jueves, 16 de febrero de 2017

Mr Crazy

A Mr Crazy (conocido por su extraña manera de ser y su elegante apariencia) le gustaban las noches de invierno en las que el cielo estaba despejado. Disfrutaba de su pequeño rincón del bosque. Un claro rodeado de árboles con una mesa redonda de cristal y un tronco de hierro dorado terminando en cuatro puntas. Las dos sillas seguían la misma estética.  

-Sigo pensando que no encaja tu sentido de la decoración con el bosque.

-Ah… Dorian, adoro tu falta de imaginación. Eso y el brillo de la luna sobre tus ojos azules.

-Ajam… Como en los ojos de Ben ¿no?, o los de August, o los de Simon, o los de…

-¿Llevas la cuenta de mis ex parejas?

 Se burló el rubio colocándose delante de su acompañante. Lo mostró su reloj de pulsera y lo golpeó con la uña.

-Mi tiempo es oro y solo lo gasto con quien merece la pena, Dorian.

-Ajam…

Mr Crazy prefirió no molestarse por la falta de confianza de su acompañante. En toda su relación había estado consciente de que el joven no tenía una gran autoestima. Deseaba que pudiera verse como él le miraba. Por dentro, pudiendo ver la amabilidad que trataba de esconder, el cuidado que ofrecía desinteresadamente a todos, la profesionalidad en su trabajo… Por fuera, a parte de sus ojos,  le gustaba la forma en que le caían los mechones cobrizos de su cabello, ondulándose en una dirección propia y contraria los unos a los otros, como una maraña de cables.

Colocó la cesta que cargaba sobre la mesa. Parecía haberse vuelto de marfil por el reflejo del satélite en el firmamento. Indicó a Dorian que se sentara mientras sacaba todo lo que había preparado para su picnic nocturno. Café, sobaos, galletas, algunos snacks salados…

Vertió café con leche en la taza de porcelana para Dorian y café solo en la suya. Se sentó delante, quedando uno en frente del otro y le sonrió ampliamente, alzando su taza.

-Por nosotros.

Se llevó la taza a los labios, notando el calor que desprendía. Al ver que Dorian no hacía lo mismo se detuvo, fijando la mirada en la cabeza cabizbaja de su compañero.

-¿Qué ocurre?

-Mr Crazy…

- Quiero que me llames por mi verdadero nombre, Dorian.

-No puedo... No puedo seguir con esto. Seguir pensando que me ves como uno más de tus conquistas. Que en el fondo te intereso porque te lo pongo difícil. Que no soy al único que has traído a este lugar. La primera vez que vine – tomó aire, apretando los dedos en el calor de su taza- estaba tan emocionado que al día siguiente no supe disimular en el casino y Lily me descubrió. Me dijo que aquí es el último lugar donde traes a tus citas antes de dejarlas.

-Esa maldita niña…- Suspiró molesto.- O mejor dicho vieja. Con su carita de ángel pero vieja como la década de años que carga.

Mr Carzy se levantó e invitó a su acompañante a hacer lo mismo. Metió la mano en su bolsillo y sacó un rectángulo con olor dulzón.

-¿Sabes lo que es?- vio asentir a Dorian y continuó- Jabón de roca de Invierno. Raro y caro por sus mágicas propiedades.

Se desabrochó el abrigo, la chaqueta y se desabotonó la camisa de seda blanca. Colocó la pieza en las manos de su confuso acompañante y se las guió hasta su pecho, sobre el corazón. Esta empezó a emitir una luz plateada, reflejando su brillo en los ojos de ambos, jugando con las sombras del bosque y de la noche.
-No hubo ex amantes, mi Dorian, - su voz era suave como la brisa nocturna,- siempre has sido sólo tú. He estado esperándote toda la vida. Sabes que este jabón solo reacciona ante la verdad y la verdad es que los seres como yo nos volvemos mortales si nos enamoramos de un humano. Dicen que es un castigo, para mí es todo lo contrario.

El joven dejó caer la luz. Clavó las uñas en Mr Crazy y se arrimó a él. El rubio galante se estremeció al sentir el contacto de su piel desnuda contra los botones metálicos y fríos del abrigo del pelicobrizo.

-Kenneth...- susurró sobre sus labios, notando como se estremecía ante su acercamiento.

-Mi nombre. Por fin me crees.-  Intentó acercarse más al humano, intentando rozar sus labios mientras este acariciaba su pelo rubio.

-Te creo Kenneth…- esquivó su boca y mordió el lóbulo de su oreja, estirando la piel hasta hacerle gemir.- Pero vamos a tomar café.

 Dorian sonrió juguetón y se sentó en su sitio, tarareando mientras alzaba la taza y brindaba por ellos.

-¿Estoy teniendo un delirio?- Se quejó Mr Crazy mientras se abrochaba la ropa.- Era el momento perfecto para…

-Después del café te probaré que esto es real y, que yo también.


 Le lanzó un guiñó. Se llevó la porcelana a los labios, mirando por encima de la taza a Mr Crazy, viendo como su amante sonreía dichosamente.

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