martes, 14 de febrero de 2017

Hunters

La noche estaba empezando a hacerse demasiado larga para Angel. Llevaba casi una hora esperando a que un estúpido vampiro recién creado saliera de aquel pub, oyendo de fondo las risas, conversaciones a gritos y las canciones de moda que no dejaban de sonar. Él estaba apoyado en la pared del callejón en el que estaba el bar, un lugar apartado para que los ruidos no pudiesen molestar a vecinos con ganas de aguar las fiestas. Y se le estaba haciendo muy, muy largo.

Estaba a punto de largarse y dejar la caza para otra noche, cuando vio al vampiro salir del lugar. No iba solo. Tal y como Angel había sospechado, una chica le acompañaba riendo sus gracias. Lo que le faltaba, tener que salvar a la damisela en apuros de convertirse en la cena del recién renacido.

De entre todas las cosas negativas que podía reportarle su trabajo (heridas, moratones constantes, enemigos con ganas de cortarle la cabeza y clavarla en una estaca, aún más heridas…) el tema de las chicas idiotas era una de las que más le molestaba. Esas jovencitas tontas que se iban con el primer cantamañanas que se las insinuaba y no se preocupaban de cosas básicas. Como, no sé, quizá asegurarse de que al tío con el que te estás yendo le late el jodido corazón… 
Quizá eran cosas suyas, que estaba entrenado para llegar, matar y largarse a por el siguiente ser sobrenatural con ganas de molestar. Era a lo que había dedicado su vida desde que su mentor le sacó del orfanato en el que se crió. Y desde siempre le había molestado tener que perder el tiempo tranquilizando a la víctima de turno y tratándoles de convencer de que era todo producto de la bebida, las drogas… Alguna vez incluso había llegado a noquear a alguna casi cena para que creyesen que lo habían soñado todo. Era un trabajo complicado, pero se le daba excepcionalmente bien.


Resignado, comenzó a seguir a la pareja. Ella seguía riendo sus bromas mientras el vampiro la examinaba, buscando el mejor sitio para hincarla el diente. Literalmente.
Finalmente, el no muerto pareció encontrar el lugar perfecto y se avalanzó sobre la chica. Pero cuando Angel entró en escena tuvo que recular al ver que ella le esquivaba y le propinaba un doloroso rodillazo en el estómago. El golpe no fue fortuito. Estaba calculado al milímetro para que el sujeto que lo recibiese se doblase buscando aire. Aunque los vampiros no respirasen aún mantenían actos reflejos, especialmente los recién creados. Ella parecía saberlo. Mientras el vampiro se doblaba en busca de un aire innecesario para él, la chica le golpeó fuertemente en la parte de atrás del cuello con el codo, utilizando todo su peso. Un chasquido poco agradable hizo que el no muerto cayese al suelo. En cuanto efectuó el golpe, ella rebuscó en la parte de atrás de su pantalón y sacó una pequeña estaca que clavó en el cuerpo del vampiro sin pestañear. En pocos minutos, el cuerpo yacía seco en el suelo. No tardaría en desvanecerse.


Ella miró al chico que tenía delante, mirándola con los ojos como platos. Empuñó de nuevo la estaca, preparada para acabar con él.

- Wow, wow… -Angel levantó las manos en señal de rendición- Humano. Al cien por cien.

Ella le miró enarcando una ceja y guardando su arma.

- Si lo fueses al cien por cien no estarías mirando tan tranquilo. ¿Cazador o sólo un voyeur que pasaba por aquí?

Esta vez, la ceja enarcada fue la de él.

- ¿De verdad crees que un voyeur estaría tranquilo en esta situación?

Ella sonrió mientras le daba una patada al cuerpo, que comenzaba a consumirse.

- Te sorprendería saber los tipos de voyeurismo que puede haber.

- ¿Eres cazadora?

- Bueno, una hermanita de la caridad está claro que no soy.

Angel sonrió. Comenzaba a gustarle esta chica.

- Soy Angel.

Ella le miró con curiosidad.

- Angel, ¿eh? -la chica se apartó el pelo moreno de la cara y se acercó para estrechar su mano- He oído hablar de ti.

- Espero que algo bueno.

- Según el punto de vista. -sonrió la chica mientras él apretaba su mano con suavidad- Kristine.

Kris miró a Angel con intensidad. Él sabía que corrían historias acerca de su trabajo. Su mentor era una eminencia del gremio de exterminadores. Llegar, matar, destruir. Simple, sin conexiones, sin emociones y, lo más importante, sin distinciones. Todos decían que Angel había superado con creces a su maestro. Para él las cosas eran blancas o negras: o eras humano o no lo eras. Y si no lo eras, su trabajo era matarte y fin del asunto.

- Me sorprende no haber oído hablar de ti. Sobretodo con la facilidad con la que te has deshecho de tu amigo.

- Los novatos son idiotas.

Él sonrió, completamente de acuerdo con la chica.

- Ese tipo de destreza suele ser tema de conversación en nuestro círculo.

Ella sonrió con picardía.

- Digamos que yo no pertenezco a tu círculo exactamente.

- ¿No eres de por aquí?  

Angel la miraba con curiosidad. El único motivo posible para no saber de aquella chica, era que fuese extranjera. Quizá del círculo inglés, aunque no había detectado ningún tipo de acento. Ella sonreía, haciéndole pensar en cosas muy poco apropiadas en aquel momento.

- Sí, soy de por aquí. Pero me gusta pasar desapercibida. Oh, joder…

Angel se volvió y vio una silueta tras él. Un hombre permanecía de pie, medio oculto entre el juego de luces y sombras que facilitaba el callejón. No necesitó pensarlo mucho. Aquello no era un hombre.
Automáticamente, echó la mano a su pantalón en busca de su daga. No llegó a alcanzarla. Cuando quiso darse cuenta, Kristine tenía su arma en la mano y estaba amenazándole a él con ella.


- Kristine, ¿qué diablos estás haciendo?

- Evitar que cometas un error.

La criatura, un jodido vampiro, salió de las sombras para colocarse junto a Kristine.

- Es un vampiro, Kris. ¿Y me amenazas a mí?

- Sí, Angel, te amenazo a ti porque si no lo hago vas a intentar matarle. Y créeme, no saldrías muy bien parado.

Él ahogó una risa. Miró al vampiro y vio que miraba a la chica con media sonrisa. Eso le molestó más incluso que el hecho de que ella le hubiese desarmado con tanta facilidad.

- Relájate, Kris. -dijo el no muerto- Esta no es forma de hacer amigos.

La chica parecía profundamente tranquila junto al vampiro. Era obvio que se conocían y a Angel no le cabía en la cabeza tal idea. ¿Por qué conocía a una criatura?

- Soy Ethan. -dijo el vampiro ofreciendo su mano al cazador.

- Eres un maldito cadáver. -dijo él, casi escupiendo la última palabra.

La morena puso los ojos en blanco con descaro.

- Ya estamos.

- ¿Por qué no le matas? Es un vampiro, Kristine. Acabas de matar a uno, por qué… ¿Por qué coño le conoces?

Ella le miró, negando con la cabeza en un gesto casi imperceptible. No lo iba a entender…


- Porque él es mi mentor, Angel.

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