lunes, 29 de mayo de 2017

Yay!!

Voy a toda leche porque entro a trabajar en veinte minutos y estoy sin vestir! 

Relato nuevo, me ha venido la musa a ver y entre un sueño tonto y un montón de acondicionamiento sobrenatural pues me ha salido esto. En principio relato largo, a saber que voy a hacer con él, no tengo ni repajolera idea, como de costumbre vamos....

Esta semana intercambiamos actualizaciones Shin y yo. Ella actualiza el viernes, y yo (pese a que ella actualiza de normal los martes) actualizo hoy porque si no dice Shin que me rajo xD

Me voy a currar, desgraciadamente yo no tengo un despachazo ni nada que se le parezca... Lloremos.

A más leer!!!!!

Draven

Reina del Infierno

Caym llegaba tarde. Era un maldito defecto que detestaba enormemente y para mi desgracia había pocos demonios que destacasen por su puntualidad. La excusa de tener toda la eternidad por delante me repateaba y la inmensa mayoría empezó a tomárselo en serio cuando envié a uno de los suyos a pasar su infravalorada eternidad al fondo del mar. Pero el puñetero Caym no era uno de ellos. A él le importaba una mierda que yo fuese la reina del maldito Infierno.

No es un título fácil de conseguir, menos aún de mantener. Entre los nuestros abundan los avaros, envidiosos y traidores y cada día debía sacarme un puñal diferente de la espalda. A veces literalmente. Además, había un pequeño detalle que mi comunidad no perdonaba y era el hecho de que yo fuese humana.
En condiciones normales, la idea de que un humano dirigiese el Infierno era poco más que un chiste malo. Pero mis condiciones nunca tuvieron nada de normal.

Si juntas a una yonki con un joven psicópata en serie, una de cada mil veces nace un bebé con un destino más bien trágico. Vine al mundo de milagro, con una severa adicción a la heroína y una maldita enfermedad sin cura. Me recogieron de un contenedor, y pasé 8 años de un hospital a otro. Me trataron como supieron, pero jamás vi comprensión, ni siquiera esperanza en los ojos de los que me cuidaron. Sólo era un estorbo, ocupaba una valiosa cama y gastaba medicinas y comida que podía necesitar un niño al que alguien quisiera, que mereciera la pena salvar en realidad. Nadie mencionó jamás que en algún momento alguna familia pudiese adoptarme. ¿Quién querría una criatura rota?
Así que a los 8 años decidí quitarme la vida. No fue una estupidez pensada porque “oh que pena nadie me quiere y no tengo familia”. Iba mucho más allá. Creo que nunca fui una niña en realidad, siempre fui únicamente un ente enfermo. Entendía perfectamente la gravedad de mi acto, pero ¿qué importaba? Cualquiera pensaría que una niña tenía aún toda su vida por delante, mil cosas por hacer, descubrir y vivir. Pero yo no las tenía y era perfectamente consciente de ello.

Cuando oyes como tu madre se folló a un psicópata por un chute, cuando parte de tu historia es que tu padre despellejó viva a tu madre y la tiró en una cuneta creyéndola muerta, cuando las enfermeras cuentan como tu madre (al no tener ni el dinero ni el valor de deshacerse del bebé que esperaba) siguió vendiéndose a cambio de su adorado caballo, cuando eres consciente de que te tiraron a la basura más cercana aún ensangrentada…

El síndrome de abstinencia me perseguiría siempre al igual que la maldita enfermedad. No había ningún futuro para mí. En 8 años ningún humano se había apiadado de mí. Ninguna enfermera me había dedicado un gesto de cariño, una sonrisa amable, un “todo saldrá bien”. Si no se habían compadecido de un indefenso bebé, ¿qué esperanza había después? Por eso no me tembló el pulso cuando me clavé en el pecho una jeringuilla que había robado a una enfermera un par de días antes. Me cuidé de entender bien que su contenido, en una gran dosis, sería mortal para mí. Y no sentí paz, pero sentí alivio. Porque al fin dejaba de ser un problema.

Fue entonces cuando le conocí a él. Muerte vino a buscarme en persona. Por aquel entonces yo no tenía ni idea, pero era excepcionalmente raro que fuese él quien recogiese el alma. Por lo general, sus súbditos eran los que se encargaban de ese trabajo, las conocidas parcas. Pero vino a por mí.
Recuerdo su mirada contrariada, como si algo no hubiese salido como él esperaba. Yo le identifiqué al instante. No sabía exactamente quién o qué era, pero sabía por qué estaba allí. Bajé de la cama, dejando allí mi cuerpo y me acerqué a él sin miedo.

- Aún tenías vida por delante. -fue lo primero que me dijo.

- No. No la tenía. Nunca la tuve.

Aún hoy sigo dudando de qué es lo que hizo que Muerte me eligiese a mí. Pero lo hizo. No se deshizo de mi alma, sino que me otorgó forma física. Todo el mundo en el círculo del Infierno pensaba que se había vuelto loco, al menos los pocos que se atrevieron a manifestarlo en voz alta.

Al tomar mi alma, Muerte me dio a elegir. Era algo inaudito, jamás se lo había planteado y ni siquiera estaba seguro de que aquello fuese a funcionar. Se ocupó de que, pese a mi corta edad, comprendiese bien el peso de aquella decisión. Podía ir al cielo. Aquel paraíso que un puñado de curas llevaba vendiéndome desde que tenía uso de razón. De hecho, si hubiese sido recogida por cualquiera de sus parcas, ése habría sido mi destino. Sin embargo, él me dio una alternativa: el Infierno. Él me entrenaría, con el tiempo perdería mi humanidad y sería uno de ellos.

Por retorcido que parezca, entendí que en el fondo estaba intentando apartarme de los humanos, de una raza incapaz de compadecerse de uno de los suyos en su estado más puro e indefenso. Le comprendí. Y cuando habló de entrenarme, también entendí lo que conllevaría esa decidión.

Y acepté.

Y con el tiempo me convertí en uno de los seres más prolíficos del Infierno. Era rápida, cruel, precisa y no tenía ningún tipo de escrúpulo al realizar mis cometidos. Por supuesto, ser la protegida de Muerte me dio ciertas ventajas allí abajo pero todo a lo que he llegado lo he pagado en sangre. Mi entrenamiento fue duro y estricto. Para torturar, has de saber el dolor que estás provocando… Y yo era la mejor torturadora del Infierno.

El caso es que, pese a haber conseguido todo lo que Muerte había querido para mí, aún había un problema que nos traía a todos de cabeza: seguía siendo jodidamente humana. Años de asesinatos, torturas, traiciones, millones de almas humanas recolectadas… Y mi alma seguía intacta. Muerte no se lo explicaba. A estas alturas, ya debía ser un demonio con todas las de la ley. Pero parecía que mi humanidad no estaba dispuesta a irse a ningún sitio.

Dentro del Iniferno, contaba con muy pocos aliados de verdad. Caym estaba entre ellos. Era uno de los demonios más poderosos del Infierno y también de los más sabios. Cuando le conocí, a menudo le preguntaba por qué no dirigía él todo aquello, pero siempre me decía que no estaba interesado. Comandar sus legiones ya le llevaba demasiado tiempo. Aun así, se ocupó de educarme y entrenarme en numerosas artes de las que ningún humano ha oído hablar jamás.

Pero su puñetera impuntualidad…. ¡Tropecientos mil años y no es capaz de seguir ni una maldita norma social!

Con un último vistazo al reloj, decidí prepararme un café. Al acercarme a la zona de mi despacho en la que guardaba todo lo necesario, y lo innecesario también, para preparar cualquier café que pudieras imaginar, me eché un vistazo en uno de los espejos que adornaban las columnas. Los años habían pasado, y la forma física que Muerte me concedió se había estancado hacía décadas en la bonita figura de una mujer de unos 27 años. A mí me gustaba pensar que ésa era la forma que habría tomado mi cuerpo si hubiese nacido sana. Una tonalidad de piel uniforme y saludable, sin manchas ni ese color cetrino desagradable. Una bonita melena oscura cuyos mechones no se caían cuando pasaba mis dedos por ella, uñas sin resquebrajar, una dentadura bonita… En general era un aspecto del que nadie huiría, pero tampoco haría que la gente se detuviese al pasar. Muerte se ofreció una vez, tan sólo una, a mejorar mi aspecto para que me pareciese más al tipo femenino que abundaba por el Infierno. Exhuberantes, de belleza perfecta, rasgos simétricos y maravillosos ojos violeta. Pero rechacé la oferta, y cuando lo hice creí ver un atisbo de orgullo en su mirada. Él tampoco era común. Había dejado que su forma física envejeciera porque le parecía que le concedía un aspecto “más interesante”. Era la Muerte, no necesitaba atraer a nadie con una maravillosa forma física. Tarde o temprano, todo el mundo terminaba buscándole a él.

En ésas me encontraba, esperando que mi café terminase de hacerse y disfrutando del olor que invadía mi despacho, cuando las puertas se abrieron de par en par dejando que unas preciosas alas negras apareciesen antes que el rostro de su propietario.

- ¡Ahoy!

Miré impasible al demonio que tenía delante de mí.

- Cómo te gusta montar el numerito, de verdad. -dije mientras echaba el café en una taza y añadía el azúcar- ¿Y a qué viene el “ahoy”?

- He estado viendo pelis de piratas y me parecía adecuada la presentación.

Puse los ojos en blanco.

- Guárdate las alas de mirlo, y siéntate. Y llegas tarde.

- Lo sé. -dijo él con media sonrisa.

- Como una hora tarde.

- Lo sé.

- Tienes una sesión de tortura, y tenemos que hablar de…

- Sí, sí, si su alma es uno de los nuestros en potencia, si va directa al foso, lo de siempre. ¿No vas a darme un poco de ese café?

Cualquiera pensaría que un gran comandante del Infierno, líder de treinta legiones de demonios y considerado uno de los grandes sabios de los siete círculos sería alguien un poco más serio y cabal.
Cualquiera que no le conociese. Cuando Muerte me llevó ante él, lo primero que hizo fue llamarle loco. Esto es una prueba del grado de relación existente entre ellos, ya que cualquier otro demonio, habría muerto sin haber terminado de pronunciar aquella frase. Me costó mucha sangre y largas horas de tortura ganarme la confianza y el respeto de Caym, que viese en mí algo más allá de mi maldita humanidad. Y a medida que fui creciendo, su carácter fue cambiando. Hasta llegar al día de hoy, donde me trata con la misma familiaridad que a mi protector.

Maldita la hora.


- No. Ahora escúchame, porque tenemos mucho trabajo por delante…

martes, 23 de mayo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

En el último momento he decidido no actualizar con el capítulo 13 de Compañeros en la sombra. Creo que el cansancio y estrés de esta semana ha empañado lo que escribí y conociéndome sé que no es buena idea que suba el capítulo tal y como está. Por tanto, aunque el micro relato que he improvisado esté impregnado de lo mismo, me duele menos que si fuera el relato con el que llevo ya tantas semanas.



Pregunta, ¿habré mejorado algo? Espero que sí. Sé que queda un largo camino pero tengo un poquitín de esperanza. Algo así como un 0,000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000001% Pero no será con esta actualización. Corto, improvisado y tarde.

Draven os manda saludos. Está trabajando en una idea `por lo que pronto tendremos actualización de ella. ¡Menos mal! Volverá antes de que hunda el barco.

Espero que disfrutéis de la semana, yo lo intentaré en las fiestas patronales de mi pueblo, jujuju.


See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin

Nana

Una joven de cabello corto tarareaba una nana inventada mientras acunaba algo entre sus brazos. El sol del atardecer se reflejaba en las motas de polvo que flotaban en el aire, dando aspecto a la atmósfera del momento. Su pelo cobrizo cambiaba de tonos con cada movimiento, en contraste con la luz, parecía estar envuelta en un aura de divinidad.


El tiempo avanzaba dando paso a la noche, pasando el relevo a la luna. La joven enmudeció cuando el bulto que sujetaba comenzó a moverse. En un rápido movimiento, aquello saltó de su agarre, desplegó unas enormes alas translucidas y salió por la ventana en dirección a la luna. Atrás dejó una nube de polvo flotando en el aire con una nana de fondo.

martes, 16 de mayo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Cof… He vuelto a modificar la hora (y fecha) de actualización para que figure como martes. Aunque en mi caso, hasta que no me despierto, no cambio de día jejeje. Mi pequeño mundo.

Capítulo 12 de Compañeros en la sombra.

Tengo que empezar a actualizar antes los martes. Si espero a volver de la caminata nórdica para repasar y actualizar me da mucha pereza y pasa lo que pasa. Necesito organizarme bien. Al menos consigo cumplir mi objetivo de actualizar, aunque me pase de la fecha por minutos y/u hora.

Ya puedo ponerme al día con los blogs que sigo.

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin


Compañeros en la sombra

Capítulo 12
Unax

Hacía siglos que no se había sentido tan desesperado. Gracias a lo que era podía mantenerse en pie sin pegar ojos durante días. Desde el momento que escuchó los desgarradores gritos de Ian no había dormido nada. Intentó conectarse con él una y otra vez. Cuando otro método fallaba, volvía a intentarlo de nuevo y todas las veces, cada una de ellas, el bloqueo que le impedía conectar le rechazaba con brutalidad. La primera vez que falló, recibió un golpe invisible en su interior que le dejó inconsciente durante una hora y media. No sabía que le sorprendió más, el bloqueo o la fuerza de este. No era fácil dejarle noqueado a causa de un ataque. No desde hacía mucho tiempo. En el segundo intento de conexión, el golpe fue exterior, como si una bola de demolición le golpease en el pecho. Le tiró contra la pared. Las defensas iban cambiando. No sabía por dónde iba a recibir el contraataque y cada vez que fallaba, algo dentro de él se rompía.

En los peores momentos sentía el impulso de ponerse en contacto con Lilith. Lo descartaba al instante. Precisamente por la seguridad de Ian habían acordado estar un tiempo sin ponerse en contacto por las vías comunes. Otra parte de él, la irracional, temía que avisarla fuera sinónimo de que se le llevaran de su lado. Su instinto le pedía que esperara, que podría conseguir despertar a su compañero.

Protegió la casa de todo para no ser interrumpido. No importó quien llamara a su puerta o al teléfono. Nada interrumpiría dentro, como una burbuja insonorizada y resistente. Quien intentase forzar la entrada sería destruido tras un pequeño aviso, que traducido significaba, un buen golpe de energía.

Comenzó a desesperarse perder la compostura que le quedaba. Lanzó frascos contra la pared sin pensar, algunas sustancias al mezclarse provocaron pequeños incendios, rasgó algunas hojas de sus libros al pasarlas sin cuidado, sus puños no terminaban de sanar cuando volvía a golpear los nudillos contra la pared. Estaba a punto de estallar cuando Ian despertó. Consiguió contener el arrebato de abrazarle y dejarse caer sobre él del alivio.  Aun cuando el rubio intentó no bromear, él no pudo. Se sentía como una cuerda estirada hasta el punto de que un pequeño tirón más le rompería. Disimuló como pudo para salir del paso. Cuando llegó a la cocina se dejó caer contra la puerta del frigorífico con la cabeza entre las rodillas. Aquellas emociones llevaban mucho tiempo muertas en su interior. Sentirlas de nuevo le estaba desestabilizando. Se frotó la cara con sus manos temblorosas e intentó controlar su respiración.  

Iba y volvía de la habitación a la cocina. Tras una pequeña discusión, en la cedió sin mucha dificultad, le dejó ir por su cuenta a la ducha. En esos momentos no estaba seguro de controlarse. Antes de que se encerrase le recordó donde estaba cada cosa y le prestó ropa.

Mientras se duchaba, Unax recogió un poco la habitación. Abrió los ventanales, que daban a una pequeña terraza con vistas al jardín del piso inferior de la casa. Con la luna en el cielo, el verde tornó a azules y el blanco del balcón balaustre y los adornos de abajo resaltaban en la claridad de la noche. Movió una pequeña mesa redonda con sus cómodos sillones de ratán para colocarlos en el centro. Llevó una mesa supletoria y fue colocando allí la comida. Fruta, leche, cacao, sobaos, pizzas precocinadas,  teteras con agua hervida, sándwiches, infusión de pez Xykuj “si supiera…”  Sobre la mesa redonda colocó los platos y cubiertos. La noche era cálida para esas fechas, aun así, Unax dejó unas mantas en una butaca baja que había cerca. No quería tener que desplazarse una vez que se sentaran.

El humano salió frotándose la cabeza con una toalla. La ropa del moreno le iba un poco grande. Carraspeó al ver a su compañero a contraluz, sentado en la terraza.

-Ian, ¿puedes moverte bien?

Asintió con una pequeña mueca de dolor.

-¿Seguro?

-Sí. Siento como si hubiera estado gritando, corriendo en algún sitio con mucho ruido, como el cansancio post-fiesta.  Cuando me desperté…

Unax sonrió al recordar cómo le había mantenido con energía durante los tres últimos días. Le había alimentado vía oral con líquidos que tuvieran los nutrientes necesarios y con su propia energía. “Mejor prevenir.” Se había dicho así mismo mientras le mantenía sano físicamente. Se sentía satisfecho de haberlo conseguido.

-Siéntate aquí, un poco de aire te vendrá bien aunque tengas el pelo mojado.

El rubio se sentó en la silla que le indicó, cogió una manta y se la pasó por los hombros, acurrucándose en el abrigo de suavidad y calor que le proporcionaban.

Cogió una porción de pizza y se la llevó a la boca. El moreno observó cómo le despertó el apetito a su compañero, empezando a devorar. “Eso es bueno.”

-Per---fon, no saffbía que tenfia tnfta hambre…

Unax se rió, sorprendido de la naturalidad del momento. Un pequeño momento sin las preocupaciones que volverían a enfrentar en breve.

Cuando el rubio terminó de comer, Unax recogió todo menos la infusión de Xykuj. Esperó a que Ian abandonara la inseguridad de preguntar. Llevaba rato viendo como tamborileaba su taza mientras miraba el jardín. Le gustaba como se reflejaba la luz en su pelo rubio.

-U…Unax, antes dijiste algo sobre secretos y una promesa… bueno, Lilith…

-Si.- se recostó en el respaldo- Aún no he pensado como empezar a contártelo. No he ordenado mis pensamientos a pesar de estar esperando a ver cuándo preguntarías.

-Es raro. Una parte de mí siempre ha querido saber cosas de Lilith y otra no. Ahora me da un poco de pavor dar ese paso.

-Antes de empezar quiero dejar algo claro Ian. La relación que tenemos tú y yo es solo nuestra. Ni Lilith, ni Aaron ni nada o nadie interfiere en lo que pienso de ti. Lo que siento por ti lo has generado tú.

La mirada ceniza no vaciló en el reflejo del iris azul. Sus manos no temblaron y su voz, acarició el ambiente junto con la brisa que agitaba su pelo oscuro.


-¿Estás preparado, Ian?

martes, 9 de mayo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

Mientras escribo esta entrada tengo en la mente la canción de Jack (Pesadilla antes de Navidad) cuando descubre el pueblo de la Navidad. ¿Por qué? No sé, me ha venido a la mente al pensar “¿Qué es? Actualización ya, ¿qué es? Shin ha publicado ya.”
Dejadme, estoy medicada con consentimiento médico y me afecta a las neuronas.

Pues sí, capítulo 11 de Compañeros en la sombra. (¿Por qué puse este título? ¿POR QUÉ?)
Es algo más corto de lo normal, he reescrito y estoy contenta por ellos. La primera versión del borrador era… puaj, y esta es… pua… lo cual ya es una mejoría. Pequeña pero mejoría al fin y al cabo.

DRAVEN está siendo castigada por mis pequeños esclavos. Una vez que ceda a mis condiciones y sea liberada, actualizará.

En fin, iba a estar encamada pero...me voy a ver a mi sobrino <3

See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin


Compañeros en la sombra

Capítulo 11

Ian
“Una columna de humo se alzaba hacia el cielo. Al bajar la mirada, la oscuridad se fundía con el rojo de las llamas que envolvían el Hotel. Los gritos ondeaban con las lenguas de fuego y el edificio dejó de ser una estructura. Las llamas parecían dar alas a la silueta a medida que disminuía de tamaño. El Humo envolvió la figura, vistiéndole en una cortina de ceniza.   Apenas se distinguía donde acababa sus ropas y donde caía su cabello negro. Con cada pestañeó parecía moverse con más rapidez, acercándose. La gente huía a su alrededor, del caos, de él.  Alzó una espada, se la clavó así mismo en el pecho sonriendo con satisfacción mientras las personas que huían se desplomaban de dolor. Volvió a repetir el proceso una y otra vez, riendo con cada grito de agonía. Levantó la mirada, fijándola en quien le estaba observando de lejos.

-Voy a por ti. “

-¡Ian! Vamos reacciona, por favor.

Sentía dolor en sus hombros, donde notaba el agarre. Unos dedos se le clavaban en la piel a través de su camiseta. Notaba el cuerpo pesado, le estaba suponiendo un gran esfuerzo abrir los ojos.

-Por fin.

En cuanto dejó de ver nublado pudo distinguir como la cara de Unax formaba una expresión de alivio. Sus manos abandonaron sus hombros para dirigirse a su cabello rubio. Se lo aparto de la cara, le tomó la temperatura y el dorso de su mano pasó por su cuello.

-Espera, no hables.

Le indicó con amabilidad el moreno antes de salir de la habitación. Ian trató de moverse maldiciendo la idea. Le dolía todo el cuerpo, se sentía pegajoso y le dolía al respirar. Miró la habitación, tomo aire por la sorpresa y comenzó a toser.

-Tranquilo Ian, bebe esto.

Le ayudó a reincorporarse, sujetando una taza de té que colocó sobre sus labios. El rubio le recorrió con la mirada, sorprendido de las ojeras en su rostro, el sudor bajo su pelo despeinado.

-¿Qué ha pasado?

Preguntó con voz ronca, llevándose la mano a la garganta y apuntando a toda la habitación con mirada. Parecía haber sido el campo de batalla de magia. Escritos en una lengua desconocida con lo que parecía tinta permanente y sangre, restos de quemaduras y sellos, frascos sin nombres tirados por el suelo de la habitación junto a libros.

-Llevas sin responder tres días, Ian.

-¿Durmiendo?

-No. Al principio pensé que estabas teniendo una pesadilla pero no despertabas. Llevabas tres días revolviéndote y gritando.

Le ayudó indicó que siguiera bebiendo. Era un líquido amargo y negro. Le recordaba al té pero no sabía igual.

-Intenté entrar en tu mente, de la misma manera que cuando fuiste atacado pero fue imposible. Me estaba desesperando cuando por fin has abierto los ojos.

-Lilith…-Le costaba respirar, como si el aire le quemara los pulmones.

-“Un secreto puede ser peligroso si se guarda demasiado. Un secreto destruye con más ferocidad que la peor de las espadas.” –Le interrumpió, mientras le ayudaba a quedarse sentado sobre la cama.

-¿Qué significa?

-Que aunque prometí a Lilith contener un secreto el máximo tiempo posible, no lo haré. No si eso significa que estés en peligro.

El rubio trató de ocultar el rubor de sus mejillas al notar la sinceridad de su compañero.

-Necesito un baño, estoy asqueroso. -Comentó para desviar el tema. Segundos después se arrepintió por dejar en bandeja una posible broma de Unax.

-Primero recupera fuerzas.

-Mmm, ¿no hay bromas?

-Ian, ¿era una indirecta?

-¡NO!


Unax se levantó riendo, esquivando un golpe que tampoco le hubiera alcanzado de quedarse sentado junto al rubio. Le dijo que le traería comida y dejó a  Ian esperando, confuso y sonrojado. “¿Qué ha pasado?” Se preguntaba una y otra vez. No recordaba haber soñado, ni haber sufrido un ataque. Le preocupaba estar perdiéndose así miso por culpa de aquel que se metió en su mente.

martes, 2 de mayo de 2017

Actualización martes

To my little readers:

 POR FIN subo el capítulo 10 de Compañeros en la sombra.
“Para lo que es, ¿por qué has tardado tanto?”
Porque tenía que repasar y estar segura de lo que iba a escribir. Hay cosas del borrador que no he aprovechado porque no era el momento jujuju.

Por cierto ya es día 3 de Mayo pero como soy una tramposa he modificado la fecha y hora de subida para que aparezca como actualización del día 2.

Fui a ver Guardianes de la Galaxia. Me encantan baby Groot y Rocket Raccoon.

En fin, voy a ver si me organizo un poco.


See you

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(¸.•´ (¸.•` ¤ Shin


Compañero en la sombra

Capítulo 10

Unax

Hacía un par de horas que Ian se había encerrado en la habitación. Desde ese instante el moreno había permanecido sentado en el sofá con la cabeza entre las manos y la mirada fija en el suelo. Había perdido el número de veces que su móvil había estado vibrando sobre la mesita de té. No estaba de humor para responder sin importar que fuera Lilith o Sharon. Él mismo había decidido que se pondrían en contacto cuando él lo viera oportuno. En esos momentos estaba tratando de asimilar de lo que se acababa de dar cuenta. Ian, su Ian. Hasta que no pronunció esas palabras en medio del ataque mental que su compañero estaba sufriendo no se había percatado de sus propios sentimientos hacia el rubio. “Una conexión mutua no se establece sin un vínculo.” Alguien le enseñó esas palabras hace mucho tiempo, tanto, que no recordaba exactamente quien se las dijo.  Necesitaba aclararse, hablar sobre el ataque con Ian, obtener más información.

La vibración de su teléfono sobre el mármol empezaba a irritarle. Estaba a punto de coger por fin la llamada cuando aporrearon con furia la puerta de su casa. Por si no tenía suficiente con lo que lidiar no estaba de ánimo para fingir cordialidad con invitados indeseados.

-¿Por qué has tardado tanto?- Le espetó una voz conocida al abrir la puerta.

-Aaron, no debería sorprenderme verte aquí ¿verdad?

El moreno cerró el paso apoyando el cuerpo entre la abertura de la puerta y el marco. No quería descubrir si su hermana y él se parecían el algo más que en su mirada verde.

-Déjame pasar. No quiero ser mal educado.

-Eso sería nuevo en ti.- Con desgana, el moreno dejó paso para permitir su entrada.

Mientras Aaron se acomodaba en el sofá, bajo la amenaza de Unax de que algo horrible le sucedería si osaba a andar sin vigilancia en su casa, el moreno fue en busca de un par de cervezas. Las colocó sobre la mesa de té y se sentó delante de su visita indeseada. Se recostó hacia atrás con los brazos cruzados, observó al pelirrojo mientras éste tomaba un trago. Le irritaba sus aires de prepotencia o quizás solo le molestara porque le consideraba cercano a su compañero.

-¿Dónde está Ian?

-Estabas tardando en preguntar.

El pelirrojo contuvo una carcajada, se inclinó hacia delante, apoyó los codos sobre sus rodillas y clavó la mirada en el anfitrión.

-No me lo vas a decir, ¿verdad?

-En su habitación, descansando como ya habrás supuesto. En realidad quieres saber cómo está.

-Prefiero comprobarlo por mi mismo.

-Lo siento pelirrojo, ahora no puedes. ¿Qué sabes de todo esto?

-Directo al grano. Me gusta eso de ti, no te molestas en disimular.

-Responde Aaron.

-Lilith tiene enemigos. En nuestro mundo eso no es raro. Sus enemigos están a otro nivel de peligrosidad, fuerza... Tú podrás entenderlo, no os diferencias en mucho. Y sí.  Antes de que preguntes, sí, se de ti.

-¿Cuánto sabes?

- Demasiado. Es una de las razones por las que no sigo en el Hotel. La información es poder y más si sabes manejarla. Si le sumas eso a mi modo de vida anterior, puedo enfrentarme a cualquier cosa aunque sea un simple humano.

- ¿Qué busca?

- Me gustaría decir que a Lilith. Destruirla, robarle su control… Ya sabes, lo típico pero…

-Ian.

El pelirrojo asintió, recostándose hacia atrás.

-¿Por qué compartes tu información tan abiertamente conmigo, Aaron?

-Por él. Porque sé que ahora está bajo tu cuidado. Estoy interesado en Ian.

Unax se tensó al escuchar su respuesta. Nunca se imaginó que fuera sincero.

- No me refiero a sus lazos con el hotel, con Lilith y/o con este mundo. Quiero decir a él como persona, por lo que es por sí mismo. Mi actitud no cambió cuando descubrí secretos de Lilith. ¿Puedes decir lo mismo?

El moreno recordó el comportamiento de Ian y una punzada le atravesó el corazón.

-Vaya… lo has hecho- aplaudió Aaron con ironía- acabas de perder vuestra posible amistad.

-¿Qué sabrás tú?

-He crecido junto a él- remarcó esa palabra.- y he sido su hombro de consuelo. Estuvimos muy unidos en el pasado y por culpa de gente como tú, perjudicó mis avances. No se fía de nadie aunque muestre amabilidad. 

Unax se sorprendió así mismo por sentirte satisfecho. De alegrarse que Aaron lo tuviera difícil y deseaba que no hubiera pasado nada intimo entre ellos.

-Nos estamos desviando del tema, Aaron. ¿Qué hay del ataque en tu local?

-Están relacionados, estoy seguro. Tengo que descubrir si por mi o porque llevé a Ian. De ser por él, significa que le están vigilando.

-¿Su residencia no es secreta?

-No y no volverá jamás al Hotel. Consiguió salir de allí y nunca antes le había visto sonreír como lo hizo aquel día.

Unax sabía que Aaron estaba aprovechando cada oportunidad para provocarle con información de Ian que él desconocía. “¿Esto me afectaba antes?” Ocultaba la irritación tras su mirada gris. Ahora que se había dado cuenta de sus propios sentimientos conseguía ver la realidad desde otra perspectiva. Era más perceptivo en los que los demás transmitían al hablar sobre su compañero.

-Me encargaré de proteger a Ian.

- Claro. Es tu trabajo, Unax. – Acusaba con filo en su voz.


-No por trabajo, ni por Lilith.