martes, 16 de mayo de 2017

Compañeros en la sombra

Capítulo 12
Unax

Hacía siglos que no se había sentido tan desesperado. Gracias a lo que era podía mantenerse en pie sin pegar ojos durante días. Desde el momento que escuchó los desgarradores gritos de Ian no había dormido nada. Intentó conectarse con él una y otra vez. Cuando otro método fallaba, volvía a intentarlo de nuevo y todas las veces, cada una de ellas, el bloqueo que le impedía conectar le rechazaba con brutalidad. La primera vez que falló, recibió un golpe invisible en su interior que le dejó inconsciente durante una hora y media. No sabía que le sorprendió más, el bloqueo o la fuerza de este. No era fácil dejarle noqueado a causa de un ataque. No desde hacía mucho tiempo. En el segundo intento de conexión, el golpe fue exterior, como si una bola de demolición le golpease en el pecho. Le tiró contra la pared. Las defensas iban cambiando. No sabía por dónde iba a recibir el contraataque y cada vez que fallaba, algo dentro de él se rompía.

En los peores momentos sentía el impulso de ponerse en contacto con Lilith. Lo descartaba al instante. Precisamente por la seguridad de Ian habían acordado estar un tiempo sin ponerse en contacto por las vías comunes. Otra parte de él, la irracional, temía que avisarla fuera sinónimo de que se le llevaran de su lado. Su instinto le pedía que esperara, que podría conseguir despertar a su compañero.

Protegió la casa de todo para no ser interrumpido. No importó quien llamara a su puerta o al teléfono. Nada interrumpiría dentro, como una burbuja insonorizada y resistente. Quien intentase forzar la entrada sería destruido tras un pequeño aviso, que traducido significaba, un buen golpe de energía.

Comenzó a desesperarse perder la compostura que le quedaba. Lanzó frascos contra la pared sin pensar, algunas sustancias al mezclarse provocaron pequeños incendios, rasgó algunas hojas de sus libros al pasarlas sin cuidado, sus puños no terminaban de sanar cuando volvía a golpear los nudillos contra la pared. Estaba a punto de estallar cuando Ian despertó. Consiguió contener el arrebato de abrazarle y dejarse caer sobre él del alivio.  Aun cuando el rubio intentó no bromear, él no pudo. Se sentía como una cuerda estirada hasta el punto de que un pequeño tirón más le rompería. Disimuló como pudo para salir del paso. Cuando llegó a la cocina se dejó caer contra la puerta del frigorífico con la cabeza entre las rodillas. Aquellas emociones llevaban mucho tiempo muertas en su interior. Sentirlas de nuevo le estaba desestabilizando. Se frotó la cara con sus manos temblorosas e intentó controlar su respiración.  

Iba y volvía de la habitación a la cocina. Tras una pequeña discusión, en la cedió sin mucha dificultad, le dejó ir por su cuenta a la ducha. En esos momentos no estaba seguro de controlarse. Antes de que se encerrase le recordó donde estaba cada cosa y le prestó ropa.

Mientras se duchaba, Unax recogió un poco la habitación. Abrió los ventanales, que daban a una pequeña terraza con vistas al jardín del piso inferior de la casa. Con la luna en el cielo, el verde tornó a azules y el blanco del balcón balaustre y los adornos de abajo resaltaban en la claridad de la noche. Movió una pequeña mesa redonda con sus cómodos sillones de ratán para colocarlos en el centro. Llevó una mesa supletoria y fue colocando allí la comida. Fruta, leche, cacao, sobaos, pizzas precocinadas,  teteras con agua hervida, sándwiches, infusión de pez Xykuj “si supiera…”  Sobre la mesa redonda colocó los platos y cubiertos. La noche era cálida para esas fechas, aun así, Unax dejó unas mantas en una butaca baja que había cerca. No quería tener que desplazarse una vez que se sentaran.

El humano salió frotándose la cabeza con una toalla. La ropa del moreno le iba un poco grande. Carraspeó al ver a su compañero a contraluz, sentado en la terraza.

-Ian, ¿puedes moverte bien?

Asintió con una pequeña mueca de dolor.

-¿Seguro?

-Sí. Siento como si hubiera estado gritando, corriendo en algún sitio con mucho ruido, como el cansancio post-fiesta.  Cuando me desperté…

Unax sonrió al recordar cómo le había mantenido con energía durante los tres últimos días. Le había alimentado vía oral con líquidos que tuvieran los nutrientes necesarios y con su propia energía. “Mejor prevenir.” Se había dicho así mismo mientras le mantenía sano físicamente. Se sentía satisfecho de haberlo conseguido.

-Siéntate aquí, un poco de aire te vendrá bien aunque tengas el pelo mojado.

El rubio se sentó en la silla que le indicó, cogió una manta y se la pasó por los hombros, acurrucándose en el abrigo de suavidad y calor que le proporcionaban.

Cogió una porción de pizza y se la llevó a la boca. El moreno observó cómo le despertó el apetito a su compañero, empezando a devorar. “Eso es bueno.”

-Per---fon, no saffbía que tenfia tnfta hambre…

Unax se rió, sorprendido de la naturalidad del momento. Un pequeño momento sin las preocupaciones que volverían a enfrentar en breve.

Cuando el rubio terminó de comer, Unax recogió todo menos la infusión de Xykuj. Esperó a que Ian abandonara la inseguridad de preguntar. Llevaba rato viendo como tamborileaba su taza mientras miraba el jardín. Le gustaba como se reflejaba la luz en su pelo rubio.

-U…Unax, antes dijiste algo sobre secretos y una promesa… bueno, Lilith…

-Si.- se recostó en el respaldo- Aún no he pensado como empezar a contártelo. No he ordenado mis pensamientos a pesar de estar esperando a ver cuándo preguntarías.

-Es raro. Una parte de mí siempre ha querido saber cosas de Lilith y otra no. Ahora me da un poco de pavor dar ese paso.

-Antes de empezar quiero dejar algo claro Ian. La relación que tenemos tú y yo es solo nuestra. Ni Lilith, ni Aaron ni nada o nadie interfiere en lo que pienso de ti. Lo que siento por ti lo has generado tú.

La mirada ceniza no vaciló en el reflejo del iris azul. Sus manos no temblaron y su voz, acarició el ambiente junto con la brisa que agitaba su pelo oscuro.


-¿Estás preparado, Ian?

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