sábado, 4 de febrero de 2017

Lynn (parte 2)

Le di un golpe en el brazo a Ijon.

- Por rencoroso ha explotado un señor. Te parecerá bonito.

- ¿A mí? Eres tú la que iba por ahí deseando que le reventasen las tripas. Macabra.

- Me estaba baboseando encima.

Marcos nos tiró la toalla, dando a Ijon en la cara.

- A ver, tórtolos, yo he venido aquí a hacer favores.

Le miré sin decir absolutamente nada. Pero nada. Cerré el pico como si me lo hubiesen pegado con cola caliente.

- Sí, tesoro, de ésos si tú quieres puede hacerte todos lo que tu pequeño cuerpo aguante.

Ijon le tiró agua al hado con cara de pocos amigos.

- Te distraes muy fácilmente, Marcus.

- Y tú te encabronas demasiado, pececillo. ¿O es que te pone celoso?

Miré a Ijon con los ojos como platos.

- ¿Estás celosón?

- Dejad de decir idioteces los dos.

- Gilipolleces, un poco de sangre, que ibas muy bien hombre…

El sireno me miró mal. Vaya afición le estaba pillando a las miradas asesinas el tío. Mientras, Marcus soltó una risita que daba muy mal rollo. Pero malo, malo nivel tripas fuera.

- Veamos… -

“Que me deje las tripas dentro, que me las deje dentro…. ¡¡Las mías!! ¡Joder, es que encima hay que pensarlo todo!”

- Yo he venido a hacer un favor a Ijon. Por mi culpa, Aenon te ha jodido bien, así que se puede decir que te debo una. -dijo Marcus mirándole- En un principio pensé que, obviamente, lo que querrías sería volver al mar. Pero ya no estoy tan seguro…


Miré a Marcus sin entender del todo bien lo que quería decir. Claro que Ijon quería volver al mar. Era casi todo de lo que hablaba, especialmente al principio. Los dos primeros días no dejaba de repetir que debía volver costase lo que costase. Aunque sí que era cierto que últimamente era algo que apenas sacaba a relucir, pero yo lo achacaba a su emoción ante los libros y la música. Al fin y al cabo tenía mucho que descubrir de la superficie y era excepcionalmente curioso.

- Claro que quiero volver… -dijo Ijon sin mucha convicción.

- ¿Estás seguro? Porque hace un momento he podido leer en tu cara lo jodidamente celoso que estabas de lo que yo podía darle a Lynn que tú no podrías.

Se me abrieron los ojos como platos. Aparté rápidamente los pensamientos obscenos de mi mente, que su trabajo me costó, y miré a Ijon.

- ¿Eso es cierto? -dije por lo bajini, en un tono despreocupado que no se creía ni el gato de mi vecina.
Ijon suspiró y dio un coletazo que me dio un susto que casi me caigo a la bañera.

- Lynn, ¿podrías dejarnos solos? -me preguntó el sireno.

Le miré, enredándome la ceja en el pelo de nuevo.

- ¿En serio?

- Sí, por favor.

Resoplé y me fui zungando por lo bajini hasta mi dormitorio. Allí no pude evitar comenzar a darle vueltas a todo. Si Marcus hacía que Ijon se fuese todo habría sido una especie de sueño estúpido. Lo único que tendría para recordarme que era real, eran las facturas de dos libros electrónicos y un iPod… Y lo más jodido, era que iba a echar de menos al remilgado del pececillo. Al fin y al cabo llevaba dos semanas conviviendo con él todo el tiempo. Incluso hacía mi trabajo en el baño, mientras él leía y tiraba e-books al agua. Me decía a mí misma que lo hacía para que él no se sintiera solo pero lo cierto es que a mí también me gustaba la compañía. Era de traca. Que tuviese que aparecer un puñetero sireno en mi bañera para que me diese cuenta de lo sola que estaba realmente.

Manda cojones la cosa.

Aguanté diez minutos moneando con el teléfono (e-mail de mi jefe, e-mail de mi jefe, llamada perdida de mi jefe… Sí, le ignoraba. Total, todo lo que me decía se reducía a “date prisa”, así que le ignoraba hasta que lo tenía y así no me estresaba. De verdad que a veces compadecía al hombre). Después, me levanté y antes de llegar al baño, Marcus me interceptó.

- Hola, tesoro.

Lo tuve claro en cuanto le vi.

- Se ha ido.

Él sonrió y me acarició la mejilla, pero le aparté suavemente.

- Sí. Tenía temas que resolver allí abajo.

- Bien, al fin podré darme un baño. Aunque tendré que limpiar la bañera de escamas… Puaj.

- No tienes que disimular conmigo. Te entristece.

Le miré vacilona.

- Oye… Yo no soy mágica. Y ya has hecho lo que habías venido a hacer aquí, así que, sin ofender ni nada, ¿por qué no te vas?

Marcus ahogó una risa y se inclinó para darme un beso en la mejilla.

- Tranquila tesoro. Vendré a verte a menudo. -rió- Eres muy divertida.

- Anda, jódele.

Y sin más desapareció. Así, delante de mis ojos. Puff. Ya no había hado madrino. Como una pánfila toqueteé el aire de delante de mí, para asegurarme de que no se había vuelto invisible para intentar verme en pelotas o algo así. Cualquiera se fiaba…

No fui capaz de entrar en el cuarto de baño hasta el día siguiente.

Me levanté, con algo de resaca. La noche anterior, después de asegurarme de que Marcus no estaba en ningún sitio, me había abierto una botella de vodka y, tras cuatro lingotazos a palo seco, había caído como un tronco.

Al entrar en el baño, tuve una sensación extraña en el pecho. Y me entró una mala ostia de preocupar. Vamos, que si llego a pillar al sireno le meto una somanta de palos que le dejo para hacer caldo de pescado. El muy gilipollas, después de todo lo que había hecho se largaba sin decir ni siquiera adiós. ¡Con el agujero que me había dejado en la cuenta corriente! Pedazo de cabrón el puto sireno de los coj...
El timbre de la puerta interrumpió mi retahíla de insultos. Me molestó, porque aún me quedaban unos cuantos y los estaba hilando muy bien entre ellos, así uno detrás de otro. Si es que para otra cosa no, pero para las palabrotas tenía un léxico que ya quisieran los académicos. Me atusé un poco el pelo, un movimiento automático y estúpido del todo. Por muy decente que me pudiese quedar aquello con un par de atusamientos, no dejaba de llevar una camiseta de quidditch tres tallas más grande y unos calcetines hasta la espinilla.

Toda una visión, vaya.

Abrí sin importarme un pimiento que el repartidor de amazon me viese con esas pintas, y no reaccioné cuando vi la cara de Ijon delante de mí.

Delante de mi cara. A mi altura. De hecho, a varios centímetros por encima de mi cabeza para ser sincera. Pero claro esto a primera hora y de medio resaca, no lo registré.

- ¿Qué cojones estás haciendo tú aquí? ¡Gilipollas!

Él se echó a reír.

- No sé si no es la reacción que me esperaba, o si te quedas incluso corta.

- Mira sirenito, te vas a ir a vacilar a tu santa madre. ¡Pedazo de imbécil! ¡Después de tirarme dos libros electrónicos a la bañera te largas sin despedirte! Es que te voy a dar una paliza que te voy a hacer palitos de cangrejo, tonto del culo.

- ¿Ya?

- ¿Pero cómo que si ya? ¡Tú es que eres tonto, pero tonto de libro, que tienes que tener hasta una candidatura al congreso!

- Estás realmente imaginativa de buena mañana.

Él seguía ahí parado, apoyado en el marco de la puerta y con media sonrisa que lo único que me apetecía era borrársela de un sopapo.

- Es que tienes una ostia que pasaba a los anales de la historia. ¡Gilipollas!

- Lynn, eso ya me lo has llamado.

- Mira, que te vuelvas al mar, a ver si allí te aguantan, ¡so pez!

Antes de que pudiese darle con la puerta en las narices, Ijon me empujó, cerró la puerta detrás de él y me empotró contra una pared antes de darme un beso que a la que dejó gilipollas, fue a mí.

Y ahí, justo ahí cuando estaba pegadito a mí, comencé a registrar la información que me faltaba…

- Tienes piernas.

- Joder Lynn, yo no sé cómo has conseguido sobrevivir 28 años con semejante capacidad de observación.

- Has dicho joder.

- Y tengo pensado decir más…

Anda qué calor más tonto.

- ¿Por qué tienes piernas?

Él sonrió sin dejar de aplastarme contra la pared.

- Marcus se portó. En lugar de concederme volver al mar, o la posibilidad de quedarme aquí, me dio el poder de convertirme.

- ¿Te ha convertido en un hombre pez?

- Soy un sireno, aunque ahora puedo ser un hombre siempre que quiera.

- ¿Y por qué querrías ser un hombre? Sí lo único que querías era ir a pegarte con el Aenon ése.
Ijon volvió a sonreír, esta vez poniéndome ligeramente nerviosa. Sí, lo de ligeramente es una mentira como un océano de grande. Mierda. ¡Ya hablaba como él!

- Lo de Aenon está arreglado. Marcus vino conmigo, y al igual que a mí me hizo un favor por la putada indirecta… Bueno, digamos que el mago ya no es un problema.

- Otro al que han destripado desde dentro. Fijo.

El sireno se echó a reír. Y yo ya empezaba a tener problemas para respirar. No por la cercanía o por el calor, ni la excitación ni pijadas de esas… Es que me estaba empotrando contra la pared literalmente.

- Y respecto a por qué iba a querer ser un hombre… -una sonrisa apareció en su cara, y ésa si que me hizo dejar de respirar de golpe- Es probable que necesite tu ayuda para poder explicártelo como es debido.

Y vaya que si me lo explicó. ¡Sólo puedo decir que ahora jura hasta en hebreo sin ninguna dificultad!

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