martes, 28 de marzo de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 8

Unax

Momentos antes de la primera explosión Lilith se levantó de forma brusca, cortó la conversación que estaban teniendo y gritó hacia Sharon para que se acercara. Desplegó parte de su poder creando la misma sensación que estar en el ojo de un huracán. Nada se movía a su alrededor, la fuerza que les rodeaba era invisible y de no ser por las sensaciones sobre su piel, nada delataba lo que estaba sucediendo.

-Nos atacan.

-No puede ser. Las barreras son imposibles de travesar.

Sharon miraba a su alrededor en busca de señales.

-Nos atacan desde dentro. Han descubierto el punto débil.

-¿Qué? Dijiste que lo arreglarías.

 Sharon se agachando la cabeza ante la mirada desafiante de Lilith. No importa cuanta confianza se tuvieran, Lilith no toleraba que se le hablase en ese tono.

 Amplió la protección a toda la habitación. Dio órdenes a Sharon de que monitorizara lo que estaba sucediendo. Los controles estaban en una de las paredes paralelas al pasillo, creando en el rincón una base de operaciones abierta.

-Hay empleados que nos atacan. Traidores.

-No verán el amanecer de mañana.- Aseguró Lilith.

-Han cerrado las puertas del Hotel y dejado inservibles los ascensores. Ascienden por las escaleras recorriendo pisos. Hay enfrentamientos por todo el edificio.

-¿Dónde está Ian?- Preguntó Unax, buscando a su compañero en las pantallas.

-No consigo localizarle.

-Encuéntrale, Sharon.- Lilith puso una mano sobre el hombro de su empleada. El moreno vio como la joven asentía y rozaba los dedos de su superiora con el mentón.

Sharon se puso en contacto con aquellos que aún se mantenían en pie y eran leales. Reproducía las órdenes que le transmitía Lilith y transcribía la información que les remitían.

-¿Por qué se están llevando a la gente? – Preguntó Sharon a uno de los empleados con quien intercambiaba datos.

Unax indicó a Lilith que le siguiera a un lugar donde pudieran hablar sin que les escucharan la joven.
-Ahora que sé la historia, deduzco que buscan a Ian ¿verdad?

-Así es. Ha sido un fallo mío. Lo he visto venir demasiado tarde.

Unax se agarró la cabeza. Un zumbido envolvía sus pensamientos, impidiendo que pudiera reaccionar antes de caer de rodillas y vomitar.

“Ian…” Un sonido agudo le taladraba la cabeza obligándole a mantener los ojos cerrados. La realidad perdía importancia, su atención estaba en lo que le ocurría al rubio. Hacía años que no sentía una conexión mental  con tanta intensidad. Para establecer un lazo de esas características primero hay que ligado de cierta manera o ritual, algo que ellos no habían realizado. Notó una presencia en el interior de su compañero y como este luchaba por expulsarlo. Unax comenzó a pensar en la conexión que habían establecido en las misiones, intentando enviar esa imagen y sensaciones para que Ian las captase y que el recuerdo le ayudase a expulsar a quien le estaba invadiendo. Se concentró con fuerza y rabia. Deseaba patear a quien estaba provocándoles aquel dolor a su rubio.

El moreno recuperó el aliento cuando notó que Ian lo había conseguido. Lilith se había agachado junto a él, ensuciando sus ropas y apartándole el pelo de la cara. Por el rabillo de ojo pudo ver como Sharon intentaba no mirarles con cara de pocos amigos.

-Ian… ha sido atacado… mentalmente.- No vio la expresión de Lilith pero pudo notar como su cuerpo se tensaba- Ya está a salvo. Se dirige hacia aquí.

-Tienes que sacarle de aquí. Nosotras nos encargaremos de recuperar MI hotel.

-Debe saber la verdad.- Levantó la mirada y se encontró con los ojos agua marinos llenos de frialdad.- “Un secreto puede ser peligroso si se guarda demasiado. Un secreto destruye con más ferocidad que la peor de las espadas.”

- Siempre acabas citándo nuestros viejos juramentos. Intenta contenerlo el máximo tiempo posible y te deberé dos favores.

-Acepto.

-¡Lilith!

El grito de Sharon la obligó a dejar al moreno en el suelo. Lilith tomó asiento en una gran butaca. Su posa brazos tenían forma de otros invertidos quedando con las manos entrelazadas cuando Lilith se sentó. La protección se replegó azotándoles en el camino. Los sonidos del exterior eran terribles. Era sorprendente que consiguiera silenciar el caos que se había formado en su edificio. De Lilith fluyó una luz por el suelo, simulando las ondas del agua que se alejaban por toda la superficie. Rodeaba las paredes, el suelo y se alejaba por el pasillo, unas tras otra. Unax se levantó y vio por las cámaras como las ondas llegaban al resto. A algunos les envolvía y estos parecían recobrar la salud y fuerza, a otros… lo contrario. Se retorcían y caían. La confusión les desestabilizaba haciendo que quienes permanecían fieles tomaran ventaja. Con fuerzas renovadas comenzaron a recuperar terreno.  Sharon ordenó que no matasen a todos porque querían sacarles información.

-Unax…- le llamó una voz jadeante desde el marco de la puerta. Allí estaba el rubio, con una sonrisa aliviada en el rostro marcado por el cansancio y las peleas. El moreno se acercó a pasos agigantados, ofreciéndole su hombro.

-Están… subiendo.

Ian intentó acercarse a Lilith pero no tenía fuerzas. El poder de Lilith no le hacía efecto en ninguno de los sentidos.

-Hay una salida de emergencia. Salid por allí. Cuidaré de Lilith.- Indicó Sharon, colocándose entre el rubio y su jefa.

-Espera. Sea lo que sea os voy a ayudar y no voy a irme sin hablar con …

-Ahora estarás bajo mi cuidado- sentenció Unax.

El moreno percibió como Ian se puso rígido y apretó los nudillos sobre su jersey. Siguió a Sharon cargando con el rubio. En uno de los laterales de la escalera de la habitación había una puerta. La abrió y cerró tras ellos después de indicarles que solo debían seguir el camino.

Apenas habían avanzado diez pasos cuando encontraron una escalera que descendía en forma de caracol cuadrado con pequeño descansos para girar. El hormigón,  la escasa iluminación, el olor a cerrado parecían el descenso al infierno. Ian se soltó del agarre, exponiendo que podía mantenerse en pie por su propia cuenta. Estaba extrañamente  silencioso, el moreno lo atribuyó al cansancio de la pelea y a la preocupación por los suyos.” Quizás también está molesto por haber sido obligado a abandonar el edificio mientras todos siguen luchando.”

En uno de los descansos de la escalera había una puerta de metal. Ian apoyó la oreja en ella e hizo señas de silencio. Puso la mano en el picaporte y abrió. La puerta no chirrió como esperaba que lo hiciera. Se encontraron con otra puerta que al abrir daba a una azotea escondida. Por la altura no era visible desde el exterior y por la ubicación, pasaba inadvertida para los del interior. En el exterior nada revelaba lo que estaba sucediendo dentro. El mundo seguía girando, ignorante.  Ian se acercó hasta el borde, tras inspirar profundamente miró hacia arriba. Nada.

-¿Por qué nos vamos? ¿Lo sabes?

Unax se colocó en un lateral sin devolverle la mirada, desplegó las alas con su propio poder.

-Te llevaré en mis brazos a un lugar seguro.

Pudo ver dolor tras las pupilas del rubio cuando sus ojos se encontraron.

-¿Cómo una princesita?- Se burló con enfado. Unax no le siguió el juego y aprovechando el cansancio de su compañero le cargó en sus brazos.


Ignoró las protestas del rubio y alzó el vuelo.

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