sábado, 18 de febrero de 2017

Photo Shoot

Su jefe era un capullo. Ella lo sabía, llevaba segura de ello dese el principio. No es que fuese mala persona, pero tenía un sentido del humor, digamos, peculiar. Disfrutaba poniéndola al límite, lo que Kat no entendía ya que si su trabajo salía mal, ¡él perdía! El caso es que por alguna razón para aquella sesión de fotos la había mandado al peor modelo que había visto nunca. Era atractivo, pero no tenía ningún carisma. Y para rematar, el tipo iba de divo por la vida, lo que terminaba con los pocos nervios que le quedaban a la chica. Llevaba casi una hora mirando por su objetivo, y lo que veía la dejaba fría. Aquel anuncio tenía que seducir de un primer vistazo, y con este modelo lo único que podía anunciar… Sería hielo.

Comenzó a juguetear con la antorcha, que había encendido por si acaso al divo era uno de esos especímenes que mejoraba con las combinaciones de luz más descabelladas… Pero nada. Ni antorcha, ni flashes, ni luz directa, ni difuminada, ni un puñetero genio arreglaba la falta de sangre de su modelo.

- ¿Problemas?

Al oír la voz de su jefe tras ella, dio un respingo.

- Adam… ¿Es que no sabes hacer ruido cuando entras? Te voy a poner un cascabel.

Cualquiera que viese la relación entre los dos se sorprendería por la forma en la que la pelirroja trataba a su jefe. Pero aquello era una empresa pequeña, que él había empezado con su hermana hacía algunos años. Ella se encargaba del departamento de diseño gráfico y era quién había contactado con Kat después de ver una exposición de su trabajo en un bar. Adam no era un jefe, era un compañero más. Era el primero el llegar a la oficina y el último en salir, y no se le caían los anillos ayudando a cargar y descargar material en las sesiones, o romperse la cabeza pensando en la mejor forma de captar nuevos clientes.

- Miau…

Pero su carácter era un tema aparte.

- Vete a cagar, gatito. -dijo ella pasándose las manos por el pelo, desesperada- No puedo trabajar con él. -admitió Kat- Lo siento, no puedo. Tú ganas, no soy capaz de hacer mi trabajo.

Adam sonrió ampliamente y miró las fotos que la chica había tomado hasta ahora. Sólo había dos, y una era un primer plano de sus manos. La foto en la que salía él era profundamente penosa. No transmitía nada.
Extrañado, porque conocía a la perfección el trabajo de Kat, miró por el objetivo. Aquel chaval era aún peor de lo que su colega le había contado.

- Joder…

- ¡Menos mal! -dijo ella- Adam, toda la campaña se basa en la seducción y la sensualidad. Y esto… -dijo ella señalando al chaval que seguía sin inmutarse sentado en su banqueta- Esto es un iceberg.

En aquel momento, a Adam le brillaron los ojos. Llevaba meses pensando en algo, y hasta ahora no se había atrevido. Comenzó a desabrocharse la camisa ante la atenta mirada de su fotógrafa.

- ¿Y tú qué haces ahora, exhibicionista?

- Eh, chaval -Adam le habló al modelo, pero éste ni se inmutó- ¡Chaval!

- ¿Es a mí? -dijo por fin el modelo.

- ¿Pero es que tú ves a alguien más por aquí? Venga, largo de aquí.

- Oiga, me está sacando de mi motivación, yo…

- Mira chaval, -dijo Adam poniendo una mano en el hombro del chico- búscate un trabajo. En serio. 
No lo digo por desmotivarte pero a la cámara le das igual.

- ¿Disculpe?

Adam oyó a Kat reprimiendo una carcajada.

- Que no tienes futuro en esto. Ya me lo habían dicho, pero hay que verlo para creerlo. No hagas perder el tiempo a más agencias y busca un trabajo en el que la falta de sangre te pueda beneficiar. Hala, arrea.

Con la indignación por bandera, el chaval salió airoso del estudio mientras Adam se quitaba la camisa y la tiraba al suelo sin más miramientos.
Cuando se giró para mirar a Kat, ésta tenía el ceño fruncido.

- A ver, gatito, explícame eso de que tú ya sabías que el divo del tres al cuarto era malo. Explícamelo porque igual acabas castrado.

Adam se llevó la mano al cinturón sonriendo ampliamente. Ella enarcó una ceja. En cualquier puesto de trabajo, que tu jefe se pasara la vida flirteando hasta con las plantas, podía considerarse cuando menos inapropiado. Y eso cuando se controlaba, si no lo hacía los comentarios que salían de su boca eran auténticas burradas. Pero cuando le veías tocando el culo de su mejor amigo, que también trabajaba allí, o metiendo el dedo en la oreja a su hermana… Él era así, excepcionalmente extrovertido. Sincero hasta la mala educación con sus allegados, leal hasta la muerte con sus amigos. Kat había visto a multitud de becarias caer rendidas a sus pies en el año que llevaba trabajando allí. No era para menos. Dejando aparte el hecho de que era un conquistador nato, Adam estaba de muy buen ver. Pero no sólo era eso, era la forma en la que emanaba sexualidad. Por mucho que la doliese reconocerlo, por mucho que se negase y se enorgullecerse de no haber caído en su cama... tenía que reconocer que a menudo llegaba a su casa con un calentón importante. Esa mezcla de imbécil insistente junto con los momentos en los que se quedaba con ella en la oficina cuando el trabajo se alargaba para que no estuviese sola, o cuando la sorprendía con cajas de pizza en medio de una sesión porque sabía que se la habría olvidado comer… Eso la podía. El problema era que no estaba dispuesta a ser una muesca más en su cama, y mucho menos a poner en riesgo su trabajo.

- No sé de qué me hablas. -dijo Adam, aún sonriendo.

- No me los toques, porque llevo dos horas de mi tiempo perdidas por tu cabezonería.

- Vale, vale… -dijo él alzando las manos en señal de rendición- ¿Recuerdas la otra noche?

Los viernes al salir de trabajar, el equipo solía reunirse en el bar que había debajo de sus oficinas para tomar unas copas. Además de relajarse y pasar un rato divertido, a menudo también era una buena fuente de ideas. De hecho, Adam siempre decía de deberían trabajar borrachos, pero su hermana se encargaba de darle una colleja y devolverle al mundo de los adultos.

- No des rodeos, ¡y deja de desnudarte ya!

Él sonrió.

- ¿Por qué? ¿Es que te pongo nerviosa?

- De los nervios me pones, y cuando te sale el chulo de playa ése que llevas dentro, más.

- Cuando dijiste que eras capaz de hacer irresistible a cualquiera a través de tu objetivo, me dieron ganas de comprobarlo… Y un colega de The Glare me dio el número de este tío.

Ella le miró con los ojos entrecerrados.

- ¡Tu brújula moral está seriamente dañada, Adam! Tanto te molesta que sea buena en mi trabajo que tienes que traerme a este… ¡a este bicho! ¿Sólo para probar que no soy capaz de hacer algo?

- Kat…

- ¡Y encima es que eres gilipollas! ¡Estás dispuesto a perder esta campaña sólo para probar que tienes razón! ¡Es que eres más tonto que una puta piedra, Adam, eres idiota perdido! ¡Y que te vistas joder!

Adam estaba con los vaqueros desabrochados y descalzo. Podía entrever la línea de vello que desaparecía por la ropa y no sabía si lo que la estaba poniendo nerviosa era él, o ÉL. Pero la apetecía pegar a alguien.

- Venga, sólo estaba metiéndome contigo. No te pongas así…

- ¡Estás jugando con mi trabajo, capullo! Con mi reputación, y a mí, al contrario que a ti, no me la suda lo que piense el resto del mundo.

- Pues debería. Eres increíble en tu trabajo y tú lo sabes. Tu jefe también. Joder, los clientes preguntan por ti expresamente. ¿Qué importa lo que piensen los demás?

- Mi jefe es un imbécil integral.

- Tu jefe disfruta poniéndote a prueba porque cuando te cabreas te conviertes en una criatura exquisita.

Ella bufó. Literalmente, igual que un gato. Adam tuvo que reprimir una carcajada, porque estaba seguro de que si se reía en aquel momento, le sacaba los ojos.

- No puedo contigo. -suspiró ella, pasándose las manos por el pelo- Me jodes la sesión y ahora empiezas a flirtear conmigo… ¡Estoy hasta las narices de ti! -le soltó- Todo el día echando pullas, todo el día jugando, bromeando, todo el día detrás de la primera falda que te pasa por delante. ¡No dejas títere con cabeza! Y llevo más de un año siendo tu juguete favorito por el simple hecho de que no has conseguido encandilarme como al resto de huecas aneuronadas que te llevas a la cama. Porque, si lo hubieras conseguido, los dos sabemos que a estas alturas ¡ni siquiera te acordarías de mi nombre! Y me tienes hasta los huevos, hasta los mismísimos huevos, Adam. En serio, si tanto te frustra que no me acueste contigo, cómprate un puñetero diario y escribe tus penas en él, ¡pero deja de joderme los trabajos!

Adam se aceró a ella y antes de que la diera tiempo preguntar qué diablos hacía, la besó. Fue intenso pero con cuidado, porque el chico estaba esperando el tortazo que podía caerle en cualquier momento.

Pero no le cayó. Al ver que ella le correspondía, la agarró suavemente de la cara, profundizando en el beso mientras oía la música que Kat había puesto de fondo para agilizar las fotos con aquel modelo. Al final, ella le apartó.

- ¿Pero qué te crees que haces?

 - Pues las cosas mal. -dijo él en un arranque de sinceridad- Porque yo pensaba en utilizarnos a los dos como modelos para la campaña y luego invitarte a cenar, pero estabas tan cabreada…

- Como me digas que te pongo cabreada, te suelto un guantazo.

- No, no era eso. Que también, pero no… -sonrió Adam, apartándola un mechón de pelo de la cara con suavidad- Ya sé que piensas que soy un cerdo que se tira a todo lo que se mueve, eso lo has dejado claro. Pero en realidad sólo tengo la boca como un maldito buzón. -rió- Flirteo, y digo burradas, y es cierto que no soy ningún santo. Pero de todas las guarradas que te imaginas, sólo puedes atribuirme una cuarta parte.

Ella le miró enarcando una ceja.

- ¿Qué? Diría la mitad, pero ambos sabemos que tú eres muy exagerada…

Kat sonrió.

- Nunca había imaginado un escenario en el que me invitases a cenar. Había imaginado empotramientos salvajes, encierros en los baños, incluso alguno que incluía el billar del bar de abajo… Pero una cena, nunca.

Adam se apretó contra ella, con media sonrisa.

- Después de esa cena, puedo asegurarte que eso de los empotramientos lo hablaremos detenidamente.


La pelirroja le miró y se preguntó si estaría siendo sincero o era sólo un intento más de salirse con la suya. Él se abrazó a ella, besándola en el cuello con dulzura. Mantuvo sus manos en la cintura de la chica, sin pasarse ni un milímetro y ella supo que sería una insensata por una vez. 

Al fin y al cabo, ¿el amor no se basa en eso?

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