viernes, 14 de julio de 2017

Mi tía Lucía.

El pequeño Lucas no sabía lo que se iba a encontrar cuando subió a la buhardilla. Estaba en la casa del pueblo de sus abuelos disfrutando de las vacaciones de verano. Esa mañana había amanecido nublada y con ese clima no le dejaban ir a la piscina. Subió a explorar mientras la familia dormía la siesta.

-¡Wah!

Su propia sombra en un espejo de pie le había asustado. Estaba sucio, pasó la mano por encima hasta que consiguió reconocer sus ojos marrones, su cara pecosa y su pelo negro devolviéndole la mirada. Era bajito. Su madre siempre le decía que ya tendría tiempo para crecer mientras ella se calzaba unos zapatos con tacón (y aun así le llegaba a su padre por la altura del hombro).

Miró a su alrededor y vio muchas cajas cubiertas de una capa de polvo y lo que parecían muebles tapadas con sábanas blancas.  Se sentó en el suelo, sopló la suciedad y se tapó la cara esperando a poder respirar sin toser. La luz de la bombilla titiló poco después de que sonara un trueno. La lluvia llegó con fuerza, el sonido de las gotas golpeando sobre las tejas le recordaron a Lucas al día en que sus canicas rodaron por todas las escaleras del bloque de pisos donde vivían.

En el interior de la caja había libros. Los fue sacando sin leer los títulos hasta que una portada le llamó la atención.  “Harry Potter y la piedra filosofal”. El niño pensó que le resultaba familiar ese nombre. Se apoyó en la pared más cercana y comenzó a leer.

Cuando su madre apareció y le revolvió el pelo volvió a la realidad.

-¿Qué hora es?- Preguntó el niño sorprendido.

-La hora de cenar. ¿Qué has estado haciendo?

-Leer.

Lucas le mostró el libro y su madre suspiró.

-Tu tía Lucía era toda una fangirl de estos libros. Cuando naciste no dejó de hablar sobre que esperaba que te llegará una carta para no sé qué.

-¿Hogwarts?

-Eso. Bueno, coge el libro y baja que ya es la hora de cenar.


El niño obedeció, cenó deprisa y se encerró en su habitación para continuar leyendo. Nunca había conocido a su tía pero sintió que leyendo sus libros lo haría.

5 comentarios:

  1. Yo aun sigo esperando mi carta. 😶

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    1. ¡Jajajaja, yo también! Con 26 años, mi lechuza se ha debido de ir a Honolulu por error xD

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  2. ¡Enhorabuena por el relato! Para estar sin corregir está genial :D. Me he sentido especialmente identificada con ese momento en el que el prota se ha perdido en un libro y las horas han pasado sin que se diese cuenta :)

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    1. Hola
      Wow, gracias. Que una buena escritora me diga algo así me hace sentir que quizás aún tenga esperanza. ¡Muchas gracias!

      -Shin-

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