lunes, 16 de enero de 2017

Compañeros en la sombra

“Había pasado mucho tiempo desde que la gente adorase a los seres no humanos casi tanto como adoraban a los santos. Poco tiempo después estallaron las guerras, las religiones se borraban unas a otras o bien se mezclaban y daban nacimiento a otras que decían ser diferentes (pero que tenían mucho más en común que lo que las diferenciaba). Después decidían ignorar y adornar la verdad a su antojo, adaptándola a lo que ellos querían. En el caso de los ángeles, que siempre habían sido guerreros, pasaron a ser retratados como bebés en pañales, o seres hermosos y bondadosos. Los humanos dejaron de estarles agradecidos por su gentileza de fantasía a exigirles que resolvieran sus problemas. La evolución egoísta de la humanidad no solo causó la caída del ángel Lucifer...”

-¿Qué haces leyendo mi diario?

La voz ronca tras su espalda le sobresaltó y cerró con fuerza el bloc de notas que tenía en sus manos. Miró en el espejo con timidez tras sus rizos rubios y enfocó la vista en el reflejo de su compañero. Era un poco más alto que él, de complexión atlética pero no vasta. El cabello, aún húmedo de la ducha, le goteaba como algas oscuras sobre sus hombros.

-¿Es un diario de sueños? Pensé que sería un cuaderno donde apuntabas tus ideas.

-También lo es. –Le quitó el libro y le mostró una media sonrisa.- Menos mirar en mis pertenencias, puedes sentirte como en tu casa.

El rubio se sonrojó. Se dejó caer en uno de los sofás que tenía en la habitación. Era una salón amplio, situado más pasar la entrada y con puertas en todas las paredes. “Parece que si hay invitados en casa no pueden ir a otras zonas sin ser vistos antes”.

-Me – se aclaró la garganta – me llamo…

-No quiero saberlo.- Le cortó el moreno sentándose frente a él con el pelo aún húmedo pero ya vestido con un jersey fino de manga larga y color ceniza como sus ojos y unos vaqueros negros con roturas.

-¿Qué? Voy a ser tu compañero de trabajo esta noche, ¿nunca te presentas?

- ¿Para qué? No quiero saber el nombre de un guapo rubio que nunca antes he visto y que no espero volver a ver.

-Pues yo si quiero saber tu nombre o empezaré a llamarte cuervo.- Respondió molesto.

-¿Cuervo…?- Rompió a reír y cuando por fin se calmó continuó.- Me gustas Ian. Ya eres más divertido que todos los anteriores.

-Sabes mi nombre…-Entrecerró los ojos y le miró fijamente- Y eso que acabas de decir…

-Me gustas pero eres cortito. –Alzó la mano para silenciar la réplica del muchacho.- Me llamo Unax. Dejemos ya este tema a un lado y hablemos seriamente. Sabes lo que soy y lo que puedo hacer ¿verdad?

-No. Sé de lo que eres capaz, Unax, pero no me importa lo que seas. Sé que tus compañeros no sobreviven mucho.

-Y aun así estás aquí.

-Tampoco tengo otra cosa que hacer.- Respondió encogiéndose de hombros.- Creo en lo sobrenatural y trabajo con ello.  Un electricista también corre sus riesgos.

-Bien.- Sonrió y sacó un cristal negro de debajo de su manga. Mostró su filo a la luz, creando reflejos violetas. -¿Has traído tu parte?

Ian asintió. Sacó del bolsillo interno de su cazadora oscura una esfera del mismo color y brillo que el cristal del moreno. Unax la cogió, la depositó sobre la mesa de té que les separaba e inspiró profundamente. Bajó la mano con fuerza y la golpeó aplastándola sobre el mármol. Al retirar la palma, el polvo en que se había convertido la esfera empezó a moverse, como hormigas en un hormiguero, los restos formaron el dibujo de un mapa. Después volvieron a esparcirse y crearon una imagen más amplia de ese mapa hasta que acabaron marcando una localización exacta.

-Lo tengo.- Dijo el moreno mientras deslizaba el dedo índice sobre aquellas partículas que se deshicieron hasta volver a ser una esfera. – Vamos.

Ian cogió la esfera y sacudió la cabeza intentando recuperarse de lo que acababa de ver. Había oído muchas historias y vivido cosas extrañas pero eso le transmitía una sensación desconocida.

-Espera Unax.- Tuvo que acelerar el paso para alcanzarle por las escaleras.- ¿Por qué vamos hacia arriba?

Sin respuesta llegaron a una azotea amplia y rodeada de verjas. El cielo estaba despejado y podían verse las estrellas claramente.

-Presta atención Ian. Una vez que empecemos no tendremos mucho tiempo.- Sacó de nuevo el cristal.- Los anteriores compañeros que tuve se creían que estaban a salvo. Tengo esperanzas en ti, en que te lo tomes en serio. No me cuestiones y haz lo que te pida. ¿De acuerdo? –Unax vio asentir a Ian y continuó.- No hables hasta que todo termine y vuelva a estar aquí. Voy a hacer un corte en tu mano, pondré el cristal en ella, lo sujetarás y me lo clavarás en el pecho.- Vio la sorpresa en los ojos color miel del rubio pero no miedo ni duda.- No lo sueltes, mantente firme hasta que me veas desaparecer pero tu conciencia estará dentro de mí. Verás lo que yo veo, sentirás lo que yo siento y te moverás por aquí. No hay riesgo de que te caigas. Solo confía en lo que ves y lucha si hay que hacerlo. Mi cuerpo se moverá como el tuyo pero mis heridas serán tuyas.

Ian asintió de nuevo y extendió la mano. El corte le ardió y sintió una chispa en su interior. Apretó con fuerza el cristal del moreno y sin dudarlo hizo lo que le pidió. Pudo sentir como le atravesaba la piel y los huesos. Un pulso, como una onda de aire, le empujó pero no soltó el arma. Si Unax parecía una sombra con su ropa oscura y su pelo negro en esos momentos se transformó en una lluvia de luz que cegaba al rubio. Le pareció ver aparecer unas alas de su espalda antes de desaparecer. El pulso lo empujó de nuevo pero desde su interior. Todo se volvió oscuro. Poco a poco comenzó a ver puntos de luz,  a sentir el aire en su cara y el paisaje bajo sus pies. “Unax está volando.” Pensó antes de silenciar sus pensamientos. No le dijo nada sobre no pensar pero no quería correr riesgos.

Después de un breve rato pudo sentir en su pierna como Unax se colaba en un almacén rompiendo la puerta de la azotea de una patada. Se movía con cautela y sorprendentemente veía muy bien en la oscuridad. Un ruido a su espalda le obligó a girarse, esquivando a tiempo un cuchillo. Se agachó, puso la mano en el suelo y pudo sentir el frío hormigón de la azotea y el polvo mugriento que se acumulaba en el almacén. Cogió impulso y golpeó la rodilla de su atacante. Cuando este calló le quitó el cuchillo de la mano y se lo clavó en la cabeza.

-Recuerdos de Lilith.- Susurró Unax mientras aparecía un clavel blanco en sus manos. Lo dejó caer sobre su oponente y se marchó antes de que terminara de teñirse de sangre.

La conexión entre los chicos se mantuvo hasta que el moreno regresó a la azotea. Se colocó delante de Ian, cogió su mano y la puso sobre el cristal que aún tenía clavado en su pecho.

-Retíralo.- Le ordenó y el rubio obedeció.

La desconexión fue como un tortazo. Dolorosa y rápida. Ambos se agarraban la ropa a la altura del pecho e intentaban recuperar el aliento.

-Sabía que podías hacerlo, Ian.- Sonrió.

-Gracias. Ha sido… bueno, no hay palabras para describirlo.

El teléfono de ambos sonó a la vez.

-El pago ya ha sido realizado. A partir de ahora serás mi compañero.

-¿Qué?

De nuevo, el moreno le ignoró y comenzó a bajar las escaleras, de vuelta al interior de su hogar. Una vez dentro, se dirigió a la puerta de la calle y la abrió, invitando a Ian a irse.

-Puedes venir siempre que quieras, no solo por trabajo.


Le guiñó un ojo y cerró la puerta sin decir más. El rubio, en vez de molestarse sonrió y caminó en dirección a su apartamento. No le había dado una respuesta pero el Cuervo no estaba equivocado. Desde ese momento sería su compañero.

3 comentarios:

  1. Shin! Necessito mas! Como me dejas asi!?

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    1. Al final si que lo he continuado.
      Gracias por comentar.

      *Shin*

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  2. Empiezo a leer ^_^
    Espero que tengas muchos más capítulos preparados

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