martes, 25 de abril de 2017

La verdad tras el miedo

La iluminación había ido cambiando con el paso de las horas. Apenas se había ocultado el sol cuando el papel crujió de nuevo bajo su mano, arrugándolo de nuevo. Había estado toda la tarde tratando de dibujar algo que le despertase satisfacción por el trabajo bien hecho, sin embargo, las pelotas de celulosa se acumulaban alrededor de la papelera. Tampoco tenía buena puntería.

En algunos momentos se sentía eufórico, capaz de conseguir trazar las líneas como las veía en su cabeza. A los cinco segundos siguientes de ese pensamiento otro le golpeaba con fuerza, gritándole que dejara de soñar despierto, que jamás conseguiría ser tan bueno como la gente que seguía en instagram. “Cada uno tiene su propio estilo, no hay reglas” se repetía una y otra vez, tratando de convencerse así mismo para no caer en la desesperación y la frustración.

No quería mostrar propios dibujos. Se defendía diciendo que no buscaba la aprobación de otros, ni comentarios.  La realidad era bien distinta. No tenía autoconfianza ni autoestima. Tenía miedo de que nadie reaccionara a sus creaciones, confirmando así que en efecto, jamás llegaría a nada.


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