martes, 14 de marzo de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 6
Unax

Cuando salió de asearse del baño de Ian, Sharon estaba sentada en el salón. Aparentaba estar en calma. No se giró al sentirle, siguió allí sentada con los brazos y piernas cruzadas. Ian le dedicó una pequeña sonrisa  llena de culpabilidad. “Nada de esto es por su culpa, no debería preocuparse.”

Se sorprendió ver que Sharon le había llevado ropa para él. Unax pensó que Aaron informó a Sharon de lo ocurrido y tan pronto como tuvo todo preparado, fue al piso de Ian. Les obligó a ir con ella al Hotel. En el coche le obligaron a tomar el asiento trasero. Clavó la vista en el espejo donde se reflejaba su compañero mirando como este no levantaba la vista de sus manos. “Parece cohibido”, una actitud que le sorprendía de Ian. En el tiempo que se conocían  nunca le había visto contenerse en replicarle, sin importar cual pudiera haber sido la consecuencia. “Lilith” pensar que ella era el motivo por el que se le veía tan lamentable le provocó una chispa de ira que intentó apaciguar apretando los puños.

Sharon no puso la radio para disimular el incómodo silencio que había en el ambiente. Se preguntaba de qué habían hablado antes de que el saliese del baño. Lilith nunca le convocaba en el hotel, apenas se citaban en persona y cuando sucedía, era un bar de su propiedad, vacío y con un trabajador que les sirviera alcohol. Los trabajos eran contratados por teléfono, emails e incluso video llamadas. Hace mucho tiempo que dejaron de contactarse telepáticamente. No era práctico cuando te pillaban en momentos íntimos y con la evolución del mundo, no merecía la pena el gasto de energía de sus capacidades.

Durante todo los años de vida de Unax,  reconocía no haber visitado casi nada el Hotel. No se sorprendió por la estética ni se molestó en apreciar los detalles de la decoración ni lo empleados.

Desde el interior del ascensor el edificio parecía más alto de lo esperado con todos esos números marcando plantas. Se detuvo en la planta número trece.

-Ian, sal.- Ordenó Sharon con voz firme y mirada herida.

Ian, que había mantenido el mismo comportamiento durante todo el viaje, solo asintió y bajó. Las puertas se cerraron y la chica pulsó el piso número veintisiete.

Unax, se mostraba indiferente. Notaba a Sharon tensa y preocupada. Parecía otra mujer, una que no tenía nada que ver al día que la conoció.

El timbre de llegada sobresaltó a la morena, salió haciendo un gesto con la cabeza para que Unax le siguiera. Los tacones resonaban por el piso de mármol blanco. Las paredes también estaban embaldosadas con el mismo color.  Solo había una puerta al final. Enorme, tanto en altura como en anchura e imitando el marfil.

Sharon abrió la puerta sin llamar y al entrar se quedó a un lado. Unax la adelantó y miró a su alrededor. Toda la habitación parecía ocupar toda esa planta, envolviendo las paredes del pasillo que les separaban de esa gran estancia. Las paredes estaban forradas de estanterías. El aire estaba cargado de olor a madera, polvo y papel. El suelo era de mármol oscuro y solo delante, en un frontal había un gran ventanal. Era una biblioteca. Estanterías, altillos que subían a otras estanterías, rincones con mesas y lámparas para leer poder sentarse y leer... Delante del gran ventanal había un espacio al que se accedía con una escalera marmoleada. Siguió las indicaciones de Sharon para subir hasta allí.

-Hola Lilith.

La mujer estaba de espaldas a él, mirando por el gran ventanal y creando la ilusión óptica de ser solo una sombra olvidada con el paso del tiempo. Esa zona estaba repleta de sillones desgastados con el tiempo que contrastaban con los electrodomésticos modernos para prepararse un café, infusiones o cualquier otra cosa para tomar mientras se dedicaban a la lectura. Se preguntaba si Ian pasó su infancia estudiando aquí o, disimulando mientras comía cacao con leche.

Lilith se giró, haciendo que su vestido color marfil y con brillos perla ondeara sobre su cuerpo.   Tenía la mandíbula tensa y la mirada cansada.

-Siéntate.

El moreno obedeció, dejándose caer en uno de los sofás. No se colocó como alguien que esperara una reprimenda, todo lo contrario, se espatarró.

-Habla Lilith.

La voz de moreno salió cargada de irritación. No era un empleado de aquella mujer, ni uno de sus muchos subordinados. Lo que había entre ellos no le daba permiso a tratarle como uno más de sus esclavos. Le molestaba ser tratado de esa manera y no como un igual a ella.

La mujer suspiró, soltando aire por la nariz. Se dejó caer en el sofá de delante, con la cabeza entre las manos.

-¿Qué ha pasado? ¿Ha tenido algo que ver con…?

-¿Con el favor que me pediste? No. Creí que me llamabas por Ian.

Lilith levantó la mirada con rapidez, apretando los labios.

-¿Qué tiene que ver?

-No trates de disimular conmigo Lilith. ¿Desde cuándo te preocupas tanto por alguien?

-Dicho así, parece que soy una mujer horrible.

-Terrorífica cuando te enfadas, generosa cuando debes. Con Ian estás a otro nivel. Hasta tus subordinados le tratan de otra manera.

-Solo Sharon.

-Y Aaron.

-Él ya no pertenece a los nuestros.

-Parece que aún le guarda cariño, Lilith.

-Por eso se fue.- Resto importancia con la mano- No importa. Dime que ha pasado esta noche para verte obligado a usar tus propias capacidades.

Unax relató cada detalle que recordaba, incluso en sus momentos de consciencia. Se ahorró lo que pasó en el apartamento del rubio.

-No sé si atacaron porque sabían que estaba allí o fue simple coincidencia.

-Unax, ¿eso es inseguridad?

-Si.- confesó el moreno.- Hay un juego interesante sobre el tablero. ¿Puedo trabajar con libertad?

-Sí. Los encargos con Ian han terminado hasta nuevo aviso.

-No. Puedo mantener esto en secreto para él, pero seguirá trabajando conmigo.

Vio la duda en los ojos de la mujer, en como luchaba por no mostrar su deseo de desagrado ante esa idea y como asintió, cediendo.

-No hace falta que sea un secreto. Hablaré con él.

-Lilith, nos conocemos desde hace mucho tiempo. Tú y yo somos de los pocos que quedamos cuerdos. Nuestra relación no es como la amistad humana pero solo entre nosotros nos podemos entender. ¿Por qué nos has traído? No creo que solo sea para esto.

-Ya que vas a trabajar con él  te lo contaré pero prométeme que esto sí que lo mantendrás en secreto.

-“Pues no se puede confiar en nadie y menos en los humanos. Tu secreto será vendido al mejor postor si no sellas sus labios.”


-Gracias, Unax.

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