martes, 31 de enero de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 2
Unax

Estaba estirado sobre uno de los sofás de su estancia. Había pasado una hora discutiendo con Lilith por teléfono.

-Son cosas que entran en la tarifa de siempre.- Había insistido ella.

-Sabes que no es cierto. El trato es que realicemos el trabajo y nos contrataste para un objetivo. Solo uno.

-Bueno, el resto son daños colaterales. ¿Me reclamas de más por tener que abrir agujeros o algo por los que entrar? No, ¿verdad?

-Lilith, no me obligues a enfadarme.- Amenazó y colgó.

Sonó el timbre y se levantó con pereza. Le gustaba darse un largo baño después de cada trabajo y le molestaba que todavía no hubiera podido hacerlo. Abrió y se encontró con una mujer joven. Su ajustado traje de pantalón, azul oscuro, no dejaba nada para la imaginación y a pesar del frío nocturno, su escote estaba desprotegido de todo abrigo.

-Me envía Lilith. Soy su ayudante, Sharon.

Entró sin esperar una invitación, apartando al moreno de malas maneras.

-No te cortes y pasa.

-Ironía, que sorpresa.- Se burló.

Su cabello largo se agitaba como una cortina negra con sus andares. Llevaba unas enormes bolsas en las manos, las dejó caer sin cuidado sobre la mesilla de té y se desplomó con elegancia en el sofá. Unax se sentó en el otro, delante de ella.

-¿No preguntas?

-Me lo vas a contar igualmente.- Fulminó a la chica con la mirada.

-Por favor, - levantó las manos exasperada- Lilith me ha dado ropa para tú invitado.

-Compañero.

-Lo que sea. Es su talla. ¿No me vas a invitar a tomar nada?

-No quiero tu carmín en mis copas.

Sharon frunció los labios y puso los pies sobre la mesa. El roce de los tacones de sus botas sobre el mármol produjo un sonido desagradable. El moreno sentía el impulso de agarrarla del brazo y sacarla fuera de allí. Pocos se atrevían a faltarle el respeto en su casa, y menos de forma tan insultante.

-Y bien, ¿dónde está el rubito?

-¿Le conoces?

-¿Cómo crees que sé su talla?- Sonrió con una superioridad irritante - Estoy junto a Lilith siempre. Cuando selecciona a tus posibles compañeros, yo estoy allí anotándolo todo. ¿Dónde está? – Se levantó, inspeccionando el salón con sus ojos verdes.

-Descansando. – El filo de su voz era tajante.

-Mmmm – Se dejó caer de nuevo en el sofá.- Aún no le has contado todos los riesgos. Lo de hoy no ha sido nada con lo que suele pasar.

-Tampoco ha preguntado.

-Por lo que sé, tampoco das la oportunidad para que te pregunten.

-¿Lilith te cuenta todo?

-Todo lo que cree necesario.- La chica se encogió de hombros.

-Pues si esto es todo…

-No voy a irme sin verle antes.- Clavó su mirada verde y desafiante en Unax.

-Dile a Lilith que yo me encargo.

Cogió a la morena del brazo arrastrándola lo más educadamente posible a la puerta, ignorando sus protestas y forcejeos. Cerró de un portazo y sintió la patada, llena de rabia, con la que Sharon golpeó la puerta.


Se despertó unas horas después del amanecer. La toalla, con las que se había envuelto la noche anterior tras el baño, seguía húmeda alrededor de su cuerpo. Se vistió con su ropa habitual: vaqueros oscuros y un jersey fino de manga larga color gris. No le gustaban los colores brillantes sobre su piel, ni recordaba desde cuando se sentía más cómodo con ropa oscura. Se miró en el espejo exterior de las puertas del armario empotrado. A diferencia de cómo se vestía, los cuartos le gustaban con pigmentos claros. Toda la casa seguía esa estética sin ningún estilo en particular. Si algo le gustaba, era práctico y no desencajaba con el resto del decorado, lo compraba y punto. A lo largo de su vida había aprendido a no encariñarse demasiado a las cosas materiales ni aferrarse a un solo estilo. No quería atraparse así mismo en una burbuja.

Sacó la ropa de las bolsas de papel. Una cazadora sintética negra, un jersey fino de manga larga con rayas blanca y negras, y un vaquero, negro también. Incluso la ropa interior era oscura. No escatimó en detalles, el neceser, que había encontrado en otra de las bolsas, estaba completo. Unax se sintió intrigado por las molestias que se estaba tomando Lilith. Desde que se conocían, nunca antes la había visto mostrar tanta amabilidad por un trabajador., excepto con él mismo. “O quizás era un favor que le hace a esa tal Sharon.” Pensó dirigiéndose a la habitación donde dormía su compañero.

Ian seguía en la misma postura en que lo dejó. Sus rizos descansaban enredados sobre la almohada. Retiró un mechón de su frente y le tomó la temperatura.   “No tiene fiebre, buena señal.” Se fijó en su incipiente barba, en el movimiento de su pecho al respirar… Dejó la ropa en una silla, le cubrió con una manta que sacó del armario y le dejó una nota en la mesilla.


Su teléfono parpadeaba sin descanso. Las primeras tres veces lo dejó sonar, después, simplemente lo puso en silencio sobre la mesa que separaba los sofás. Recogió su habitación, limpió el salón y cuando escuchó el agua de la ducha en la habitación de Ian, empezó a preparar el desayuno.

-Buenos días.

Unax se giró y vio al rubio algo cohibido, secándose el pelo con una toalla. Con el peso del agua el cabello le llegaba por debajo de su mandíbula. Se había afeitado y salvo por la cazadora, se había vestido con la ropa que Lilith envió.

-Viste mi nota.- Comentó el moreno, haciendo un gesto con la mano e indicando que le siguiera.

-Sí, gracias. ¿De dónde has sacado todo?

No le respondió. La cocina era amplia, casi dividida por una isla. En un lado la zona de cocinar y por el otro una mesa ovalada con sillas. Muebles de color verde que destacaban con los azulejos blancos con reflejo verdín.

-Ya que trabajamos juntos, podrías responder a alguna de mis preguntas.

Unax rió y le hizo un gesto para que se sentara. Le gustaba pensar que el rubio empezaba a tener interés en él.

-Está bien, charlemos mientras desayunamos. ¿Café?

-En realidad me gusta el cacao. ¿P-por qué sonríes?

-No es nada.

Se hizo el silencio. Desde la noche que le conoció no había dejado de sorprenderle y hacerle reír. Era consciente que su compañero no entendía la gracia ni el por qué. “Si él supiera” pensaba al ver sus reacciones. Unax preparó todo con la mirada caramelo del rubio sobre él. Cada vez que intentaba ayudarle se lo impedía, ordenándole que se estuviera quieto.

-Lilith.- Empezó el moreno, sentándose frente a su compañero.- Lo trajo su ayudante.

-¿Sharon?

El moreno asintió, mirando al rubio coger otra galleta y untarla en la leche. Viendo que no iba a añadir ninguna explicación, continuó.

-Pregunta lo que quieras, intentaré responderte.

El moreno cruzó los brazos y se reclinó hacia atrás en la silla. El café que se había preparado estaba demasiado caliente.

-Bien. Bueno, ya sabes, te dije que no me importa lo que eres y no mentí.- Se limpió las comisuras de la boca con los dedos.- Tengo curiosidad.

-Creo que es lógico.

- La conexión,- puntualizó haciendo comillas con los dedos- me la enseñaste con la práctica y no tengo quejas. Trabajo es trabajo.

-Estás dando rodeos Ian, ¿te pongo nervioso?

Le gustaba descolocarle con algún comentario fuera de lugar. Le era útil para desviar el tema, no responder o cortar el ambiente. Le llamó la atención que Ian conseguía hacerle lo mismo.

-No, nervioso no pero… - Pareció que se estuviera pensando algo.- Nada. ¿Por qué necesitas la conexión? Creo que en realidad no te hace falta.

El moreno se sorprendió, de nuevo. Se había esperado otro tipo de preguntas antes que esa. Qué era, cuánto habían durado sus compañeros, qué tipo de poder usaba, por qué sus compañeros duraban tan poco, cuánto ganaba…

-Es cosa de Lilith.- Confesó.- Hay varios motivos pero el principal es asegurarse de que vuelva sano y salvo. La conexión es como un chaleco antibalas. Puedo recibir golpes pero es el chaleco quien recibe el daño.

-Espera… Eso quiere decir…

-Sí, es justo lo que piensas. Si me hieren a mí, el daño lo sufrirás tú.

Ian volvió a meterse una galleta untada en leche en la boca. Clavó la mirada en su taza mientras masticaba. Unax aprovechó para tomar su café, ya templado.

- ¿No había formas más sencillas de protegerte? Quiero decir, ¿por qué este método?

-Lilith quiso que usara la energía de gente, que no pudiera defenderse, que estuviera inconscientes pero no quise. No me parecía bien obligar a nadie a pasar por esto. Y de esta forma, quien decide conectarse conmigo, lo hace por voluntad propia sabiendo los riesgos, ayudando en la misión, intentando no salir herido y de paso, cobrando.

- ¿Por qué quiere eso Lilith? ¿La energía es otro de los motivos? ¿Por eso anoche me quedé frito?- Dio un sorbo a su taza de cacao con leche y se lamió los labios, limpiándose los restos.

-Así es.- Le pasó una servilleta.- Mi fuerza, velocidad, percepción… todo aumenta. Y de paso me tiene vigilado.

- Porque tu compañero puede ver lo mismo y confirmar versiones si pasa algo.

-Lo vas pillando.

-Unax, ¿qué les pasó a tus otros compañeros?

- Unos me traicionaron y otros no eran lo suficientemente buenos.- Sintió la mirada poco satisfecha del rubio. Se inclinó hacia delante y le sonrió, quería desviar el tema de su pasado. Estaba dispuesto a ser sincero pero eso no significaba contarle todo sobre su vida.- Tú pasaste la primera prueba con sobresaliente.

-Gracias  a eso Lilith no ha podido retirarme.

-¿Qué? – Se enderezó en su asiento- ¿No te envió ella?

-No.- Dio el último sorbo a su desayuno.- No me dejaba presentarme voluntario.

Unax se tensó. Nunca se habría imaginado que alguien se presentara en su casa sin permiso de Lilith. La ubicación del lugar solo se daba a conocer después de ser aceptado para la prueba de compañero y una vez que lo sabían, había un pacto muy protegido para que no se revelase. Sabía que Ian no era un enemigo porque Lilith estaba mostrando preocupación por él, o bien haciendo un favor a su ayudante.

-¿Hola? Unax…- El rubio agitó la mano delante de él.

-¿Por qué has desafiado a Lilith? – No disimuló el tono cortante de su voz e Ian se estremeció.

-N-no me hables en ese tono, Cuervo, no tienes nada de qué preocuparte.

Que el rubio aún le hiciera frente, intentando ocultar el peso de su mirada afilada, le relajó. Se levantó y limpió la mesa en silencio. Su forma de “faltarle el respeto” no era irrespetuosa ni soberbia como le había transmitido la ayudante. Lo encontraba mono.

-No la he desafiado. La he desobedecido y con razón. No encontraba un buen compañero para ti. Observé las pruebas para el “trabajo suicida”. No eran diferentes a los trabajos que suele encargarme. Los aspirantes cometían fallos básicos. Lilith lo sabía pero se negaba a enviarme.

-¿Por qué?

Ian se encogió de hombros.

-Solo quiero ayudar. Sé que los objetivos no son inocentes y están relacionados con lo sobrenatural. Sé que no eres humano, que tienes… capacidades.- Unax notó que imitó su pausa al usar esa palabra -¿Por qué no venir si puedo ser útil?

-¿Quieres morir? – Vio como el rubio negaba con la cabeza.- Entones ¿por qué venir a un trabajo suicida?

- Sería suicida si no confiara en mis capacidades. No soy un engreído pero reconozco que soy bueno. No quiero morir y daré todo lo que tengo para sobrevivir a cada misión. Sería un suicida si pensara lo contrario y aceptara en venir.

Unax le puso las manos a ambos lados de la cabeza, enredando sus delgados dedos en los rizos dorados de Ian y cerró los ojos al tocar su frente con la de él.


-Sobresaliente.

2 comentarios:

  1. Me gusta como se está desarrollando la historia. Love is in the air?? *o*

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    1. Always☆ Espero que te siga gustando cuando leas más *se pone nerviosa*
      -Shin-

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