martes, 25 de abril de 2017

Actualización martes

To my little readers:

De nuevo, no actualizo con Compañeros en la sombra. No he sabido administrar bien mi tiempo y no quiero subirlo chapucero y por obligación. Debido a esto y como la semana pasada, he improvisado un micro mini relato: La verdad tras el miedo.

Ey, al menos actualizo y no público sin revisar, es un avance ¿no? Creo que significa que trabajo mejor los textos… Un   ¿poquitín? Voy a llorar  en mi rincón de pensar.

En fin, no tengo mucho más que decir.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

La verdad tras el miedo

La iluminación había ido cambiando con el paso de las horas. Apenas se había ocultado el sol cuando el papel crujió de nuevo bajo su mano, arrugándolo de nuevo. Había estado toda la tarde tratando de dibujar algo que le despertase satisfacción por el trabajo bien hecho, sin embargo, las pelotas de celulosa se acumulaban alrededor de la papelera. Tampoco tenía buena puntería.

En algunos momentos se sentía eufórico, capaz de conseguir trazar las líneas como las veía en su cabeza. A los cinco segundos siguientes de ese pensamiento otro le golpeaba con fuerza, gritándole que dejara de soñar despierto, que jamás conseguiría ser tan bueno como la gente que seguía en instagram. “Cada uno tiene su propio estilo, no hay reglas” se repetía una y otra vez, tratando de convencerse así mismo para no caer en la desesperación y la frustración.

No quería mostrar propios dibujos. Se defendía diciendo que no buscaba la aprobación de otros, ni comentarios.  La realidad era bien distinta. No tenía autoconfianza ni autoestima. Tenía miedo de que nadie reaccionara a sus creaciones, confirmando así que en efecto, jamás llegaría a nada.


sábado, 22 de abril de 2017

Viernes (casi sábado pero... ñiej!)

Lo conseguí!!!!!! Terminé los retos san valentinianos. Dos meses más tarde, pero lo he conseguidooooo!!  

Silencios es mi último relato, en el que Shin me obligaba a no autocensurarme, a que me basara en una canción que me tuviese enganchada últimamente, que no hubiese muerte y a que cayese un beso por lo menos.

Como veis estaba un poco tiranilla aquí la moza... Es que saca el látigo a pasea y dila tú que no, sabes??

En fin, lo de la autocensura es discutible. La cosa es que de primeras yo tenía un flash que me llevaba a un empotramiento importante (nota de la autora: Hola Lynn, te veo salir por mis poros chata), pero a medida que he ido escribiendo me ha salido algo más... hum... raro. Y no me venía bien lo de empotrar a nadie, así que no ha sido autocensura sino libre albedrío. La canción no es canción en realidad, sino album completo y es que por alguna razón estoy enganchada a Ed Sheeran. No pensaba yo que me fuese a gustar, y mira... Me ha ganado el chaval. Y mientras escuchaba su disco, pues ha salido esto. Y sí, canturreo "Shape of you" con una asiduidad que asusta ya...

Total, que he hecho lo que me ha salido un poco del forrín. Pero eh, hay besito y no ha muerto nadie, así que más o menos... 

Para la próxima semana más y mejor. 

Draven

Silencios

Podría decirse que terminaron conociéndose por casualidad, pero fue más que eso. Llevaban todo un año encontrándose continuamente, misión tras misión. Ella, una cazarrecompensas que operaba siempre en el límite de lo legal. Él, un reconocido periodista que trabajaba con la policía de forma ocasional. Solía infiltrarse entre miembros de la mafia, bandas de la calle, empresas clandestinas… Cualquier cosa que pudiera proporcionarle una buena historia. Su privacidad era su mejor baza como periodista. Todo el mundo había oído hablar de él, pero nadie era capaz de ponerle cara. Excepto ella.

La primera vez que coincidieron, descubrió su tapadera en menos de dos minutos. El trabajo de cazarrecompensas no era sencillo, y una de las claves de su supervivencia era saber calar a la gente. Ella supo que él no era quién decía ser al instante. Pero no era de su incumbencia, así que lo dejó pasar. Aquel trabajo fue sencillo, no tardó en llevar al líder de un intento de banda callejera al jefe de policía que había puesto precio a su cabeza.

La segunda vez, ambos se fijaron el uno en el otro.

La tercera, comenzaron a sentirse como viejos conocidos.

La cuarta, pasaron horas buscándose. Ya no coincidían, se esperaban.

Y todo esto sin haber intercambiado una sola palabra.

No pasó mucho tiempo hasta que el jefe de policía le habló de ella. En su próxima misión, él tendría que conseguir acercarse todo lo posible al padrino de una antigua mafia. No iba a ser fácil. El sujeto era increíblemente desconfiado, e iba a ser necesaria una auténtica prueba de lealtad para que confiase en él. El jefe de policía sabía que el viejo llevaba meses detrás de la cazarrecompensas, así que trabajarían con ella para ponerla a su servicio. En realidad, lo que el viejo padrino quería era que la chica trabajase para él, cazando a sus enemigos al igual que cazaba ladrones para la policía.

Ella aceptó. La suma de la recompensa si conseguían atrapar al viejo era cuantiosa. Y ella era excepcionalmente buena en su trabajo.

Pero costó muchas horas. Muchos servicios de vigilancia, noches enteras en el coche, esperando, observando.

Horas que pasaron juntos en el más absoluto silencio. Ninguno de los dos era conocido por su don de la palabra. Ambos eran reservados y preferían observar y escuchar a llenar el silencio de palabras vacías. No tardaron en descubrir que sus gustos eran realmente afines, aún sin tener que compartir esta información. Los dos pasaban el rato en el coche leyendo, a menudo los mismos títulos, y la única norma que se pusieron fue que se turnarían para controlar la música. Pronto descubrieron que no era necesario. Las miradas intrigadas cuando uno ponía un grupo que el otro adoraba desde hacía años fueron recurrentes. En un par de días comenzaron a prestarse los libros. “¿Te importa?” era la frase que más repetían en esas largas horas para tomar prestado uno de los libros del otro.

Los silencios eran permitidos. Cómodos. Incluso buscados.

Conocían el nombre del otro por habérselo oído a terceras personas, y aun así, sabían mucho más de lo que cualquiera que les viese podría pensar.

A él se le pasaban las horas mirándola mientras leía, completamente sumergida en la historia que contaban las palabras entre las que él mismo se había perdido un par de días atrás.
A ella le gustaba mirarle cuando escuchaba una canción que realmente disfrutaba. La vivía, y la gustaba que cerrase los ojos para empaparse de cada nota, cada palabra.

La misión duró un par de semanas más de lo previsto, pero consiguieron su objetivo. La chica cobró la generosa recompensa. Él publicó una crónica que le otorgó varios premios por su investigación.

Un par de meses después, volvieron a encontrarse en una misión. De nuevo, no hubo palabras entre ellos. Sus ojos se encontraron en uno de los últimos clubs de moda. Él supo de inmediato que ella estaría allí, a la caza de un joven comerciante de armas. Ella asintió levemente cuando le vio allí, reconociendo su presencia.

Lo que ninguno sabía era la forma en la que se habían estado buscando el uno al otro en las últimas semanas. En cada caza, ella había registrado los lugares en su busca. En cada reportaje, él esperaba encontrarla yendo tras el fugitivo del momento.

Se encontraron en mitad de la pista de baile, sin haber sido premeditado. Él había comenzado a caminar a su encuentro y, al parecer, ella había tenido la misma idea. Allí, en el medio de una multitud que bailaba al son de la música, estaban ellos dos. Quietos. Mirándose. Y, una vez más, sin hablar.

¿De qué sirven las palabras, cuando las miradas son capaces de transmitirlo todo si se presta atención? Y otra cosa quizá no, pero ellos eran grandes observadores. Prácticamente profesionales.

Se acercaron poco a poco. Ambos veían su deseo reflejado en el otro, pero era algo tan poco común, que ninguno estaba totalmente seguro de estar en lo cierto.

Pero lo estaban. En el momento en el que las manos de él acariciaron su cadera, ella terminó con el espacio que los separaba. Fue sorprendente como aquel primer beso entre ellos fluyó como si lo hubiesen practicado mil veces. Cualquiera de los allí presentes hubiese jurado que aquellos dos llevaban toda una vida juntos. Fue tierno y pasional a la vez. Dulce, pero increíblemente erótico. Lento, aunque pareció efímero.

En el momento en el que ella sintió la pared contra su espalda, puso su mano entre los cuerpos de ambos para coger aire y mirarle a los ojos. Ni siquiera tuvo que decirlo en voz alta. Él tomó su mano y salieron juntos del club para poner rumbo al coche en el que habían pasado tantas horas juntos. Durante el camino no hablaron. Nada de “¿dónde has estado todo este tiempo?”. Ninguno dijo “te he estado buscando”. No tenía sentido pronunciarlo en voz alta.


Ambos lo sabían. Porque nadie les entendía, pero ellos se comunicaban a la perfección.

martes, 18 de abril de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Cof… En realidad tengo el capítulo 10 de compañeros en la sombra en borrador y una parte del relato reescrita. A última hora no me concentraba y me he negado a subirlo mal reescrito (aunque no habría mucha diferencia de lo usual.) Reconozco que he improvisado un micro relato. Muy micro relato jejeje. Lo importante, para mí, es que he cumplido mi objetivo de actualizar hoy aunque sea con mini historia: Olvidado.

Draven ya está aquí. No me canso de decir que es ella quien da categoría al blog. Y encima se atreve a negármelo…. Colleja.

Bueno, bueno mis BJD ya han llegado, en cuanto las customice y deje de estar en modo fangirl empezaré a relatar sus aventuras.

Habiendo cumplido, me marcho a fangirlear.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Olvidado


En la oscuridad de la noche el frío silbaba en el exterior de la cabaña abandonada y los tablones de las ventanas golpeaban uniéndose a la siniestra melodía. En el interior, acurrucado bajo una sábana desgastada, la ropa andrajosa colgaba en los huesos de lo que fue un niño. Conservaban la postura en la que falleció, abrazándose así mismo con la cabeza agachada entre las piernas.  De pie, observando el bulto, había una figura translúcida sollozando. El mismo niño, aterrado por los ruidos y esperando. Esperando a que alguien regresara a por él para dejar de estar olvidado.

lunes, 17 de abril de 2017

Ya estoy aquí!

Ya está, ya he llegao!! Dos meses tarde... Es que soy yo muy de llegar tarde a todos los sitios ^^U

No voy a contaros mis excusas, porque se me haría la entrada eterna, pero entre obras, trabajo y salud, he estado un pelín saturadilla... Y encima lo que tenía que escribir era amorático aún, lo que me hacía tener muchas menos ganas de sentarme frente al ordenador. Pero con este Apocalipsis y el siguiente relato termino con los amoríos (al menos los autoimpuestos) y puedo volver a la sangre y las vísceras!!

*coro angelical de fondo*

Huelo en el aire más fics, probablemente de Supernatural, serie a la que llevo unos 12 años enganchada y no, no será Destiel Shin, lo siento. Soy muy fan de los fanfics, valga la redundancia. Puede que porque fuese la forma en la que yo comencé a escribir, con fanfics de Buffy, o también porque me parece una forma muy bonita y creativa de rendir homenaje a las series, películas, libros, etc, que nos apasionan. Porque los fics nacen de ahí, de la pasión, del no poder esperar a ver que pasa en la serie y decir "me lo invento yo!". De amar a un personaje y querer reescribir su camino. Y muchas veces, de las ganas de querer vivir la propia historia desde dentro.

En fin, sobretodo decir que siento la ausencia, y que gracias Shin, por tu paciencia y apoyo infinitos. Sin Shin, Draven no es ná.

Apocalipsis

El entrenamiento siempre era excesivamente duro, pero aquella noche, Evan estaba llevándolo a un nivel completamente nuevo para Laia. En el fondo no era para menos. Aquel no era el mundo en el que habían nacido... Desde que la guerra estalló, nada fue igual. Lo que en un principio parecía un conflicto humano más, dio paso a una guerra mundial en la que nadie salió bien parado. Sin conocimiento alguno, llegaron las armas biológicas, dando lugar a un virus que arrasó con la mayor parte de la población. Ahora sólo quedaban unos pocos, algunos reunidos en grupos de defensa, otros solos, vagando por ciudades desoladas. Y ni si quiera eso era lo peor. El mayor temor del ser humano se cumplió. El virus mutó en el interior de los cadáveres que se amontonaban en las ciudades, contagiando a los humanos que quedaban en los alrededores. Esto dio lugar a una enfermedad que terminaba con toda conciencia y convertía a sus víctimas en auténticos salvajes, inmunes a todo excepto a la plata. El temido apocalipsis zombie se había producido.

Evan había preparado una vieja residencia universitaria como centro de operaciones de un grupo de supervivientes. Tanto él como su hermana Faith eran soldados severamente entrenados que habían logrado salir de su ciudad y llegar a lo que en un principio era un lugar seguro. No tardó en ser infectado, como el resto del país, pero logró construir un lugar en el que entrenar y sobrevivir. Allí iban aceptando a los pocos supervivientes que iban encontrando durante sus salidas. Entre ellos, estaba Laia. Evan la encontró refugiada en la biblioteca de la residencia, no era más que una civil, una bibliotecaria especialmente entregada a su trabajo. Pero de alguna forma había logrado mantenerse con vida desde que el virus mutó. Hacía varios meses que vivía en la residencia y él era increíblemente duro con ella. Los entrenamientos eran feroces, y durante los primeros días no había un recoveco en el cuerpo de la chica que no tuviese una herida. Pese a que aprendía rápido, Evan la exigía más y más cada día.

- No puedo más, Evan. -dijo Laia perdiendo la postura y desmoronándose contra la pared del gimnasio en la que la tenía acorralada.

- En una pelea no te van a conceder un tiempo muerto, Laia. Esos seres son letales, rápidos. Un descuido y te convertirás en uno de ellos.

- Lo sé, no soy estúpida. Pero llevamos más de cuatro horas entrenando. Y no sé qué te pasa hoy, pero estás aún más violento de lo normal.

- ¡Lo que me pasa es que no estás intentándolo, Laia! ¡A veces parece que quisieras morir ahí fuera, maldita sea!

- Tienes que estar de broma... -dijo ella frotándose el brazo. La había agarrado tan fuerte durante la pelea que seguro que ya estaba saliéndola un moratón- ¡Te sigo el ritmo como puedo, Evan! Yo no soy un soldado, ¿recuerdas? Soy una maldita bibliotecaria, ¡pregúntame lo que quieras, de cualquier cosa, y te responderé! Pero mi cuerpo… -la chica tiró la toalla con la que se había secado el sudor al suelo- No da para más.

Evan observó como la morena salía del gimnasio con las lágrimas agolpándose en sus ojos. Laia jamás lloraba en público. Desde que estaba allí, lo único que tenía para todo el mundo, eran sonrisas, historias, cuentos con los que distraer a los demás del miserable destino en el que habían coincidido. Sólo una vez, Evan la cogió con la guarda baja. Lo recordaba bien, porque el momento se había quedado grabado a fuego en su alma. Laia llevaría con ellos poco más de dos semanas cuando, una noche, él bajó al gimnasio. Era su desahogo cuando no podía dormir, entrenar. Más fuerte, más duro, más implacable. Pero aquella vez, no estaba solo. La chica se hallaba en un rincón cerca del ventanal rodeado de plata. Estaba sentada en el suelo, abrazándose las rodillas mientras lloraba. Por una vez, el soldado no dudó. Se acercó hasta ella y sin decir ni una sola palabra, la abrazó contra su pecho. Fue en aquel momento cuando lo comprendió. Todas las sonrisas, la alegría con la que Laia les contagiaba no era gratuita. Ella se la entregaba gustosamente y, a cambio, se quedaba con la tristeza. Con la ira, la ansiedad, el miedo… Ninguno de los dos dijo nada hasta que les separó el amanecer. Y entonces, Laia se levantó secándose las lágrimas y, tras rehacerse la cola de caballo que siempre llevaba, se puso en posición de defensa. Su entrenamiento siempre empezaba al alba.

- Ya apenas sonríe.

Faith sacó al soldado de su ensimismamiento. Al parecer, su gemela llevaba un rato observándole, apoyada en una de las espalderas del gimnasio.

- No tiene que hacerlo. -respondió él- Solo tiene que sobrevivir.

- No lo ves, ¿verdad?

Él la miró sin entender mientras ella se incorporaba y se dirigía al arcón de las armas.

- Nos estamos convirtiendo en ellos. -dijo Faith lanzándole una espada a su hermano y haciéndose con otra.

Eran soldados. Si tenían que mantener una conversación complicada a corazón abierto, tendría que ser peleando.

- ¿Qué estás diciendo, Faith?

- ¿Hace cuánto tiempo que no sonríes, Evan? ¿Hace cuánto que no haces algo que no sea solo sobrevivir? Pelear. Entrenar. Buscar alimento. Protegernos a todos.

A cada frase, Faith lanzaba un golpe a su hermano que él detenía sin esfuerzo. Sus comienzos siempre eran igual. Una especie de danza de calentamiento.

- Es lo que debemos hacer. ¿O qué pretendes? ¿Que demos fiestas y bailemos? No sabía que tenías tantas ganas de morir, Faith.

Sus golpes comenzaron a endurecerse. Su hermana sonrió. Si Evan tenía un defecto en el combate cuerpo a cuerpo, era la facilidad con la que le dominaba su temperamento. Afortunadamente en una auténtica lucha, eran pocas las veces que se mantenía una conversación mientras tratabas de atravesar a alguien con una espada.

- Quizá sea mejor que esto.

Aquello descolocó completamente al soldado.

- Fatih…

Ella aprovechó y consiguió desarmarle, pero él ya no estaba preocupado por su pelea.

- ¿Por qué no se lo dices?

- Fatih.

- Somos gemelos, Evan. ¿De verdad crees que no he visto la forma en que la miras cuando crees que nadie te ve?

Evan se pasó una mano por el cuello, frotándose sin poder evitar notar la tensión que acumulaba.

- Eso no tiene importancia.

- O quizá sea lo único que la tenga ahora. -dijo ella tirando su espada- En serio, ¿de qué coño sirve todo esto? Mañana podrían bombardearnos los militares, o podrían infectarnos. Moriríamos y lo haríamos así… -dijo señalándose a sí misma- Cansados de vivir. Envejecidos. Solos.

Él suspiró, pero Faith evitó que la interrumpiera.
- Tú podrías morir enamorado, Evan. Podrías morir por algo que merece realmente la pena. Sabiendo que has dejado tu huella en alguien.

- No.

- ¿No?

- No puedo hacerla eso, Faith.

- Evan…

- ¡No! Joder Faith, ¿es que no lo ves? ¿Qué crees que pasaría si ella lo supiese y nos atacaran? Se preocuparía más por mí que por su propia vida. -se acercó a su hermana- La conoces. Si me viese en peligro, ella…

Faith soltó una carcajada irónica.

- ¿Es que acaso piensas que si algo así ocurriese hoy, ella no reaccionaría de la misma forma?

Él se quedó callado, mirando a su hermana con incredulidad.

- No entiendo cómo has sobrevivido 29 años estando así de ciego, hermano. Incluso comportándote como un capullo con ella, Laia está loca por ti. Personalmente no lo entiendo, pero…

- Tengo que ser así, Faith. Necesita mejorar.

- ¡La chica era bibliotecaria por el amor de Dios! Jamás había dado un puñetazo y en un par de meses ha sido capaz de causarte heridas bastante serias.

- No es suficiente.

- Te aterroriza que muera.

Evan calló, evitando la mirada de su hermana. Su silencio habló por él.

- Tiene derecho a saberlo, Evan. Los dos lo tenéis.

- Es mejor así.

- ¿Y si ella muriese mañana?

- Faith, no.

- Es una opción, Evan. ¿No crees que merecería saber que muere siendo amada? Que alguien la quiere, que la echará de menos… Que ha cambiado la vida de alguien más.

Los ojos de Faith se llenaron de lágrimas.

- Faith…

- No cometas el mismo error que yo.

Evan vio a su hermana salir del gimnasio limpiándose las lágrimas. Sabía que Faith no había superado el hecho de no haberse sincerado con Anna. Ella la quería muchísimo, pero nunca llegó a decírselo por miedo. La joven murió en sus brazos antes de que pudiera confesárselo, y era algo que la perseguía a diario.

Una vez más, el soldado se permitió pensar en Laia. En aquella única vez que la tuvo entre sus brazos, frágil, sin máscaras, ni estúpidas sonrisas de cortesía. Sólo ella dando rienda suelta a su dolor y su miedo.
Se levantó con decisión. No lo pensó más, si lo hacía se echaría atrás. Y por una vez, por una sola vez en su vida, sería egoísta.
Fue hasta el dormitorio de Laia y llamó a la puerta con timidez.

- Pasa.

Al abrir la puerta, Evan vio cómo se limpiaba una lágrima.

- Pensé que era Faith.

Él sonrió.

- Necesito hablar contigo.

Laia suspiró.

- No necesito un discurso sobre la necesidad de sobrevivir, y tampoco una valoración que confirme que soy una inútil. Todo eso ya lo sé.

Evan tragó saliva y comenzó a frotarse el cuello. Decididamente, tenía un don para elegir los momentos oportunos…

- No… -se aclaró la garganta, visiblemente nervioso- No es nada de eso, Laia. Es algo personal.

Ella le miró con la confusión claramente escrita en sus ojos grises.

- ¿Puedo pasar?

Laia asintió, poniéndose de pie mientras el soldado avanzaba. Faith pasó por delante de la habitación de la chica en el momento en el que su hermano la cerraba. Una sonrisa asomó a sus labios mientras miraba el brazalete del que nunca se separaba.


- Te quiero, Anna. 

martes, 11 de abril de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Hoy podría haber actualizado pronto pero no tengo conexión a internet. Gracias al consejo de Saeyaka he podido conectar el ordenador a los datos del móvil para poder subir la actualización de hoy.

Espero que el capítulo 9 de Compañeros en la sombra os guste. Como digo cada martes, aún me queda mucho por mejorar pero estoy satisfecha de REESCRIBIR. Parce una tontería pero para mí no lo es porque es un hábito que nunca tuve. Antes, cuando escribía algo pero no conseguía relatarlo desde el principio bien, me bloqueaba y no avanzaba o, me daba un ataque de “me arrepentiré después y lloraré” y lo escribía tal cual, mal. (Dejé de escribir durante años y creo que este fue uno de los motivos.) Creía que los escritores escribían bien a la primera. Ahora sé que detrás hay mucho trabajo de correcciones, cambios, reescribir…etc.

Draven está en busca y captura. Creo que la obligaré a invitarme a comer al Foster Hollywood algún día, o al Burger. Sobre todo a algún sitio donde den comida basura. Volverá, siempre lo hace. La vida real roba mucho tiempo. Desde aquí envío fuerza y un latigazo jujuju.

En fin, me voy a tumbar y a soñar con chocolate. La visita del mes debe ser prima hermana de Jack el destripador porque me está matando agonizantemente.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin


Compañeros en la sombra

Capítulo 9

Ian

Unax había volado hasta su casa, cosa que no sorprendió a Ian cuando le sacó del Hotel. No disfrutó del viaje. A veces se había preguntado cómo sería ver la ciudad desde las alturas, o volar en la noche. Ese no fue un buen momento para descubrirlo. No cuando acababan de atacar lo que fue su hogar de la infancia, llenándose de confusión y traiciones.

A parte del ataque, sabía que había pasado algo más entre Lilith y su compañero. En los ojos ceniza del moreno encontró la misma mirada con la que había sido observado durante su vida en el Hotel. No cargaba con la misma intensidad, ni rabia, ni lo que fuera que pensaran pero, todos ellos, tanto aquellos que durante su crecimiento le odiaban y le separaban en las peleas que acababa metido como aquellos que tenían un gran apego a Lilith y trataban de defenderle de alguna manera, cargaban con ese algo en sus expresiones.

Entraron en la casa por la azotea y con la misma educación de siempre, el moreno le indicó que se sintiera como en casa. Ian se limitó a asentir y actuar como tal, agenciándose la habitación donde ya había pasado una noche. Se encerró en el baño antes de meterse en la ducha. Bajo el agua, se limitó a ver irse a la suciedad por el desagüe mientras arañaba sin éxito los azulejos. Quería ahogar la angustia que le golpeaba el pecho deseando liberarse en un grito. 

Al salir se encontró con que Unax le había dejado ropa sobre la cama, se vistió y comprobó que el moreno usaba una talla más que él, obligándole a recogerse un poco los puños de las mangas y los bajos de los pantalones. Inspiró profundamente antes de salir de la habitación y hacer frente a la realidad.

Su compañero se encontraba sentado en el sofá con la cabeza echada hacia atrás en el respaldo. Se reincorporó en cuanto escuchó salir al rubio.

-¿Cómo te encuentras?- Le preguntó, poniéndose en pie pero manteniendo las distancias.

Ian se abrazó a sí mismo y se acercó al escritorio con espejo donde se sentó la primera vez que estuvo allí. A través del cristal y escondiendo la cara bajo sus rizos, observó al moreno.

-Lilith me informará en cuanto sea posible, no tienes de qué preocuparte.

El rubio siguió sin decir nada. Temía que al abrir la boca saliera la rabia que estaba acumulando en su interior.  Nunca antes se había enfadado tanto porque le miraran así, ni había sentido enfado hacia Lilith por ello. Preferiría ser uno más de sus trabajadores a sentir que no valía nada para nadie por ser él mismo, solo él. Distraído en sus propios pensamientos no se dio cuenta de que el moreno se había acercado hasta él. El moreno le agarró con gentileza por el brazo y le giró para que se quedara de frente.

-¿Qué es lo que pasa, Ian? Pareces herido.

-Son rasguños leves.

-No me refiero a eso. Pareces herido emocionalmente.

El rubio se sorprendió ante aquella afirmación. Siempre se había sentido molesto, con una sensación extraña y en ese momento, alguien que conocía desde hacía poco tiempo, había dado en el clavo, abriéndole una puerta en su interior que aclaraba las sensaciones que cargaba. Le empujó para alejarle de él y por fin, le devolvió la mirada.

-¿Y qué?

-¿Ha sido por el ataque mental?

-¿Cómo lo sabes?

-Lo sentí. Me conecté a ti en ese momento.

El rubio frunció el ceño.

-¿Lo sabe Lilith? – Antes de esperar respuesta Ian dejó de contenerse del todo- Seguramente ¿verdad? Seguro que os lo contáis todo. ¿Qué ha pasado en el hotel para que me mires igual que todos? -“Te pillé. Ya no soy tu compañero ¿verdad? Ahora soy el “interés de Lilith”. Te he perdido.” Pensó el rubio mientras un dolor punzante se le clavaba en la garganta al ver la cara se sorpresa de su compañero.

-Ian…

-No disimules. En realidad no me importa,- mintió,- no es nada nuevo.

-Ian…

El rubio enmudeció dibujando en su rostro una expresión de dolor mezclada con terror. Pudo ver la confusión en su compañero antes de cerrar los ojos con fuerza. Sintió como Unax le sujetó antes de caer de rodillas, amortiguando la caída mientras se agachaba frente a él. Le parecía escuchar que decía algo pero solo conseguía oír un murmullo de fondo como si le hablara desde el exterior de una piscina y él estuviera sumergido en agua. Tenía La cabeza llena de zumbido insoportable que apenas le dejaba abrir los ojos. Su respiración comenzó a fallar. Se aferró al jersey del moreno mientras este palpaba su cara con los dedos. Se sentía agradecido de sentir el tacto de Unax en medio de esa agonía.

De pronto, silencio y oscuridad. No quiso abrir los ojos por miedo a que fuera una falsa ilusión, se centró en el contacto de las yemas de su compañero sobre su piel. Unas pequeñas cosquillas trazando caminos por sus mejillas, esquivando acercarse a los labios y subiendo por la sien una y otra vez.

-¿Quién eres?- Ian contuvo la respiración al reconocer la voz en su interior como la que le habló durante el ataque en el Hotel.

-Sal de Ian  -  Unax habló autoritario dentro de la cabeza del rubio.

El desconocido rió.

-Sal de MI Ian.- Ordenó el moreno.

El rubio contuvo la respiración. Sentía que le clavaban uñas en el cerebro y trataban de tirar de él para arrancárselo. El dolor volvió a ser insoportable, su compañero presionaba los dedos en su sien y tras un breve momento que pareció horas llegó de nuevo el silencio.

-¿Estás bien?

-Ahora…sí… Gracias….Unax.- Rio aliviado, apoyando la frente en el pecho del moreno.

-En el Hotel, fue él ¿verdad? – Ian asintió – He de hablar con Lilith.

El joven se tensó, disimuló haber recuperado la compostura y se levantó, rechazando la ayuda que Unax le ofrecía. Por un momento, a pesar de ese ataque, había olvidado que su compañero ahora le trataría bien por Lilith.

-Necesito dormir, cuando hables con ella, despiérteme.

-Ian…

El rubio le dio la espalda. Caminó como si su autoestima no hubiera sido herida hasta su habitación provisional donde encontró refugio y aislamiento del exterior.

-Idiota.- Musitó para sí mismo antes de dejarse caer sobre la cama. 


domingo, 9 de abril de 2017

Iniciativa: Seamos seguidores



Actualizamos para unirnos a la iniciativa creada por "¿Dónde está mi lápiz?" 
Consiste en seguir nuestro blog y después dejéis un comentario con el enlace al  vuestro para que nosotras hagamos lo mismo. La bases están aquí.

De esta manera, (aunque nos queda un largo camino para mejorar), esperamos captar lectores.

Disfrutad del fin de semana

martes, 4 de abril de 2017

Actualización martes

To my little readers:

No hay relato para hoy. ¿Por qué? Bueno, tengo escrito desde la semana pasada el borrador del capítulo 9 de Compañeros en la sombra pero como he tenido tiempo de reescribir en condiciones, me he negado a publicarlo.
Por otra parte, ¡HOJA EN BLANCO! He intentado tirar de ideas apuntadas pero no he conseguido desarrollar. No se puede corregir una página en blanco pero… no ha habido manera.

Dentro de poco tendré BJD y uno de los usos que les daré es que me inspiren por tanto,  no descarto acabar escribiendo un relato sobre ellos. Sus aventuras o algo así muahahahaha.

En fin, me voy en busca de inspiración.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin