sábado, 28 de enero de 2017

Lynn (parte 1)

Tardamos menos de veinte minutos en llegar a mi apartamento. Otro detalle sobre los hados madrinos, apretaban el paso que no veas. Marcus me llevaba con la lengua fuera y yo no tenía nada claro a santo de qué venía tanta prisa…

Cuando entramos, fue directo a mi cuarto de baño sin tan siquiera preguntarme dónde estaba.

- Sí, claro, por supuesto que puedes pasar majo… Tú a tus cosas, ¿eh? -dije hablando completamente sola, porque él ya estaba dando la luz para ver a mi sireno.

Fui hasta el baño mientras me quitaba los tacones, aún llenos de sangre de baboso y algún que otro cacho de tripa… Mis pobres zapatos.

- Sí que has vuelto pronto de la c… ¿Marcus?

- ¿Ijon?

Les miré mientras se miraban sorprendidos. Ijon había comenzado su frase sin apartar la vista del libro electrónico que le conseguí. En realidad era el tercero, porque aquí el pececillo no entendía que los aparatos electrónicos y el agua no se llevaban bien. En dos semanas iba por el tercer e-book y el segundo iPod. Me estaba saliendo el jodido sireno por un pico.

- ¿En serio? ¿En serio me estáis diciendo que os conocéis? Si es que estaban demasiado buenos para ser hetero, estaba claro… -dije para mí misma.

- Cuando desees te hago una demostración de hombría, tesoro. -dijo Marcus rodeándome la cintura posesivamente.

Ijon sacó medio cuerpo de la bañera.

- A ver, a ver… Que alguien me explique qué coño está haciendo él en tu casa, Lynn.

Uuuuuh… Un taco y sin parpadear. Mi pequeño pez estaba mosqueado.

- Pues la verdad es que no lo tengo muy claro.

- He venido porque quería saber de quién provenía la magia que la rodea a ella.

- Déjala en paz, Marcus.

Ijon tenía cara de muy pocos amigos en aquel momento y por lo que parecía Marcus lo estaba disfrutando, ya que en lugar de soltarme, se acercó más a mí. He de admitir que yo estaba disfrutando un poco también. El sirenito enfadado tenía un empotramiento importante.

- ¿De qué os conocéis?

- Marcus convivió en mi banco hace algún tiempo. De hecho, él es el culpable de que yo esté aquí ahora mismo.

Al final sí que iba a ser mi hada madrina el hombre. Eeeespera morena… ¿Convivir?

- Pero si tienes piernas… ¿no? -le miré de cintura para abajo, apartándome de él. Me concentré en no mirarle el paquete, porque Ijon tenía pinta de ir a asesinarme si soltaba alguna burrada. Claro que a ver cómo me pillaba si me echaba a correr.

- Puedes comprobarlo libremente.

- Marcus.

- ¿Qué pasa Ijon?

- No la metas en esto.

- ¿Meterme a mí en dónde? ¿Alguien va a explicarme de qué va todo esto o no?

Marcus soltó una carcajada mientras se sentaba en un pequeño sillón que había colocado allí hacía días. Desde que Ijon apareció en mi bañera, en realidad, ya que no le gustaba estar solo.

- Verás, tesoro…

Ijon alargó su brazo hacia mí y, agarrándome de la muñeca, me atrajo hacia él. Me sentó en la bañera y me agarró el cuello con delicadeza para examinarlo.

- No me han salido branquias aún, relaja.

Cuando me ahuecó el escote de la camiseta para mirar dentro, le solté tal ostia que se volvió dentro de la bañera. Y mira que me había gustado a mí el arranque toca cuellil que le había dado… Pero no pude evitarlo.

- ¿¿Pero qué haces?? -me preguntó llevándose una mano a la cara, donde tenía marcados mis dedos. Marcus estaba llorando de la risa en el sillón, contemplando la escena.

- ¿Desde cuándo eres un sireno pervertido?

- ¡He visto sangre en tu cuello y bajo la camiseta no son sólo salpicaduras! Vaya golpe, con lo debilucha que pareces…

- No ha sido un golpe, ha sido una ostia, habla con propiedad.

Ijon me miró mal. Era una manía que le había arraigado.

- ¿De quién es la sangre, Lynn?

- De un baboso que ha reventado tu amigo.

Esta vez, el destinatario de la mirada asesina de mi pez, fue Marcus. Él se encogió de hombros.

- ¿Qué? Fue ella la que deseó que le reventasen las tripas, a mí no me mires.

- Marcus no es alguien de quién debas fiarte, Lynn. -me dijo Ijon- Él fue quien le entregó a Aenon sus poderes.

Miré al hado.

- No lo pillo.

Marcus se incorporó en el sillón, apoyando los codos sobre sus rodillas. Iba a levantarme, porque tenía los pantalones empapados, pero Ijon me lo impidió. Tampoco me quejé demasiado, lo reconozco. Estaba intentando con todas mis fuerzas no convertirme en la típica imbécil de la historia que se enreda con el ser sobrenatural potentorro. Pero es que mi ser sobrenatural estaba extremadamente potente pese a su falta de extremidades inferiores. Y encima era simpaticón, cansino con sus cosas del mar, pero era muy divertido enseñarle a jurar como un camionero retirado. Era una mezcla entre alguien muy sabio y un niño pequeño. Bueno y un poco monja también había salido el nene, porque casi se saca los ojos la primera mañana que se me olvidó que tenía un sireno en casa y fui al baño como mi madre me trajo al mundo…

Marcus suspiró y sonrió mientras se pasaba una mano por el pelo.

- Cuando le di a Aenon los poderes que le convirtieron en el mago de su banco, lo hice por joder. Sabía de sobra que debía habérselos otorgado al padre de Ijon, pero soy un fae oscuro. Mi entretenimiento era sembrar el caos, cuanto más mejor. Y créeme tesoro, soy realmente bueno con el caos.

- Ya, ya… Lo que es reventar señores desde dentro se te da muy bien. Diez sobre diez.

Él sonrió. Ijon no.

- El problema es que se ve que todo ser mágico tiene que mantener cierto equilibrio… Y si no lo mantienes, lo mantiene la naturaleza por ti.

Ahora Ijon sí que sonreía. Yo no lo acababa de pillar.

- El karma es una puta, ¿eh?

Miré al sireno con los ojos como platos.

- Me escandaliza usted, don sireno.

- Te prometí que aprendería a jurar como tú. -dijo guiñándome un ojo.

Ijon flirteando y llamando puta a alguien, daba igual que fuese al karma. Estaba a punto de llorar de orgullo.

- Sí, Ijon, el karma es una puta. Ha venido a darme por el culo en cuanto ha tenido la oportunidad.

Lo que yo decía, demasiado guapo para ser hetero.

- O me lo explicáis, o mi cabeza empieza con el porno yaoi y me perdéis.

- A Marcus le ha empezado a pasar factura todo el caos que ha ido sembrando por ahí. -dijo Ijon con una sonrisa perversa en la cara. Pero qué lastima de piernas, madre- Se lo están devolviendo.

- Pero si eres un fae chungo de esos, ¿no se supone que cuanto más caos, mejor? Vamos, digo yo… Es lo que sale en la tele.

- Todo acto mágico tiene sus consecuencias, tesoro. Y si muchos de ellos son malos, las consecuencias también lo serán. Así que ahora me estoy concentrando en intentar enmendar viejos errores.

- Tardarás un par de vidas. -dijo Ijon.

- Posiblemente. Supongo que por eso me sentí atraído por Lynn. Cuando te sentí estaba seguro de haberte hecho alguna putada en el pasado. -dijo Marcus jugando con el pico de una toalla- Pero resulta que sólo era un eco de la magia de Ijon. Y de su rencor, sobretodo de su rencor.

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