miércoles, 18 de enero de 2017

Hogar, dulce hogar

-  Calabacita!!

- Ay, ay, aaaayyy!! Harley, afloja, afloooja!!

No la había dado tiempo ni a cerrar la puerta del apartamento cuando la reina de Gotham se abalanzó sobre ella y la achuchó entre sus brazos con fuerza. Era la segunda vez que la chica trabajaba con el autoproclamado escuadrón suicida y desde el principio Harley y ella habían hecho buenas migas. La rubia había decidido que Dice se convertiría en su mejor amiga en cuanto amenazó a Boomer con hacer crecer un árbol bajo su culo y empalarle si no dejaba las manos en sus bolsillos. Además... La parecía una pasada que pudiese revivir las plantas que ella se cargaba sin querer. (“Oh, venga ya!! Que si no te riego, que si te riego demasiado, que si la sangre no es buena para las plantas... Lo tuyo es vicio!” le gritaba al pobre ficus. A veces los chicos entendían a la planta).

- Pensé que no te había dado tiempo a salir del derrumbamiento! -dijo Harley.


- Cielo, yo provoqué el terremoto.

El plan era terminar con un grupo de terroristas que contaba con un estúpido demonio. Estúpido, pero poderoso y desgraciadamente inmune a las armas convencionales para disgusto de Deadshot y Boomerang en concreto. (“Qué quieres decir con que mis juguetes no van a hacerle nada?? Mis pequeños son letales!!”, “Y si no puedo meterle un tiro en el cerebro qué pretendes que haga yo?”)
Dice lo tuvo claro desde el principio: utilizaría su poder de dominar la tierra para terminar con aquel grupo de capullos. Y dado que la chica no se andaba con sutilezas, antes de que Flag pudiera detenerla o plantearse un plan mejor, ella se metió en el edificio y provocó un terremoto.

Fue precisamente un terremoto lo que hizo que la encerrasen con aquel grupo de delincuentes en primer lugar. Llevaba toda su vida tratando de encajar, no destacar, ser normal, normal, normal... Pero no es fácil fingir ser como todos los demás cuando tus cambios de humor provocaban terremotos, tsunamis, o que las plantas muriesen a tu paso. Cuando tenía un buen día, era como si la mismísima Artemisa estuviese paseando por la tierra. Pero no solía tener demasiados.
Un día la cosa empeoró. Su jefe, un pedazo de idiota que se creía más de lo que era, intentó propasarse con ella. Gracias a aquello de lo que había renegado toda su vida, consiguió pararle los pies pero él, sintiéndose humillado, comenzó a reírse de ella. La dijo que nadie la creería, era la palabra de una estúpida ayudante contra la suya. Aquello fue la gota que colmó el vaso y Dice fue incapaz de controlar su poder. El suelo comenzó a temblar y acto seguido las paredes comenzaron a resquebrajarse. Las noticias lo describieron como un terremoto de escala 5, el más fuerte que jamás había azotado el país. Mientras todo se derrumbaba a su alrededor, la tierra comenzó a crear un escudo alrededor de ella. Su jefe estaba aterrorizado. Gritó y suplicó por su vida al darse cuenta de que, de algún modo, aquel horror era obra de la chica. Dice lo miró implacable, y continuó haciéndolo hasta que consiguió enterrarle vivo.
Lo malo vino después. Cuando salió de entre los escombros se dio cuenta de lo mucho que desconocía su poder: había destruido la ciudad. Miles de personas. Niños. Ancianos. Curiosamente lo que más dolor la produjo fue pensar que también habría matado a algunos animales. Después de aquello... Bueno, no tardaron en dar con ella.

- No me vengas con “uuh, yo puedo controlar la tierra como me de la gana”, calabacita! Estábamos preocupados.

Conociendo a Harley, si la llevaba la contraria la atizaría con su bate.

- Lo siento, Harls.

Harley sonrió y la pasó el brazo por los hombros.

- Está bien. Te he preparado chocolate. -dijo con una gran sonrisa.

- Creo que antes necesitaría café. Mucho. Como una olla. -dijo la morena sonriendo.

Harley la llevó hasta la cocina, donde Boomer y Diablo se entretenían discutiendo. No era raro, y las palabras palabras como alcohólico, demonio, canguro y panchito salían a menudo a colación entre aquellos dos. Y eso eran las lindezas.

- Toma.
- Harls, o esto es una declaración de amor o es que es el tercero que te tomas hoy. -dijo Dice cuando Harley la ofreció su taza de café.
- El quinto. -murmuró Diablo.

Harley le lanzó una mirada asesina.

- Ya decía yo... -la morena dio un trago del café y estuvo a punto de escupirlo.- Joder Harley! No sé que empalaga más, si tu café o chupar el cuerno de un unicornio!!

Boomer se incorporó enseguida.

- Eh, eh, eh!! Qué tienen de malo los unicornios??
Entre risas, los chicos comenzaron a debatir sobre unicornios, cafés, azúcar... Y Dice se dio cuenta de que aquel era su hogar ahora.

¿Quién sabe? Quizá eso de ser normal estuviese sobrevalorado.

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