martes, 21 de marzo de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 7
Ian
El rubio estaba dando vueltas en una de las salas de entrenamiento del treceavo piso. Amplia con suelo de madera natural, despejada con un espejo en una de las paredes, en otras dos llenas de armas de mano y en la restante, donde se encontraba la puerta, estaban las toallas y refrescos.

Sharon había aparecido en su apartamento conteniendo rabia detrás de una sonrisa. Pocas veces la había visto así y ninguna fue con el enfado dirigido hacia él. Llegó diciendo que debían ir con ella al hotel y no podía decir más. No recordaba haberse sentido así de incómodo en mucho tiempo.  Después de bajar del ascensor se había cruzado con un par de antiguos compañeros de entrenamiento. Con ninguno había establecido una relación más allá de la profesional, salvo para discutir. Quienes no le trataban bien por Lilith, hacían lo contrario. Sabía que desde que se presentó al trabajo suicida su impopularidad había aumentado.

-Parece que aún vives.

Ian rodó los ojos, “Bruno” pensó al reconocer el reflejo en el espejo de quien estaba a su espalda. Era un chico mayor que él en todos los sentidos. En edad, altura, músculos… Desde que empezó a ganarle en los entrenamientos había dedicado su tiempo libre a reunir gente que sintiera el mismo desprecio hacia él. Le acompañaban dos de sus amigos.

-Siento decepcionarte.

Bruno miró a sus compañeros e ironizó una carcajada. Ian estaba cansado de tener que lidiar cordialmente con encontronazos así. Solían acabar en una pelea con la excusa de ser “un entrenamiento”. Si ellos ganaban, se recreaban en la victoria y no daban por zanjado el combate. Si le partían un hueso “tienes que entrenar más niñito”. Si ganaba él, más discordia.

Cuando era niño empezó a mantener las distancias con Lilith para acallar los cotilleos hasta acabar pasando la mayor parte de su tiempo con Sharon y Aaron.  Lilith hizo lo mismo aunque conservaba el apego contenido hacia él. Quizás porque le salvó cuando era pequeño y se sentía responsable de él porque fue amiga de sus padres biológicos, o simplemente solo esperaba el momento indicado para darle buen uso. Nunca quiso ser desagradecido, al contrario. Pero, una pequeña parte de él, la que escondía en su interior, siempre le susurraba que en realidad nada de esto tenía que ver por él. Solo lo hacían por Lilith y eso, le dejaba vacío por dentro. “Hasta ahora”. Que su nuevo compañero le aceptase por sus propias cualidades y que gracias a eso pudiera imponerse a Lilith había despertado algo en él. Por fin había alguien que no le juzgaba si conocerle antes.

El suelo de la sala tembló, el ambiente fue envuelto por el sonido de las alarmas acompañadas de nuevas explosiones. A su alrededor las placas de los techos caían y rompían contra el suelo junto con los cristales.

Con el desconcierto en el aire Bruno le sujetó por un hombro, le asestó un puñetazo en el estómago, aprovechó el trastabillo del rubio para darle otro golpe. Los acompañantes sujetaron a su amigo antes de que pudiera golpear de nuevo a Ian.

-¿Te has vuelto loco, Bruno? No es momento para esto.

El joven musculoso se soltó del  agarre. Con habilidad volvió el gesto hacia sus compañeros. Las venas de sus brazos se hincharon. Sus amigos, lucharon por soltarse pero fue inútil. La mole de bíceps les golpeó contra ellos mismos, haciendo que sus cráneos se fusionaran en una mezcla de hueso y sangre.

-¿De qué va todo esto?

Ian esta atónito. Las alarmas habían dejado de sonar en medio de la confusión. Pudo oír las órdenes que gritaban en el pasillo junto con sonidos de lo que parecían peleas. Apenas podía hacerse a la idea de que el edificio de Lilith estuviera de repente en aquel caos. Las protecciones que rodeaban el Hotel se reforzaban cada poco tiempo y por lo poco que sabía, la propia Lilith se encargaba de ello. Las armas humanas podían herir levemente su estructura, tanto como un martillo lanzado a una pared con rabia. No temía que el edificio se derrumbase, no lo creía posible.

-Si no quieres que te haga más daño, sígueme como el buen perrito de Lilith que eres.

El rubio sonrió de medio lado e inició el ataque. Le devolvió el golpe en el estómago. Sintió que golpeaba una pared de hormigón. “No parece humano”. Pensó en el instante que cambiaba de estrategia. Sin tropezar llegó hasta las armas caídas, cogió un hanbô, (un bastón de madera). Ian era ágil mientras que Bruno se limitaba a recibir los golpes sin intentar esquivarlos. Parecía un saco de boxeo que no sentía los ataques del joven.

-¿Qué eres? No eres humano.

Bruno rió.

-Lo soy pero con algunos retoques. Tú te tiñes y yo,- se señaló todo a él- acepto una mejora a cambio de mis servicios.
-¿Has traicionado a Lilith?

-No soy como tú, Ian. A mí no me tiene con correa ni mimado. ¿Crees que somos tontos? Lilith siempre tiene un ojo puesto en ti. Aunque hagamos el mismo trabajo, te tiene preferencia. Queremos un trato justo.

-¿De qué hablas? La mayoría de los rumores te los inventaste tú.

- No importa. Nos han ofrecido todo lo que queramos.

-¿Quién? ¿Cuántos sois?

Ian trataba de atar cabos en su cabeza. Bruno hablaba en plural. “¿Cuántos traidores hay?”

-¡Basta! Si no vienes por las buenas…

Antes de acabar la frase, Ian partió el bastón contra el suelo, saltó hacia delante y atravesó la garganta de Bruno con la parte puntiaguda del hanbô.

-Y que conste, que no me tiño.



Salió al pasillo y tosió. Olía a humo, polvo, sangre y algo más. “¿Qué clase de poder es este?” Se tapó la nariz. Al dirigirse a las escaleras esquivó cables sueltos que chispeaban al hacer contacto. Parecía una zona de guerra dentro del edificio. Mientras asumía que todos estarían descendiendo, el empezó a subir. Cuando bajó del ascensor vio por el rabillo del ojo que piso marcaba Sharon. “He de buscar a Unax.”
Alguien apareció delante. El momento de confusión de ambos desapareció cuando otra voz ascendió por las escaleras.

-No los matéis. Tenemos que comprobar a todos.
El trabajador del hotel reaccionó, sacó una pistola con la que apuntó al rubio. Este cogió impulso, menos de lo que esperaba pero suficiente para noquearle. La pelea con Bruno ya se había enfriado y en esos momentos comenzó a sentir el dolor en su cuerpo. Suspiró aliviado al comprobar que no parecía subir nadie. Le quitó el arma al traidor antes de seguir su camino hacia arriba.

-Ian…

Una voz dentro de su cabeza casi le hace caer.

-¿Lilith?

-Shhh, no me respondas solo escucha.

La voz sonaba distorsionada, con eco, como si viniera del fondo de una cueva.

-Ian debes venir a mí…

-Estoy subiendo…

-Shhh… debes entregarte a mí…

Ian se detuvo. Sacudió la cabeza intentando bloquear el acceso al darse cuenta de que no era ella. La voz estalló en carcajadas que le ensordecían. Se agarró la cabeza y gritó. Una imagen le llenó la mente. Sus padres en un charco de sangre, una figura en pie delante de ellos y esa risa.

Cerró los ojos con fuerza.

-Fuera, fuera, fuera…

Recordó la conexión con Unax, lo que sentía, cada sensación, la visión, el corte, sus ojos… Después la desconexión, el dolor…  Silencio.


-Lo conseguí… - Musitó para sí mismo agotado, dejándose caer en el escalón unos segundos antes de iniciar de nuevo la subida.

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