miércoles, 15 de febrero de 2017

Gangsta

Lanzó otra botella de vino tinto contra la pared del salón con la suerte de acertar en uno de los cuadros que decoraban la estancia. Los cristales tintinearon en el suelo mientras el vino resbalaba como una pequeña cascada roja sobre la pintura.

La noche anterior había sido una pesadilla. Tuvo una reunión rutinaria con sus subordinados y había planeado invitarles a cenar como tenía costumbre. Pedir comida y beber. Estaba convencida que a esas alturas de la vida ya nadie la subestimaba por ser joven y mujer. La llevó tiempo ganarse la confianza de los subordinados de su abuelo, el anterior jefe del grupo. Se reunió con los generales de las secciones y escuchó peticiones de los rangos inferiores. Se hizo respetar mostrando comprensión cuando se merecía y brutalidad cuando era necesaria. Incluso se había apoyado en sus consejeros, quienes se habían ganado el puesto y su confianza. Todo fue mentira.

Cuando la reunión finalizó y con ello el ambiente de trabajo, uno de sus consejeros disparó al otro y después le apuntó a ella. La chica era buena en su trabajo y la bala le rozó el costado al tirarse al suelo. Los traidores mataban a quienes la eran fiel, la sangre empezó a encharcar el suelo y le hizo reaccionar. Sacó una pistola escondida en su tobillo y eliminó a quienes estaba diezmando a su equipo. Para el final dejó al consejero traidor.

-¿Por qué Book? Creí que éramos familia.

-¿En serio? Por favor, mira a tu alrededor. Cualquiera merece más el puesto que tú. Yo lo merezco. ¿Quién crees que mató a tu abuelo?

La muchacha clavó su mirada azul cargada de odio. Los subordinados que quedaban vivos y podían mantenerse en pie les rodearon y miraron a su jefa, asintiendo en señal de apoyo hacia a ella.

-Míralos Carlota. A partir de ahora ¿crees que podrás confiar en ellos? ¿Es afecto, respeto o miedo a ti?

Sin decir más la chica apretó el gatillo y le sentenció a muerte con una bala entre las cejas. Dio órdenes de llevar a los heridos al hospital que tenían comprado. A la hermana del primer consejero muerto le dio el pésame y le asignó encargarse de las preparaciones para los funerales. Cuando la dejaron sola llamó al equipo de limpieza y se marchó a casa dejando claro que al día siguiente habría una reunión y quien no asistiera sería capturado para su ejecución.

-Carlota…

La joven levantó la mirada. Se había perdido en los recuerdos y en algún momento se había dejado caer y hasta acabar sentada en el suelo.

-Hola ratoncito.

Sonrió desganada al joven encorvado que cruzaba la puerta de su salón mirando el destrozo que había ocasionado. Sus gafas de pasta dura estaban rotas y unidas por un esparadrapo en el puente. La luz del salón no hacía justicia a su pelo rubio oscuro
.
-¿Por qué no me llamaste ayer? He tenido que enterarme por otros…

Carlota soltó una carcajada irónica e hizo un gesto de desdén con la mano.

-Seguro que querías verme rota ¿verdad? Felicidades. Ahora vete a reírte de mí con los demás.

El joven se sentó en el suelo junto a ella e intentó acariciar su melena azabache pero esta le golpeó la mano.

-No me toques. ¿Por qué estás aquí? ¿Temes que te guarde rencor si no me muestras preocupación? Seguro que prefieres estar con tus libros.

-Carlota…

-No digas mi nombre. – Trató de empujarle lejos.- Eres como ellos, ¿verdad? Estás conmigo porque te forcé. Tenías miedo de que te matara si no me correspondías. Pues no lo habría hecho. Ya eres libre. Vete Marc. No quiero tenerte de esta manera. Soy cruel cuando tengo que serlo pero jamás contigo. Márchate o te golpearé a ti con la próxima botella de vino.

-Acabas de decir que no serías cruel conmigo.- El rubio trató de sonar lo más serio posible.

-Y no lo sería, por eso vete antes de que veas que no cumpliría mi palabra. Vete con tus libros ratoncito. Vete donde quieres estar.

-Entonces me quedo.

La joven le miró furiosa. No quería más traiciones y antes de poder replicar Marc continuó.

-Y menos después de escuchar semejante confesión de amor. ¿Crees que no conozco tu carácter? Soy consciente de a qué te dedicas, con quien tratas y los peligros que conllevan. ¿Por qué crees que estudio tanto? Soy un enclenque, no puedo protegerte en la calle pero si podré hacerlo si te ves en peligro ante la justicia. Voy a ser tu futuro abogado.

Carlota desvió la mirada, ocultando su sonrojo tras una cascada de pelo negro.

-Estoy contigo porque te quiero Carlota. Nunca hice nada por obligación y tendrás que matarme para que me vaya.

-No podría hacerte eso…

El chico sonrió y la estrechó entre sus brazos.

-Lo sé. Soy tu debilidad y sé que solo te muestras así ante mí.  Es otra de las muchas cosas que me gustan de ti. Eres adorable.- Notó que la chica le pellizcaba.- Una mafiosa respetable,  cruel y adorable.

La joven escondió el rostro en el hueco de su cuello,  avergonzada.

-Si se lo cuentas a alguien… Quemaré tus libros.

- Claro...claro, tu secreto está a salvo conmigo.


Carlota se relajó, agradecida de que Marc apareciera. Agradecida de tenerle y saber que él no la temía, que la quería de la misma manera en que ella le quería a él.

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