martes, 28 de febrero de 2017

Compañeros de la sombra

Capítulo 4
Unax

En poco tiempo habían llamado de forma molesta en la puerta de su casa. “Menos mal que mi ubicación es secreta”. Pensó malhumorado mientras se dirigía a abrir la puerta. No le hizo ninguna gracia encontrarse con la ayudante de Lilith y automáticamente bloqueó la puerta para que no se tomara la confianza de entrar sin su permiso.

-Mmm Sharon, ¿verdad? ¿A qué has venido?

- Lilith quiere un favor.

La notaba seria y contenida, sin restos de su conducta prepotente anterior.

-¿Quieres decir un trabajo?

-Sí y no. ¿Podemos hablar dentro?- Respondió la ayudante con un ápice de impaciencia.

-Depende de lo que signifique ese “sí y no”.

- Quiere que lo trates como un favor personal, y a cambio te deberá otro favor a ti. Dijo que esto lo valorarías más que cualquier pago.

Unax se apartó y abrió la puerta, invitándola a pasar. Un favor de Lilith era más valioso que cualquier otro pago.



Después de la reunión, se vistió algo más arreglado que de costumbre y le pidió a Sharon que le acercara al centro. Allí tomó un autobús específico. Solo quienes pertenecían al mundo sobrenatural conocían la verdadera ruta del automóvil. Su objetivo era trasladar a aquellos que pertenecían a dicho mundo a una zona dónde podrían ser ellos mismos, satisfacer sus necesidades naturales y relajarse. La ciudad era grande, con varias zonas de fiesta muy conocidas pero a la que se dirigía Unax se encontraba a las afueras. Uno de los muchos polígonos abandonados de la ciudad. A vista de avión, la ciudad estaba en el centro, rodeada por polígonos casi en desuso. Las empresas quebraban, se abandonaba o se trasladaban a zonas más habitadas de otros negocios para que fuera más fácil para sus clientes. Esto beneficiaba a los sobrenaturales, les daba facilidad para crear sus propias zonas de confort. Incluso provocaban que los humanos se trasladaran para que ellos pudieran quedarse con dichas zonas.Por el día eran negocios por la noche fiesta y ocio.

Entró en uno de los locales. Habían repintado las fachadas en colores místicos, los portones estaban abiertos en principio pero la segunda puerta era más estrecha. Los porteros observaban el paso de los clientes. El interior era muy amplio, en la planta baja todo era una pista de baile, en los extremos sofás, rincones de confort, hamacas, mesas bajas, luces de baja intensidad, pequeños apartados con cortinas… En el fondo música en directo de tipo indi y a ambos laterales barras para consumir. La planta de arriba tenía vistas a la planta baja, y también tenía apartados y las oficinas del dueño estaban en la tercera planta.

-Unax, me alegro de verte en mi local. Como siempre, tienes buen gusto.

-Hola Aaron. Veo que lo has redecorado.

-Me gusta destacar y atraer a clientes.

-¿Sigues con tus malos hábitos?

-Es mi forma de vida. No juzgues al obrero por su trabajo, ¿te ha mandado Lilith?

-  ¿A caso no puedo venir por mi propio interés? – Desvió la pregunta. No le resultaba difícil esquivar responder y se preguntaba cuando sabía el pelirrojo sobre lo que tenía Lilith entre manos.

-¿Entonces no has venido a por él?

Unax siguió con la mirada dónde apuntaba con el pulgar. De todas las cosas que se había imaginado poder encontrar allí, nunca se esperó que viera a Ian en uno de los privados de Aaron bebiendo junto a sus hombres.

-Por tu expresión veo que no.

No le hizo gracia que Aaron viera que le había pillado por sorpresa pero aprovechó esa ventaja para que el pelirrojo se confiara de su vulnerabilidad y no empezara a sospechar de sus segundas intenciones.


El ambiente de fiesta fue interrumpido por una serie de gritos y empujones que llegaron hasta ellos. Por la entrada aparecieron un grupo de individuos con trajes rojos de un material sintético y gomoso, y unos cascos al estilo motero puestos. Iban armados con barras electrificadas con las que empezaron a golpear a los sobrenaturales que tenían a su alcance. Del centro de la pista se comenzó a sentir una pelea y la música cesó (seguramente los músicos dejaron caer sus instrumentos al huir). Al parecer, algunos de paisano pertenecían al mismo grupo de individuos y comenzaron una pelea. Aaron desapareció del lado de Unax y el moreno comenzó a buscar a Ian con la mirada. Un puñetazo volaba hacia él y lo esquivó, interrumpiendo su búsqueda. Giró sobre sí mismo, puso la zancadilla a su atacante y le empujó por la espalda estampándole contra una de las columnas que había a lo largo del local. Otro individuo con casco intentó atizarle con una de las barras electrificadas, le esquivó sin dificultad rompiéndole el casco con los nudillos. El contrario agitó la cabeza y se quitó es casco, lanzándolo lejos y golpeando, sin querer, a uno de sus compañeros.

-Lacashi.

Comentó para sí mismo aturdido. Hacía tiempo que no se sabía nada de esos demonios de ojos rojos y pequeños. Los orificios de su nariz inexistente expulsaban mocos. Era muy  desagradable ver como escurrían los mocos por la piel hasta su boca sin labio y con dientes de piraña. Tampoco tenían pelo ni orejas.

La visión de su boca, escupiendo cada vez que hacían ruidos como si hablaran, era asquerosa. Pocos tenían la capacidad de hablar el idioma de los humanos. Los de alto rango simplemente te hablaban por medio de su mente. Como soldados era valiosos porque seguían órdenes sin cuestionarse nada, eran fuertes y si les atrapaban no había forma de que confesaran.

Vio a tiempo como el demonio sacaba un arma con la que comenzaba a disparar, saltó hacia el suelo, raspándose los codos contra los cristales rotos, rodó y al mirar al Lacashi este cayó justo delante de él con el cuello partido. Alguien delante de él le ofreció una mano. Ian.

-¿Estás bien?

Le agarró y asintió, fijando la mirada en un corte que tenía en la mejilla.

-¿Y tú?

-No es nada. En medio de las peleas han saltado cristales rotos y algunos me han tocado a mí.- Se frotó el rostro con el puño de su jersey.

Un grupo de tres Lacashi les rodearon, Ian y Uanx pusieron espalda contra espalda. Parecía que llevaban años trabajando juntos, se coordinaban a la perfección. Uno se agachaba sin mencionar palabra justo cuando el otro lanzaba un golpe en su dirección y viceversa. Si alguien atacaba a su compañero, el otro le protegía a tiempo. Tras los tres primeros vinieron otros tres, luego de cuatro en cuatro. Parecían nacer del aire.

-Ian cúbreme.

No esperó a que el rubio asintiera, cerró los ojos, escuchando los golpes que el rubio asestaba. Se centró en él, en como respiraba, en cómo podía notar sus movimientos a su alrededor, como bloqueaba cualquier interferencia. Inspiró con profundidad y abrió los ojos liberando un pulso. Una onda invisible golpeó el ambiente, localizó a los demonios Lacashi y chasqueó los dedos. Garras invisibles sujetaron a los enemigos, un abrazo invisible les rompió las costillas, les hizo escupir sangre. Notó que no caían con facilidad, como si tuvieran una armadura invisible que los protegía. Los demonios Lacashi eran conocidos por su estupidez, por como seguían sus órdenes sin objeciones y por su debilidad física humana. No eran Lacashi normales. Unax cerró los ojos, localizó a quien daba los órdenes en el exterior, se centró en él. No era como los demonios soldado, parecía más humano, escondido entre los coches como si fuera un cliente más buscando refugio. Se oponía a la energía del moreno. Inspiró con fuerza, apretó los puños, podía sentir de nuevo la respiración de su compañero, lo usó para centrarse. Concentró su energía, su visión en el ser al mando. Consiguió meterse en su cabeza e implantarle la idea de entrar en el local, una vez que estaba cerca abrió los ojos, fijó la mirada en él y le envolvió con la garra invisible. Presionó la energía invisible con toda su fuerza hasta destrozarle desde dentro. Una vez que él cayó, lo hicieron todos.

Volvió a cerrar los ojos para recuperar la normalidad, inspiró. Las fuerzas empezaron a fallarle,  antes de caer desplomado, Ian le agarró.

Unas palmadas salieron del fondo. Aaaron.

-Bravo bravo Unax, te debo una.

-Me debes más que eso.- Le faltaba aire- Estaban protegidos con algo, no hay manera de que algo como esto me deje tan cansado.

-Un nuevo rival por la zona jugando con lo que no debe… Lo investigaré. ¿Os llevo a casa?

-Que uno de tus hombres nos lleven a mi apartamento. Y asegúrate de que nadie cuente nada de nuestra presencia.- Ordenó Ian.

- Los que han sobrevivido no hablaran, lo prometo.

Unax apenas podía mantenerse consciente. No se explicaba cómo podría estar tan cansado. 


2 comentarios: