jueves, 19 de enero de 2017

Olimpo

“Por el amor de Zeus ¿pero qué coño pinto yo aquí?”

Eione se encontraba en la sala de baile del Nuevo Panteón. El baile anual obligaba a todos los jóvenes en edad casamentera a asistir a un ritual antiguo y estúpido mediante el cual elegirían a la persona con la que pasar el resto de su vida. Muchos ya estaban emparejados. Las leyes les procuraban una selecta educación que iba de los 4 a los 19 años y era obligatoria y gratuita para todos los ciudadanos. No importaba la condición social, ricos y pobres recibían las mismas doctrinas y eran educados bajo las mismas normas. Hacía ya siglos que la sociedad funcionaba de aquella manera, y sin duda la mejora era evidente al compararla con los sistemas antiguos. Durante esos años, chicos y chicas convivían juntos y recibían las mismas clases hasta los 15 años. A partir de ahí, cada individuo era libre para elegir los temas que les interesaban más y surgían especialidades. Era lógico que en ese tiempo se creasen lazos de amistad e incluso romances entre los jóvenes.

El caso de Eione era diferente. Ella se había dedicado por completo a su educación durante esos años. Había destacado en la filosofía y la mitología, siendo capaz de especializarse en ambos campos. Muchos estaban convencidos de que en su camino se encontraba el convertirse en la nueva sacerdotisa de Athena, otros veían su potencial como académica… Pero todo lo que ella quería era seguir explorando aquel mundo del que apenas conocía nada.

- Vaya, vaya… Pero si es nada más y nada menos que Eione en persona.

La chica no pudo evitar poner los ojos en blanco al escuchar aquella voz. Llevaba años escuchándola, tan irritante y al mismo tiempo tan reconocible.

- Piérdete Orión.

La figura del joven moreno salió de detrás de una de las columnas y se hizo visible junto a ella. Eione sabía que era atractivo, era algo de lo que todas las chicas de la Academia hablaban sin importar su edad. Llevaban juntos toda la vida, ya que el chico también se aventuró al estudio de dos especialidades, casualmente las mismas que las de la pelirroja. La única diferencia era… que Eione había sacado unas notas perfectas en todo.

- No puedes ser tan grosera, doña perfecta. -dijo él con sorna.

- No he sido grosera, cuando lo sea seguramente baje el mismísimo Hades en persona a felicitarme por la imaginativa.

- Siempre con tus dioses,¿eh?

Ella resopló.

- Orión, en serio, ya sé que para ti soy una repelente y una sabelotodo, un horror difícil de aguantar… ¡¡Pero ya no tienes que hacerlo más!! Hoy es el último día que tenemos que estar juntos en el mismo tiempo y espacio, así que ¿por qué no te vas a intentar revolcarte con una de esas rubias explosivas que babean sólo con verte?

Él sonrió cuando una canción que conocían desde pequeños comenzó a sonar. Todos los allí presentes la conocían, ya que les habían enseñado a bailar con ella con tan sólo 8 años. La danza y la música eran muy importantes en la educación, al contrario que siglos atrás.

- Vamos a bailar. -dijo extendiendo su mano hacia ella.

- Has bebido demasiado néctar. -dijo ella mirándole alucinada.

Él la cogió de la mano y la llevó hasta la pista de baile, donde comenzaron a bailar con los demás. Veinte parejas bailaban en perfecta coordinación, tal y como llevaban haciendo desde hacía años. No sólo era un espectáculo, sino una forma de que todos supieran exactamente a dónde pertenecían. Izquierda, giro, media vuelta… Todos sabían lo que tenían que hacer casi sin pensar en ello, lo que ayudaba a que se relajasen un poco. La mente necesitaba desconectar y un baile tan aprendido cumplía su objetivo. Excepto en el caso de Eione. Ella, torpe hasta la saciedad, llevaba 15 años tratando de no fallar en aquel estúpido baile. Era lo único que se le había resistido en todos sus años de educación.

- Tranquila, Eione. -susurró Orión apretando suavemente su cintura.

- Eres un pedazo de cabrón. Sólo bailas conmigo para comprobar que eres mejor que yo en algo, que soy capaz de fracasar. Eres demasiado transparente para mí a estas alturas. -dijo antes de equivocarse de lado al girar. Él la orientó en el acto- Imbécil.

La pelirroja se sorprendió al oírle reír.

- Tienes parte de razón, señorita sabelotodo. -giro, otro giro, una vuelta en brazos… él lo tenía perfectamente dominado- Me encanta ser el mejor en algo, y tú siempre has conseguido arrebatármelo. -sonrió- Pero no bailo contigo para verte fracasar, Eione. Lo hago porque me gusta verte tan humana para variar.

- Por favor, no me vengas con chorradas ahora, que no puedo contestarte como te mereces.

- De eso hablo precisamente. Ahora no puedes interrumpirme y servirte de su sarcasmo para evitarme. Estás demasiado ocupada contando los pasos. -rió Orión.

- Tienes la gracia en el culo. ¡Y eres la constelación más tonta del universo, capullo!

Las carcajadas del chico resonaron en la sala. Con la excusa de uno de los giros de la canción, cogió en volandas a la chica y la apartó hacia las columnas en las que se habían encontrado.

- Eione… -inmediatamente la pelirroja trató de interrumpirle, pero él se lo impidió- No te conviertas en sacerdotisa.

- ¿Para que puedas intentar meterte en mis bragas sin culpabilidad?

- Me gustas mucho más con menos agilidad mental.

- Siempre supe que te iban las taradas.

Su relación siempre había sido así. Rápida, mordaz, tirante, incluso cómica para aquellos que la contemplaban. No eran amigos, la chica no los necesitaba. No eran enemigos, él se sentía atraído por ella desde prácticamente el primer día que la conoció. Nunca fueron nada, ya que ella estaba demasiado ocupada buscándose a sí misma, y a él le daba demasiado miedo lo que podía llegar a encontrar.

- Mira Orión, no voy a ser la nueva sacerdotisa. Sé que sería lo más inteligente, pero no me va.

- ¿Entonces aceptarás la plaza de académica?

- No. ¿A qué viene el interés?

- ¿Y qué piensas hacer?

- No me has contestado.

- Tú a mí tampoco.

- Sí, yo sí que lo he hecho.

Él resopló.

- Eres exasperante.

- No tenía ni idea de que conocías esa palabra.

Orión tuvo que echarse a reír. No pudo evitarlo.

- Sabes a lo que viene. Tienes que saberlo, a estas alturas. Al fin y al cabo, eres la primera de la clase desde siempre.

Eione le miró confundida. Alguna vez, en alguna de sus largas jornadas de estudio nocturnas, se había descubierto fantaseando con ser un poco más libre. No es que no la gustase su vida, disfrutaba estudiando, aprendiendo sobre todo lo que la interesaba y emocionaba. Pero a veces se preguntaba cómo sería pasear con alguien de la mano. Compartir sus gustos y creencias. Hablar con alguien que la escuchase con devoción cuando hablaba de sus teorías sobre la felicidad humana. Y en aquellas raras ocasiones, la persona con la que se imaginaba compartiendo su tiempo se parecía sospechosamente a Orión. Ella siempre se decía que era sólo porque era objetivamente atractivo y era una de las pocas personas que la hablaba sin preguntarla dudas o pedirla ayuda.

- Me iré. -dijo finalmente- Quiero salir de aquí, salir de Olimpo. Ver que hay más allá de nuestros muros.

- Quieres seguir aprendiendo. -dijo él sonriendo.

- Sí.


- Suena bien. -Orión cogió su mano, aun cuando la música no acompañaba a ello- Tendré que ir preparando la maleta.

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