martes, 6 de junio de 2017

Shh

-¿Sabes por qué fue Alicia tras la madriguera?

-¿A qué viene esa pregunta?

-Quizás porque estamos atrapados en un pozo.

El tacto húmedo y musgoso de las piedras le provocaba arcadas. Odiaba ensuciarse cuando no tenía como limpiarse. Se frotó las manos en los vaqueros, sabiendo que en la oscuridad su amigo estaba sonriendo. Siempre se burlaba de sus manías.

-Alicia fue tras el conejo y cayó en la madriguera. Nosotros estábamos huyendo por el bosque y me tiraste aquí.

-Te detuviste de golpe.

-Había un pozo.

-Un accidente. Tú paraste, me choqué contra ti y caímos sin dolor.

-Tú caíste sin dolor. Te hice de colchón.

-Lo que sea. Shh… Ya no escucho aullidos.

Con el disgusto dibujado en el rostro ayudó a su amigo a inspeccionar los huecos de las piedras. Buscaron aquellos que podrían servirles de apoyo en la subida e iniciaron la escalada. Las uñas se le hundían en lo que deseaba que no fuera fango acumulado en las grietas. El frío de la noche se fusionaba con la humedad del pozo. En el último tramo su compañero le agarró del brazo y tiró de él para ayudarle salir.

-Lo conseguimos.

Rieron tumbados en la tierra bajo las estrellas que conseguían verse entre las copas de los árboles.

-Aún tenemos que volver a casa. Nadie creerá lo que vimos.

-Nunca lo sabrán.


Les dijo una voz femenina y rasgada. Su silueta eclipsó la poca luz que atravesaba las ramas. Antes de poder levantarse e intentar correr de nuevo ella les cubrió en un manto de oscuridad. 

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