó que golpeó la verja de la azotea y a su vez, como Unax sujetaba la garganta de otro adversario. Apretó los dedos y le rompió el cuello. Le dejó caer y no tardó en localizar a otro más. Saltó por encima de una mesa y le pateó la cabeza. El sonido del pie del moreno contra el cráneo de uno de sus enemigos se fusionó con el ruido del tobillo del rubio golpeando el zócalo de la terraza.

Ian se mantuvo en pie, soportando el dolor. Unax localizó al objetivo, de pie en un rincón sujetando un arma de fuego. Disparó, el moreno se movió ligeramente y la bala levantó unos mechones de su pelo al pasarle rozando. Chasqueó los dedos y el hombre  gritó del dolor al caer de rodillas en el suelo. Unax le quitó el arma y le disparó entre las cejas.

-Recuerdos de Lilith.

Dejó un clavel blanco sobre el cadáver antes de volver junto a su compañero.

Al llegar a la azotea se encontró a Ian de pie muy cerca del borde. Le colocó las manos en los hombros y le obligó a girar para que quedase frente a él. Cogió su mano, de la que aún emanaba sangre por el corte que le había hecho, y se la colocó en el cristal que atravesaba su pecho.

-Retíralo.

El rubio obedeció. El dolor de la desconexión le dejó sin aliento. Se sentía como si le hubieran dado una paliza.

-Buen –tomó aire,- trabajo Ian.

El rubio levantó la cabeza y sonrió de medio lado. Por alguna razón que aún desconocía, le gustaba que Unax reconociera su trabajo.

-Bueno, me voy ya.- Respondió casi sin aire.- Antes de que me acompañes a la puerta, sé llegar solito.
No era una indirecta. Ian solo estaba deseando llegar a su pequeño apartamento y descansar. La misión le había agotado. El moreno le agarró el brazo.

-Aún no. -Sacó el móvil y llamó por teléfono. -¿Lilith? Antes de que realices el pago, súmale el plus de recibimiento sorpresa y uso de mis… -Miró a su compañero.- Capacidades.

No esperó una respuesta antes de colgar. Apretó el agarré en el brazo der rubio y le bajó casi a rastras por las escaleras. Cruzaron el salón y atravesaron una de las muchas puertas que siempre estaban cerradas.

El moreno golpeó la pared al entrar, ahí donde había un interruptor. Era un cuarto amplio, las paredes eran de un azul claro que parecía alumbrar la habitación incluso con poca iluminación. De un empujón sentó al rubio sobre la cama y salió de la estancia.

-Unax.-Le ignoró.- Unax.- Insisitió. -¡Cuervo!

El moreno asomó la cabeza por la puerta y clavó su mirada gris en su compañero.

-¿No sabes esperar en silencio?- Suspiró frustrado.- Quítate el calzado y estate quieto.

El rubio arrugó la nariz y obedeció. No tenía energías para protestar. Le costó sacarse la bota del pie con el que había golpeado la pared. En su pequeño forcejeo vio que también tenía sangre en los nudillos, los frotó en su jersey y un escozor le recorrió la mano.

-Te dije que estuvieras quieto.- Murmuró el moreno, agachándose frente a él y cogiéndole la mano.
Le examinó la palma. El corte que le realizaba se cerraba después de la desconexión, dejando una pequeña marca y sangre seca. Vertió suero fisiológico para limpiar las heridas y los restos de sangre. Después lo desinfectó y cubrió con unas gasas.

Ian clavó la mirada en los rasgos de su compañero de trabajo. Los mechones negros frente a sus ojos le destacaban el color de su iris. Unax le quitó el calcetín y en cuanto sus yemas le rozaron la piel sintió un escalofrío. Fijó la vista en los labios del moreno, carecían de la hidratación.

-Tienes los labios secos. ¿Es por volar?

-Si querías que te llevara a la cama, no hacía falta que te lesionaras.

-¿Q-Qué tiene eso que ver?

El rubio se sonrojó. “Ha esquivado mi pregunta” pensó e intentó apartarse pero su compañero le agarró con fuerza del tobillo lesionado, provocándole dolor y deteniendo su aspaviento. Un repentino mareo le hizo caer hacia delante. Los brazos del moreno le sujetaron y le tumbaron sobre la cama.

-Estate quieto. Hoy ha sido la primera vez que he tenido que usar mis… capacidades unido a ti. Eso desgasta. Para colmo la lucha nos ha hecho movernos más de lo necesario.

“De nuevo esa pausa.”

-Por suerte tienes la azotea bien rodeada.- Cogió aire. Estaba exhausto.

- A veces creo que debería acolcharla.- Suspiró mientras vendaba el tobillo.- Es un pequeño esguince.

-Gracias.- Intentó reincorporarse pero el moreno se lo impidió.- ¡Oye!

-Hoy duermes aquí.

El rubio le miró extrañado, luchando contra el peso de sus párpados.

- Por lo general me invitas a irme, ¿y a quedarme me obligas? Creo que eres tú quien buscaba una excusa para llevarme a la cama.- Bromeó, medio dormido.

Unax rompió a reír y le colocó una bolsa de hielo en el pie.


-Hasta mañana Ian.

lunes, 23 de enero de 2017

Desafío 7 días

Y.... Voy tarde. Qué raro en mí!!

En mi defensa, ayer estuve pachucha y no fui capaz de concentrarme para escribir. =(
Pero...

Día 7!!

Último reto señores!! Para el cuál Shin me dedicó las siguientes palabras:

"Alguien que no pensaba y tenía el dedo en la boca se mordió cuando su tranquilidad fue interrumpida por una lluvia de chocolate con avellanas que al golpear el cristal se rompió. Esa entrada la atravesó un pájaro rosa fucsia que traía un mensaje de un pirado con tatuajes en la cara que decía ser una planta deshojada por lo cual nunca se peinaba. Si esto es demasiado loco espera a que te cuente su versión el gato…"

He de decir que según lo leí pensé que me iba a salir algo completamente diferente, pero según he ido escribiendo, lo que ha salido es "apariencias". Supongo que el estado de ánimo sí me influye a la hora de escribir más de lo que pensaba.

En fin, espero que los nos hayan leído hayan disfrutado de esta semana de retos intensiva tanto como nosotras. Y si no... Pues nosotras sí que lo hemos hecho, que a fin de cuentas es a lo que veníamos xD

Destruid el mundo, pero de a poquito!

Draven

Apariencias

Siempre la infravaloraban. Era algo que todo el mundo hacía, desde siempre. Al fin y al cabo, era sólo una niña menuda con aspecto de no haber roto nunca un plato. No aparentaba más de 15 años, sus curvas eran prácticamente inexistentes y su larga cabellera rubia no hacía más que acentuar aquel aspecto angelical. No era algo que la supusiera un problema. De hecho, disfrutaba especialmente de la sorpresa que provocaban sus habilidades.

Aquellos hombres no eran ninguna excepción. La habían capturado unas horas antes en medio de una masacre, la niña estaba en medio de un montón de cuerpos desmembrados, empapada en sangre. Parecía nerviosa y su voz era suave y temblorosa cuando les dijo su nombre a los policías.

- Eve. Me llamo Eve.

Se aseguraron de que no había sufrido daños y la habían llevado a la comisaría de policía esperando para llamar a su familia o descubrir si ellos formaban parte de las víctimas de aquel horrible suceso. En aquel momento, Eve se encontraba en una sala de interrogatorios con un chocolate caliente entre las manos. La habían permitido asearse y después la habían proporcionado ropa limpia, aunque muy grande para su pequeño cuerpo. Así, con el pelo húmedo y aquella sudadera que caía casi hasta sus rodillas, su aspecto era aún más frágil de lo habitual.
Un hombre entró en la sala, con una caja de donuts que dejó ante ella abierta.

- Hola Eve.

- Hola. -susurró la niña.

- ¿Te encuentras mejor?

Ella asintió mientras tomaba la taza caliente entre sus manos.

- Verás… - el hombre se sentó en la mesa, cerca de ella- Soy el inspector Roberts, pero puedes llamarme Dave si te resulta más cómodo. ¿De acuerdo?

Eve no pudo evitar sonreír. Ahí estaba el tono condescendiente y paternal que siempre provocaba en los adultos.

- Dave me gusta. Es un nombre bonito.

- Gracias. Eve también lo es. -sonrió el hombre- No quiero agobiarte, pequeña, pero tengo que 
hacerte algunas preguntas.

- Por supuesto. Lo entiendo.

- El lugar en el que te encontramos…

- El hospital?

- Sí. Fue víctima de un ataque, Eve. De un ataque brutal. Eres la única superviviente que hemos conseguido encontrar hasta el momento.

- No encontrarán más.

El hombre la miró perplejo.

- ¿Cómo lo sabes?

Eve le miró tranquila.

- Él me lo dijo.

- ¿Él? Eve, ¿quién es él?

- Alguien que no pensaba. -dijo la muchacha con una sonrisa que comenzaba a preocupar al inspector.

- Eve…

- Es curioso cómo la gente reacciona ante mí, ¿sabe? Usted, por ejemplo. Si yo hubiese aparentado un par de años más, quizá si mis pechos fuesen más evidentes o mi cadera más redondeada, si mi tez fuese más oscura o mis ojos no tuvieran este azul tan inocente… Si hubiese sido distinta, su primera reacción habría sido apresarme. Después de todo, soy la única superviviente de un hospital lleno de cuerpos desmembrados, ¿no es así?

El inspector se levantó con cuidado de la mesa y cogió su receptor.

- Solicito una patrulla…

- No se moleste, Dave. No hay nadie que pueda oírle al otro lado.

El hombre tragó saliva con dificultad. Nadie contestó a su llamada.

- ¿Quién eres? ¿Con quién trabajas?

Ella, aún sentada tranquilamente con su chocolate entre las manos, dio un pequeño sorbo antes de sonreír.

- ¿Se da cuenta? Vuelve a infravalorarme, Dave. Da por hecho que he de trabajar con un cuantioso número de gente para haber perpetrado una masacre semejante. Y sobretodo, para haber llevado a cabo la que acaba de tener lugar fuera de esta sala.

- ¿Qué es lo que has hecho?

Eve se movió para coger un donut. Dave se apartó de la mesa en cuanto percibió su movimiento. Fue a echar mano a su pistola, pero la había dejado fuera para no asustar a la niña. Estúpido, estúpido, estúpido.

- Aunque la hubiese traído, no le habría servido de gran cosa, no se torture. -dijo ella tras meterse en la boca un pellizquito del dulce- Están deliciosos. Una lástima que sean tan malos para la salud.

- ¿Qué diablos eres?

- Al fin ha acertado con la pregunta. -sonrió Eve- Verá, Dave, he de confesarle que al principio estaba bastante molesta con esta apariencia. Míreme. No soy más que una cría. No es un aspecto al que esté acostumbrada. Porque aunque no lo crea soy la destrucción, inspector. El apolión. Y aunque parezca lo contrario, no he venido a causar daño sino a despertaros.

A estas alturas el inspector temblaba. No sabía qué hacer, si suplicar por su vida, intentar atacar a la niña… O rezar.

- Os destruís los unos a los otros por razones cada vez más estúpidas. Os preocupan cosas como hacia quién se siente atraído quién, encontrando imperdonable que dos personas del mismo sexo se amen. Sin embargo, no os preocupa que miles de niños mueran desnutridos cada día mientras vosotros no lo veáis.  Está lejos, no es algo de lo que debáis preocuparos, ¿verdad? Para eso están otros… No pasa nada porque estalle una guerra en la que mueran miles de personas, si al final conseguís diamantes, oro, petróleo. Sólo dejáis de miraros el ombligo cuando ocurre alguna catástrofe, cuando os dan un enemigo común. Eso soy yo ahora mismo, Dave. Vuestro enemigo común.

- Por favor…

- Ya, ya sé cómo termina la frase, no se moleste.

Eve dejó el donut a medio comer sobre la mesa, junto al chocolate y se levantó. Se despojó de la sudadera, quedándose con unos pantalones demasiado anchos y una camiseta que bien podía valerla como vestido.

- He venido a salvaros, Dave. -dijo poniéndose frente a él- ¿Me cree?

El hombre miró a la niña a los ojos y tras unos segundos, asintió con la cabeza suavemente. Eran tan azules como el mismo cielo en el día más despejado.

- Sí. Te creo.

- Mal hecho.

La niña le atravesó el pecho con su puño en un abrir y cerrar de ojos. A su espalda, sujetaba el corazón del hombre, con pequeñas astillas de hueso clavadas en su piel.
Dave la miraba tratando de comprender lo que ocurría. Eve le dedicó una sonrisa mientras el hombre moría. Sacó el brazo de su pecho antes de que el cuerpo se desplomase y dejó caer el corazón en la caja de donuts.


- No falla. El cuento del salvador siempre les convence. Estoy segura de que habría aceptado la masacre con el cuento de que es todo por su bien. La estupidez humana me sorprende cada día más.

Al lado de Eve apareció una sombra que tomó forma humana. Un hombre de avanzada edad con porte elegante puso su mano en el hombro de la niña.

- Son crédulos por naturaleza, Eve. Ahora, ¿a qué ha venido el cuento del destructor?

- Me pareció que lo del ángel caído estaba muy manido.

El hombre sonrió levemente y chasqueó los dedos. Ahora, Eve llevaba un bonito vestido largo poco apropiado para la edad que aparentaba.

- Esto me hubiese quedado mucho mejor con mi verdadera forma.

- La echas de menos?

Ella miró al hombre, dándole la mano.

- En realidad no. Esta me proporciona mucha más diversión.

- Es tarde, debemos continuar.

- Qué le contaremos a él?

El hombre miró a la niña pensativo. Se distrajo por un segundo con el brillo de las lentejuelas de su vestido. No podía evitarlo, le encantaba ese brillo. Le recordaba a su antiguo hogar.

- No lo sé. ¿Qué te parece si vas inventándote una versión por el camino?

- De acuerdo. – Eve comenzó a pensar en voz alta- Estábamos tranquilos cuando una lluvia de chocolate atravesó las ventanas del hospital. Y entonces…


El hombre sonrió ante el despliegue de imaginación de su compañera. Al fin y al cabo, ese traje de carne si estaba comenzando a dejarla huella.