martes, 4 de julio de 2017

Hunters

4

Angel no entendía por qué se encontraba siguiendo a aquella chica en lugar de seguir con su misión. Aún tenía zonas pendientes en su ronda, y en vez de cumplir con su deber como cazador, dejaba que aquella extraña cazadora le guiase a quién sabe dónde.
Su lógica estaba siendo derrotada aquella noche.

Tras un breve paseo en el que caminaron en un cómodo silencio, Kris le hizo una seña para que entrasen en lo que parecía una vieja tasca. De haber ido solo, ni siquiera habría reparado en su existencia.

- Quiero que sepas, antes de comenzar con tu historia para “abrir mi mente”, que nunca he conocido ningún demonio que destaque por sus buenas intenciones. Así que quizá ese plan tuyo te resulte más difícil de lo que piensas.

Ella le miró con una sonrisa sincera.

- Bueno, yo tampoco he conocido a demasiados humanos que destaquen por ello.

Touché.

La cazadora entró con seguridad en aquel antro. Nada más entrar, a mano derecha, había una puerta de lo que él creyó un almacén. La morena llamó y Angel observó atónito como unos ojos aparecían en aquella puerta, a la altura de su mirada. Su sorpresa aumentó cuando bajo aquellos ojos asomó una boca que se transformó en una sonrisa al ver a Kristine.

- ¿Pero qué coño…?

- Un guardián. -sonrió ella.

- ¿Un demonio guardián?

La puerta frunció el ceño.

- Los guardianes son neutrales, Angel. No tienen bando, se limitan a proteger la magia.

Kris entró con confianza cuando el guardián se movió, acariciando la puerta con ternura.

- Gracias, Ga’har.

El cazador la miraba sin disimular más su sorpresa.

- ¿Conoces su nombre?

Ella sonrió de nuevo. Por mucho que intentase pensar, Angel no había conocido nunca a un cazador que mantuviera una sonrisa auténtica en su rostro. Excepto ella.

- Nadie les presta la atención que merecen. Los guardianes llevan aquí desde el principio de los tiempos. Y sólo quieren que alguien les escuche de vez en cuando, algo que yo hago encantada. Ellos conocen mejor que nadie nuestra historia, y se aprende mucho. Sobre todo si escuchas con la mente abierta.

La cazadora le dedicó media sonrisa mientras le lanzaba aquella indirecta mal disimulada mientras abría la puerta que se encontraba al final de unas escaleras que bajaban, según Angel, directamente al infierno. Vampiros, demonios, brujas y lo que incluso parecían humanos charlaban y bebían animadamente por todo el local. La tenue iluminación sólo acentuaba los rasgos de aquellos rostros que él estaba acostumbrado a matar sin pensarlo dos veces. El cazador se sobresaltó cuando notó la mano de Kris acariciando la suya. El gesto le sorprendió gratamente, hasta que se dio cuenta de que lo que trataba de hacer la morena era que bajase la mano que se había llevado inconscientemente a la daga.

- Tranquilo.

- ¿Qué se supone que es esto?

- Un punto de reunión.

El chico miró a su alrededor. Demonios de todo tipo se movían con libertad por aquel pub, algunos bailando al ritmo de la música, otros simplemente hablando… Lo que más le sorprendió fue que no sólo hablaban entre ellos, sino que podía ver como un demonio culprit mantenía una animada conversación con un humano. ¡Un humano! ¿Acaso ese pobre infeliz era consciente de que lo que estaba viendo no era un disfraz sino un demonio real?

- ¿Por qué no tenía constancia de su existencia?

Ella aguantó una carcajada mientras le dirigía hacia una mesa cercana a la barra.

- Esto está bien resguardado de vuestro círculo, Angel. ¿Qué crees que pasaría si los vuestros descubrieran este sitio?

Él la detuvo, agarrándola suavemente del brazo.

- Entonces, ¿por qué me lo enseñas a mí?

Kris le miró a los ojos con intensidad, como si buscase algo más allá de lo superficial. Casi como si estuviese buscando el alma del cazador.

- Porque confío en ti.

La chica sonrió y saludó con naturalidad al chico que llegaba a la mesa al mismo tiempo que ellos. Aún descolocado por aquellas palabras, Angel se fijó en que “el chico” era en realidad un demonio inferior que dedicaba una gran sonrisa a la morena.

- Me alegro de volver a verte, cielo. -el demonio miró a Angel sin perder la sonrisa- ¿Quién es el nuevo?

- Yo…

- Es un amigo. -dijo ella, cortándole- ¿Puedes traernos un par de pintas, por favor Tobias?

- Enseguida.

Angel la miró, pidiendo una explicación, antes de sentarse frente a ella.

- Tienes una reputación sobre tus hombros, cazador. Cualquiera de por aquí reaccionaría a tu nombre, y no lo harían bien. Sólo hay dos opciones, huir o intentar matarte.

Él la observaba, escuchándola con atención, pero sin perder detalle de lo que iba sucediendo a su alrededor.

- Has matado a muchos amigos de este club. -siguió ella- Y no todos eran como tú piensas.

- Eran demonios, Kristine. Vampiros. Brujas. Lobos. -Tobias llegó con las dos pintas, poniendo una frente a cada uno de ellos y guiñando un ojo a la morena cuando ésta le pasó un billete- No sé qué es lo que pasa por esa cabecita tuya, pero mi deber es…

- Proteger a los humanos. Lo sé. Pero no todos quieren hacerles daño, Angel. Muchos de ellos sólo buscan vivir. Buscar su sitio. – ella sonrió- Como cualquiera de nosotros.

El cazador dudó por un instante, pero no pudo evitar preguntarla lo que llevaba pensando desde supo su historia.

- ¿Cómo puedes pensar así después de lo que te hicieron?

- Porque lo he visto. -Kris dio un trago a su pinta, lo que consiguió que una leve sonrisa asomase a su rostro- Lo veo a diario. Les veo pelear entre ellos, en la eterna lucha del bien y del mal. Les veo plantando cara a su misma especie para que no dañen a más gente. Les veo ayudarnos, sin dudar sobre si es o no lo correcto. Creamos alianzas porque nos necesitamos.

Una demonio nisanti pasó junto a la mesa, mirándole con descaro. Todas ellas resultaban absurdamente atractivas, siempre y cuando obviaras su piel púrpura. Lo cierto era que, objetivamente, este color sólo conseguía acentuar su atractivo. Pero eran demonios. Los nisanti eran conocidos por “inclinación” a comer corazones humanos. Preferiblemente de bebés.

- Sólo los machos cometían tal acto, y hace cientos de años que la sociedad nisanti pasó a ser un matriarcado. -dijo la chica como si le hubiese leído la mente.

- ¿Qué?

- No lo sabías, ¿verdad? -ella se inclinó sobre la mesa- Hace siglos que las hembras nisanti tomaron las riendas de su sociedad. Doblegaron a los machos y les sometieron a unas nuevas reglas, unas mucho más civilizadas que algunas de las nuestras. Desde entonces, todo aquel que ha infringido las normas ha sido ejecutado. Y no dañar la vida de ningún ser es la primera regla.

- ¿Cómo sabes todo eso? -dijo él, tratando de asimilar aquella información.

- Me gusta escuchar.

Él la miró buscando algo más.

- ¿Has entrado alguna vez en el círculo de cazadores?

- No. -la chica dio otro trago a su cerveza- Aunque eso no significa que no conozca vuestras instalaciones. Tenéis una biblioteca francamente envidiable.

- ¿Cómo?

Ella suspiró y le miró con semblante serio.

- Deberías plantearte si te merece la pena seguir haciendo preguntas de las que no deseas conocer la respuesta.

Él dio el primer trago a su cerveza. Era tostada, algo que le sorprendió por alguna razón.

- Uno de los nuestros.

Ella le mantuvo la mirada.

- No todos los cazadores siguen ese camino radical que a ti te marcaron. Desgraciadamente, son excepciones. Yo tan sólo he conocido a uno.

- ¿Te das cuenta de que me estás hablando de traición a nuestro círculo?

La chica se envaró de repente, soltando la pinta.

- ¿Traición? ¿Llamas a un hombre traidor por saber ver más allá de sus narices? ¿Por tener el valor suficiente como para pensar por sí mismo, lejos de las reglas que le han impuesto a base de miedo? ¿Por negarse a utilizar una vida humana como cebo para cazar sin importarle el resultado? Llamas traidor a alguien que tiene el coraje de preguntarse “¿Por qué?” antes de sesgar una vida que, tal vez, sea inocente.

- Espera, espera… ¿Un cebo humano? ¿De qué estás hablando?

Ella pareció recobrar la compostura.

- Estás muy perdido, cazador. Veo que tu mentor te tuvo apartado de los misterios del círculo.

- Él no...

- Frena. -dijo ella al ver como él se ponía automáticamente a la defensiva. Sabía que su mentor no era ningún santo, y ahora más que nunca. Pero a él le debía su vida- No lo estoy diciendo como algo negativo. Vuestro entrenamiento es fantástico, vuestras instalaciones incomparables. Pero los más arraigados al círculo no tienen medida, Angel. No les preocupa salvar vidas. Tan sólo acabar con las que les molestan.

Angel vio como la chica apuraba su cerveza, y él dio un trago a la suya, dejando aún más de la mitad.

- Si vamos a ser amigos, debes saber que es la última vez que te permito desperdiciar una buena cerveza. -dijo ella con media sonrisa- Es artesanal, y no creo que pruebes otra igual por los clubs a los que te lleva tu trabajo.

- ¿La hacen doncellas vírgenes bajo la tutela de alguna secta demoníaca en el almacén de este lugar?

Ella soltó una carcajada mientras se ponía en pie.


- Algo parecido, aunque de vírgenes me temo que las quede muy poco… Vamos. Aún hay algo más que tengo que enseñarte esta noche.

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