lunes, 23 de enero de 2017

Gravilla y Tormenta

La gravilla crujió bajo sus botas cuando giró sobre si misma, levantando una nube de polvo. Su pie voló hasta el estómago de uno de sus adversarios, obligándole a retroceder. Momento que aprovechó para coger impulso, patear de nuevo su abdomen y hacer una voltereta en el aire hacia atrás al tiempo que otro rival intentaba acuchillarla por la espalda. El filo rozó su chaqueta vaquera. ”Eso ha estado cerca.” Pensó, esquivando nuevas embestidas.

-Devuélvenos el anillo maldita…

-Eh eh eh.- Sonrió burlona y negó con el índice.- Eso no son formas de hablarle a una dama.

- No te molestes en hablar con ella, Sugar.- Interrumpió quien había recibido las patadas en el estómago.

-Mmm así no haréis muchos amigos.

-¡Cállate! El anillo ¡Ya!

-Su…

-No, Bóxer, estoy harto de esta niñata. No podemos permitir que una cría pecosa como ella nos humille.
La muchacha, que adoraba sus pecas, no toleró que eso lo usaran como insulto.  Era una cabeza más baja que sus adversarios. Tomó impulso, saltó y con la mano cerrada en un puño le golpeó en la nariz. Sintió el tabique nasal partirse bajo sus nudillos. Cuando sus pies tocaron en suelo de nuevo, se agachó, evitando un puñetazo de Bóxer. Rodó entre sus piernas y golpeó la parte trasera de sus rodillas.

-Pues la pecosa os ha tumbado.

El estadillo de un trueno camufló el sonido de un disparo. La bala le rozó la mejilla. Sorprendida, se lanzó al suelo y rodó, buscando con la mirada el origen de ataque. El cielo se había cubierto por nubes oscuras. Pegada en el suelo, su respiración movía la arenilla bajo su nariz. Un relámpago alumbró la escena durante unos segundos, los suficientes para que la chica pudiera dar un repaso al ambiente. Sugar seguía en el suelo junto a Bóxer, quien le estaba socorriendo. Los edificios seguían vacíos y rotos a su alrededor. Hacía años que esa zona había quedado destrozada y deshabitada. Ni lo chacales intentaban buscar comida por allí.  Conocía el lugar como la palma de su mano, era su hogar.

Otro relámpago, esta vez acompañado de un trueno. Pudo diferenciar una sombra acercándose a ellos. Parecía llevar unos vaqueros oscuros y una chaqueta holgad con la capucha cubriéndole el rostro. La chica se pegó más al suelo, sintiendo las piedras en sus labios, y una vez que lo tuvo cerca le agarró los tobillos con las manos. El calzado del desconocido era grueso y tuvo buenos reflejos.  Se libró del agarre, apuntó con su arma hacia ella pero ésta le desarmó de una patada desde el suelo. Se escuchó el arrastre de su bota contra el suelo al realizar una patada giratoria. Le golpeó, haciéndole caer.

Empezó a llover. El encapuchado se levantó, con la cabeza descubierta.

-¿Quién eres?- Preguntó la chica.

-¿Y tú?

-Tú me has atacado primero.

- Pero no te di, y no fue por error.- El chico intentó acercarse pero la muchacha se colocó en posición de ataque.- Tranqui… Soy Carlos. Te toca.

-Elisa.

El sonido de la tormenta amenazaba con romper el suelo bajo sus pies. Vieron como Sugar y Bóxer corrían en la distancia.

-Mierda…

-¿Ibas tras ellos?- Elisa se cubrió la cabeza con las manos, como si eso fuera a protegerla del diluvio que estaba cayendo.

Carlos, sacó un arma del interior de su chaqueta, apuntó y disparó dos veces.

-Ya no. –Sonrió y volvió a guardar la pistola.

-¿Caza recompensas?

-Sí. ¿Ladrona?

-Correcto.

Se miraron en silencio, roto las gotas de agua golpeando el suelo. La humedad empezó a cargar el ambiente de óxido y tierra.

-¿No vas a por los cuerpos?

-No los necesito. El cliente vendrá por aquí mañana. Él mismo quiere cortarles la cabeza. Bueno…. ¿Me invitas a un té?

- Sólo si me cuentas dónde conseguir armas. 

-Hecho.


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