domingo, 22 de enero de 2017

Marcus

La noche no había empezado bien. Unas compañeras de trabajo habían insistido en salir de cena y copas para celebrar un nuevo encargo que iba a suponer una subida de sueldo para todas y no encontré forma alguna de escaquearme.

Yo no me podía sacar de la cabeza lo que me esperaba en casa. Además, la cena había sido un completo desastre, no cabíamos en el restaurante, todo salió tarde y mal… Y las cosas por la discoteca no estaban mejorando la situación ni un poco.
De hecho, se me había acoplado un pesado desde hacía ya un rato y mis compañeras en lugar de salvarme, habían huido todas a la barra por si acaso se las pegaba a ellas.

Las muy hijas d…

Estaba harta. Pero harta, harta a niveles de desear que a aquel jodido baboso se le reventasen las tripas desde dentro con tal de que me dejase en paz de una santa vez.
Oye, mano de santo. Fue desearlo… Y reventar.

En la discoteca, el mundo se volvió loco. La gente empezó a gritar, a correr, a grabarlo todo con el móvil…. Curiosamente, a todo el mundo se le caía el móvil al suelo en cuanto lo sacaba. Y no en plan, se da un golpecito, no. Se caían al suelo y el trocito más grande que quedaba del teléfono era como mi uña del dedo meñique.

Un poco raro todo me estaba pareciendo. Y no había bebido ni dos copas de vino en toda la noche, porque el baboso no me había dejado ni ir a pedir una copa.
Salpicada de sangre hasta los aros del sujetador, de pronto reparé en un hombre que venía sonriendo hacia mí. Era guapísimo, y me di cuenta hasta en aquella situación, con un tío reventado en el suelo delante de mí. No tenía muy claro por qué no estaba yo gritando como una posesa como todos los demás. Quizá porque me sonaba todo demasiado raro.

- ¿Nunca te habías preguntado cómo es un hada madrina sin purpurina?

El hombre vestía completamente de negro, con unos vaqueros desgastados y una camisa que parecía hecha a su medida. No la llevaba completamente cerrada, lo que dejaba ver parte de su musculoso pecho. Sí, estaba haciéndole una radiografía a lo que parecía un completo pirado mientras mi baboso particular seguía con las tripas fuera en el suelo.

- Perdona, ¿qué?

- ¿Te estaba molestando, verdad?

- Eeeh…

- Deseaste que le reventasen las tripas.

A tomar por el culo.

- ¿Cómo coño sabes tú eso?

- Te lo he dicho… -dijo el hombre con media sonrisa- Mi nombre es Marcus. Soy un fae. Una especie de hada madrina.

Venga hasta luego.

- Pues no había oído nunca de hadas madrinas que destripasen a gente.

- Te estaba molestando.

“A ver, un poquito de sentido de supervivencia que este señor destripa a gente a distancia, por favor.”

- No, no, que no me estoy quejando tampoco.

- Deseaste que reventase, y yo cumplí tu deseo.

- Ya, verás, a veces los humanos tenemos una manía muy fea que es fantasear con matar a gente, pero que en realidad no queremos que se mueran…

- No lo he entendido así.

- Ya, ya… No hace falta que lo jures. -dije moviendo mis pies con cuidado entre la sangre. Directos a la basura que se iban. Y mi madre diciendo que había que invertir en zapatos buenos… Para que te los llenen de tripas y sangre de señor.

- No te molestará más. Era lo que querías.

Contemplé el desparrame visceral que tenía a los pies. Pobrecico. Vale que no se le veían luces al hombre, que no iba a ser el próximo Steve Jobs. Y cansino era. Mucho. Pero tanto como para reventarle vivo… Igual se había pasado el madrino este. Igual sólo.

- Bueno, ehm… -con tacto, con tacto que te explota una pierna- ¿A qué debo el honor de que me amadrines? ¿Apadrines? Pensaba que las hadas madrinas eran chicas todo.

Él sonrió de medio lado. No, no, este hombre de afeminado no tenía nada. Cómo estaba el sector sobrenatural de dotado…

- He oído que tenías algún que otro problema controlando tu poder.

¿Poder? ¿Yo? Ay que ya sabía yo porque no tenía purpurina el tipo este… Que se la ponía en el desayuno.

- Ehm… ¿Qué dices de poder, ni qué poder, nene?

Iba a decir “ni qué niño muerto” pero visto lo literal que se ponía el colega, cualquiera.

- ¿No tienes poder?

- A no ser que cuentes la mala ostia y una habilidad excepcional de soltar tacos al minuto, no.

Él frunció el ceño… Y yo me cagué viva. Alrededor no quedaba absolutamente nadie. Sólo mi pobre baboso, con sus tripas fuera. En mis zapatos concretamente.

- Es extraño. Sólo me siento atraído hacia seres mágicos.

Uuuuuy…

- ¿Los sirenos son seres mágicos?

- Sí, muy poderosos. -él se acercó a mí, poniéndome cardiaca por motivos muy distintos a los debidos- ¿Por qué lo preguntas?


- Verás… Es que tengo uno en mi bañera.

2 comentarios:

  1. Me está encantando esta historia, es tan...genial jejeje

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  2. OMG O.O

    *se cae de culo, reaccionar a comentarios no es su fuerte*

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