martes, 28 de febrero de 2017

Actualización martes

To my little readers:

La semana pasada no actualicé porque el resto seguía en marcha. En realidad sigue… Draven nos debe relatos purpurinosos muahahaha y si, ya la he amenazado y acosado para que no olvide que nos los debe. Tarde o temprano cumplirá.

Sigo con el relato de compañeros en la sombra. Hoy toca el capítulo 4.

Por fin he leído Moriré besando a Simon Snow de Rainbow Rowell. Me lo recomendó una amiga y me alegro de ello, me ha gustado.

No tengo gran cosa que añadir por tanto, a la espera de los relatos de Draven (que no se note el acoso), me despido aquí.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Compañeros de la sombra

Capítulo 4
Unax

En poco tiempo habían llamado de forma molesta en la puerta de su casa. “Menos mal que mi ubicación es secreta”. Pensó malhumorado mientras se dirigía a abrir la puerta. No le hizo ninguna gracia encontrarse con la ayudante de Lilith y automáticamente bloqueó la puerta para que no se tomara la confianza de entrar sin su permiso.

-Mmm Sharon, ¿verdad? ¿A qué has venido?

- Lilith quiere un favor.

La notaba seria y contenida, sin restos de su conducta prepotente anterior.

-¿Quieres decir un trabajo?

-Sí y no. ¿Podemos hablar dentro?- Respondió la ayudante con un ápice de impaciencia.

-Depende de lo que signifique ese “sí y no”.

- Quiere que lo trates como un favor personal, y a cambio te deberá otro favor a ti. Dijo que esto lo valorarías más que cualquier pago.

Unax se apartó y abrió la puerta, invitándola a pasar. Un favor de Lilith era más valioso que cualquier otro pago.



Después de la reunión, se vistió algo más arreglado que de costumbre y le pidió a Sharon que le acercara al centro. Allí tomó un autobús específico. Solo quienes pertenecían al mundo sobrenatural conocían la verdadera ruta del automóvil. Su objetivo era trasladar a aquellos que pertenecían a dicho mundo a una zona dónde podrían ser ellos mismos, satisfacer sus necesidades naturales y relajarse. La ciudad era grande, con varias zonas de fiesta muy conocidas pero a la que se dirigía Unax se encontraba a las afueras. Uno de los muchos polígonos abandonados de la ciudad. A vista de avión, la ciudad estaba en el centro, rodeada por polígonos casi en desuso. Las empresas quebraban, se abandonaba o se trasladaban a zonas más habitadas de otros negocios para que fuera más fácil para sus clientes. Esto beneficiaba a los sobrenaturales, les daba facilidad para crear sus propias zonas de confort. Incluso provocaban que los humanos se trasladaran para que ellos pudieran quedarse con dichas zonas.Por el día eran negocios por la noche fiesta y ocio.

Entró en uno de los locales. Habían repintado las fachadas en colores místicos, los portones estaban abiertos en principio pero la segunda puerta era más estrecha. Los porteros observaban el paso de los clientes. El interior era muy amplio, en la planta baja todo era una pista de baile, en los extremos sofás, rincones de confort, hamacas, mesas bajas, luces de baja intensidad, pequeños apartados con cortinas… En el fondo música en directo de tipo indi y a ambos laterales barras para consumir. La planta de arriba tenía vistas a la planta baja, y también tenía apartados y las oficinas del dueño estaban en la tercera planta.

-Unax, me alegro de verte en mi local. Como siempre, tienes buen gusto.

-Hola Aaron. Veo que lo has redecorado.

-Me gusta destacar y atraer a clientes.

-¿Sigues con tus malos hábitos?

-Es mi forma de vida. No juzgues al obrero por su trabajo, ¿te ha mandado Lilith?

-  ¿A caso no puedo venir por mi propio interés? – Desvió la pregunta. No le resultaba difícil esquivar responder y se preguntaba cuando sabía el pelirrojo sobre lo que tenía Lilith entre manos.

-¿Entonces no has venido a por él?

Unax siguió con la mirada dónde apuntaba con el pulgar. De todas las cosas que se había imaginado poder encontrar allí, nunca se esperó que viera a Ian en uno de los privados de Aaron bebiendo junto a sus hombres.

-Por tu expresión veo que no.

No le hizo gracia que Aaron viera que le había pillado por sorpresa pero aprovechó esa ventaja para que el pelirrojo se confiara de su vulnerabilidad y no empezara a sospechar de sus segundas intenciones.


El ambiente de fiesta fue interrumpido por una serie de gritos y empujones que llegaron hasta ellos. Por la entrada aparecieron un grupo de individuos con trajes rojos de un material sintético y gomoso, y unos cascos al estilo motero puestos. Iban armados con barras electrificadas con las que empezaron a golpear a los sobrenaturales que tenían a su alcance. Del centro de la pista se comenzó a sentir una pelea y la música cesó (seguramente los músicos dejaron caer sus instrumentos al huir). Al parecer, algunos de paisano pertenecían al mismo grupo de individuos y comenzaron una pelea. Aaron desapareció del lado de Unax y el moreno comenzó a buscar a Ian con la mirada. Un puñetazo volaba hacia él y lo esquivó, interrumpiendo su búsqueda. Giró sobre sí mismo, puso la zancadilla a su atacante y le empujó por la espalda estampándole contra una de las columnas que había a lo largo del local. Otro individuo con casco intentó atizarle con una de las barras electrificadas, le esquivó sin dificultad rompiéndole el casco con los nudillos. El contrario agitó la cabeza y se quitó es casco, lanzándolo lejos y golpeando, sin querer, a uno de sus compañeros.

-Lacashi.

Comentó para sí mismo aturdido. Hacía tiempo que no se sabía nada de esos demonios de ojos rojos y pequeños. Los orificios de su nariz inexistente expulsaban mocos. Era muy  desagradable ver como escurrían los mocos por la piel hasta su boca sin labio y con dientes de piraña. Tampoco tenían pelo ni orejas.

La visión de su boca, escupiendo cada vez que hacían ruidos como si hablaran, era asquerosa. Pocos tenían la capacidad de hablar el idioma de los humanos. Los de alto rango simplemente te hablaban por medio de su mente. Como soldados era valiosos porque seguían órdenes sin cuestionarse nada, eran fuertes y si les atrapaban no había forma de que confesaran.

Vio a tiempo como el demonio sacaba un arma con la que comenzaba a disparar, saltó hacia el suelo, raspándose los codos contra los cristales rotos, rodó y al mirar al Lacashi este cayó justo delante de él con el cuello partido. Alguien delante de él le ofreció una mano. Ian.

-¿Estás bien?

Le agarró y asintió, fijando la mirada en un corte que tenía en la mejilla.

-¿Y tú?

-No es nada. En medio de las peleas han saltado cristales rotos y algunos me han tocado a mí.- Se frotó el rostro con el puño de su jersey.

Un grupo de tres Lacashi les rodearon, Ian y Uanx pusieron espalda contra espalda. Parecía que llevaban años trabajando juntos, se coordinaban a la perfección. Uno se agachaba sin mencionar palabra justo cuando el otro lanzaba un golpe en su dirección y viceversa. Si alguien atacaba a su compañero, el otro le protegía a tiempo. Tras los tres primeros vinieron otros tres, luego de cuatro en cuatro. Parecían nacer del aire.

-Ian cúbreme.

No esperó a que el rubio asintiera, cerró los ojos, escuchando los golpes que el rubio asestaba. Se centró en él, en como respiraba, en cómo podía notar sus movimientos a su alrededor, como bloqueaba cualquier interferencia. Inspiró con profundidad y abrió los ojos liberando un pulso. Una onda invisible golpeó el ambiente, localizó a los demonios Lacashi y chasqueó los dedos. Garras invisibles sujetaron a los enemigos, un abrazo invisible les rompió las costillas, les hizo escupir sangre. Notó que no caían con facilidad, como si tuvieran una armadura invisible que los protegía. Los demonios Lacashi eran conocidos por su estupidez, por como seguían sus órdenes sin objeciones y por su debilidad física humana. No eran Lacashi normales. Unax cerró los ojos, localizó a quien daba los órdenes en el exterior, se centró en él. No era como los demonios soldado, parecía más humano, escondido entre los coches como si fuera un cliente más buscando refugio. Se oponía a la energía del moreno. Inspiró con fuerza, apretó los puños, podía sentir de nuevo la respiración de su compañero, lo usó para centrarse. Concentró su energía, su visión en el ser al mando. Consiguió meterse en su cabeza e implantarle la idea de entrar en el local, una vez que estaba cerca abrió los ojos, fijó la mirada en él y le envolvió con la garra invisible. Presionó la energía invisible con toda su fuerza hasta destrozarle desde dentro. Una vez que él cayó, lo hicieron todos.

Volvió a cerrar los ojos para recuperar la normalidad, inspiró. Las fuerzas empezaron a fallarle,  antes de caer desplomado, Ian le agarró.

Unas palmadas salieron del fondo. Aaaron.

-Bravo bravo Unax, te debo una.

-Me debes más que eso.- Le faltaba aire- Estaban protegidos con algo, no hay manera de que algo como esto me deje tan cansado.

-Un nuevo rival por la zona jugando con lo que no debe… Lo investigaré. ¿Os llevo a casa?

-Que uno de tus hombres nos lleven a mi apartamento. Y asegúrate de que nadie cuente nada de nuestra presencia.- Ordenó Ian.

- Los que han sobrevivido no hablaran, lo prometo.

Unax apenas podía mantenerse consciente. No se explicaba cómo podría estar tan cansado. 


lunes, 20 de febrero de 2017

Especial SV

Día 5

Sí, voy con un retraso importante, pero como me dijo Shin, dijimos que era un reto de 7 días, no que fueran seguidos! Se me está complicando la cosa, pero estoy en ello.

Este reto era el de escribir basándonos en una imagen que nos pasara la otra. Shin me pasó la siguiente:



Desde que la vi todo lo que podía pensar era en Escuadrón Suicida. El ambiente, los colores... Así que me ha salido un fan fic que sigue un poco la línea del que hice en el otro desafío, Misión.

Seguiré poniéndome al día, prometido.

Draven

Misión

El escuadrón tenía una nueva misión, aparentemente sencilla: parar a una bruja loca que pretendía liberar a un ejército de demonios y sembrar el caos por toda la ciudad. Y todo para conseguir la atención de un poderoso dios que dormitaba ante la falta de adoración de los últimos siglos.

- No es por joder, pero el problema de esa bruja es que está más salida que el pico de una plancha. -dijo Harley.

- La rubia tiene toda la razón. -dijo Dice poniéndose junto a ella- ¡Lo que hacen algunas por echar un polvo!

Bueno, es un polvo con un dios al fin y al cabo.

Ahí se metió Boomer, siguiéndolas el juego siempre el primero. Especialmente si era de índole sexual...

- Estás diciendo que los mortales no sabéis...

- Basta ya! He venido para comunicaros la misión y el plan, no para que empecéis a desvariar... -dijo Flag, poniéndose serio. Harley miró a Deadshot poniendo pucheros antes de soltar una carcajada, lo que hizo al hombre reír.

- Por lo que sabemos, la bruja ya ha conseguido liberar a algunos demonios, así que el plan será que cubráis la mayor zona posible para acabar con ella. Iréis por parejas.

La reina de Gotham cogió a Dice de la mano.

- Ni de coña, rubita. Vosotras dos bien lejos la una de la otra.

- Oh, venga ya!

- Quinn irá con Deadshot a ver si la mantiene a raya. Croc y Diablo iréis juntos; Dice, tú irás con el capitán. Intenta no matarle... -dijo Flag sonriendo. Conocía bien las peleas que se traían esos dos, casi siempre fruto de las insinuaciones nada sutiles del australiano- Katana se vendrá conmigo.

- Eres un aguafiestas, soldado. -dijo Harls- Te habríamos dejado mirar...

Harley quiñó un ojo a Flag, que puso los ojos en blanco. Aquellas dos juntas eran increíbles, para bien y para mal. Pero demasiada locura junta no hacía nada bueno por el equipo. Flag miró a Dice con atención.

- Tú eres la clave de nuestro plan, Dice. Cuento contigo para darla el golpe de gracia. Nosotros podemos con los demonios, pero esa maldita loca es muy poderosa...

- Podrías dejar de decir “loca” como algo despectivo? ¡Gracias!

Flag sacudió la cabeza ante el comentario de Harley. Era su eterna voz en la cabeza. De hecho, incluso comenzaba a oírla cuando no estaba. Era como si se hubiese implantado en su cerebro a modo de ángel y demonio. Sólo que en su caso, eran dos demonios sin lugar a dudas.

- Te necesitamos. Acercarse a ella es demasiado peligroso.

- Cuál es su poder?

- Juega con tu mente. No puedo arriesgarme a que manipule vuestra mente y os vuelva contra nosotros. Especialmente a ti. Lo entiendes?

- Mi poder en tu contra? Créeme, Flag, estarías mucho más jodido de lo que tú mismo piensas... 
-Dice suspiró contemplando la situación por un segundo- Vale, está bien. La atacaré desde la distancia. Pero me estás quitando toda la diversión.

Él sonrió. Era muy fácil razonar con Dice. Quizá porque era muy consciente de la magnitud de su poder.

Bien, no hay tiempo que perder así que... En marcha.

Un par de horas más tarde, Boomer y Dice se encontraban agazapados en el solar del que parecían salir los demonios. El australiano estaba relajado. A fin de cuentas Dice estaba allí, nada parecía complicado cuando tenías a una diosa de la tierra de tu lado.

- Entonces qué, diosa? Entramos, terremoto y fuera?

- Deja de llamarme así, capitán. No puedo provocar un terremoto. Sería como dejar la puerta abierta a la horda de demonios que esa perra salida quiere soltar...

- Oops.

- Supongo que tendré que empalarla con un pino. O algo.

- Joder morena, no te andas por las ramas!

Ella le miró escéptica.

- Chiste fácil?

- No, ha sido totalmente fortuito.

Dice no pudo reprimir una sonrisa.

- Por qué crees que nos ha juntado Flag?

- Porque tú y Harley juntas destruiríais la ciudad. Y me habría encantado verlo... -dijo mordiéndose el labio mientras miraba a la morena.

Ella sabía que había algo más. Boomer y ella se pasaban el día a la gresca, pero era un tipo de discusión que ambos disfrutaban. Una especie de juego preliminar, por así decirlo, un tanto peculiar. Pero también hablaban. A excepción de Harley, Boomer era el único que conocía el pasado de la morena. Y cuando la escuchó, no intentó abrazarla, no la miró con pena, ni trató de comprenderla. Lo único que hizo fue dar un trago a su cerveza y decirla aquello que llevaba toda su vida queriendo oír.

Me alegro de que te lo cargaras. Lo merecía.”

Aquello era algo que seguramente no dijese nada bueno acerca de los valores del capitán, pero para ella lo decía todo.

- Y porque nadie te soporta, fantasmón.

- Sí, seguramente también sea por eso.

Una granada sin anilla cayó en medio de ambos, borrándoles la sonrisa de la cara.

- Estarás de coña... -murmuró la chica.

Boomer se lentantó de un salto.

- Corre!!

- Quieeeto...

Con un leve movimiento de muñeca, Dice hizo que la tierra se tragase la granada. Cinco segundos después, el suelo retumbó a sus pies.

- Eso ha estado muy bien, diosa. -dijo Boomer tendiendo su mano para ayudarla a levantarse- Muy, muy bien.

- Lo sé, soy la ostia. -dijo ella tomando su mano para levantarse. Acto seguido se sacudió el culo para quitarse el polvo del suelo y relajó las muñecas- Pero me han tocado los huevos. Yo les lanzo por los aires y tú les rebanas con tus juguetes.

- No son juguetes.

- Lo que tú digas, aussie.(*)

Dice comenzó a hacer crecer árboles en medio de la calzada. Crecían y se desvanecían bajo los demonios en segundos, haciendo que ellos, desorientados al verse en lo alto de la copa de un árbol, cayesen como el plomo cuándo Dice los hacía desaparecer. En ese momento de caída libre, los boomerangs del capitán se encontraban con sus gargantas. La mayoría de los cuerpos aterrizaban ya cadáver.

- Empiezan a gustarme tus juguetes, Boomer! -dijo la chica mientras veía como una de sus armas rebanaba el cuello de tres demonios en su viaje de vuelta. El capitán lo cogió sin dejar de mirarla.

- Y eso que no has visto los buenos...

En ese momento, un arma desconocida para ambos sobresalió del estómago de Boomer. Dice lo asimiló antes que él mismo, que miraba a la chica confundido. Ella miró tras él y vio a la bruja, con su pelo plateado manchado con la sangre del capitán. 

No razonó. No pudo. Sabía que debía salir de allí para que no pudiera jugar con su mente, para que no la controlase. Pero en el fondo de su ser sabía que en aquel momento nadie podría controlarla. Dice sacó dos raíces del suelo que sujetaron a la bruja por las muñecas en cuanto dio un paso hacia ella. La morena notó cómo el cuerpo de Boomer caía al suelo desplomado. Fue entonces cuando un tronco salió de golpe del suelo, destrozando el asfalto, y atravesando por completo el cuerpo de la bruja. La destrozó por completo.

Poco a poco, la chica comenzó a salir de su trance. Las manos la temblaban. Sabía que su alma pagaría por muertes como aquella. Sádicas. Crueles.

Pero cuando vio a Boomer herido no pudo evitarlo. Y tampoco quiso.

El capitán se sujetaba la herida del estómago, respirando con dificultad. Había visto la forma en la que la chica había acabado con aquella zorra, y una pequeña sonrisa asomaba a sus labios. Le importaba. Aunque fuese un poco.

- Boomer... Boomer, joder...

Dice contempló la herida. Era profunda y perdía sangre a un ritmo alarmante. No había forma de que llegase a un hospital a tiempo.
Suspiró profundamente. Tendría que hacerlo. No podía... No...
Boomer la cogió de la mano, sacándola de sus dudas. Entonces se dio cuenta de que una lágrima resbalaba por su mejilla.

- Dice.

- Shh... Cállate, reserva fuerzas.

Él se miró la herida.

- No hay forma de salir de esta, diosa. Pero está bien. Siempre he estado preparado para morir. He caído peleando a tu lado, y he podido ver como destrozabas a esa hija de puta. -él sonrió, tosiendo durante el proceso- No puedo pedir más.

- Calla...

- Me alegro de que seas lo último que vaya a ver. .-él apretó su mano- Sé que te gusto. Lo he notado por cómo la has matado, Dice.

- Ni antes de morir vas a dejar de decir tonterías? -dijo ella limpiándose las lágrimas.

- Tú también me gustas, diosa. Eres de armas tomar.

Ella sonrió y finalmente tomó una decisión. Probablemente una de las más estúpidas de su vida.
Bueno, desde que se unió al escuadrón era como si sólo tomase decisiones de ésas...

- Vale, a ver, escúchame bien Boomer. No te vas a morir.

- Claro amor, sigamos fingiendo si es lo que quieres.

- Que te calles, animal! Necesito... -resopló- Necesito que me escuches de verdad, Boomer. Necesito que confíes en mí y que no le digas ni a un alma lo que va a pasar. De acuerdo?

- Estás empezando a asustarme... -dijo él en un susurro. No la quedaba mucho tiempo.

- Júramelo, Digger. Por favor.

Él procuró abrir bien los ojos, aunque apenas le quedaban fuerzas.

- Te lo juro.

Dice cogió aire y puso una mano en la herida de Boomer y otra en el suelo. Ni siquiera sabía si aquello iba a funcionar, pero tenia que hacerlo. Tenía que ser capaz.
Tras aquel terremoto que la convirtió oficialmente en una criminal, Dice comenzó a buscar información acerca de su poder. A fin de cuentas, no podía hacer mucho más estando en la cárcel. Así comenzó a darle vueltas a la idea de que, si a fin de cuentas los humanos no son más que materia, moléculas y todo ser vivo está íntimamente ligado a la tierra... Quizá ella fuese capaz de manipularlo para regenerarse.
La costó horrores. Muchas de las cicatrices que tenía se las había hecho ella misma en su afán por curarse. Tuvo que estudiar mil libros de anatomía y medicina, saber qué tejidos podía manipular y cuáles no, y los necesarios para la curación. Tardó muchísimo en ser capaz de curar un pequeño corte en la mano... Pero lo consiguió.
No era fácil, y la dejaba completamente exhausta. Ella creía que era porque jugaba fuera de su elemento natural, ya que el setenta por ciento del ser humano es agua.

Pero jamás se había enfrentado a una herida semejante. La razón era, básicamente, que quería mantener aquel poder en secreto. Si lo descubría, la encerrarían de inmediato. Porque si era capaz de manipular a un humano para curarle, quizá lo fuese también para mutarle... Y no quería ni pensar en ello.

Sin embargo, no tenía dudas. No podía dejar que Boomer muriese. No de aquella forma, no por un descuido... Y desde luego no delante de ella. No sin que hiciese algo. Aquel capullo tenía razón. Entre discusión y discusión, había llegado a sentir algo por él. Y se odiaba por ello. Como si no tuviese ya bastantes problemas como para añadir los amorosos a la lista.

Tras lo que la parecieron horas, notó como Boomer la apretaba el muslo con fuerza. Sus ojos estaban abiertos de par y par. Echó un vistazo y la herida parecía cerrada. Tierna, y con sangre por todas partes, pero cerrada. Ella le miró sonriendo, y se desplomó en sus brazos.

- Dice!!

- Estoy bien... -susurró ella acomodándose entre los brazos del hombre, que la sujetaba firmemente- Sólo cansada.

- Pero...

- Recuerda. Me lo has jurado, Digger.

Él sonrió y la besó suavemente en la frente.


- Sí. Te lo he jurado, diosa.

domingo, 19 de febrero de 2017

Especial SV

Día 7 Especial San Valentín.

Reto: Escribir un relato inspirado y con normas que nos diga la compi.
Draven me dio las siguientes indicaciones:
“…debe incluir un ser fantástico (no ha de ser necesariamente un personaje principal), tiene que ser de amor potito (nada de morir de/por amor), y quiero que te inspires en el último libro que hayas leído…”

El último libro que he leído y terminado es Ruina y Ascenso de Leigh Berdugo.

Relato:  Alea.

Del relato debo decir que aunque me he inspirado en el libro no significa que siga el argumento a modo fan fic. Espero cumplir las reglas. No sé si es amor potito pero intentar, lo he intentado. No lo he reescrito por tanto me da miedo como lo estoy presentando… la la la

Mi último día en el reto. Tenía ganas de finalizarlo. Tanto amor me quitaba las ganas de escribir. Si fuera un relato largo quizás no me costaría tanto porque es algo que podría ir apareciendo pero, en relatos cortos… Uff. Sentía que lo estaba incluyendo a la fuerza, empujándolo como cuando meto la ropa hecha bola en el armario y no cierra la puerta.


Me voy a cenar. Estoy deseando leer los relatos de Draven.

See you
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Alea

En el país vecino las guerras estaban activas. Vivir en Junka, una isla con suministros propios, les mantenía a salvo durante un tiempo. La gente de allí sabía que solo era cuestión de tiempo que quisieran invadirles y robarles. Su única defensa eran los rezos a sus dioses para mantener los barcos alejados y continuar con sus pacíficas vidas.

Kieshka era una de las deidades que adoraban en la isla. La representaban como un pájaro grande, del tamaño de las aves de caza y plumas turquesas del color del mar. El origen de que creyeran que era un pájaro se debía a los relatos de los pocos que la habían visto volar a la luz del día, después de obrar lo que ellos llamaban milagros. Su vestido turquesa ondeando en el cielo y entre las ramas de los árboles empezó a crear esa leyenda sobre su apariencia. No le disgustaba el animal que habían escogido. A algunos de sus antepasados les había representado en formas graciosas que habían dado lugar a chistes entre los de su raza.

Se ocultaban entre las cuevas de las montañas. Allí donde los humanos no podían llegar. Casi no se relacionaban con ellos. La adoración podía convertirse en medio y darles caza como había pasado en países vecinos.

Era otro día más en la isla cuando Kieshka bajó de la montaña hasta uno de los rincones secretos de la playa. Gracias a que su acceso era peligroso, podían disfrutar de ese rincón sin temer ser descubiertos.
Estaba chapoteando en la orilla del mar cuando escuchó un gritó seguido de algo caer en el agua. Corrió hasta el origen del sonido y se escondió cuando vio salir a una chica de color dando grandes bocanadas de aire. Al parecer intentaba bajar con cuidado por la pared rocosa. Se quedó mirando como su larga cabellera se le pegaba al cuerpo como sanguijuelas mientras ella luchaba por ponerse en pie. Cuando la joven consiguió salir se desplomo de espaldas en la arena y comenzó a reír.

-Oye, te vi cuando caía.

La joven tumbada sobre la arena giró sobre sí, mirando hacia las rocas en las que la deidad se escondía de su mirada.

-No voy a hacerte daño. No podría. Solo soy una humana.- Insistió.

Kieshka salió. No temía a los humanos y menos en un uno contra uno.

-Gracias.- Dijo la morena mientras se colocaba en pie y despegaba la tela de su cuerpo, intentando estar presentable.

-¿Quién eres?

-Soy Alea. Vivo en una de las aldeas del este de la isla.

-Eso está lejos de aquí.- Apartó de su mente el destello de un recuerdo.

-Creí que tardaría menos en llegar. Llevo tres días de viaje.

Cuando Kieshka llegó a su lado vio un corte en su brazo, colocó la mano sobre la herida y la sanó ante la atenta mirada de la chica. Al terminar retiró la mano. Alea se la sujetó y besó sus dedos, sonrojada. La deidad estaba acostumbrada a ver la pasión de los fieles en los altares y reuniones para rezar pero era la primera vez que lo vivía en su piel.

-N-no hace falta que hagas eso.- Consiguió musitar retirando la mano del agarre.

-Lo siento, no he podido evitarlo. Te he estado buscando.

Kieshka se puso en guardia, preparada para defenderse. Alea, al ver su reacción, agitó las manos para mostrar que no era peligrosa, se apartó sus rizos negros de la cara y mostró sus ojos azules. La deidad contuvo la respiración y no se alejó cuando la chica ser acercó a ella y tomó sus manos, llevándoselas a la mejilla.

-Tú eres la chica que se perdió en las montañas hace medio año. A quien guié de vuelta a casa.

-Así es. No solo me guiaste de vuelta  a casa. También hacia comida y agua para que sobreviviera al viaje. Me encontraste cuando estaba mal herida y me curaste.- Llevó las manos hasta su frente.- Noté tus labios aquí, el calor que desprendiste. Cada día que nos acercábamos a la aldea me invadía un sentimiento de tristeza que me confundía. Dime que tú también lo sentiste.

-Sí, lo sentí.

La piel blanca de la deidad destacaba sobre la tez oscura de Alea.

-Cuando me dejaste en mi hogar, aunque todos estaban felices por mi regreso yo sentí que te habías llevado mi corazón. Cada día que pasaba me hundía más en la tristeza, deseando verte en las alturas. Aunque nunca te dejaste ver con claridad he sabido que eras tú cuando me has sanado. Mi corazón ha reconocido la sensación. Te echaba de menos.

Kieshka había tratado de olvidar aquella historia porque le había ocurrido lo mismo. Después de dejarla sana y salva se había pasado una buena temporada en las montañas, alejada de sus iguales, mirando hacía los bosques que los protegían. Echaba de menos los días en que guiaba en la distancia a la chica perdida. En como escuchaba sus historias, su risa, sus quejas. Como trató de alcanzarla como un juego del escondite entre las dos. Como la observaba dormir quería abrazarla para protegerla del frío. Nunca olvidó su mirada el día que la dijo adiós. Pensó que no podría volver a sonreír jamás.

-Alea…

La joven volvió a llevar los labios a sus manos. La deidad se soltó de nuevo de su agarre para sujetar el mentón de la chica, alzarlo y besarla. La boca de Alea era salada, sus manos se enredaron con timidez en su cabello rubio. Profundizó más en el beso, obligándola a arrodillarse con ella sobre la arena. Exploraron sus cuerpos mutuamente con las continuas caricias del mar.

No contaron las veces que vieron anochecer y amanecer mientras estaban allí. Habían acondicionado una cueva de la pared rocosa. Su rincón, su hogar podría ser cualquier sitio siempre que estuvieran juntas. Jamás se volverían a separar.


sábado, 18 de febrero de 2017

Especial SV

Día 6 Especial San Valentín.
Reto: Escribir un relato inspirado en el título de un libro.
Draven me dio Susurros, de A. G. Howard
Relato: Antes.

Hoy no estoy en condiciones de escribir. El periodo, la pereza, la falta de tiempo y que dar escusas es más fácil que hacerlo bien… lalalalala

Me voy a por más chocolate.

See you
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Antes

Apenas podía asimilar las palabras que su pareja le estaba diciendo. Viendo que no reaccionaba se las volvió a repetir.

-Lo siento Yoli. Quiero que rompamos.

En cuestión de segundos sus pensamientos se llenaban de preguntas y al siguiente se quedaba en blanco. No conseguía responderle nada. Le miraba, apartaba la vista, volvía a mirarle. Vio cómo se impacientaba moviendo las manos, frotándose la nuca.

-¿Por qué?- Consiguió preguntar a Joan.

Yoli sabía que era una pregunta típica pero por alguna razón es lo único que había conseguido pronunciar.  Sintió que mentía si le dijera que no se lo esperaba pero la verdad era que durante semanas había notado cambios, como susurros que la alertaban de que algo pasaba. Ella los silenciaba centrando su atención en otras cosas. No quiso darles importancia porque nunca le gustó ser de las que por todo hacen un drama. Se dijo así misma que son las típicas cosas de pareja y que si le daba importancia crearía problemas donde no los hay. Se arrepintió de haberlos ignorado.

-Sé que suena a típico pero no es por nada que hayas hecho. He dejado de sentir lo que sentía por ti.

-¿Ya no me quieres?- Yoli se sorprendía de su apatía hacia lo que estaba pasando.

-Te quiero pero no te amo.

-No quiero preguntar lo típico, Joan.

-No hay otra persona. Con el tiempo mis sentimientos se han ido apagando. Desconozco el motivo y no te culpo por ello. Tampoco me culpo a mí, no es algo que haya hecho a propósito.

-¿Por qué no me lo dijiste? Quizás podríamos…

-Yoli… Nos complementamos bien. Nos conocemos bien pero ya está. La magia se ha apagado. Lo he alargado durante un tiempo y empezaba a sentir enfado hacia a ti. Me contuve porque no es razonable. No tienes que pagar mi mal humor por algo que escapaba a nuestro control.

-Gracias, supongo.- Respondió irónica a Joan.

-No puedo evitar que te enfades y no quería herirte pero seguir con una mentira sería malo para los dos. No es justo pero es lo que hay.

-Ajam…

La chica estaba molesta, herida, frustrada. Se sentía idiota por no haberse dado cuenta y le llenaba de rabia no poder cargar contra él. No quiso dejarse llevar por las emociones. En frío podía comprender que lo que Joan decía era sincero pero eso no lo hacía menos doloroso. Quiso echarle en cara que quizás podría haber reavivado la chispa de habérselo dicho, buscar alguna forma de no perder su relación pero se contuvo. Más por orgullo que por racionalidad.

-Me gustaría que siguiéramos siendo amigos. Te aprecio y no quiero que esto estropee lo que puede ser una bonita amistad.

-Lo entiendo Joan y, lo pensaré. Ahora mismo no puedo.


El chico sonrió comprensivo y se despidió dándole un beso en la mejilla. Yoli cogió el móvil, conectó los auriculares y volvió  a casa silenciando el caos de su cabeza con la música alta. Por mucho que odiase lo que acababa de suceder no podía cambiarlo y tenía que empezar a afrontarlo. Adaptarse a la nueva situación de su vida pronto, antes de que el shock se disipara y empezara a hundirse en la tristeza. Antes de que la angustia la noqueara y el dolor la golpease con fuerza en el interior de su pecho. Antes de que sintiera que el mundo bajo sus pies la tragara. Antes…

Especial SV

Día 4 del especial SV

Voy con retraso, lo siento muchísimo. En mi casa han empezado las obras, y los madrugones no me sientan bien. Ayer, pese a tener la idea en la cabeza, no la supe desarrollar y caí redonda enseguida al llegar a casa T.T

Hoy pretendía subir dos relatos, el de ayer que es este, Photo Shoot, y el que corresponde a hoy. Pero con todo el dolor de mi corazoncito, me voy a plantar con este, porque estoy un poco muerta. De verdad que no soy un ser mañanero, y si duermo poco no soy persona en todo el día. Confío en ser capaz de escribir el de hoy mañana entre la mañana y el mediodía y poder subirlo por la tarde, e intentar subir el que toca por la noche. Entre obras y curro no doy más de mí, I'm so sorry T.T

PD: la imagen que me ha puesto Shin para el reto promete. Yo sólo digo eso.

Draven

Photo Shoot

Su jefe era un capullo. Ella lo sabía, llevaba segura de ello dese el principio. No es que fuese mala persona, pero tenía un sentido del humor, digamos, peculiar. Disfrutaba poniéndola al límite, lo que Kat no entendía ya que si su trabajo salía mal, ¡él perdía! El caso es que por alguna razón para aquella sesión de fotos la había mandado al peor modelo que había visto nunca. Era atractivo, pero no tenía ningún carisma. Y para rematar, el tipo iba de divo por la vida, lo que terminaba con los pocos nervios que le quedaban a la chica. Llevaba casi una hora mirando por su objetivo, y lo que veía la dejaba fría. Aquel anuncio tenía que seducir de un primer vistazo, y con este modelo lo único que podía anunciar… Sería hielo.

Comenzó a juguetear con la antorcha, que había encendido por si acaso al divo era uno de esos especímenes que mejoraba con las combinaciones de luz más descabelladas… Pero nada. Ni antorcha, ni flashes, ni luz directa, ni difuminada, ni un puñetero genio arreglaba la falta de sangre de su modelo.

- ¿Problemas?

Al oír la voz de su jefe tras ella, dio un respingo.

- Adam… ¿Es que no sabes hacer ruido cuando entras? Te voy a poner un cascabel.

Cualquiera que viese la relación entre los dos se sorprendería por la forma en la que la pelirroja trataba a su jefe. Pero aquello era una empresa pequeña, que él había empezado con su hermana hacía algunos años. Ella se encargaba del departamento de diseño gráfico y era quién había contactado con Kat después de ver una exposición de su trabajo en un bar. Adam no era un jefe, era un compañero más. Era el primero el llegar a la oficina y el último en salir, y no se le caían los anillos ayudando a cargar y descargar material en las sesiones, o romperse la cabeza pensando en la mejor forma de captar nuevos clientes.

- Miau…

Pero su carácter era un tema aparte.

- Vete a cagar, gatito. -dijo ella pasándose las manos por el pelo, desesperada- No puedo trabajar con él. -admitió Kat- Lo siento, no puedo. Tú ganas, no soy capaz de hacer mi trabajo.

Adam sonrió ampliamente y miró las fotos que la chica había tomado hasta ahora. Sólo había dos, y una era un primer plano de sus manos. La foto en la que salía él era profundamente penosa. No transmitía nada.
Extrañado, porque conocía a la perfección el trabajo de Kat, miró por el objetivo. Aquel chaval era aún peor de lo que su colega le había contado.

- Joder…

- ¡Menos mal! -dijo ella- Adam, toda la campaña se basa en la seducción y la sensualidad. Y esto… -dijo ella señalando al chaval que seguía sin inmutarse sentado en su banqueta- Esto es un iceberg.

En aquel momento, a Adam le brillaron los ojos. Llevaba meses pensando en algo, y hasta ahora no se había atrevido. Comenzó a desabrocharse la camisa ante la atenta mirada de su fotógrafa.

- ¿Y tú qué haces ahora, exhibicionista?

- Eh, chaval -Adam le habló al modelo, pero éste ni se inmutó- ¡Chaval!

- ¿Es a mí? -dijo por fin el modelo.

- ¿Pero es que tú ves a alguien más por aquí? Venga, largo de aquí.

- Oiga, me está sacando de mi motivación, yo…

- Mira chaval, -dijo Adam poniendo una mano en el hombro del chico- búscate un trabajo. En serio. 
No lo digo por desmotivarte pero a la cámara le das igual.

- ¿Disculpe?

Adam oyó a Kat reprimiendo una carcajada.

- Que no tienes futuro en esto. Ya me lo habían dicho, pero hay que verlo para creerlo. No hagas perder el tiempo a más agencias y busca un trabajo en el que la falta de sangre te pueda beneficiar. Hala, arrea.

Con la indignación por bandera, el chaval salió airoso del estudio mientras Adam se quitaba la camisa y la tiraba al suelo sin más miramientos.
Cuando se giró para mirar a Kat, ésta tenía el ceño fruncido.

- A ver, gatito, explícame eso de que tú ya sabías que el divo del tres al cuarto era malo. Explícamelo porque igual acabas castrado.

Adam se llevó la mano al cinturón sonriendo ampliamente. Ella enarcó una ceja. En cualquier puesto de trabajo, que tu jefe se pasara la vida flirteando hasta con las plantas, podía considerarse cuando menos inapropiado. Y eso cuando se controlaba, si no lo hacía los comentarios que salían de su boca eran auténticas burradas. Pero cuando le veías tocando el culo de su mejor amigo, que también trabajaba allí, o metiendo el dedo en la oreja a su hermana… Él era así, excepcionalmente extrovertido. Sincero hasta la mala educación con sus allegados, leal hasta la muerte con sus amigos. Kat había visto a multitud de becarias caer rendidas a sus pies en el año que llevaba trabajando allí. No era para menos. Dejando aparte el hecho de que era un conquistador nato, Adam estaba de muy buen ver. Pero no sólo era eso, era la forma en la que emanaba sexualidad. Por mucho que la doliese reconocerlo, por mucho que se negase y se enorgullecerse de no haber caído en su cama... tenía que reconocer que a menudo llegaba a su casa con un calentón importante. Esa mezcla de imbécil insistente junto con los momentos en los que se quedaba con ella en la oficina cuando el trabajo se alargaba para que no estuviese sola, o cuando la sorprendía con cajas de pizza en medio de una sesión porque sabía que se la habría olvidado comer… Eso la podía. El problema era que no estaba dispuesta a ser una muesca más en su cama, y mucho menos a poner en riesgo su trabajo.

- No sé de qué me hablas. -dijo Adam, aún sonriendo.

- No me los toques, porque llevo dos horas de mi tiempo perdidas por tu cabezonería.

- Vale, vale… -dijo él alzando las manos en señal de rendición- ¿Recuerdas la otra noche?

Los viernes al salir de trabajar, el equipo solía reunirse en el bar que había debajo de sus oficinas para tomar unas copas. Además de relajarse y pasar un rato divertido, a menudo también era una buena fuente de ideas. De hecho, Adam siempre decía de deberían trabajar borrachos, pero su hermana se encargaba de darle una colleja y devolverle al mundo de los adultos.

- No des rodeos, ¡y deja de desnudarte ya!

Él sonrió.

- ¿Por qué? ¿Es que te pongo nerviosa?

- De los nervios me pones, y cuando te sale el chulo de playa ése que llevas dentro, más.

- Cuando dijiste que eras capaz de hacer irresistible a cualquiera a través de tu objetivo, me dieron ganas de comprobarlo… Y un colega de The Glare me dio el número de este tío.

Ella le miró con los ojos entrecerrados.

- ¡Tu brújula moral está seriamente dañada, Adam! Tanto te molesta que sea buena en mi trabajo que tienes que traerme a este… ¡a este bicho! ¿Sólo para probar que no soy capaz de hacer algo?

- Kat…

- ¡Y encima es que eres gilipollas! ¡Estás dispuesto a perder esta campaña sólo para probar que tienes razón! ¡Es que eres más tonto que una puta piedra, Adam, eres idiota perdido! ¡Y que te vistas joder!

Adam estaba con los vaqueros desabrochados y descalzo. Podía entrever la línea de vello que desaparecía por la ropa y no sabía si lo que la estaba poniendo nerviosa era él, o ÉL. Pero la apetecía pegar a alguien.

- Venga, sólo estaba metiéndome contigo. No te pongas así…

- ¡Estás jugando con mi trabajo, capullo! Con mi reputación, y a mí, al contrario que a ti, no me la suda lo que piense el resto del mundo.

- Pues debería. Eres increíble en tu trabajo y tú lo sabes. Tu jefe también. Joder, los clientes preguntan por ti expresamente. ¿Qué importa lo que piensen los demás?

- Mi jefe es un imbécil integral.

- Tu jefe disfruta poniéndote a prueba porque cuando te cabreas te conviertes en una criatura exquisita.

Ella bufó. Literalmente, igual que un gato. Adam tuvo que reprimir una carcajada, porque estaba seguro de que si se reía en aquel momento, le sacaba los ojos.

- No puedo contigo. -suspiró ella, pasándose las manos por el pelo- Me jodes la sesión y ahora empiezas a flirtear conmigo… ¡Estoy hasta las narices de ti! -le soltó- Todo el día echando pullas, todo el día jugando, bromeando, todo el día detrás de la primera falda que te pasa por delante. ¡No dejas títere con cabeza! Y llevo más de un año siendo tu juguete favorito por el simple hecho de que no has conseguido encandilarme como al resto de huecas aneuronadas que te llevas a la cama. Porque, si lo hubieras conseguido, los dos sabemos que a estas alturas ¡ni siquiera te acordarías de mi nombre! Y me tienes hasta los huevos, hasta los mismísimos huevos, Adam. En serio, si tanto te frustra que no me acueste contigo, cómprate un puñetero diario y escribe tus penas en él, ¡pero deja de joderme los trabajos!

Adam se aceró a ella y antes de que la diera tiempo preguntar qué diablos hacía, la besó. Fue intenso pero con cuidado, porque el chico estaba esperando el tortazo que podía caerle en cualquier momento.

Pero no le cayó. Al ver que ella le correspondía, la agarró suavemente de la cara, profundizando en el beso mientras oía la música que Kat había puesto de fondo para agilizar las fotos con aquel modelo. Al final, ella le apartó.

- ¿Pero qué te crees que haces?

 - Pues las cosas mal. -dijo él en un arranque de sinceridad- Porque yo pensaba en utilizarnos a los dos como modelos para la campaña y luego invitarte a cenar, pero estabas tan cabreada…

- Como me digas que te pongo cabreada, te suelto un guantazo.

- No, no era eso. Que también, pero no… -sonrió Adam, apartándola un mechón de pelo de la cara con suavidad- Ya sé que piensas que soy un cerdo que se tira a todo lo que se mueve, eso lo has dejado claro. Pero en realidad sólo tengo la boca como un maldito buzón. -rió- Flirteo, y digo burradas, y es cierto que no soy ningún santo. Pero de todas las guarradas que te imaginas, sólo puedes atribuirme una cuarta parte.

Ella le miró enarcando una ceja.

- ¿Qué? Diría la mitad, pero ambos sabemos que tú eres muy exagerada…

Kat sonrió.

- Nunca había imaginado un escenario en el que me invitases a cenar. Había imaginado empotramientos salvajes, encierros en los baños, incluso alguno que incluía el billar del bar de abajo… Pero una cena, nunca.

Adam se apretó contra ella, con media sonrisa.

- Después de esa cena, puedo asegurarte que eso de los empotramientos lo hablaremos detenidamente.


La pelirroja le miró y se preguntó si estaría siendo sincero o era sólo un intento más de salirse con la suya. Él se abrazó a ella, besándola en el cuello con dulzura. Mantuvo sus manos en la cintura de la chica, sin pasarse ni un milímetro y ella supo que sería una insensata por una vez. 

Al fin y al cabo, ¿el amor no se basa en eso?