martes, 28 de marzo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Al final me ha tocado modificar la fecha de publicación porque hoy estoy actualizando tarde y dejó de ser martes. Menos mal que podemos hacer trampas. Loki is in the air.


Esta semana no he tenido mucho tiempo y quizás (seguramente) no he reescrito como se debe. Cosas que pasan pero, como soy como soy, lo publico igualmente aunque no esté pulido.

Draven actualizará pronto. No está disponible porque se fue en busca y captura de un nuevo guardaespaldas para protegerse de mis latigazos.

Disfrutad de la semana y gracias de antemano si alguien está leyéndonos.

See you
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin


Compañeros en la sombra

Capítulo 8

Unax

Momentos antes de la primera explosión Lilith se levantó de forma brusca, cortó la conversación que estaban teniendo y gritó hacia Sharon para que se acercara. Desplegó parte de su poder creando la misma sensación que estar en el ojo de un huracán. Nada se movía a su alrededor, la fuerza que les rodeaba era invisible y de no ser por las sensaciones sobre su piel, nada delataba lo que estaba sucediendo.

-Nos atacan.

-No puede ser. Las barreras son imposibles de travesar.

Sharon miraba a su alrededor en busca de señales.

-Nos atacan desde dentro. Han descubierto el punto débil.

-¿Qué? Dijiste que lo arreglarías.

 Sharon se agachando la cabeza ante la mirada desafiante de Lilith. No importa cuanta confianza se tuvieran, Lilith no toleraba que se le hablase en ese tono.

 Amplió la protección a toda la habitación. Dio órdenes a Sharon de que monitorizara lo que estaba sucediendo. Los controles estaban en una de las paredes paralelas al pasillo, creando en el rincón una base de operaciones abierta.

-Hay empleados que nos atacan. Traidores.

-No verán el amanecer de mañana.- Aseguró Lilith.

-Han cerrado las puertas del Hotel y dejado inservibles los ascensores. Ascienden por las escaleras recorriendo pisos. Hay enfrentamientos por todo el edificio.

-¿Dónde está Ian?- Preguntó Unax, buscando a su compañero en las pantallas.

-No consigo localizarle.

-Encuéntrale, Sharon.- Lilith puso una mano sobre el hombro de su empleada. El moreno vio como la joven asentía y rozaba los dedos de su superiora con el mentón.

Sharon se puso en contacto con aquellos que aún se mantenían en pie y eran leales. Reproducía las órdenes que le transmitía Lilith y transcribía la información que les remitían.

-¿Por qué se están llevando a la gente? – Preguntó Sharon a uno de los empleados con quien intercambiaba datos.

Unax indicó a Lilith que le siguiera a un lugar donde pudieran hablar sin que les escucharan la joven.
-Ahora que sé la historia, deduzco que buscan a Ian ¿verdad?

-Así es. Ha sido un fallo mío. Lo he visto venir demasiado tarde.

Unax se agarró la cabeza. Un zumbido envolvía sus pensamientos, impidiendo que pudiera reaccionar antes de caer de rodillas y vomitar.

“Ian…” Un sonido agudo le taladraba la cabeza obligándole a mantener los ojos cerrados. La realidad perdía importancia, su atención estaba en lo que le ocurría al rubio. Hacía años que no sentía una conexión mental  con tanta intensidad. Para establecer un lazo de esas características primero hay que ligado de cierta manera o ritual, algo que ellos no habían realizado. Notó una presencia en el interior de su compañero y como este luchaba por expulsarlo. Unax comenzó a pensar en la conexión que habían establecido en las misiones, intentando enviar esa imagen y sensaciones para que Ian las captase y que el recuerdo le ayudase a expulsar a quien le estaba invadiendo. Se concentró con fuerza y rabia. Deseaba patear a quien estaba provocándoles aquel dolor a su rubio.

El moreno recuperó el aliento cuando notó que Ian lo había conseguido. Lilith se había agachado junto a él, ensuciando sus ropas y apartándole el pelo de la cara. Por el rabillo de ojo pudo ver como Sharon intentaba no mirarles con cara de pocos amigos.

-Ian… ha sido atacado… mentalmente.- No vio la expresión de Lilith pero pudo notar como su cuerpo se tensaba- Ya está a salvo. Se dirige hacia aquí.

-Tienes que sacarle de aquí. Nosotras nos encargaremos de recuperar MI hotel.

-Debe saber la verdad.- Levantó la mirada y se encontró con los ojos agua marinos llenos de frialdad.- “Un secreto puede ser peligroso si se guarda demasiado. Un secreto destruye con más ferocidad que la peor de las espadas.”

- Siempre acabas citándo nuestros viejos juramentos. Intenta contenerlo el máximo tiempo posible y te deberé dos favores.

-Acepto.

-¡Lilith!

El grito de Sharon la obligó a dejar al moreno en el suelo. Lilith tomó asiento en una gran butaca. Su posa brazos tenían forma de otros invertidos quedando con las manos entrelazadas cuando Lilith se sentó. La protección se replegó azotándoles en el camino. Los sonidos del exterior eran terribles. Era sorprendente que consiguiera silenciar el caos que se había formado en su edificio. De Lilith fluyó una luz por el suelo, simulando las ondas del agua que se alejaban por toda la superficie. Rodeaba las paredes, el suelo y se alejaba por el pasillo, unas tras otra. Unax se levantó y vio por las cámaras como las ondas llegaban al resto. A algunos les envolvía y estos parecían recobrar la salud y fuerza, a otros… lo contrario. Se retorcían y caían. La confusión les desestabilizaba haciendo que quienes permanecían fieles tomaran ventaja. Con fuerzas renovadas comenzaron a recuperar terreno.  Sharon ordenó que no matasen a todos porque querían sacarles información.

-Unax…- le llamó una voz jadeante desde el marco de la puerta. Allí estaba el rubio, con una sonrisa aliviada en el rostro marcado por el cansancio y las peleas. El moreno se acercó a pasos agigantados, ofreciéndole su hombro.

-Están… subiendo.

Ian intentó acercarse a Lilith pero no tenía fuerzas. El poder de Lilith no le hacía efecto en ninguno de los sentidos.

-Hay una salida de emergencia. Salid por allí. Cuidaré de Lilith.- Indicó Sharon, colocándose entre el rubio y su jefa.

-Espera. Sea lo que sea os voy a ayudar y no voy a irme sin hablar con …

-Ahora estarás bajo mi cuidado- sentenció Unax.

El moreno percibió como Ian se puso rígido y apretó los nudillos sobre su jersey. Siguió a Sharon cargando con el rubio. En uno de los laterales de la escalera de la habitación había una puerta. La abrió y cerró tras ellos después de indicarles que solo debían seguir el camino.

Apenas habían avanzado diez pasos cuando encontraron una escalera que descendía en forma de caracol cuadrado con pequeño descansos para girar. El hormigón,  la escasa iluminación, el olor a cerrado parecían el descenso al infierno. Ian se soltó del agarre, exponiendo que podía mantenerse en pie por su propia cuenta. Estaba extrañamente  silencioso, el moreno lo atribuyó al cansancio de la pelea y a la preocupación por los suyos.” Quizás también está molesto por haber sido obligado a abandonar el edificio mientras todos siguen luchando.”

En uno de los descansos de la escalera había una puerta de metal. Ian apoyó la oreja en ella e hizo señas de silencio. Puso la mano en el picaporte y abrió. La puerta no chirrió como esperaba que lo hiciera. Se encontraron con otra puerta que al abrir daba a una azotea escondida. Por la altura no era visible desde el exterior y por la ubicación, pasaba inadvertida para los del interior. En el exterior nada revelaba lo que estaba sucediendo dentro. El mundo seguía girando, ignorante.  Ian se acercó hasta el borde, tras inspirar profundamente miró hacia arriba. Nada.

-¿Por qué nos vamos? ¿Lo sabes?

Unax se colocó en un lateral sin devolverle la mirada, desplegó las alas con su propio poder.

-Te llevaré en mis brazos a un lugar seguro.

Pudo ver dolor tras las pupilas del rubio cuando sus ojos se encontraron.

-¿Cómo una princesita?- Se burló con enfado. Unax no le siguió el juego y aprovechando el cansancio de su compañero le cargó en sus brazos.


Ignoró las protestas del rubio y alzó el vuelo.

martes, 21 de marzo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Me emociono sola con mi propia historia, ¿eso es malo? Quiero decir, soy consciente de que escribo como el ojete y bla bla bla ajam, sí, tengo mucho que aprender, ajam, lo que digo siempre, mi objetivo del blog es para obligarme a escribir y así mejorar bla bla bla, repetitiva… PERO jo, quiero saber que va a pasar a continuación con los protagonistas, como se desarrollarán los hechos. ¿ESO ES MALO? Me deprimo por no saber hacerlo bien pero la historia en si me tiene un poco enganchada porque ni yo misma sé dónde va. Me cree unas fichas y todo eso pero, como práctico el arte de reescribir (por fin) cambio y cambio acontecimientos. Un ejemplo, el capítulo de hoy. Compañeros en la sombra capítulo 7.

Y dicho esto, me voy a ver Supernatural que Castiel me está llamando. Destiel team.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Compañeros en la sombra

Capítulo 7
Ian
El rubio estaba dando vueltas en una de las salas de entrenamiento del treceavo piso. Amplia con suelo de madera natural, despejada con un espejo en una de las paredes, en otras dos llenas de armas de mano y en la restante, donde se encontraba la puerta, estaban las toallas y refrescos.

Sharon había aparecido en su apartamento conteniendo rabia detrás de una sonrisa. Pocas veces la había visto así y ninguna fue con el enfado dirigido hacia él. Llegó diciendo que debían ir con ella al hotel y no podía decir más. No recordaba haberse sentido así de incómodo en mucho tiempo.  Después de bajar del ascensor se había cruzado con un par de antiguos compañeros de entrenamiento. Con ninguno había establecido una relación más allá de la profesional, salvo para discutir. Quienes no le trataban bien por Lilith, hacían lo contrario. Sabía que desde que se presentó al trabajo suicida su impopularidad había aumentado.

-Parece que aún vives.

Ian rodó los ojos, “Bruno” pensó al reconocer el reflejo en el espejo de quien estaba a su espalda. Era un chico mayor que él en todos los sentidos. En edad, altura, músculos… Desde que empezó a ganarle en los entrenamientos había dedicado su tiempo libre a reunir gente que sintiera el mismo desprecio hacia él. Le acompañaban dos de sus amigos.

-Siento decepcionarte.

Bruno miró a sus compañeros e ironizó una carcajada. Ian estaba cansado de tener que lidiar cordialmente con encontronazos así. Solían acabar en una pelea con la excusa de ser “un entrenamiento”. Si ellos ganaban, se recreaban en la victoria y no daban por zanjado el combate. Si le partían un hueso “tienes que entrenar más niñito”. Si ganaba él, más discordia.

Cuando era niño empezó a mantener las distancias con Lilith para acallar los cotilleos hasta acabar pasando la mayor parte de su tiempo con Sharon y Aaron.  Lilith hizo lo mismo aunque conservaba el apego contenido hacia él. Quizás porque le salvó cuando era pequeño y se sentía responsable de él porque fue amiga de sus padres biológicos, o simplemente solo esperaba el momento indicado para darle buen uso. Nunca quiso ser desagradecido, al contrario. Pero, una pequeña parte de él, la que escondía en su interior, siempre le susurraba que en realidad nada de esto tenía que ver por él. Solo lo hacían por Lilith y eso, le dejaba vacío por dentro. “Hasta ahora”. Que su nuevo compañero le aceptase por sus propias cualidades y que gracias a eso pudiera imponerse a Lilith había despertado algo en él. Por fin había alguien que no le juzgaba si conocerle antes.

El suelo de la sala tembló, el ambiente fue envuelto por el sonido de las alarmas acompañadas de nuevas explosiones. A su alrededor las placas de los techos caían y rompían contra el suelo junto con los cristales.

Con el desconcierto en el aire Bruno le sujetó por un hombro, le asestó un puñetazo en el estómago, aprovechó el trastabillo del rubio para darle otro golpe. Los acompañantes sujetaron a su amigo antes de que pudiera golpear de nuevo a Ian.

-¿Te has vuelto loco, Bruno? No es momento para esto.

El joven musculoso se soltó del  agarre. Con habilidad volvió el gesto hacia sus compañeros. Las venas de sus brazos se hincharon. Sus amigos, lucharon por soltarse pero fue inútil. La mole de bíceps les golpeó contra ellos mismos, haciendo que sus cráneos se fusionaran en una mezcla de hueso y sangre.

-¿De qué va todo esto?

Ian esta atónito. Las alarmas habían dejado de sonar en medio de la confusión. Pudo oír las órdenes que gritaban en el pasillo junto con sonidos de lo que parecían peleas. Apenas podía hacerse a la idea de que el edificio de Lilith estuviera de repente en aquel caos. Las protecciones que rodeaban el Hotel se reforzaban cada poco tiempo y por lo poco que sabía, la propia Lilith se encargaba de ello. Las armas humanas podían herir levemente su estructura, tanto como un martillo lanzado a una pared con rabia. No temía que el edificio se derrumbase, no lo creía posible.

-Si no quieres que te haga más daño, sígueme como el buen perrito de Lilith que eres.

El rubio sonrió de medio lado e inició el ataque. Le devolvió el golpe en el estómago. Sintió que golpeaba una pared de hormigón. “No parece humano”. Pensó en el instante que cambiaba de estrategia. Sin tropezar llegó hasta las armas caídas, cogió un hanbô, (un bastón de madera). Ian era ágil mientras que Bruno se limitaba a recibir los golpes sin intentar esquivarlos. Parecía un saco de boxeo que no sentía los ataques del joven.

-¿Qué eres? No eres humano.

Bruno rió.

-Lo soy pero con algunos retoques. Tú te tiñes y yo,- se señaló todo a él- acepto una mejora a cambio de mis servicios.
-¿Has traicionado a Lilith?

-No soy como tú, Ian. A mí no me tiene con correa ni mimado. ¿Crees que somos tontos? Lilith siempre tiene un ojo puesto en ti. Aunque hagamos el mismo trabajo, te tiene preferencia. Queremos un trato justo.

-¿De qué hablas? La mayoría de los rumores te los inventaste tú.

- No importa. Nos han ofrecido todo lo que queramos.

-¿Quién? ¿Cuántos sois?

Ian trataba de atar cabos en su cabeza. Bruno hablaba en plural. “¿Cuántos traidores hay?”

-¡Basta! Si no vienes por las buenas…

Antes de acabar la frase, Ian partió el bastón contra el suelo, saltó hacia delante y atravesó la garganta de Bruno con la parte puntiaguda del hanbô.

-Y que conste, que no me tiño.



Salió al pasillo y tosió. Olía a humo, polvo, sangre y algo más. “¿Qué clase de poder es este?” Se tapó la nariz. Al dirigirse a las escaleras esquivó cables sueltos que chispeaban al hacer contacto. Parecía una zona de guerra dentro del edificio. Mientras asumía que todos estarían descendiendo, el empezó a subir. Cuando bajó del ascensor vio por el rabillo del ojo que piso marcaba Sharon. “He de buscar a Unax.”
Alguien apareció delante. El momento de confusión de ambos desapareció cuando otra voz ascendió por las escaleras.

-No los matéis. Tenemos que comprobar a todos.
El trabajador del hotel reaccionó, sacó una pistola con la que apuntó al rubio. Este cogió impulso, menos de lo que esperaba pero suficiente para noquearle. La pelea con Bruno ya se había enfriado y en esos momentos comenzó a sentir el dolor en su cuerpo. Suspiró aliviado al comprobar que no parecía subir nadie. Le quitó el arma al traidor antes de seguir su camino hacia arriba.

-Ian…

Una voz dentro de su cabeza casi le hace caer.

-¿Lilith?

-Shhh, no me respondas solo escucha.

La voz sonaba distorsionada, con eco, como si viniera del fondo de una cueva.

-Ian debes venir a mí…

-Estoy subiendo…

-Shhh… debes entregarte a mí…

Ian se detuvo. Sacudió la cabeza intentando bloquear el acceso al darse cuenta de que no era ella. La voz estalló en carcajadas que le ensordecían. Se agarró la cabeza y gritó. Una imagen le llenó la mente. Sus padres en un charco de sangre, una figura en pie delante de ellos y esa risa.

Cerró los ojos con fuerza.

-Fuera, fuera, fuera…

Recordó la conexión con Unax, lo que sentía, cada sensación, la visión, el corte, sus ojos… Después la desconexión, el dolor…  Silencio.


-Lo conseguí… - Musitó para sí mismo agotado, dejándose caer en el escalón unos segundos antes de iniciar de nuevo la subida.

martes, 14 de marzo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Uy… Casi no llego a tiempo para actualizar hoy. 
Actualizo con el capítulo 6 de Compañeros en la sombra. No adelantaré acontecimientos.


Draven está apagada o fuera de cobertura hasta que se recupere. Desde aquí la envío energía.

Al final he comenzado a leer Ikigai de Heéctor García & Francescs Miralles antes de empezar  Caraval de Stephanie Garber. Tengo curiosidad por saber los secretos de Japón para una vida larga y feliz.

Organizando mi Instagram he creado una cuenta en la que informaré de las actualizaciones del blog, de lo que leo y quizas fotos random con pequeños escritos que me inspiren (no me comprometo a la calidad, ni presumiré de lo que no tengo) y/o citas propias.

Ahora me retiro a mis quehaceres de dominación mundial.

See you
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin 

Compañeros en la sombra

Capítulo 6
Unax

Cuando salió de asearse del baño de Ian, Sharon estaba sentada en el salón. Aparentaba estar en calma. No se giró al sentirle, siguió allí sentada con los brazos y piernas cruzadas. Ian le dedicó una pequeña sonrisa  llena de culpabilidad. “Nada de esto es por su culpa, no debería preocuparse.”

Se sorprendió ver que Sharon le había llevado ropa para él. Unax pensó que Aaron informó a Sharon de lo ocurrido y tan pronto como tuvo todo preparado, fue al piso de Ian. Les obligó a ir con ella al Hotel. En el coche le obligaron a tomar el asiento trasero. Clavó la vista en el espejo donde se reflejaba su compañero mirando como este no levantaba la vista de sus manos. “Parece cohibido”, una actitud que le sorprendía de Ian. En el tiempo que se conocían  nunca le había visto contenerse en replicarle, sin importar cual pudiera haber sido la consecuencia. “Lilith” pensar que ella era el motivo por el que se le veía tan lamentable le provocó una chispa de ira que intentó apaciguar apretando los puños.

Sharon no puso la radio para disimular el incómodo silencio que había en el ambiente. Se preguntaba de qué habían hablado antes de que el saliese del baño. Lilith nunca le convocaba en el hotel, apenas se citaban en persona y cuando sucedía, era un bar de su propiedad, vacío y con un trabajador que les sirviera alcohol. Los trabajos eran contratados por teléfono, emails e incluso video llamadas. Hace mucho tiempo que dejaron de contactarse telepáticamente. No era práctico cuando te pillaban en momentos íntimos y con la evolución del mundo, no merecía la pena el gasto de energía de sus capacidades.

Durante todo los años de vida de Unax,  reconocía no haber visitado casi nada el Hotel. No se sorprendió por la estética ni se molestó en apreciar los detalles de la decoración ni lo empleados.

Desde el interior del ascensor el edificio parecía más alto de lo esperado con todos esos números marcando plantas. Se detuvo en la planta número trece.

-Ian, sal.- Ordenó Sharon con voz firme y mirada herida.

Ian, que había mantenido el mismo comportamiento durante todo el viaje, solo asintió y bajó. Las puertas se cerraron y la chica pulsó el piso número veintisiete.

Unax, se mostraba indiferente. Notaba a Sharon tensa y preocupada. Parecía otra mujer, una que no tenía nada que ver al día que la conoció.

El timbre de llegada sobresaltó a la morena, salió haciendo un gesto con la cabeza para que Unax le siguiera. Los tacones resonaban por el piso de mármol blanco. Las paredes también estaban embaldosadas con el mismo color.  Solo había una puerta al final. Enorme, tanto en altura como en anchura e imitando el marfil.

Sharon abrió la puerta sin llamar y al entrar se quedó a un lado. Unax la adelantó y miró a su alrededor. Toda la habitación parecía ocupar toda esa planta, envolviendo las paredes del pasillo que les separaban de esa gran estancia. Las paredes estaban forradas de estanterías. El aire estaba cargado de olor a madera, polvo y papel. El suelo era de mármol oscuro y solo delante, en un frontal había un gran ventanal. Era una biblioteca. Estanterías, altillos que subían a otras estanterías, rincones con mesas y lámparas para leer poder sentarse y leer... Delante del gran ventanal había un espacio al que se accedía con una escalera marmoleada. Siguió las indicaciones de Sharon para subir hasta allí.

-Hola Lilith.

La mujer estaba de espaldas a él, mirando por el gran ventanal y creando la ilusión óptica de ser solo una sombra olvidada con el paso del tiempo. Esa zona estaba repleta de sillones desgastados con el tiempo que contrastaban con los electrodomésticos modernos para prepararse un café, infusiones o cualquier otra cosa para tomar mientras se dedicaban a la lectura. Se preguntaba si Ian pasó su infancia estudiando aquí o, disimulando mientras comía cacao con leche.

Lilith se giró, haciendo que su vestido color marfil y con brillos perla ondeara sobre su cuerpo.   Tenía la mandíbula tensa y la mirada cansada.

-Siéntate.

El moreno obedeció, dejándose caer en uno de los sofás. No se colocó como alguien que esperara una reprimenda, todo lo contrario, se espatarró.

-Habla Lilith.

La voz de moreno salió cargada de irritación. No era un empleado de aquella mujer, ni uno de sus muchos subordinados. Lo que había entre ellos no le daba permiso a tratarle como uno más de sus esclavos. Le molestaba ser tratado de esa manera y no como un igual a ella.

La mujer suspiró, soltando aire por la nariz. Se dejó caer en el sofá de delante, con la cabeza entre las manos.

-¿Qué ha pasado? ¿Ha tenido algo que ver con…?

-¿Con el favor que me pediste? No. Creí que me llamabas por Ian.

Lilith levantó la mirada con rapidez, apretando los labios.

-¿Qué tiene que ver?

-No trates de disimular conmigo Lilith. ¿Desde cuándo te preocupas tanto por alguien?

-Dicho así, parece que soy una mujer horrible.

-Terrorífica cuando te enfadas, generosa cuando debes. Con Ian estás a otro nivel. Hasta tus subordinados le tratan de otra manera.

-Solo Sharon.

-Y Aaron.

-Él ya no pertenece a los nuestros.

-Parece que aún le guarda cariño, Lilith.

-Por eso se fue.- Resto importancia con la mano- No importa. Dime que ha pasado esta noche para verte obligado a usar tus propias capacidades.

Unax relató cada detalle que recordaba, incluso en sus momentos de consciencia. Se ahorró lo que pasó en el apartamento del rubio.

-No sé si atacaron porque sabían que estaba allí o fue simple coincidencia.

-Unax, ¿eso es inseguridad?

-Si.- confesó el moreno.- Hay un juego interesante sobre el tablero. ¿Puedo trabajar con libertad?

-Sí. Los encargos con Ian han terminado hasta nuevo aviso.

-No. Puedo mantener esto en secreto para él, pero seguirá trabajando conmigo.

Vio la duda en los ojos de la mujer, en como luchaba por no mostrar su deseo de desagrado ante esa idea y como asintió, cediendo.

-No hace falta que sea un secreto. Hablaré con él.

-Lilith, nos conocemos desde hace mucho tiempo. Tú y yo somos de los pocos que quedamos cuerdos. Nuestra relación no es como la amistad humana pero solo entre nosotros nos podemos entender. ¿Por qué nos has traído? No creo que solo sea para esto.

-Ya que vas a trabajar con él  te lo contaré pero prométeme que esto sí que lo mantendrás en secreto.

-“Pues no se puede confiar en nadie y menos en los humanos. Tu secreto será vendido al mejor postor si no sellas sus labios.”


-Gracias, Unax.

martes, 7 de marzo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Me gusta escribir Compañeros en la sombra aunque no lo haga bien. La historia me está enseñando a pensar mejor, corregir, reescribir (confieso que lo hago menos de lo que debería y me gustaría,) a fijarme en detalles que antes pasaba por alto, etc. Aún me queda mucho camino por recorrer pero mi objetivo de usar el blog para entrenar y tal, se está cumpliendo (aunque sea lentamente).
Hoy actualizo con el capítulo 5 del relato.

Draven, (imaginad que es con musiquilla,) entre trabajo y asuntos propios no ha podido actualizar pero lo hará en cuanto pueda.

En breves comenzaré a leer Caraval de Stephanie Garber. Es un libro al que tengo muchas ganas.

Y ahora... me voy a tumbar que estoy en 404 (?) error, salud no encontrada.


See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Compañeros en la sombra

Capítulo 5
Ian

Exigió a Aaron que alguien de sus subordinados les llevara hasta su apartamento. De ninguna manera les haría llevarles hasta el hogar de Unax y que descubrieran su localización. El pelirrojo se empeñó en acompañarles.

Se había desplomado semiinconsciente después de librar a todos del ataque. De haber sabido algo así, Ian hubiera sugerido que le usara a él para combatir antes que verle de esa manera. Su respiración estaba agitada y la temperatura le había subido. Le agarró por la cintura, medio arrastrándole, hasta llegar al coche y tumbarle en el sofá trasero, dejando su cabeza descansar sobre su regazo. Al llegar a su apartamento, Aaron le ayudó a cargar con él hasta arriba y le tumbaron sobre su cama.

-En menos de veinticuatro horas has tenido a dos chicos en tu...

-Cállate Aaron. No es momento para bromas.

Ian apartó los mechones negros de la cara de su compañero y se inclinó para notar su respiración.

-No creo que haga falta que te acerques tanto, Ian.

El rubio le fulminó con la mirada. Conocía a Aaron desde la infancia pero en ocasiones su comportamiento le irritaba y sentía el impulso de gritarle.

Colocó ambas manos en las mejillas de Unax, apenas pasaron tres segundos antes de que el pelirrojo le agarrara con fuerza de las muñecas, obligándole a apartarse. Ian le miró confundido, intentó soltarse pero su amigo no le soltó.

-Suéltale, Aaron.

Ian centró la atención en su compañero, que les miraba con cara de pocos amigos y hacia un gran esfuerzo por mantenerse consciente.

-He dicho que le sueltes.

Aaron obedeció, sonriendo burlón para no mostrar su enfado.

-Bueno, ya he terminado aquí. Te llamaré más tarde Ian.- Guiñó un ojo y se fue dando un portazo al salir.

Ian se sentó en la cama, junto a su compañero y volvió a colocar las manos en sus mejillas.

-Estás caliente.

-Je…

Ian puso los ojos en blanco, “quiere suavizar el ambiente con sus bromas”.

-¿Qué remedio debo aplicarte? Dudo que un medio convencional de los humanos te sirva.

- Hacía mucho que no usaba mi propio poder. El despertar de nuevo pasa factura.

-Deberíamos habernos conectado. Te ves muy débil.

Unax le agarró del brazo y tiró de él, haciéndole caer en su pecho. Ian intentó forcejear pero no conseguía librarse de su agarre sin recurrir a juego sucio. Le golpeó en las costillas.

-Eso ha sido trampa rubito.- tosió.

-No opino lo mismo, cuervo.- disimuló, intentando recuperar la compostura.

- Solo necesito descansar.- suspiró y cerró los ojos.

Ian preparó ropa limpia para cuando se despertara, vigilaba su temperatura y le colocaba toallas húmedas. En una de esas veces se tumbó brevemente a su lado para descansar, antes de reincorporarse se durmió.


La brisa de aire caliente sobre sus párpados le hizo abrir los ojos, se encontró con unos labios finos a delante. Era el aliento del moreno.

-¿Qué hay entre tú y Aaron?

Ian le miró adormilado.

-¿Qué?

- Me intrigas Ian. Lilith te cuida, su ayudante muestra mucho interés en ti, incluso Aaron, que siempre presume de conocer a todo el mundo, jamás le he oído nombrarte. Parece cercano a ti. ¿Qué eres?

-¿Y tú? ¿Tienes alas? Eres uno de los favoritos de Lilith, parece que te envuelves bien  en los antros sobrenaturales y Aaron tampoco me ha hablado de ti nunca.

Unax rodó sobre sí mismo y se colocó sobre él, apoyándose en sus brazos. El rubio entrecerró los ojos en una mirada desafiante, intentando ocultar como la sangre se le acumulaba en las mejillas. Había tenido a Aaron en esa misma cercanía muchas veces y jamás había sentido a su corazón latir como lo hacía en ese momento. Quizás era nervios o la falta de confianza. “No es eso”. Pensaba mientras respiraba de forma contenida. Sentía el impulso de levantar la mano y apartar sus mechones de la cara para poder ver mejor sus ojos. Se contuvo. “Me está probando”.

El moreno se quedó de rodillas sobre él. Se quitó el jersey junto con la camiseta. Antes de que pudiera hablar un resplandor envolvió a su compañero. La fuente de luz venía de su espalda formando un par de alas luminosas. Ian, boquiabierto, se reincorporó sobre sus codos.

-Un ángel…-musitó mientras veía la luz de Unax apagarse.

-Algo así. Te toca.

-Me crié junto a Aaron. Es el hermano pequeño de Sharon y al igual que todos los que me tratan bien es por la influencia de Lilith.

-¿Por qué?

Ian se encogió de hombro. Sentía que se quitaba un peso de encima al confesar en voz alta lo que realmente pensaba. Era como una mosca cojonera que siempre había tenido rondándole con un molesto zumbido en la cabeza.  Clavó la mirada en el torso desnudo de su compañero. Vio que tenía líneas sobre su piel. Al fijarse mejor se dio cuenta de que era un tipo de escritura, de color más claro que el de su piel. Sin pensarlo pasó la yema de los dedos por ellas y Unax le sujeto para detenerle.

-¿Intentas seducirme rubito?

El humano carraspeó y se levantó de la cama, intentando una vez más, recuperar la compostura delante del moreno.  

-Ian, antes de saber que tenías una relación con Lilith ya me gustabas. ¿Recuerda? Te dije que aprobaste con sobresaliente.

El rubio sonrió, le creía. Por alguna razón eso le hizo sentir aliviado, como si fuera la primera vez que alguien le aceptaba por él mismo. Una emoción nueva.


-Gracias, Unax.