sábado, 21 de enero de 2017

Ijon

Yo no sé si a vosotros os habrá pasado alguna vez que os levantáis por la mañana y os recorre un remusguillo por el cuerpo. Sí hombre, una cosa como que va a pasar algo importante. Pues así me levanté yo esa mañana, con el remusguillo. Solo que más que importante lo que me pasó a mí fue tonto. Muy, muy tonto.

Nada más levantarme, me puse a trabajar. Me preparé un buen desayuno y me senté frente al ordenador a traducir el último libro que me habían mandado de la editorial. La verdad es que me estaba costando la vida traducirlo, no porque el vocabulario en alemán fuese complicado, sino porque el libro era un auténtico coñazo. Cada vez que lo pensaba oía a mi jefe regañándome.

- Señorita Matthews, ¡ese vocabulario, por favor!

- ¡Si es que no hay quién se lo coma señor! Esto como somnífero bien, ¡pero para leerlo por vicio es un truño como una catedral!

Menos mal que mi jefe había asumido hacía años que no haría de mí una señorita de bien. Llegaba tarde, pobrecico.


Así que llevaba yo un par de horas sumida en mi trabajo cuando me pareció oír un ruido extraño en mi baño. No sabía si estaba flipando o no, pero necesitaba distraerme a toda costa, habría agradecido hasta que fuese una araña gigante. Habría salido perdiendo el culo a llamar a mi vecina, una señora de 70 años con una mala ostia importante pero a la que yo curiosamente había caído en gracia, para que la pisara la cabeza. Pero yo lo habría agradecido igual.
Lo que os puedo jurar que no me esperaba en absoluto era que hubiese una sirena en mi jodida bañera. Bueno, perdón. Sireno. Que luego se ofende.

- Ostia que lo que he echado en los gofres no era azúcar glass… -dije en cuanto vi el panorama.

- ¿Qué estás haciendo tú en mi hogar?

- Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerdónate??

- ¡Tienes patas! ¡Puaj, eres una humana!

- Oye, oye, sirenita del tres al cuarto, menos humos. -¿¿por qué hablaba con mi alucinación??- Yo por lo menos no apesto a pescado.

- Sireno, por favor, nada de sirenita, sirena, o cola de pez. Soy un sireno. Macho.

- Ya, ya, si la cola te la veo…

- ¿Eh?

- Nada, humor de humanos, te faltan piernas para pillarlo. ¿Pero por qué te doy coba? ¿¿¿Qué coño estás haciendo en mi bañera???

- ¿Tu bañera?

- Si, ése cubículo en el que estás metido.

- Yo estaba paseando tranquilamente por mi jardín cuando de la nada has aparecido tú.

- A ver si nos entendemos, porque al final es que te echo un puñado de arroz y ceno shushi esta noche… -dije masajeándome el puente de la nariz- Yo estaba trabajando en mi casa, en la superficie terrestre, cuando he oído un ruido y de repente estabas tú en mi bañera. Tú. Mi bañera.


La cara del señor sireno parecía preocupada de repente. Había que reconocer que el sirenito estaba potentorro. Rubiales, con las facciones bien marcadas, pecho lobo… Lo malo es que bajabas del ombligo y ¡puf! 
Pez.
Una lástima, con la de tiempo que llevaba yo a pan y ag¡PERO EN QUÉ ESTAS PENSANDO LYNN, SO SALIDA!

- No puede ser… -don sireno miró a su alrededor- Ese malnacido de Aenon cumplió su amenaza.

“…”

- A ver, pececillo remilgado, comparte tu sabiduría porque no me entero de nada.

- Sireno, nada de pececillo. Y no soy remilgado.

- Malnacido, en serio?? Cabronazo, giipollas, hijo de la gran…

- Basta ya humana! Por todas las ballenas blancas, juras peor que los pescadores.

- Joder, qué perdido estás…

- Bueno, ¿te cuento mi desgracia o seguimos insultándonos?

- Pero si no sabes ni decir tacos…

El pececillo me miró mal.

- Cuenta, cuenta.

- Aenon es el mago blanco de nuestro banco.

- ¿Banco? ¿Tenéis inversiones marinas, también?

- ¿Cómo llamáis vosotros a vuestra gente?

- ¡Aaah! Vaaale, vale… Como los bancos de salmonetes, ya.

Don sireno me miró mal otra vez. Ya os he dicho que es muy de ofenderse.

- Aenon me amenazó tiempo atrás. Quería emparejarse con Aleia, una de mis hermanas y la más hermosa, y para eso necesitaba mi consentimiento.

- Vaya panda de carcas estáis hechos en el mar, chaval.

- ¿Es que aquí no os emparejáis?

- Aquí la mayoría primero folla, y ya si le cuadra…

- Follar?

- Aparearse, pero sin procrear.

- Entonces, ¿qué sentido tiene?

- ¡Ostia, eso de que no tengáis herramientas os ha jodido la vida pero del todo!

Él resopló.

- El caso es que Aenon no es alga limpia -os juro que me controlé la risa- y yo no consentí el matrimonio. Y él juró que me haría desaparecer y que terminaría siendo capturado por una cascada.

- Pues macho, aquí cascada… -me acerqué a la bañera y abrí el grifo- Chorrito si acaso.

- Me llamo Ijon, por cierto.

- Lynn. -le extendí la mano y cogí la suya para que la estrechase- Así nos saludamos los piernosos nene.

- Sois raros…

- ¡Ja! Habló el del banco… Un momento, ¿has dicho que te enviaría a una cascada?

- Así es.

Me di una ostia en la frente. Lerda, que es que una es lerda.

- Mi nombre significa “cascada”.

- Lynn?

- Sí, pececillo, sí.

- Sireno.

- Que sí.

- Así que, definitivamente, cumplió su amenaza. Maldito bastardo…

- Bueno ¿y ahora qué? Porque en mi bañera no puedes vivir.

- Lo sé, esto es minúsculo.

- Sí, claro, finjamos que es por eso.

- Tienes que ayudarme a volver al mar.

- Claro, sólo vivo a unos 600km de la costa más cercana, ¿tú eres gilipollas?

- No puedo contar con nadie más!

- ¿Y si te cuelas por el váter?

Él me miró sin entender. No me molesté en explicárselo, aquellas espaldas no colaban ni de casualidad. Que lo medí de ojo. Dos veces.

- Por favor, Lynn… Necesito tu ayuda, sabes que los tuyos me consideran un mito. Sólo puedo contar contigo. Escucha, entre los míos corre la magia. Podría concederte algo, lo que quieras, si me ayudas.

- Hala, ahora te pones en plan genio de la lámpara. Y encima roñoso, que a Aladdín le concedían tres deseos.

- Por favor, Lynn. Estoy suplicándotelo.

- Si te pones de rodillas, te ayudo. -dije con una malévola sonrisilla.

Él volvió a su recién creada costumbre de mirarme mal. Eso ya me tranquilizaba un poco.

- Que sí, pesado, que te ayudo. Tampoco es que tenga mucha alternativa… Pero esto nos llevará algo de tiempo. Necesitaré un tráiler o algo para llevarte hasta un mar. Porque te vale cualquiera, ¿no? A ver si ahora te vas a poner exquisito…

- Mar abierto, el que sea. Una vez allí, yo me apañaré.

Suspiré. Que buena la mierda que me había echado en el desayuno, oye. Duraban los efectos 
una barbaridad…

- Vale. Pero si vas a quedarte conmigo unos días, tengo dos condiciones.

- Las que sean.

- Nada de mirar cuando tenga que utilizar el baño.

- Eso por descontado, soy un caballero.

Pobre. No me refería a la ducha…

- Y tienes que aprender a cagarte en todo como un macho de verdad.

- ¿En serio? -el pececillo me miró enarcando la ceja, lo cuál me pareció un buen avance.

- Totalmente. No puedes ir de digno llamando malnacido a nadie. Tienes que volver a tu casa, o a tu banco, o lo que sea, y cagarte en su puta madre como un profesional.

Ijon puso los ojos en blanco.

- Está bien. Me cagaré en lo que haga falta.

Y así, fue como me eché a un sireno de compañero de piso. De esto hace ya un par de semanas y creo que ya no puedo decir que son los efectos de nada, sigo viendo a Ijon tan claro como a mis muebles. He encontrado un tráiler, pero aún estoy en búsqueda de una pecera gigante donde llevarle sin que se me ahogue… La convivencia está resultando entretenida. Y educativa, educativa que te cagas, estoy aprendiendo muuchísimo sobre el mar y sus habitantes. Pero sigo pensando que son raros, carcas y un poquito pasados de vueltas.
Por si os lo preguntáis… Ijon ya me llama gilipollas y tonta del culo sin ponerse colorado. Lo de hija del mal aún no le sale.


Habrá que darle tiempo.

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