martes, 24 de enero de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 1

Ian:

Desde la noche que se conocieron habían trabajado en  cuatro misiones.  El rubio llegaba a su apartamento, intercambiaban algún comentario, cumplían la misión y el moreno le invitaba a salir de allí con educación. Esa noche era el quinto trabajo que hacían juntos.

-Parece que esta noche va a llover. ¿Dificultará el ritual?

-No te preocupes Ian.

El moreno cortó la piel de la mano de su compañero, cuando la sangre brotó le colocó el cristal negro sobre las manos, agarrándoselas con fuerza.

 -¿Preparado rubito?

Ian puso los ojos los blanco y asintió. No podía hablar hasta que él regresara de la misión y el moreno aprovechaba cualquier momento para lanzarle pullitas. Parecía que eso le divertía.

Agarró el cristal con fuerza, ignorando el calor que le producía la herida e inspiró profundamente. La chispa que siempre sentía cuando la conexión empezaba le producía una extraña y agradable sensación. Cada vez que le apuñalaba le costaba menos hacer frente al pulso que intentaba empujarle lejos. Abrir los ojos cuando el moreno brillaba aún le resultaba difícil. Estaba seguro de verle unas alas pero no había intentado preguntárselo.

Después de que Unax desapareciera, otro pulso y la oscuridad, ya estaban conectados. Ian podía sentir la brisa de la noche sobre el moreno. Aún no estaba acostumbrado a las nuevas sensaciones. No sabía cómo llamar al hecho de que pudiera sentir el tacto sobre las cosas y las sensaciones de Unax y suyas a la vez. Una noche quiso preguntarle acerca de la conexión pero no le dio tiempo antes de que el moreno le invitara a marcharse. Después del tercer día, dejó de plantearse mantener una conversación. Se limitaba a hacer su trabajo, mirarle y volver al apartamento.

De nuevo, un almacén a las afueras de un polígono industrial. Las azoteas eran el mejor punto de acceso. Era fácil crear una entrada forzosa si no había ninguna. Se deslizó por una ventana mal cerrada. Tuvo cuidado de no hacer mucho ruido al desencajarla y dejarla en el suelo. El único sonido era el de la industria y sus ropas rozando contra los marcos desnudos.

La habitación era un despacho. Por la cantidad de polvo acumulado era obvio que no lo utilizaban. Con sigilo abrió la puerta y echó un vistazo. Escuchó voces en el piso inferior. Parecía una discusión. Ian podía sentir la rugosidad de la pared por la que Unax se deslizaba. Bajó por las escaleras hasta el borde de la sombra, no podía arriesgarse a entrar en la luz y verse descubierto. El moreno chasqueó los dedos y la bombilla explotó. El silencio llenó la estancia.

-Es extraño.

El moreno susurró. Es algo que él si podía hacer, hablar para que Ian le escuchara aunque este no pudiera responder.

El rubio notó una sombra a la derecha de Unax y saltó hacia delante, dando una voltereta. Un hacha le pasó cerca de la cabeza y se clavó en el suelo, astillando la madera.  Se giró, golpeó una mesa y el estruendo de una radio al caer delató su posición. Era una trampa. Las voces eran una grabación para atraerle a esa habitación.

Ian no se lo pensó, cogió los restos de la radio y los lanzó delante de él. Podía ver con facilidad en la oscuridad gracias a la vista de Unax pero él debía luchar como si solo contara consigo mismo. Un crujido delante y a la derecha. Su estrategia había funcionado, le señaló dónde se encontraba su adversario. Saltó con la rodilla por delante, golpeando la nariz de su adversario a quien desestabilizó e hizo apartar a un lado. Lanzó otra patada en el costado, le agarró del brazo y se lo partió, obligándole a soltar el hacha. Le empujó con fuerza contra la pared, dejándole inconsciente por el golpe. El moreno se agachó para coger el hacha pero alguien le atacó por la espalda. Ian lo sintió por instinto, se agachó evitando el golpe, agarró el mango de madera, giró sobre sus talones blandiendo el arma y lo clavó en la pantorrilla del atacante. Notó el filo hundirse en músculo y quedarse encajado en el hueso. El agresor gritó, Unax levantó el puño y le golpeó en la garganta. El impacto fue suficiente para que se desplomara en el suelo.

El moreno agudizó la vista y caminó con decisión por el pasillo que separaba los despachos. Era una pérdida de tiempo intentar pasar desapercibido. Llegó hasta la puerta del fondo y la abrió de una patada. Otra silueta saltó sobre él. El rubio giró sobre sí mismo, estiró la mano y notó que golpeó la verja de la azotea y a su vez, como Unax sujetaba la garganta de otro adversario. Apretó los dedos y le rompió el cuello. Le dejó caer y no tardó en localizar a otro más. Saltó por encima de una mesa y le pateó la cabeza. El sonido del pie del moreno contra el cráneo de uno de sus enemigos se fusionó con el ruido del tobillo del rubio golpeando el zócalo de la terraza.

Ian se mantuvo en pie, soportando el dolor. Unax localizó al objetivo, de pie en un rincón sujetando un arma de fuego. Disparó, el moreno se movió ligeramente y la bala levantó unos mechones de su pelo al pasarle rozando. Chasqueó los dedos y el hombre  gritó del dolor al caer de rodillas en el suelo. Unax le quitó el arma y le disparó entre las cejas.

-Recuerdos de Lilith.

Dejó un clavel blanco sobre el cadáver antes de volver junto a su compañero.

Al llegar a la azotea se encontró a Ian de pie muy cerca del borde. Le colocó las manos en los hombros y le obligó a girar para que quedase frente a él. Cogió su mano, de la que aún emanaba sangre por el corte que le había hecho, y se la colocó en el cristal que atravesaba su pecho.

-Retíralo.

El rubio obedeció. El dolor de la desconexión le dejó sin aliento. Se sentía como si le hubieran dado una paliza.

-Buen –tomó aire,- trabajo Ian.

El rubio levantó la cabeza y sonrió de medio lado. Por alguna razón que aún desconocía, le gustaba que Unax reconociera su trabajo.

-Bueno, me voy ya.- Respondió casi sin aire.- Antes de que me acompañes a la puerta, sé llegar solito.
No era una indirecta. Ian solo estaba deseando llegar a su pequeño apartamento y descansar. La misión le había agotado. El moreno le agarró el brazo.

-Aún no. -Sacó el móvil y llamó por teléfono. -¿Lilith? Antes de que realices el pago, súmale el plus de recibimiento sorpresa y uso de mis… -Miró a su compañero.- Capacidades.

No esperó una respuesta antes de colgar. Apretó el agarré en el brazo der rubio y le bajó casi a rastras por las escaleras. Cruzaron el salón y atravesaron una de las muchas puertas que siempre estaban cerradas.

El moreno golpeó la pared al entrar, ahí donde había un interruptor. Era un cuarto amplio, las paredes eran de un azul claro que parecía alumbrar la habitación incluso con poca iluminación. De un empujón sentó al rubio sobre la cama y salió de la estancia.

-Unax.-Le ignoró.- Unax.- Insisitió. -¡Cuervo!

El moreno asomó la cabeza por la puerta y clavó su mirada gris en su compañero.

-¿No sabes esperar en silencio?- Suspiró frustrado.- Quítate el calzado y estate quieto.

El rubio arrugó la nariz y obedeció. No tenía energías para protestar. Le costó sacarse la bota del pie con el que había golpeado la pared. En su pequeño forcejeo vio que también tenía sangre en los nudillos, los frotó en su jersey y un escozor le recorrió la mano.

-Te dije que estuvieras quieto.- Murmuró el moreno, agachándose frente a él y cogiéndole la mano.
Le examinó la palma. El corte que le realizaba se cerraba después de la desconexión, dejando una pequeña marca y sangre seca. Vertió suero fisiológico para limpiar las heridas y los restos de sangre. Después lo desinfectó y cubrió con unas gasas.

Ian clavó la mirada en los rasgos de su compañero de trabajo. Los mechones negros frente a sus ojos le destacaban el color de su iris. Unax le quitó el calcetín y en cuanto sus yemas le rozaron la piel sintió un escalofrío. Fijó la vista en los labios del moreno, carecían de la hidratación.

-Tienes los labios secos. ¿Es por volar?

-Si querías que te llevara a la cama, no hacía falta que te lesionaras.

-¿Q-Qué tiene eso que ver?

El rubio se sonrojó. “Ha esquivado mi pregunta” pensó e intentó apartarse pero su compañero le agarró con fuerza del tobillo lesionado, provocándole dolor y deteniendo su aspaviento. Un repentino mareo le hizo caer hacia delante. Los brazos del moreno le sujetaron y le tumbaron sobre la cama.

-Estate quieto. Hoy ha sido la primera vez que he tenido que usar mis… capacidades unido a ti. Eso desgasta. Para colmo la lucha nos ha hecho movernos más de lo necesario.

“De nuevo esa pausa.”

-Por suerte tienes la azotea bien rodeada.- Cogió aire. Estaba exhausto.

- A veces creo que debería acolcharla.- Suspiró mientras vendaba el tobillo.- Es un pequeño esguince.

-Gracias.- Intentó reincorporarse pero el moreno se lo impidió.- ¡Oye!

-Hoy duermes aquí.

El rubio le miró extrañado, luchando contra el peso de sus párpados.

- Por lo general me invitas a irme, ¿y a quedarme me obligas? Creo que eres tú quien buscaba una excusa para llevarme a la cama.- Bromeó, medio dormido.

Unax rompió a reír y le colocó una bolsa de hielo en el pie.


-Hasta mañana Ian.

2 comentarios:

  1. Cuando toca el siguiente? Cuando tocan arrumacos post-lucha agotadora?��

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    Respuestas
    1. El siguiente ya está muahahahahahaha.
      Muchas gracias por comentar (*^*)

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