sábado, 21 de enero de 2017

Por ti

El techo de su habitación era blanco y liso. Igual que las paredes. A parte del armario, la cama y un pequeño escritorio, no había nada más. No la personalizó de ninguna manera. Ni posters, ni aparatos electrónicos. Los libros que leía los acumulaba en el suelo, formando columnas de libros. El resto de su apartamento seguía la misma estética. Lo justo y necesario para vivir.

Suspiró y se rascó la tripa descubierta. Pasando los dedos por sus abdominales poco marcados. La camisa sin botones que vestía ya estaba arrugada y junto con sus vaqueros mal abrochados parecía más que hubiera estado pasando un buen rato que durmiendo otra de sus largas siestas.

Por la ventana abierta de su habitación se colaba el frío de la noche. A pesar de estar en invierno, a Matt le gustaba sentir las bajas temperaturas. Quizás de las pocas cosas que le gustaban. Se estremeció al sentir la brisa sobre su piel y hundió la cabeza entre las sábanas.

 -La vida es aburrida.

Tenía la costumbre de hablar sólo simplemente para recordarse así mismo que aún tenía voz. No vivía con nadie más. Fuera de sus clases y trabajo no se relacionaba con la gente. No era tímido ni tenía miedo, simplemente no le llenaba y le resultaba molesto fingir comodidad. A veces se planteaba quitarse la vida pero le parecía un engorro tener que prepararlo. No es que no quisiera vivir, le daba igual.

Una sombra se deslizó por la ventana. No hacía ruido, ni desprendía olor, pero Matt notó la presencia. Se reincorporó y miró alrededor. No le hizo falta encender la luz, la farola del exterior ya alumbraba demasiado. Algunas veces se planteaba fundirla pero era otra cosa más que le resultaba molesto llevarlo a cabo. “¿Para qué? En realidad me da igual.”

Alzó la mano. Tocarla era como pasar la mano por el humo que dejan los cigarrillos. Jugó con ella y ella con él. Se deslizaba alrededor de su cabeza agitando su cabello oscuro, incluso acariciaba su perfil obligándole a cerrar los ojos.

-Eres atractivo, justo lo que estaba buscando.

Matt parpadeó sorprendido, otra de las muchas cosas que no solía ocurrir. La voz era masculina y arrastraba las palabras. Se mezclaban entre sí como un eco.

-¿Cómo puedes hablar?

- Soy las sobras de lo que solía ser. Voy a desaparecer y no quiero irme sin dejar un rastro. Tú estás muerto por dentro y eres guapo.

-¿Quieres poseerme?

-No. Quiero que vivas por mí. Estaré dentro de ti y llenaré ese hueco que te falta. Empezarás a sentir.

-¿Empezaré a oír tu voz?

Un silencio llenó la habitación como si la sombra estuviera pensando.

-Lo sabía, eres lo que buscaba. Tuve un físico parecido al tuyo, aunque yo me lo trabajé más y aprovechaba mi mirada de caramelo para conseguir todo lo que quisiera.
- Mmmm.
-Y te da igual.- La nube rió y revoloteó entre sus dedos.- No, no oirás voces. Solo estaré ahí. Como si llevaras un tatuaje invisible que nunca podrás quitarte.

- Supongo que estará bien empezar a sentir algo.

-¿Es un sí?

-Sí.

La sombra creció, envolvió el cuerpo del chico y lo levanto en el aire. Susurraba en otro idioma y su propia voz creaba la falsa sensación de ser muchas más. Dejó caer al moreno sobre la cama y la nube oscura tomó forma de remolino. Se encogió y se clavó sobre el pecho desnudo de Matt haciendo que arqueara la espalda. Sus gritos se ahogaron en el eco de la sombra.

Cuando abrió los ojos estaba bañado en sudor. Su cabello azabache se le pegaba a la frente y su ropa a la piel. Se levantó y fue hasta el baño para mirarse en el espejo. Al verse, por primera vez se sintió complacido. Sus músculos ahora estaban mejor definidos, le gustaban los rasgos de su cara, el color de sus ojos e incluso su aspecto sudoroso. Se acarició su propio torso mientras se miraba en el espejo, detuvo la mirada en cada curva de su piel, en como los dientes se clavaban en sus labios. También sintió orgullo por los conocimientos que había adquirido durante su vida. Nuevas emociones le golpeaban y Matt no quería esperar a vivirlas.

Puso la mano sobre su corazón.


-Sí, viviré por ti. 

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