lunes, 23 de enero de 2017

Apariencias

Siempre la infravaloraban. Era algo que todo el mundo hacía, desde siempre. Al fin y al cabo, era sólo una niña menuda con aspecto de no haber roto nunca un plato. No aparentaba más de 15 años, sus curvas eran prácticamente inexistentes y su larga cabellera rubia no hacía más que acentuar aquel aspecto angelical. No era algo que la supusiera un problema. De hecho, disfrutaba especialmente de la sorpresa que provocaban sus habilidades.

Aquellos hombres no eran ninguna excepción. La habían capturado unas horas antes en medio de una masacre, la niña estaba en medio de un montón de cuerpos desmembrados, empapada en sangre. Parecía nerviosa y su voz era suave y temblorosa cuando les dijo su nombre a los policías.

- Eve. Me llamo Eve.

Se aseguraron de que no había sufrido daños y la habían llevado a la comisaría de policía esperando para llamar a su familia o descubrir si ellos formaban parte de las víctimas de aquel horrible suceso. En aquel momento, Eve se encontraba en una sala de interrogatorios con un chocolate caliente entre las manos. La habían permitido asearse y después la habían proporcionado ropa limpia, aunque muy grande para su pequeño cuerpo. Así, con el pelo húmedo y aquella sudadera que caía casi hasta sus rodillas, su aspecto era aún más frágil de lo habitual.
Un hombre entró en la sala, con una caja de donuts que dejó ante ella abierta.

- Hola Eve.

- Hola. -susurró la niña.

- ¿Te encuentras mejor?

Ella asintió mientras tomaba la taza caliente entre sus manos.

- Verás… - el hombre se sentó en la mesa, cerca de ella- Soy el inspector Roberts, pero puedes llamarme Dave si te resulta más cómodo. ¿De acuerdo?

Eve no pudo evitar sonreír. Ahí estaba el tono condescendiente y paternal que siempre provocaba en los adultos.

- Dave me gusta. Es un nombre bonito.

- Gracias. Eve también lo es. -sonrió el hombre- No quiero agobiarte, pequeña, pero tengo que 
hacerte algunas preguntas.

- Por supuesto. Lo entiendo.

- El lugar en el que te encontramos…

- El hospital?

- Sí. Fue víctima de un ataque, Eve. De un ataque brutal. Eres la única superviviente que hemos conseguido encontrar hasta el momento.

- No encontrarán más.

El hombre la miró perplejo.

- ¿Cómo lo sabes?

Eve le miró tranquila.

- Él me lo dijo.

- ¿Él? Eve, ¿quién es él?

- Alguien que no pensaba. -dijo la muchacha con una sonrisa que comenzaba a preocupar al inspector.

- Eve…

- Es curioso cómo la gente reacciona ante mí, ¿sabe? Usted, por ejemplo. Si yo hubiese aparentado un par de años más, quizá si mis pechos fuesen más evidentes o mi cadera más redondeada, si mi tez fuese más oscura o mis ojos no tuvieran este azul tan inocente… Si hubiese sido distinta, su primera reacción habría sido apresarme. Después de todo, soy la única superviviente de un hospital lleno de cuerpos desmembrados, ¿no es así?

El inspector se levantó con cuidado de la mesa y cogió su receptor.

- Solicito una patrulla…

- No se moleste, Dave. No hay nadie que pueda oírle al otro lado.

El hombre tragó saliva con dificultad. Nadie contestó a su llamada.

- ¿Quién eres? ¿Con quién trabajas?

Ella, aún sentada tranquilamente con su chocolate entre las manos, dio un pequeño sorbo antes de sonreír.

- ¿Se da cuenta? Vuelve a infravalorarme, Dave. Da por hecho que he de trabajar con un cuantioso número de gente para haber perpetrado una masacre semejante. Y sobretodo, para haber llevado a cabo la que acaba de tener lugar fuera de esta sala.

- ¿Qué es lo que has hecho?

Eve se movió para coger un donut. Dave se apartó de la mesa en cuanto percibió su movimiento. Fue a echar mano a su pistola, pero la había dejado fuera para no asustar a la niña. Estúpido, estúpido, estúpido.

- Aunque la hubiese traído, no le habría servido de gran cosa, no se torture. -dijo ella tras meterse en la boca un pellizquito del dulce- Están deliciosos. Una lástima que sean tan malos para la salud.

- ¿Qué diablos eres?

- Al fin ha acertado con la pregunta. -sonrió Eve- Verá, Dave, he de confesarle que al principio estaba bastante molesta con esta apariencia. Míreme. No soy más que una cría. No es un aspecto al que esté acostumbrada. Porque aunque no lo crea soy la destrucción, inspector. El apolión. Y aunque parezca lo contrario, no he venido a causar daño sino a despertaros.

A estas alturas el inspector temblaba. No sabía qué hacer, si suplicar por su vida, intentar atacar a la niña… O rezar.

- Os destruís los unos a los otros por razones cada vez más estúpidas. Os preocupan cosas como hacia quién se siente atraído quién, encontrando imperdonable que dos personas del mismo sexo se amen. Sin embargo, no os preocupa que miles de niños mueran desnutridos cada día mientras vosotros no lo veáis.  Está lejos, no es algo de lo que debáis preocuparos, ¿verdad? Para eso están otros… No pasa nada porque estalle una guerra en la que mueran miles de personas, si al final conseguís diamantes, oro, petróleo. Sólo dejáis de miraros el ombligo cuando ocurre alguna catástrofe, cuando os dan un enemigo común. Eso soy yo ahora mismo, Dave. Vuestro enemigo común.

- Por favor…

- Ya, ya sé cómo termina la frase, no se moleste.

Eve dejó el donut a medio comer sobre la mesa, junto al chocolate y se levantó. Se despojó de la sudadera, quedándose con unos pantalones demasiado anchos y una camiseta que bien podía valerla como vestido.

- He venido a salvaros, Dave. -dijo poniéndose frente a él- ¿Me cree?

El hombre miró a la niña a los ojos y tras unos segundos, asintió con la cabeza suavemente. Eran tan azules como el mismo cielo en el día más despejado.

- Sí. Te creo.

- Mal hecho.

La niña le atravesó el pecho con su puño en un abrir y cerrar de ojos. A su espalda, sujetaba el corazón del hombre, con pequeñas astillas de hueso clavadas en su piel.
Dave la miraba tratando de comprender lo que ocurría. Eve le dedicó una sonrisa mientras el hombre moría. Sacó el brazo de su pecho antes de que el cuerpo se desplomase y dejó caer el corazón en la caja de donuts.


- No falla. El cuento del salvador siempre les convence. Estoy segura de que habría aceptado la masacre con el cuento de que es todo por su bien. La estupidez humana me sorprende cada día más.

Al lado de Eve apareció una sombra que tomó forma humana. Un hombre de avanzada edad con porte elegante puso su mano en el hombro de la niña.

- Son crédulos por naturaleza, Eve. Ahora, ¿a qué ha venido el cuento del destructor?

- Me pareció que lo del ángel caído estaba muy manido.

El hombre sonrió levemente y chasqueó los dedos. Ahora, Eve llevaba un bonito vestido largo poco apropiado para la edad que aparentaba.

- Esto me hubiese quedado mucho mejor con mi verdadera forma.

- La echas de menos?

Ella miró al hombre, dándole la mano.

- En realidad no. Esta me proporciona mucha más diversión.

- Es tarde, debemos continuar.

- Qué le contaremos a él?

El hombre miró a la niña pensativo. Se distrajo por un segundo con el brillo de las lentejuelas de su vestido. No podía evitarlo, le encantaba ese brillo. Le recordaba a su antiguo hogar.

- No lo sé. ¿Qué te parece si vas inventándote una versión por el camino?

- De acuerdo. – Eve comenzó a pensar en voz alta- Estábamos tranquilos cuando una lluvia de chocolate atravesó las ventanas del hospital. Y entonces…


El hombre sonrió ante el despliegue de imaginación de su compañera. Al fin y al cabo, ese traje de carne si estaba comenzando a dejarla huella.

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